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Cada vez que se publican nuevos resultados educativos, parece que necesitamos encontrar un culpable antes incluso de comprender el problema. Tras los últimos datos de PISA, las pantallas vuelven a ocupar el banquillo de los acusados. A su lado se sientan la inteligencia artificial, las metodologías activas y, según quién escriba el diagnóstico, casi cualquier cambio introducido en la escuela durante los últimos años. Sin embargo, antes de dictar sentencia quizá convendría examinar con algo más de cuidado las pruebas.