La sutileza, arma contra las malas compañías

A los quince años, si un
adolescente es obligado
a elegir, se queda con
sus amigos antes que
con sus padres.

Autor: PABLO ROVIRA

De los cuatro grandes agentes socializadores en la vida de un adolescente,
escuela, familia, televisión y amigos, éste último quizás sea al que menos
atención presten los padres. O, al menos, sobre el que menos información recaban
para realizar su tarea educativa. «No me gusta ese amigo para ti» es la peor
manera para cuidar las amistades de tu hijo porque «a los quince años, si un
adolescente es obligado a elegir, se queda con sus amigos antes que con sus
padres», señala Mar Sánchez Marchori, pedagoga terapéuta y directora de MSM
Pedagogía Creativa.
En secundaria, la amistad es el máximo indicador de
adaptación personal del joven, le da seguridad. Por eso, no puede verse como un
riesgo, ya que forma parte de la educación del adolescente. «A esas edades, el
niño cambia el nucleo familiar por el social, que son sus amigos y, con el
tiempo, vuelve otra vez a la familia». Por eso, comenta Mar Sánchez, «el padre
tiene que aceptar que el niño crezca con independencia».
Esto no quiere decir
que se desvincule de las amistades de sus hijos. Lo único es que toda actitud al
respecto debe contar con un alto grado de sutileza, «el joven no puede ser
consciente de un control». Así, los padres pueden favorecer ciertas amistades
que consideran saludable, aunque no de un modo directo: «tan malo es decir este
chico no me gusta como idealizar a un amigo, porque el hijo puede ver en él una
prolongación de sus padres».
Por ejemplo, es importante que el adolescente
goce de intimidad cuando vengan sus amigos a casa. «Pueden tener un espacio para
ellos como es la habitación del niño, y si queremos entrar, llamamos a la
puerta», señala esta pedagoga valenciana.

OCIO SEGURO
Otra de estas actitudes
inteligentes de los padres es favorecer el «ocio seguro». Un ejemplo claro se da
en la Nochevieja, una fecha que está cercana. Es normal que el adolescente
quiera salir con sus amigos, en cambio, si los impedimentos paternos para esa
noche son muy altos, quizás opte por otro tipo de Nochevieja como ir a una casa
rural, donde los riesgos aumentan por la carretera y la lejanía. «Es un ejemplo,
pero es bueno que los padres se aseguren de que en lugares seguros, el hijo lo
pase bien».
Además, Mar Sánchez aconseja a los padres mirar más allá de los
signos. El pelo largo, el piercing, la ropa, son en ocasiones pequeñas rebeldías
propias de la edad que desaparecen con el tiempo, pero eso no quita para que
detrás de esos signos externos, esté un amigo que pueda ser beneficioso para el
hijo. «Hay que conocer a sus amigos y sus valores». Es este tema de los valores
algo importante, porque es mejor sustituir frases como «ese chico no me gusta»,
por «tal actitud no me gusta», para que el joven sea consciente de sus propias
amistades.
Es normal buscar las amistades por compatibilidad. No obstante,
«en estas edades, el adolescente también pasa una etapa de frecuentar a gente
diferente a él, hasta que se forma más su propia personalidad». Es más adelante,
en Bachillerato, donde se concretan las amistades duraderas que acompañan toda
la vida. Porque la amistad no debe ser vista como un riesgo, sino, por el
contrario, puede influir positivamente en la madurez de un adolescente.

Precauciones para una dulce Navidad

La vorágine navideña está en pleno auge. Desde finales del mes pasado, las ciudades y comercios
se han ido llenando de luces, árboles y otros elementos decorativos propios de estas
fechas. Sobre todo en los hogares en los que hay niños pequeños, estas fiestas se viven
con especial excitación.

Autor: ALEJANDRA RODRÍGUEZ

Sin embargo, muchos de los usos y costumbres típicos de la Navidad encierran un
cierto peligro para nuestros retoños. No obstante, observar una serie de
precauciones es suficiente para que ellos estén seguros y todos
disfrutemos.

JUGUETES

A pesar de que los controles son
cada vez mayores, las autoridades recomiendan una especial cautela con los
productos procedentes de países asiáticos, que son los que suelen presentar
mayores tasas de irregularidades. Estos juguetes suelen adquirirse en
establecimientos que los importan directamente, eludiendo los controles que
impone la Unión Europea. Para asegurarse de que el artículo cumple con la ley
busque el distintivo CE, garantía de que ha pasado por la criba
pertinente.
Aparte de que el juguete sea seguro desde el punto de vista
normativo, hay que tener en cuenta que en manos de un crío, puede tener un uso
imprevisible. Por ello, hay que prestar atención a la existencia de piezas
pequeñas, puesto que pueden ocasionar atragantamiento o asfixia, algo
relativamente frecuente en los menores de tres años. Conviene evitar los filos,
puntas y bordes que pueden herir al usuario. Es conveniente, sobre todo en el
caso de los más pequeños, que un adulto supervise las sesiones de juego, puesto
que a veces pueden producirse accidentes inesperados, incluso con juguetes
debidamente homologados. Los padres han de controlar si los productos favorecen
la violencia o los comportamientos discriminatorios.
Es conveniente
decantarse por los juguetes que favorecen la imaginación y la creatividad, así
como la interacción con otros niños y con los progenitores. Desde el punto de
vista psicopedagógico, los expertos insisten en adecuar el juguete a la edad del
chaval. A veces, los padres creen que escoger un producto que en realidad está
indicado para críos más mayores estimulará su intelecto. Sin embargo, el efecto
que se consigue es totalmente contrario y hasta contraproducente, porque si el
niño no entiende plenamente el juego se aburrirá o se frustrará.
Por último,
es aconsejable pasar revista al arsenal de juguetes de nuestros hijos y retirar
los que no se encuentren en buen estado. Los que hayan perdido piezas o
presenten signos evidentes de deterioro deben desecharse, puesto que pueden
representar un peligro. Esto último es especialmente importante en el caso de
los artilugios con baterías o componentes eléctricos, ya que pueden producir
descargas muy desagradables.

ADORNOS

Tratar de ahorrar en la decoración
navideña puede jugarnos malas pasadas. Las asociaciones de consumidores
recuerdan la necesidad de extremar la vigilancia en cuanto a la distribución y
venta de estos artículos, puesto que se encuentran en comercios de fácil acceso
a menores. En este sentido, una vez más es necesario insistir en el grave
peligro que implican los petardos y otros artículos explosivos (casi siempre
destinados a gastar bromas) que, a pesar de la prohibición siguen estando
disponibles fundamentalmente en puestos ambulantes.
Las velas merecen una
mención especial. Aparte de que hay que extremar las precauciones en cuanto al
lugar donde se encienden (para evitar llamas), es conveniente adquirir productos
de calidad. Muchas mechas llevan en su interior hilillos metálicos para darles
consistencia o aumentar su duración. Sin embargo, en ocasiones estos elementos
son de plomo, un material altamente tóxico, especialmente cuando se enciende la
vela, ya que se descompone en pequeñísimas partículas que quedan en suspensión
(se inhalan) y posteriormente se depositan sobre el mobiliario. Recuerde que los
niños pequeños suelen llevarse las manos a la boca tras tocarlo todo y que el
plomo produce daños neurológicos que, a veces, son irreversibles.
Otros
productos divertidos que conviene vigilar son los sprays, ya que a veces son
inflamables o pueden causar irritaciones oculares o cutáneas, así como los
adornos que se colocan en el árbol. Es preferible decantarse por las bolas de
plástico, ya que las de cristal se rompen con mucha facilidad, y lo hacen en
fragmentos muy cortantes y muy difíciles de recoger. Finalmente, es
imprescindible retirar los envoltorios, bolsas, lazos y paquetes en cuanto
hayamos sacado el contenido de su interior. Esto evitará asfixia (con las
bolsas) o posibles estrangulamientos (con cordones y lazadas).
En cuanto a
los disfraces, si el traje de la función del colegio ya es un engorro, más lo
será si tenemos en cuenta que existen muchos tejidos que pueden producir
alergia. Elija vestimenta de su talla porque así se evitarán problemas como
caídas y tropezones.

Perro rabioso

Autor: padresycolegios.com

Lara (ocho años) y su hermana decidieron lavar a un perro callejero que, obviamente, se encontraba bastante sucio. Se lo llevaron a una fábrica abandonada y se dedicaron con entusiasmo a enjabonar al pobre animal con jabón en polvo de lavadora. Asustado, el chucho decidió escapar de las niñas, su agua y sus cepillos, y corrió por el pueblo con el cuerpo y la boca cubiertos de espuma. La gente, asustada por la aparición de un peligroso perro rabioso, corrió a esconderse a sus casas.

Zapatos blancos

Autor: padresycolegios.com

Raquel, de dos años de edad, estaba muy ilusionada con tener unos zapatos blancos, pero al tener un problema de pies planos debía llevar un modelo especial de calzado. Ante su insistencia sus padres decidieron llevarla a comprar unos zapatos ortopédicos del color que ella quería. Tras recorrer con escaso éxito una docena de tiendas y zapaterías, Raquel, muy enfadada, empezó a gritar en medio de la calle: ¡Mis padres no me quieren! ¡Vecinos, mirad mis zapatos rotos! Al final, en otro establecimiento apareció lo que andaban buscando. ¡Por fin! –exclamó la niña, sintiéndose satisfecha– ¡Ya era hora!

Meones y Secones

Autor: padresycolegios.com

Israel padecía de incontinencia nocturna y seguía orinándose en la cama en una edad en la que esto ya no era normal. Su madre estaba muy preocupada por la posibilidad de que el niño cogiera algún tipo de complejo y no quería que los conocidos de su hijo se enteraran y se dedicaran a burlarse de el. Por eso le insistía al hermano mayor de Israel, Sergio, que no debía de contarle a nadie lo que pasaba. Los niños, sin embargo, acabaron diciéndoselo a sus amigos, algunos de los cuáles comentaron con toda naturalidad que tenían el mismo problema. ¡Cual no sería la sorpresa de la madre cuando descubrió que la pandilla de sus hijos había formado dos equipos para jugar un partido de fútbol, y que los equipos se llamaban Los Meones y Los Secones!

Yo quiero ser violador

Autor: padresycolegios.com

De pequeño, a Iván y a su hermana les encantaba la música. A la niña le gustaba tocar el arpa, mientras que el pequeño se decantaba por la viola. Un día unas vecinas vinieron de visita a la casa y al verle, una de ellas le preguntó: ¿Y tu, qué quieres ser de mayor? ¿Yo? –respondió muy serio– ¡Quiero ser violador!