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Así será el primer curso después del coronavirus

Menos muebles, horarios al milímetro y comedor en el aula. Así se preparan los centros de cara al curso que viene. La última tendencia es ir hacia la máxima presencialidad posible.
Saray MarquésMartes, 26 de mayo de 2020
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Habrá aprendizaje "híbrido" en algunos casos, pero se aspira a la máxima presencialidad, sobre todo con los más pequeños. © AKE 1150

Pocas predicciones en torno al curso que viene han soportado el paso del trimestre. A la espera de los planes de actuación que resulten del grupo de trabajo de Ministerio y comunidades autónomas, que deberán estar listos antes del verano, los centros han comenzado a planificar el 2020-21.

Lo hacen en medio de desafíos del presente curso, como el de cómo seguir motivando a los niños, y en temporada alta de burocracia (solicitudes de admisión, reuniones de paso a los institutos, memorias, informes). Pero han decidido reaccionar ante tantos vaivenes, porque muchas veces sienten que las declaraciones no responden a su realidad y porque son conscientes de que es imposible una solución única. Saben que los problemas en su centro poco tienen que ver con los del de al lado.

Máxima presencialidad

La última tendencia entre las autoridades educativas es la aspiración a la «máxima presencialidad«. Comunidades como la navarra se han posicionado claramente en esta línea, con el consejero Carlos Gimeno subrayando que su Departamento trabaja con la idea de que el próximo curso comience con todo el alumnado en clase todos los días. Además, habla de priorizar edades tempranas, hasta el punto de estar estudiando usar espacios de Secundaria para Primaria. El reto es cumplir la norma sanitaria de distancia de seguridad sin renunciar a los beneficios de las relaciones con los iguales para el alumnado.

También en Cataluña Josep Bargalló ha cambiado su discurso. De la Educación híbrida por la que apostó en un principio para el 2020-21 a la máxima presencialidad, también con prioridad para los más pequeños, aunque para ello haya que pedir espacios a ayuntamientos, entidades y grupos culturales. Si en lo peor de la pandemia se consiguieron más camas de hospital y más UCI ahora se podrán encontrar más espacios para Educación, confía Bargalló.

Desde Castilla y León, se reconoce que la casuística de los 1.900 centros de la comunidad «es enorme», pero la consejera ha manifestado que se habilitarán todas las aulas disponibles para cumplir las medidas de seguridad, incluyendo mascarillas donde no sea posible mantener la distancia. Para Rocío Lucas, «combinar la docencia presencial y a distancia no es una opción», tal y como le ha trasladado al Ministerio.

Descenso a las aulas

La realidad de las aulas en España no es demasiado halagüeña. En una encuesta en 2015 de la IEA, responsable de los estudios TIMSS y PIRLS, se preguntaba a los maestros de 4º de Primaria si estaban de acuerdo con la afirmación «Hay muchos alumnos en clase». En nuestro país, el 46% estaba muy de acuerdo y el 27%, de acuerdo, frente al 30% de alto acuerdo en los 47 países analizados.

46%
maestros españoles

dijeron estar muy de acuerdo con la afirmación "Hay muchos alumnos en clase"

Es cierto que la ministra Celaá ha llamado a superar el concepto de aula por el de escuela y ha pedido, de cara al curso que viene, tirar tabiques si se iba a hacer obra y repensar espacios como bibliotecas, gimnasios y salones de actos. De hecho, también Celaá se ha posicionado en la idea de la «máxima presencialidad». Tras unas semanas en que habló de Educación híbrida, de la que es defensor el ministro de Universidades, Manuel Castells, ahora se ha situado del lado de otro gurú de la Sociología, Mariano Fernández Enguita, precursor de la hiperaula. Celaá recupera así una intención que solía verbalizar al presentar su reforma educativa, a principios de año: «Abrir las compuertas de las aulas, aulas gigantes, codocencia», pero ahora por la fuerza de la pandemia.

Sin instrucciones

Mientras, los centros se preparan. En el CEIP «Averroes» de Arroyomolinos (Madrid), con 340 alumnos, acaban de crear  tras la reunión del Consejo Escolar una Comisión Covid, que elaborará los planes de actuación que se incluirán en el Reglamento de Régimen Interno. «Todo está en el aire a la espera de la instrucción definitiva», reconoce su directora, María José Bravo, que a la vez defiende la necesidad de «ir un poquito por delante, porque las adaptaciones requieren un tiempo que no tenemos». Así, el 15 de mayo se reunieron las cinco directoras de los colegios del municipio para hacer las pautas y circulares lo más homogéneas posibles  por ejemplo en el proceso de matriculación.

 

María José Bravo: "

Intentamos anticiparnos, ir un poquito por delante, porque las adaptaciones requieren un tiempo que no tenemos

"

De cara al curso que viene han habilitado la puerta del parking exterior como entrada y el hall, la biblioteca de Infantil, la sala de profesores, la de psicomotricidad y parte del comedor, como aulas. La biblioteca de Primaria que estaban montando se ha paralizado y será aula, y el aula de Música y PT servirán también para desdobles. Un mismo espacio, dos usos. «Para ello debemos cuadrar los horarios al milímetro». En las aulas habrá menos adornos y menos muebles, que dejarán en un espacio exterior, cubiertos, por si se recupera «la normalidad de toda la vida».

La idea es que los alumnos coman en las aulas y la entrada sea escalonada. A Bravo le preocupa cómo será la adaptación de los alumnos de tres años, porque las familias no podrán entrar al centro y esos niños solían pasar de unos brazos a otros, llorando. Los familiares no podrán entrar al centro. Pero, dentro de las circunstancias, Bravo se sabe afortunada, en un centro que nació hace cinco años y al que van este curso alumnos hasta 2º de Primaria. «Todos los pasillos y el espacio que nos quejábamos que estaba desaprovechado nos va a venir estupendamente», comenta.

No es el caso del colegio público «Cisneros«, el más grande de Santander, con 480 alumnos, que, para empezar, comparte patio con otros dos centros con los que habría que unificar protocolos. Su director, José Antonio Sánchez Raba, reconoce estar centrado en este final de curso, y se queja de que en la gestión de los centros coexista la burocracia en papel y telemática, lo que hace que se duplique el trabajo. Para la comunidad educativa del «Cisneros», cuya web ha sido reconocida por la Universidad de Cantabria, no ha supuesto un gran trauma la adaptación al trabajo a distancia. Los alumnos cuentan con un correo institucional del colegio desde 3º de Primaria y están familiarizados con distintas herramientas tecnológicas, de modo que este trimestre han podido por ejemplo seguir haciendo trabajo cooperativo, pero desde sus casas.

Si el director piensa en septiembre le inquieta qué pasa cuando un niño de tres años llora y no se le puede abrazar. O imaginar a un niño con gripe aislado en un local rodeado de personas con pantallas porque le ha subido la fiebre. Le obsesiona, también, su comedor. Iba a ser nombrado «el mejor de España» por Ceapa y ahora no sabe cómo se va a usar. De los dos turnos y medio actuales deberían pasar a seis o siete. Algo difícil en un centro con jornada continua.

Y cree que habrá que duplicar o triplicar el personal del limpieza. En la vieja normalidad se limpiaba al final de la jornada. Ahora habrá que desinfectar, no solo barrer y fregar, varias veces, aprovechar los recreos… «Y habrá que tender al minimalismo, a aulas con menos cosas. Menos es más».

El comodín de la autonomía de centro

«Esta crisis genera un dilema entre la autonomía de los centros y el que la Administración te lo dé hecho», sostiene Sánchez Raba. «Si decide el centro supone más tiempo y trabajo, pero es complicado que un plan común tenga en cuenta las distintas casuísticas: ¿Debe la Consejería comprar pantallas para todos? Quizá no. Por eso, aunque pueda haber directores que quieran pensar lo menos posible, esos que dicen «Yo soy un mandado», lo ideal es que  haya unas normas y recomendaciones que se puedan adaptar a las distintas circunstancias y que, aunque dependamos de la cadena Ministerio-Consejería-centros, aumente el grado de autonomía de estos».
En un comunicado, la Federación de Directivos de Centros Educativos Públicos, Fedadi, critica: «Da la impresión de que se utiliza el concepto de autonomía de centros cuando las autoridades ya no saben qué hacer». Acto seguido, recuerda que son los equipos directivos quienes han de hacer efectivo lo que se decida y planifique y quienes mejor conocen la realidad de sus centros y sus comunidades educativas, «no siempre uniforme», por lo que  ofrecen su colaboración para aportar «algo de realismo«.
También la ofrece la asociación de colegios privados Cicae, que pide flexibilidad y máxima autonomía el curso que viene «con un marco de garantías y seguridad para los centros, dada la gran responsabilidad sanitaria que asumen».

¿El fin de las aulas en las que no cabe un alfiler?

© LILIGRAPHIE

Mariano Fernández Enguita llevaba tiempo pronosticando el fin del aula huevera desde la Facultad de Educación de la Complutense. Ahora, desde el Instituto Nacional de la Administración Pública, encargado de la formación y selección de funcionarios –a este organismo le encargó la Lomce, por ejemplo, su curso de equipos directivos–, y tras una pandemia, sus ideas cobran fuerza.

«De momento volveremos al aula huevera, aunque sea con menos huevos, pero ya no será igual. Los alumnos habrán hecho la experiencia del aprendizaje más formal en línea; los profesores se habrán puesto las pilas en meses como no lo hicieron en años, y los analfabetos digitales que puedan quedar lo harán en evidencia; numerosos centros habrán experimentado la reorganización de tiempos, espacios y actividades, la enseñanza mixta, la codocencia real sobre el terreno. Habrán caído algunas paredes físicas y espero que aún más muros mentales. Quizá no lo estamos viendo porque los que más hablan son los enfadados, los que sólo piensan en soluciones tan mentalmente perezosas como económicamente imposibles o inoportunas: reducir ratios, contratar más personal, etc. A los que están trabajando mejor, respondiendo a la emergencia, innovando, se les oye menos, pero serán los que dejen poso», reflexiona.

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Los profesores se habrán puesto las pilas en meses como no lo hicieron en años

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Sobre el modelo híbrido o blended que se augura como modelo de futuro, matiza: «Hay blended y blended. El primero es el llamado bimodal: presencial en la escuela y virtual fuera. Al segundo, el que ahora necesitamos, podemos llamarlo trimodal, y comprende lo mismo más una tercera variante, virtual en sede, en la escuela. Actividades individuales o en pequeños grupos, orientadas por los profesores y realizadas en el centro, pero en todos esos otros espacios que no son las aulas. Esto permite desconcentrar la población escolar, aprovechar al máximo los espacios, tener la escuela siempre abierta para los más vulnerables, un trabajo más eficiente del profesorado y la colaboración de otros agentes. A la vez, rompe la discontinuidad entre presencial-dentro y virtual-fuera y facilita la transición y la integración».

Más recursos humanos: la constante de todas las fórmulas

En el discurso de Fernández Enguita aparecen nuevas figuras docentes, como la del profesor en prácticas, el maestro jubilado o incluso voluntario. No es la primera vez que se mencionan estos perfiles. Lo han hecho los informes de la fundación Cotec, que hablaba de una red de voluntariado educativo, de Save the Children o de la Fundació Bofill.

Vicente Alcañiz es profesor de FP en el IES «Moratalaz» de Madrid. Considera que en Formación Profesional es «muy factible un modelo mixto o híbrido al menos para comenzar las clases en el curso 2020-21». En esa línea se ha estado formando, con los cursos de la Red de Formación del Profesorado de la Comunidad. «Me estoy preparando para dar las clases tanto presenciales como en línea, porque no sé el número de alumnos por clase que voy a tener –ahora son 30–,  si van a ser 10, 15, o si serán los más desaventajados», plantea.

Estos meses ha puesto en práctica buena parte de lo aprendido con sus alumnos, en trabajos de investigación guiados. Ha buscado herramientas de evaluación formativa y les ha ofrecido tareas que simulan a las de la empresa y en algunos casos sustituyen a la formación en centros de trabajo.

En un momento en que se habla de las necesidades de refuerzo de personal en los centros, para Alcañiz es clave la estabilidad de las plantillas. Piensa en sus cuatro compañeros interinos: «Han desarrollado una labor fantástica, ya conocen el centro, están integrados, pero se ha abierto el plazo de concurso y se irán a otro centro. Si en septiembre no hay presencialidad se van a  encontrar en un centro del que no conocen el estilo, la cultura de organización…», asevera Alcañiz, partidario de que la normativa se adapte a la situación excepcional, como se ha hecho en el caso de la promoción del alumnado, para que los interinos puedan confirmar centro el próximo curso, como se permite con los profesores en expectativa de destino.

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