Vivimos en el epicentro de un cambio de paradigma donde la tecnología ha dejado de ser una herramienta para transformarse en el arquitecto de una nueva "cultura sexual pública". En esta era, el cuerpo y la intimidad han sido despojados de su naturaleza privada para ser empaquetados como una mercancía global, disponible en un escaparate de consumo masivo las 24 horas del día.








