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La autora propone abordar la educación sexual con "veracidad, naturalidad y priorizando siempre la afectividad sobre la genitalidad, ya que el ejemplo familiar es la mejor prevención contra los abusos". Asimismo, advierte –desde su experiencia sanitaria– que "la banalización del sexo, la hipersexualización y la adicción a la pornografía —potenciada por la inteligencia artificial— están provocando graves problemas de salud mental, distorsiones afectivas y crisis de pareja en los jóvenes".







