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Mientras nos indignamos al ver un carro abandonado bloqueando nuestro paso —tachando al infractor de incívico o narcisista—, es posible que, al sentarnos frente a la pantalla del ordenador o el móvil, estemos dejando «carros virtuales » abandonados en cada esquina de nuestras relaciones digitales. Hablamos del ghosting.
La trampa de la libido ideológica
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Prohibir para no comprender: el fracaso anunciado de las leyes sobre menores e internet