Opinión
En educación, como en tantos otros ámbitos, no siempre es fácil distinguir la señal del ruido. Al deseable pluralismo sobre qué y cómo enseñar, hay que sumar la acumulación de novedades, proyectos, metodologías, que se superponen unas a otras y que desaparecen tan rápido como llegan. El escepticismo es un remedio natural contra un mundo líquido. Nada me creo porque todo llegará y desaparecerá. Y, sin embargo, ¿no hay nada que deba escapar de ese escepticismo? Muchos creemos que los programas tempranos, preventivos, intensivos y focalizados en atender al alumnado más vulnerable son, por ejemplo, una de las cosas por las que merece apostar a largo plazo. Un ejemplo son los resultados obtenidos en el estado de Mississippi, en Estados Unidos, tras apostar precisamente por ello.
La autora reflexiona sobre la «tiktokización de la educación: una experiencia escolar organizada como una sucesión de impactos breves y descontextualizados donde la novedad constante relega la profundidad».
Decimos a nuestros alumnos que equivocarse es necesario para aprender, pero hemos construido escuelas en las que muchos niños prefieren guardar silencio antes que arriesgarse a fallar. ¿Qué cultura del error estamos promoviendo realmente?
En Cataluña y en la Comunidad Valenciana llevamos muchas semanas con huelgas y manifestaciones de maestros de Primaria y de profesores de Secundaria. Es necesario hacer un análisis de lo que está pasando y una valoración de si estamos ante unas reivindicaciones exclusivamente laborales o si también tienen una intención política.
La visita del Papa León XIV a Madrid me hizo recordar una experiencia vivida una semana antes en París. El contraste entre ambas escenas me llevó a reflexionar sobre una pregunta profundamente educativa: ¿qué estamos enseñando a amar a nuestros jóvenes? A partir de ese contraste, el artículo plantea una reflexión sobre los jóvenes, la educación, los referentes y una pregunta que no consigo quitarme de la cabeza desde entonces: ¿qué les estamos proponiendo para que entreguen su vida?
Se acerca el fin de curso y, con él, las ansiadas vacaciones de verano. Para muchos niños y niñas, eso significa juegos, deporte, excursiones, nuevos amigos y días enteros alejados de la rutina escolar. Para muchas familias, además, los campamentos de verano se convierten en una opción imprescindible para poder conciliar durante estos meses.




