32.562 adolescentes andaluces han probado cocaína, heroína, anfetaminas o tranquilizantes

Autor: padresycolegios.com

Un total de 32.562 adolescentes andaluces de entre 12 y 16 años  –el 8,1% de la población andaluza de esta edad– ha probado alguna vez la cocaína, la heroína, las anfetaminas o los tranquilizantes, según un estudio elaborado por el sociólogo Francisco Cruz Beltrán, de la Universidad de Huelva, con la colaboración de Proyecto Hombre Andalucía y la Fundación El Fuerte. Además, casi la cuarta parte de estos chavales sigue consumiendo habitualmente este tipo de drogas , si bien esta regularidad es más propia de los chicos que de las chicas. El informe, realizado a partir de una encuesta a 2.560 adolescentes de 43 municipios andaluces, también informa de que un 19,1% ha probado alguna vez la marihuana o el hachís.

PADRES: ayudando a la educación de tus hijos

Desde hace más de tres años acompañamos, mes a mes, a más de un millón de padres con hijos en edad escolar en la difícil tarea de educarlos. Un amplio equipo de profesionales especializados en el mundo de la educación elaboran la información más completa del mercado para orientar a los padres en su labor.

Consejos para cuando llega la hora de comprar

El portal Entre Padres de EducaRed (www.educared.net/entrepadres) ofrece en su especial sobre consumo responsable una serie de consejos a la hora de comprar en familia:

• Comprar el contenido y no el envase. Muchas veces se paga más por los envoltorios que se tiran directamente a la basura que por el contenido.

• Evitar los productos de ‘usar y tirar’, si no son estrictamente necesarios.

• Considerar las razones por las que se desea adquirir un producto: ¿se trata de una necesidad concreta y real o creada artificialmente por la publicidad o la moda?

• Comparar precios, calidad e idoneidad de los productos, sobre todo cuando se trata de compras caras o pensadas para un uso prolongado como los electrodomésticos o el automóvil.

• Comprender las consecuencias que conlleva la adquisición de un producto como su impacto en la salud, economía local y personal, medioambiente, etc. Es importante averiguar con qué materias primas se fabrica, si su fabricación perjudica el medio ambiente o si genera algún daño o injusticia social.

• Guardar siempre el comprobante de compra de cara a una posible reclamación posterior.

La esencia de la Navidad

A Christmas Carol, que se puede traducir por Canción de Navidad o Cuento de Navidad, fue publicada en 1843 por uno de los mayores novelistas de todos los tiempos, el británico Charles Dickens (1812-1870).

El odioso Scrooge. Algunas versiones de la obra, como las de dibujos animados, simplifican mucho el tema. En resumen, trata de cómo un personaje avaro, misántropo y egoísta, Ebenezer Scrooge, no sólo odia la Navidad sino que, quizá por eso mismo, es indiferente a las necesidades de los demás, de su empleado Bob, de su sobrino Fred, de todo el mundo.

Scrooge recibe entonces la visita del espíritu de su socio, Jacob Marley, que le advierte de sus errores y de su falta de compasión y de misericordia.

Una pesadilla, como en un cuento de fantasmas, le hará ver el pasado, el presente y el futuro, sobre todo su propio futuro, una tumba solitaria para quien nunca fue solidario. Scrooge, ante esto, se lo piensa mejor.

La figura del avaro. Los personajes avaros son una tradición en la literatura, tanto en el teatro griego y romano como en el de tiempos más recientes, con Molière. Pero Dickens trata al avaro, no solo individualmente, sino como un símbolo de la injusticia y de la falta de equidad que se estaba dando en su tiempo, como en tantos otros.

Scrooge es un prestamista injusto, es decir, un usurero, que se alimenta principalmente de las desgracias ajenas. Así se entiende que odie casi todo lo que le rodea, porque, aunque aún no lo sabe, se odia sobre todo a sí mismo, ya que en él no hay apenas nada que se pueda amar.

Vida social. Como siempre en Dickens, este cuento es algo más que un cuento. Es un retrato indirecto de la situación social que se vivía entonces en Inglaterra –y no era el país peor parado–, con las primeras graves consecuencias de la revolución industrial y el tan extendido fenómeno de la explotación del trabajo de hombres, mujeres y niños. Cuando se publica el cuento de Dickens se estaban dando con cierta fuerza los movimientos obreros, de diverso signo, que veían en la unión la única manera de conseguir que a millones de personas se les diera un trato justo. Una de las primeras medidas conseguidas en esta época es la prohibición del trabajo infantil… de menores de diez años.

Dickens sabe que es esencial la justicia social, pero, como buen conocedor del alma humana, sabe también que, además de la justicia cumplida, hace falta caridad, que no es sino amor.

Es ya un tópico hablar mal de la Navidad, acusándola de tiempo de consumismo, de peleas familiares… Como de costumbre, es una especie de disculpa para no vivir lo que es la esencia de la Navidad. La esencia del amor es la esencia de la Navidad: no es tan difícil darse cuenta. Ese amor que, en el cuento de Dickens, los más pobres saben poner en lo que hacen, siendo felices en la Navidad. Porque la felicidad viene cuando se trabaja por la felicidad de los demás.

Ediciones. Se pueden encontrar varias ediciones, a diferentes precios, en Alianza, Anaya, Castalia. En Espasa, en la colección Austral, se edita junto a otras obras de Dickens.

Para los más pequeños
Lela Mari, La manzana y la mariposa, Kalandraka, Sevilla, 36 páginas, 12 euros. Excelentes, sencillos y agradable dibujos los de esta aurora italiana. El álbum ilustra, en el corazón de una manzana, la evolución desde un minúsculo huevecillo alojado en la pulpa hasta su transformación en una hermosa mariposa que vuelve a depositar un huevo en el corazón de una nueva manzana…

Uso y abuso de antibióticos

A pesar de las campañas del Ministerio de Sanidad y de los consejos y aclaraciones de los pediatras, todavía hay muchos ciudadanos que se empeñan en administrar por su cuenta y riesgo (o bien presionan al galeno para que extienda una receta) los controvertidos antibióticos, unos productos que sólo combaten infecciones de tipo bacteriano.

La llegada del frío trae consigo un aluvión de casos de catarros, resfriados, infecciones de las vías respiratorias… Las consultas –especialmente las pediátricas– se llenan de progenitores que escuchan como, en la mayoría de los casos, el facultativo recomienda poner un humidificador en la habitación del pequeño, instarle a que beba mucho líquido, especialmente agua, ponerle semincorporado para dormir y procurar que expulse los mocos mediante la tos, un proceso que no conviene cortar con jarabes antitusivos, salvo que la tos sea tan fuerte y constante que impida que el niño duerma y descanse adecuadamente.

Sin embargo, los antibióticos, unos productos que únicamente combaten infecciones de tipo bacteriano pero no problemas ocasionados por virus, siguen teniendo demasiados adeptos. Antes de nada, hay que partir de la base que quizá estos medicamentos han sido, junto con las vacunas, uno de los logros más importantes de la medicina moderna, gracias a su capacidad para acabar con infecciones que podían complicarse sobremanera y que ahora nos parecen extraordinariamente banales.

No obstante, estos fármacos han sido sobreutilizados sin tener en cuenta las consecuencias que podrían presentarse y que, de hecho, se han convertido en un problema. Nos referimos a las temidas resistencias. Y es que cuando un antibiótico se emplea en exceso o se usa de manera incorrecta (dosis insuficientes, tratamientos incompletos, mezcla con otros fármacos…), acaba siendo inútil. De hecho, los especialistas están realmente preocupados porque los principales antibióticos están empezando a no servir de nada frente a infecciones muy comunes que se están convirtiendo en patologías difíciles de erradicar.

AUTOMEDICACIÓN

Un estudio reciente, realizado por la Agencia Catalana para la Evaluación de la Tecnología Médica (AATM), concluye que, en los centros de Atención Primaria de Cataluña, sólo el 56% de las prescripciones de antibióticos son adecuadas. El 44% restante corresponde a tratamientos farmacológicos incorrectos. En la mayoría de las ocasiones (27,5%), se administran antibióticos aunque no son necesarios. En otros casos, simplemente no se prescribe el indicado (12,4%) o, erróneamente, no se receta ningún fármaco de este tipo (3,7%) cuando el tratamiento del paciente lo requiere.

En Europa, sólo Francia supera las 21 dosis extrahospitalarias de antibióticos al día por cada 1.000 personas de España. En países como Alemania o el Reino Unido, el consumo es aproximadamente la mitad. En opinión de los expertos, lo preocupante no es sólo el incremento de la demanda, sino la percepción de que buena parte de ella es innecesaria.

Para evitar este mal uso, los especialistas de Atención Primaria están convencidos de la necesidad de potenciar su papel formativo hacia el paciente, al que hay que explicar detalladamente para qué sirve el antimicrobiano que le prescribe. Asimismo, se han hecho numerosos llamamientos al control de la automedicación. Y es que, aunque en teoría un antibiótico no se puede adquirir en una farmacia sin receta, en la práctica no es demasiado difícil.

Más información. Cuestiones a tener en cuenta

A tener en cuenta

1. Los antibióticos de amplio espectro aniquilan las bacterias patógenas causantes de la infección que se quiere tratar. Sin embargo, también acaban con otro tipo de bacterias beneficiosas que sirven para mantener el equilibrio de la flora intestinal, genital y bucal.

2. Estos productos no pueden consumirse con alcohol porque su efecto queda anulado, por lo que es más sencillo que aparezcan resistencias.

3. El tratamiento ha de cumplirse a rajatabla (en cuanto a dosis, horarios y días de terapia), incluso aunque los síntomas hayan desaparecido.

4. Pueden causar alergias, sarpullidos, picores y una alteración denominada rash.

5. El desequilibrio en la flora que causan estos productos puede traducirse en problemas gastrointestinales

Armas de juego…

El consumo de videojuegos violentos crece entre los jóvenes, a la par que los especialistas alertan de sus peligrosas consecuencias. Una investigación de la Universidad de Iowa acaba de concluir que este tipo de entretenimiento puede pasarle factura a los adolescentes tiempo más tarde. Ahora le toca a los padres decidir con qué juegan o no sus hijos.

Acaban de asesinar a tu madre a disparos desde un coche y debes volver al barrio para vengar su muerte. En el transcurso matarás a diestro y siniestro y robarás a tu antojo. ¿Divertido? Para millones de adolescentes parece ser que sí. Se trata del argumento de uno de los videojuegos más demandados entre los jóvenes: Grand Theft Auto.

En los últimos años los videojuegos se han convertido en una de las alternativas de ocio preferidas entre pequeños –y también mayores–. En Estados Unidos, a finales de los 80, un chaval jugaba con videojuegos en torno a las 4 horas semanales. Ahora lo hace una media de 13 horas, y hasta 16 y 18 en el caso de los niños.

Por lo general, sus juegos favoritos son los violentos –más del 75% de los menores de 17 años juega con aquellos calificados para adultos, a pesar de las amplias restricciones de la industria.

Las consecuencias de esta tendencia generalizada las acaba de presentar un estudio publicado a finales de año en la revista Pediatrics. Ya no hay más vuelta de hoja, las palabras del coordinador de la investigación y profesor de la Universidad de Iowa, Craig A. Anderson, tras conocer los resultados, hablan por sí solas: “Ahora podemos demostrar que los videojuegos violentos inciden directamente y a posteriori en el comportamiento agresivo de los niños y adolescentes que los consumen”.

La conclusión no sería nada novedosa, sino fuese porque además demuestra que esto ocurre tanto en culturas con carácter claramente individualista, con grandes niveles sociales de violencia –como es el caso de Estados Unidos–, como en aquellas más colectivistas con menores cotas de agresividad, lejos de lo que anteriormente se pensaba. Además, el estudio concluye que son los adolescentes más jóvenes los más propensos a sufrir sus efectos –aunque advierte que no está claro si esto es debido que éstos son los que pasan más horas delante de la videoconsola–.

Quien juega con fuego…
Para llegar a esta afirmación, Craig A. Anderson y su equipo tuvieron que analizar los resultados de tres investigaciones diferentes. Dos de ellas se realizaron en Japón, entre 181 estudiantes de Secundaria, de 12 a 15 años, y entre otros 1.050 de entre 13 y 18. Y el tercero se efectuó en Estados Unidos, con 364 estudiantes de 3º, 4º y 5º de Primaria de entre 9 y 12 años. Para todos los participantes se tuvo en cuenta cuántas horas dedicaban a los videojuegos de contenido violento y qué agresión física habían realizado en los últimos meses.

La investigación da que pensar, como también lo hizo en abril de 1999 la matanza en el instituto Columbine –en Colorado, EEUU–, por parte de dos estudiantes, Eric Harris y Dylan Klebold, de 18 y 17 años. Tan estremecedor como el desenlace del acontecimiento, con 15 muertos y más de una veintena de heridos, fueron los titulares de la prensa días posteriores, que revelaban la adicción de los autores a un videojuego violento denominado Doom.

Evidencia o necesidad de culpar a alguien, pero lo cierto es que los especialistas vienen advirtiendo desde hace años de la peligrosidad de este tipo de entretenimiento, a la par que crece su oferta y se multiplica la violencia entre los jóvenes.

Realidad y ficción
Desde Death Race, en 1976 –cuatro años después de que apareciera la industria– y en el que debías atropellar con un coche de carreras no se sabe si a personas o a gremlins –ésa fue la excusa de Exidy, su fabricante–, hasta Grand Theft Auto o Manhunt –uno de los videojuegos que más polémica ha generado en la historia–, han cambiado muchas cosas. El realismo de los juegos violentos contemporáneos provoca confusión entre realidad y ficción. Juicios, la prohibición de alguno de ellos y la retirada de ciertos contenidos han permito a las empresas salir del paso.

La última polémica en Estados Unidos ha sido la provocada por la empresa Timothy Plan al crear una “lista negra” con los “videojuegos antifamiliares”. Para sus consumidores, al fin y al cabo, sólo son juegos. Para los especialistas, la última decisión la tienen los padres, que deben saber a lo que juegan sus hijos.

Clasificación ESRB
• Ni juicios, ni informes, ni listas, a la hora de la verdad, la mejor forma de impedir los efectos negativos de un videojuego es saber a qué juegan tus hijos. Para ello, es fundamental saber cómo funciona la tabla de clasificación de videojuegos y cuáles son sus categorías. La ESRB –por sus siglas en inglés– es la norteamericana y es la más utilizada por el origen de estos productos.

• El ESRB clasifica los videojuegos en función de la presencia de contenido de violencia física o verbal y otros elementos como el sexo. Las categorías pueden ser: infancia temprana, para todos los públicos, para mayores de 10 años, adolescentes, maduros y sólo adultos.

• Es importante conocer que las siglas OA corresponden a “solo adultos” (only adults), la misma categoría con la que se clasifican las películas pornográficas. Otras son la CERO; la PEGI, europea; la USK, alemana; y el OFLC, australiano.

Consejos para padres…

Basta de culpas

La respuesta del sistema educativo ante la hiperactividad deja muchas lagunas que están siendo resueltas por los padres y docentes que, de manera individual, intentan compensar las carencias de la escuela.

“Hacía cosas y no sabía por qué; sentía que la situación me dominaba y no yo a ella; como consecuencia, mi madre me cuenta que me pasaba todo el tiempo castigado en casa y en el colegio. Sin embargo, yo no lo recuerdo. Creo que porque era algo asumido. Ahora me parece triste haber tenido que asumirlo y creo que tuve una madurez precoz”. Así recordaba Mario Lázaro, un chico de 19 años con TDAH, su infancia en la presentación de Hiperactivos. Estrategias y técnicas para ayudarlos en casa y en la escuela, libro con el que la editorial LoQueNoExiste y la Asociación de Padres de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención (Anshda) pretenden ofrecer recursos a profesores y padres para facilitar su tarea y mejorar el pronóstico de los niños que sufren el trastorno.

Teresa Moras, desde su experiencia como madre de un niño hiperactivo y presidenta de Anshda, recomienda a las familias proporcionar al pequeño un tratamiento multiprofesional –médico, psicopedagógico o psicoterapéutico, dependiendo de la edad–, tener en cuenta que ningún caso es igual, buscar un entrenamiento familiar para aceptar el diagnóstico y no culpabilizarse ni culpar. “Mi mayor consejo es buscar aliados entre los docentes” porque, según está planteado el sistema educativo, los van a necesitar.

Un trastorno polémico
En nuestro país, entre un 5% y un 8% de la población infantil padece Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, según la Federación Española de Asociaciones de ayuda al TDAH y los hospitales especializados. Este trastorno afecta al sistema nervioso central y se manifiesta con un aumento de la actividad, la impulsividad y la falta de atención, lo que le lleva a ser una de las causas más frecuentes de fracaso escolar y problemas sociales durante la niñez. Los síntomas, según el doctor Alberto Fernández Jaén, neurólogo especialista en TDAH, aparecen a partir de los 3 ó 4 años, pero sería precipitado hacer un diagnóstico antes de los 5 ó 6.

Hoy Mario Lázaro, uno de sus pacientes, ha superado muchas barreras y estudia 1º de Ingeniería. “No hay que alarmarse pensando en el futuro del niño, pues la minoría de estos pacientes acaban en la delincuencia, las drogas y demás, aunque sí necesita mucho apoyo, pues el niño hiperactivo sufre importantes problemas de autocontrol y de estado de ánimo. Pero, sobre todo, no hay que echar culpas, sino desculpabilizar”.

Mario reconoce que para él la medicación ha sido “indispensable” para su integración y sabe que su problema “no se concibe sin haberlo vivido: no poder llegar a las metas o poner todo mi empeño en algo que a los demás no les costaba nada y para mí era un mundo me producía apatía, desilusión y una ansiedad que transformaba en agresividad”.

El tema de la medicación es uno de los más polémicos en torno al tratamiento de la hiperactividad, por lo que el doctor Fernández Jaén ha querido puntualizar que, pese al rechazo que produce, su prescripción se realiza “cuando es necesario para que el niño pueda desenvolverse y que todas las demás medidas resulten efectivas. Hay que tener clara la finalidad última: dar una oportunidad a estos niños”.

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