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Cada tres años, la publicación de los resultados de PISA desencadena un fenómeno recurrente: el "pánico PISA". Los titulares se saturan de comparativas superficiales y lamentos sobre nuestra posición en el tablero internacional, reduciendo la complejidad del sistema a un simple marcador deportivo. Sin embargo, la evidencia nos obliga a confrontar una realidad distinta: el ranking es solo el termómetro, no el diagnóstico.







