En la arquitectura del siglo XXI, el inglés ha dejado de ser un simple "plus" en el currículum para convertirse en una infraestructura crítica, tan vital como la conectividad digital o la alfabetización básica. No es solo un idioma; es el código fuente de la inteligencia artificial, el vehículo de la vanguardia científica y la llave de entrada a un mercado laboral que ignora fronteras.








