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Uno de los retos más habituales para los docentes de Matemáticas es lograr que los criterios de evaluación del aula estén alineados con los que el alumnado encontrará posteriormente en la PAU. Con frecuencia, nuestros exámenes terminan valorando casi exclusivamente el resultado final, mientras que en las pruebas de acceso a la universidad se concede una gran importancia al proceso seguido para resolver cada ejercicio. La filosofía de corrección de la PAU parte de una idea sencilla: un estudiante puede cometer un error puntual de cálculo y, sin embargo, demostrar que comprende perfectamente los conceptos matemáticos implicados. Por ello, la puntuación suele repartirse entre varios aspectos de la resolución.







