Frente a esta colonización de la conciencia, la resistencia de la conciencia exige asimismo una profunda reforma del espíritu, una ascesis que la encíclica localiza con valentía en la vida cotidiana y escolar. En un pasaje de gran calado existencial, el Papa nos exhorta a “educarnos en el ayuno de la IA” (León XIV, 2026, párr. 140).







