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Hay países que lideran los rankings de PISA y, al mismo tiempo, lideran el uso intensivo de herramientas digitales en el aula. Singapur, en Asia; Estonia, en Europa. Si la pantalla fuera, en sí misma, el problema, esos países tendrían los peores resultados, no los mejores. El problema no está en la pantalla. Está en cómo, cuándo y para qué la usamos.






