Humanidades: por qué son tan atractivas para la empresa

Las Humanidades resurgen en un mundo más tecnológico que nunca. Las grandes empresas y los departamentos de Recursos Humanos buscan a graduados en estas materias para sus plantillas.

Por Terry Gragera

Gigantes como Google o IBM tienen en su primera línea a ejecutivos formados en Humanidades. Este movimiento para rescatar unas habilidades personales y académicas diferentes comenzó en Silicon Valley, la zona donde se concentran la mayoría de empresas más punteras en tecnología. De ahí saltó al resto del mundo y ya ha llegado a España, donde este tipo de competencias.

¿Qué aportan?

“Muchas personas creen que los grados en Humanidades se aprueban simplemente memorizando unos cuantos apuntes y que, en realidad, el nivel de exigencia es muy bajo comparado con los grados técnicos, ingenierías o los del área de la salud”, resalta Juan Carlos Jiménez Redondo, profesor de Sociología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo.

Para él, además del conocimiento específico de cada Grado, en las Humanidades hay otros valores difíciles de medir, como la madurez intelectual, la capacidad de crear un discurso, la imaginación para plantear soluciones a los problemas que afectan a la sociedad, el análisis…“. No se podría entender una sociedad sin personas que reflexionen sobre cuestiones éticas y morales. En definitiva, sin que muestren preocupación por humanizar esta sociedad tecnológica”, reivindica. “Las Humanidades habrán podido perder terreno, pero nunca van a desaparecer. A no ser que las personas quieran realmente avanzar hacia su destrucción”, concluye.

“El mundo nunca va a ser un logaritmo, por mucho que ayuden a mejorar la vida de las personas”, subraya el profesor Jiménez Redondo. “Se está produciendo un problema de exceso de datos e información. Las empresas comienzan a demandar capacidad analítica, es decir, una dimensión cualitativa de la información. Las empresas comienzan a comprender que las Ciencias Sociales y Humanas dotan al trabajador de esa capacidad cualitativa. Son alumnos que salen de la Universidad excelentemente preparados para comprender la responsabilidad social de la empresa y su necesario compromiso hacia la sociedad”, explica.

Por su parte, José Lozano, presidente de Aefol y organizador de Expoelearning, subraya cómo los graduados en Humanidades “aportan a la empresa una visión no materialista ni exclusivamente tecnológica. Su trabajo es fundamental para establecer la ética en la Inteligencia Artificial que ya está presente en muchos sectores de la economía mundial y lo estará cada vez más. Solo desde las Humanidades podemos hacer empresas más humanas”.

Un entorno muy amplio

Además de la enseñanza hay muchos otros caminos profesionales entre los graduados en Humanidades. “La relación entre estudios universitarios y salidas profesionales es cada vez menos lineal”, destaca Jiménez Redondo. “Las Humanidades no son unos estudios extremadamente especializados, sino que pretenden desarrollar competencias amplias y más generales de capacidad crítica, desarrollo de pensamiento, habilidades de análisis… Por esta razón sus posibilidades laborales son extraordinariamente amplias. Las Humanidades forman personas con amplia capacidad de adaptación a entornos de mercado cambiantes y permiten desempeñar trabajos muy variados”, resalta.

Educación emocional para un curso escolar atípico

Tener herramientas para gestionar las emociones de forma positiva ayuda a los niños y adolescentes a afrontar un curso marcado por el miedo y la incertidumbre.

Por Diana Oliver

La pandemia ha puesto a prueba el sostenimiento de nuestro sistema sanitario, la forma en la que nos relacionamos, el mantenimiento del empleo y, obviamente, la resistencia de la propia economía. Pero en el plano personal también está siendo un reto enorme en lo emocional. Y no sólo para los adultos, también para los niños y los adolescentes. Ahora, con el inicio del curso escolar surgen miedos y se aviva la incertidumbre. ¿Será seguro el curso escolar? ¿Cómo le afectará a nuestros hijos las medidas tomadas en los centros escolares? ¿Sabremos gestionar los momentos más complejos de la pandemia?

Para Sonia Martínez Lomas, psicóloga, autora de Descubriendo Emociones (La esfera de los libros) y directora de los Centros Crece Bien, la educación emocional es en estos momentos más necesaria que nunca. “Los niños y niñas han estado mucho tiempo sin rutinas, rodeados de cambios, sienten miedo e incertidumbre, la manera de relacionarse es diferente desde hace meses, su pequeño mundo cambia cada día, escuchan muchas noticias desagradables y la mayor parte de ellos ven a sus padres preocupados… Si tienen recursos para afrontarlo lo vivirán mucho mejor. Es parecido a afrontar el estudio con los materiales adecuados, estrategias sobre cómo se aprende y un profesor o profesora  que te enseña”, explica la psicóloga.

Lo cierto es que la educación emocional ha ido avanzando –tanto en las escuelas como en los hogares– en los últimos años. Lo hace, eso sí, a un ritmo lento, y vemos que aún sigue siendo la asignatura pendiente en muchas etapas y centros, pero también para muchas familias. Se sabe que la infancia es el momento idóneo para asentar las aptitudes, los valores y las herramientas emocionales de cara a la vida adulta. Y ese parece ser el camino inequívoco porque, como explica Sonia Martínez Lomas, “la educación  emocional ayuda a conocer las emociones propias y las de los demás, manejarlas y buscar soluciones de manera reflexiva, a guiar las acciones hacia una meta y a pensar con optimismo”. Lo que se traduce en que los niños con recursos emocionales afrontarán mejor las dificultades. Dificultades como, por ejemplo, transitar un curso escolar tan atípico como éste.  

Afrontar el miedo y buscar otras formas de relacionarse, dos retos del curso escolar

Según la psicóloga Sonia Martínez Lomas, el manejo del miedo, la tristeza y de la incertidumbre ante el desarrollo del curso escolar son algunas de las principales preocupaciones de los escolares. “Muchos niños no quieren volver al colegio o lo hacen con miedo. A la propia situación se une la inseguridad de que no se les de bien el colegio después de tanto tiempo. Todo ha cambiado y es normal que se pregunten si su cole será el mismo y si serán capaces de estar en él como estaban antes”, sostiene. Por ello, aprender a manejar estas emociones es tan necesario como eficaz. En ese sentido, la experta señala que a los niños no les ayuda que familias o docentes nieguen tener miedo, tristeza o enfado, ya que si los adultos esconden esas emociones ellos entienden que tampoco deberían experimentarlas. “Es mejor hablarles sin tabús sobre cómo nos sentimos, y darles la confianza de que lo superaremos juntos. También hacerles entender que los demás niños y padres se sienten igual y experimentan las mismas emociones”, explica.

Las relaciones sociales también han cambiado mucho, empezando por cómo nos saludamos. “Muchas familias están preocupadas por cómo van a relacionarse sus hijos con los amigos en el colegio. También por si van a hacer un adecuado uso de mascarillas y a mantener las distancias entre ellos”, cuenta Sonia Martínez, para quien las medidas tomadas en las escuelas no tienen por qué afectar a la salud emocional de los niños y adolescentes. “No tienen por qué tener un impacto negativo, siempre y cuando sean conocidas por todos, explicadas y practicadas con supervisión en un inicio. Si los adultos que rodean a los niños están tranquilos, se trata de un aprendizaje y como cualquier aprendizaje se puede hacer de una forma que no sea traumática para nadie”. Ocurre también que en ocasiones somos los adultos quienes trasladamos preocupaciones que no eran previamente significativas para ellos. “Los niños necesitan más «normalidad» y, además, por lo general, se adaptan mejor a los cambios que incluso los adultos. Según avanzamos en edad es más difícil cambiar de rutinas, nos vamos haciendo más rígidos. Sin embargo, esta situación, que ni niños ni adultos han vivido antes y que los propios adultos expresan como incierta, insegura es lo que puede provocar mayor inseguridad en los niños”, manifiesta la psicóloga.

Consejos para una gestión emocional positiva

En este escenario, padres y padres quieren saber cómo deben apoyarles en el aprendizaje del manejo de sus emociones de forma positiva. También los centros escolares son conscientes del importante papel de lo emocional. Sonia Martínez Lomas nos da algunas claves para acompañar ese aprendizaje:

  • Anticipación. Si a los niños se les anticipan las medidas y se les explican y practican, convirtiéndolas en un reto conjunto, las asimilaran bien. Imaginarnos cómo será la rutina escolar, qué podemos hacer y qué no, a quien se podrá pedir ayuda… les dará seguridad a la hora de tomar decisiones o actuar. Esta es una gran herramienta a nivel emocional.

  • Juego. El juego es importante también a la hora de procesar la realidad cuando ésta se nos escapa. ¿Por qué no acercársela como si de un juego se tratara? Por ejemplo podemos animarles a formar parte del equipo especial «los enmascarillados» o a ponernos el gel «cumple sueños».

  • Tiempo para la expresión. Es positivo dedicar tiempo a compartir cómo se sienten, qué ven fácil y qué ven difícil, qué les preocupa y qué pueden hacer para sentirse mejor, ayudándoles a buscar maneras de sentirse tranquilos a través de lo que piensan, apoyos que tienen y retos.

  • Emociones agradables. También es fundamental animarles a la búsqueda de las emociones agradables que sienten en el colegio, como la alegría de ver a los amigos, la satisfacción al aprender, el orgullo al ayudar a otro compañero…. Todo eso les motivará cada día.

La búsqueda de la identidad y de la felicidad

La actriz Vanesa Romero, conocida por su participación en series de televisión como “Aquí no hay quien viva” o “La que se avecina” se atreve como escritora y lanza su primera novela: “Música para Sara”. Una historia sencilla y optimista que habla, entre otras muchas cosas, de la búsqueda de identidad y la lucha por alcanzar los sueños.

Por Eva R. Soler

Cuando una lee Música para Sara (Editorial Suma de Letras), imagina a la protagonista como a su autora. Y no sólo porque la obra, en su edición de audiolibro, cuenta con la voz de Vanesa Romero para dar vida al personaje, sino porque hay algo más en su descripción física, en su carácter que se relacionan con esta actriz. Además, el relato está salpicado de algunos tintes autobiográficos (cómo la práctica del atletismo). Y cuando, en conversación telefónica, hablamos con Vanesa sobre el libro, sin darse cuenta, cambia de registro y al hablar sobre Sara pasa de la tercera a la primera persona: “Era una niña que lo tenía todo para ser feliz, sus padres la educaban de maravilla, económicamente no le faltaba de nada, pero había algo dentro de mí que decía que algo no iba bien y en vez de tirar la toalla, decidí ir en busca de esa felicidad y enfrentarme a mis miedos y no dejarme llevar. Hay que ser valiente para enfrentarse a uno mismo y decir: ¿qué me pasa? ¿qué puedo hacer? Y pedir ayuda”.

Cuando le preguntamos si cree que, por lo general, nos educan o educamos con miedo al cambio y esto nos impide luchar por nuestros sueños, dice: “Depende de la familia y de cómo te eduquen, sí. Pero también de las personas que te rodeas, porque eso te cambia la vida: los profesores, por ejemplo, que pueden hacer que una asignatura te guste más o menos. Sería bueno que, en los colegios, además de enseñar matemáticas, filosofía…enseñaran también a enfrentarse a los miedos y a las inseguridades. Algo tan importante, sobre todo en la adolescencia: hay que incentivarles para que luchen por sus sueños y vayan en busca de lo que en realidad les gusta”.

La búsqueda de identidad es uno de los grandes temas de la obra y, en este sentido, cree que es muy importante trabajar en una buena autoestima. “Eso es lo principal porque, por ejemplo, Sara, la protagonista no es feliz con su vida. Todo el mundo espera de ella ciertas cosas y llega un momento en el que lo que le hacía feliz ya no le hace y entonces, decide cambiar por completo, dar un golpe en su vida y, pese a lo que le dicen (que está loca, que va a tirar por la borda toda su carrera…,) ella termina deslizándose a lo que ella entiende que es la felicidad. Hay que ser valientes para hacerlo, darse cuenta, pensar y analizar qué es lo que quiero y qué es lo que no quiero, porque cuando una persona no es feliz, repercute en toda su vida”. Los jóvenes y los no tan jóvenes pueden verse identificados en este relato que habla, sobre todo, de encarar el miedo como hace la protagonista”.

LIBRO CON BANDA SONORA

Junto a Sara, la otra gran protagonista del libro es la música. De hecho, hay una canción que se ha creado expresamente para esta obra. Compuesta por el músico Albert Eelen (pareja de Vanesa Romero) tiene por título “Te esperaré”. La letra se incluye entre sus páginas y no sólo se lee, sino que también puede escucharse si se acerca el móvil al código QR que le acompaña. “Para mí, la música es fundamental. No concibo la vida sin música y, además, creo en su función terapéutica, en su poder de curación, como le pasa a la protagonista. Esa canción compuesta expresamente para el libro tiene un mensaje claro y es una pieza clave dentro de la historia”.

En Música para Sara se reflejan también diversos tipos de relaciones de algunos personajes con sus padres. En este sentido, le preguntamos si opina que la falta de comunicación es la causa de muchos problemas en el tándem padres-hijos: “Sí, totalmente. Y que, cada persona tiene sus miedos, sus inseguridades, sus propias historias. Cuando uno tiene un hijo tiene que trabajar en eso, porque el miedo se puede transmitir. Es importante escuchar para descubrir el talento que tiene cada uno de nuestros hijos y, a partir de ahí, potenciarlo. Uno de los personajes, Patri, la amiga de Sara, termina estudiando Derecho porque le viene impuesto por tradición familiar. Yo creo que, evidentemente, los hijos tienen que estudiar, pero también hay que apoyar la parte que hace referencia a sus intereses, porque lo que cuenta es que ese niño o esa niña sea feliz y que, ojalá, pueda dedicarse profesionalmente a lo que le llena”.

Patri encarna el papel de una amistad tóxica. Le preguntamos a la autora ¿cómo pueden ayudar los padres a que los hijos sepan identificar este tipo de relaciones? y responde: “Sobre todo hay que inculcar confianza plena en él para que, en un momento dado, tenga la capacidad de cortar una relación perjudicial para él. Hay que darle lo necesario para diferenciar lo bueno de lo malo (nosotros confiamos en ti, sabemos que lo vas a hacer es bueno y positivo), sin dejar de estar pendientes”.

Música para Sara parece una novela muy cinematográfica y es fácil imaginársela como peli, con ella de protagonista. Esa idea ya le ha rondado a Vanesa por la cabeza y puede que en un futuro dé forma a ese proyecto.

¿Qué responsabilidad tienen los padres que llevan a sus hijos enfermos al colegio?

En una situación como la actual, pueden verse inmersos en un proceso legal que les obligue a pagar una indemnización por el daño causado.

Por Eva R. Soler

Fiebre a partir de los 37; 37’2 ó 37’5 (según los protocolos de cada comunidad autónoma), tos, congestión nasal, dolor de garganta, dificultad respiratoria, dolor torácico, dolor de cabeza, dolor abdominal, vómitos, diarrea, dolor muscular, manchas en la piel, disminución del olfato y el gusto o escalofríos. Ante la presencia de estos síntomas, los padres no deben llevar a sus hijos al centro escolar. Hacerlo, no sólo supone poner en riesgo la salud de muchas personas, sino otras consecuencias de diversa índole. Desde el despacho de abogados dPG Legal, explican qué responsabilidad tienen los padres que llevan a los niños enfermos al colegio en una situación como la actual y advierten que, legalmente, se puede cursar contra ellos una reclamación civil y ser penalizados, con la obligación de pagar una indemnización.

En este sentido, Ignacio González Gugel, abogado y socio fundador de dPG Legal afirma que llevar a un niño con síntomas compatibles con coronavirus, o que haya estado en contacto con algún positivo, puede suponer el contagio a otros alumnos o profesores, con las consecuencias de diversa índole que esto conlleva. En primer lugar, según González Gugel, afecta al Derecho a la Educación, pues en caso de que se detecte un alumno positivo por Covid, se paralizará la formación del resto de los alumnos de su clase, interrumpiendo así su formación. “Además, también puede suponer un perjuicio económico para muchas familias, puesto que el cuidado de los hijos hace muy difícil la asistencia al trabajo de los padres y, en el mejor de los casos, se verán obligados incluso a contratar personal de servicio para el cuidado de los menores”, añade el abogado.

RECLAMACIÓN CIVIL CONTRA LA FAMILIA

Según Ignacio González Gugel, en caso de contagio, cabe una acción de reclamación civil contra la familia responsable, de la misma forma que contra quien causa cualquier tipo de lesión: “Todos estos daños son indemnizables por el artículo 1.902 del Código Civil: el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado”. Para que prospere esa reclamación debe acreditarse lo siguiente:

1. Un comportamiento en el que la persona presente síntomas o, incluso, teniendo constancia de que padece coronavirus, haya contagiado a otros por incumplimiento de los protocolos establecidos en las normativas dictadas o por omisión, al no adoptar diligentemente acciones para evitar contagios.

2. Un daño real con suficiente importancia que produzca lesiones para la situación patrimonial de los afectados, al impedirles trabajar y, por tanto, generar ingresos. Por ejemplo, familiares que han tenido que dedicar tiempo y recursos al cuidado del afectado.

3. La relación directa entre la acción (u omisión) del daño (causalidad): En el caso del coronavirus, hay que probar que la persona a la que se demanda fue responsable del contagio. Esta es la verdadera dificultad, “porque para que prospere la acción e indemnización por daños y perjuicios, se debe acreditar la culpa o negligencia que ha causado la enfermedad y los perjuicios ocasionados, la causalidad y la inexistencia de responsabilidad en la propia causa de la infección”.

22 consejos para criar hijos espabilados

La vida nos ha enseñado que hay que estar alerta, que hay mucho indeseable y todavía más personas que van, como se dice, a lo suyo y sin contar los heridos.

Por Javier Peris

Más numerosas aún son las situaciones en las que no hay buenos ni malos pero que en las que nos sentimos engañados, decepcionados, aturdidos. Desearíamos que nuestros hijos no pasaran por esos trances pero eso es imposible, además de nada recomendable. La vida es así, y no está hecha para los blanditos.

1. CADA HIJO ES COMO ES. Los padres aprenden pronto esta frase pero aun así es bueno recordarla. De un hijo sensible y cariñoso no lograremos hacer un tipo despegado y seco. De uno inquieto e impaciente no esperemos, por mucho que nos esforcemos, que de adulto sea un ejemplo de circunspección. Pero unos y otros pueden y deben, ayudados por sus padres, limar los excesos del carácter y aprender hábitos que los compensen.

2. LA CONFIANZA. La confianza se otorga bien de una manera gratuita (eres mi padre o eres mi hijo, y se acabó), bien porque se merece. Decimos que alguien es confiado cuando se fía de quien no ha dado muestras de confianza. Tendemos a trasladar a nuestros hijos pequeños –pensamos que así son más felices– la idea de que todo el mundo es bueno o de que ser desconfiado es malo. Y no es eso. ‘Yo no fío ni de mi padre… solo que por mi padre me dejo engañar’. De eso se trata, sí.

3. BUENOS Y MALOS. Un momento, ¿de verdad vamos a decir a nuestros hijos que hay gente mala y gente buena? Buena pregunta, pero son los padres quienes deben responderla. No nos equivocaremos si explicamos que hay personas que actúan mal, mientras otras exhiben habitualmente un buen comportamiento. Sí, niños y adultos debemos tener mucho cuidado con juzgar a las personas. Como escribieron, casi con las mismas palabras, san Agustín y Oscar Wilde, y que ha repetido el papa Francisco: “Todo santo tiene un pasado. Todo pecador tiene un futuro”.

4. ELMIEDO, CLARO QUE SÍ. El miedo, o el temor si se prefiere, forma parte del aprendizaje. ¡Hacemos tantas cosas buenas (y dejamos de hacer malas) solo para evitar las consecuencias! No hace falta elaborar historias muy complicadas o acudir a recuerdos muy lejanos para hacer ver a los chavales que la vida está llena de trampas y de tramposos.

5. SE BUSCA CULPABLE. Muchas veces no hace falta el concurso de ningún malvado: la propia dinámica de circunstancias que no son negativas acaban en un enorme fracaso, en un doliente malentendido. Resulta muy desagradable la gente que, en estas situaciones, se apresura a señalar un culpable, o a varios. Se trata de un mecanismo de defensa muy cutre pero también efectivo, al menos a corto plazo. Y también muy primitivo porque los niños lo aprenden enseguida.

6. A LA FUERZA AHORCAN. Quieres evitar un disgusto al niño. Es comprensible. ¿Por qué obligarle a ir a diario a comprar el pan si sabes que se ruboriza, tartamudea…? ¿Por qué obligarle a relacionarse con la familia extensa, o con los hijos de los vecinos, si el chico es feliz con sus pantallitas y además pone la mesa con una sonrisa? Porque así le educas mejor que cualquier colegio de campanillas. Y además gratis. Con el tiempo, aprenderá a luchar por su turno en la panadería.

7. ¡PERO BUENO, ESTE CHICO ESTÁ NEGOCIANDO! Sí, has leído y escuchado muchas veces que hay que saber negociar con los pequeños, pero cuando la iniciativa parte del hijo nos sentimos incómodos. La verdad es que es estupendo que los hijos nos pongan en situaciones difíciles apelando a argumentos y a ejemplos que no sabemos responder. No hay que rehuir la disputa y tampoco ponérselo fácil; mejor ceder en cuestiones no esenciales y sacarle, a cambio, otros compromisos. Hay pedagogos que incluso fomentan escribir estos pactos.

8. ME HA MENTIDO ¡QUÉ ESCANDALO! Es todo un golpe para la madre y el padre primerizos. Hemos pillado al niño en una mentira, y no podemos quitarnos de la cabeza la expresión de santidad con que lo ha hecho. Bien, desgraciadamente forma parte de la madurez, porque según nos hacemos mayores, el número de mentiras ¡diarias! crece y crece…

9. NO PUEDES PROTEGERLES… NI DEBES. Hay cosas que los jóvenes tienen que experimentar: la decepción, la vergüenza tras el engaño… Ser espabilado no consiste en no meter la pata y evitar situaciones de riesgo, sino en la capacidad de aprender de esos errores. Esas derrotas son imprescindibles y constituyen la mejor ocasión para que pequeños y jóvenes saquen enseñanzas en positivo, sin rencores ni miedos excesivos. De lo contrario pueden optar bien por la pasividad, bien por desear el mismo mal para los otros.

10. LA PASTA. Cuando tienen edad para compartir los primeros refrescos con amigos y amigas, el joven feliz (y con dinero suficiente) se apresura a invitar a la segunda ronda. Sí, son chicas y chicos que disfrutan con la compañía de las amistades y ¿qué menos que darles un poquito de felicidad en forma de burbujas? Te ha salido un hijo generoso. No es mala cosa ser espléndido si te lo puedes permitir, pero si no sabes administrar esos momentos pronto descubrirás con horror que hay amigos que te pondrán mala cara cuando no eches mano al bolsillo.

11. MÁS PASTA. El dinero forma parte de esa bendita y deslumbrante libertad que van descubriendo los jóvenes. La experiencia dice que no es buena política la de llevar muy cortos de dinero a los jóvenes. Lo normal es que, pese a nuestros esfuerzos, cuando crezcan gastarán todo el dinero disponible y hasta el no disponible. Como los adultos. Y, como los adultos, meterán la pata. Mejor que empiecen cuanto antes; cuando corre menos riesgo la economía familiar y todavía aceptan algunos consejos de los padres.

12. ABRIR LAS VENTANAS. Todavía quedan padres que han aprendido poco de la vida, que intentan que sus hijos limiten sus relaciones a un ambiente o círculo social determinado. Por supuesto, lo hacen con la mejor intención, y tampoco son tan ingenuos para pensar que se trata de un ambiente perfecto. Pero es un error. Conocer y frecuentar entornos tan distantes como diferentes enriquece el desarrollo del joven, fomenta el diálogo con los padres, hace que se pregunten (y que les respondamos) por las formas y el fondo, por lo sustancial y por lo accesorio y pasajero.

13 ¿SABRÁN HACERLO? Recaudar fondos para un viaje escolar; ayudar al tío; servir en un comedor social; preparar un cumpleaños sorpresa; hacer de canguro… ¡Lo que sea! Y cuanto antes, mejor. Que sientan el peso de la responsabilidad en tareas que requieran cumplir plazos, alcanzar objetivos concretos, tratar con personas que no conocían, descubrir mundos nuevos de proveedores, clientes, profesiones e intereses. ¿Sabrán hacerlo? Si no lo intentan nunca lo sabremos ni nunca aprenderán.

14. EN EL AMOR. En las relaciones sentimentales hay poco margen para el consejo o el acompañamiento paterno. Mandan la biología, el carácter y el azar. Sin embargo, siempre se puede hacer algo para evitar que las emociones se desborden más de lo conveniente o durante más tiempo del deseable y evitar, así, dependencias y obsesiones que castran la autonomía personal. La hiperemotividad reinante no ayuda, por eso es tan importante el contrapeso de los padres.

15. EXCESO DE EMPATÍA. Casi siempre el acreedor es el que acaba pasándolo mal cada vez que reclama su deuda. Somos así, y no es fácil evitarlo. Esta mezcla de empatía y vergüenza comienza en la infancia y, si no se corrige, se pasarán muchos malos tragos injustificados. Hay que decir lo que hay que decir y en el momento; hay que hacer lo que hay hacer y en el momento. Hay refranes que ayudan: más vale ponerse colorado una vez que ciento amarillo.

16. LO CORTÉS Y LO VALIENTE. Para ser claros y directos, para reclamar un derecho, para cantar las cuarenta… no hace falta ser maleducado ni enojarse para hacerlo más sencillo. Se puede y se debe ser educado y hasta comprensivo y, al mismo tiempo, sincero y recto.

17. SE VEÍA VENIR. Ojalá pudiera ver venir el batacazo, pero es joven. Los padres se hacen cruces e intentan disuadirle, pero es inútil. Bien, seamos positivos y ayudémosle a aprender del estropicio. Evidentemente la enseñanza no será ‘la próxima vez haz caso a los papás’ o ‘es mejor que no vuelvas a intentarlo’. Es más eficaz averiguar con él el porqué del fracaso, o por qué ciertas personas se han comportado así. Y animarle a seguir probando, a seguir luchando.

18. EN PÚBLICO, COMO EN CASA. Las actividades de debates en las escuelas son frecuentes en otros países y más raras en España, y es una pena. Con la facilidad de hablar en público no se logra tanto impresionar a los jefes o saber dar una conferencia como comportarse con naturalidad ante personas desconocidas o ante un púbico nutrido. Porque en estas situaciones ‘actuamos’ (un poco más que en la vida diaria) y se trata de que los respetos, vergüenzas y reparos no impidan la buena comunicación y, en su caso, la consecución de unos objetivos.

19. ¿TIMIDEZ? Hay muy pocos casos de timidez patológica. La inmensa mayoría de los tímidos dejan de serlo a base de pasar vergüenza una y otra vez… hasta que se cansan de ponerse colorados. Para los padres, es verdad, resulta muy doloroso ver a los niños y jóvenes sufrir estas situaciones porque, casi con seguridad, ellos también pasaron por eso. Hay que ser fuertes… y cariñosos. Desgraciadamente sólo pueden superarlo solos, pero siempre se agradece una palmadita.

20. ¿DESOBEDIENTES O CURIOSOS? ¿Por qué pagaríamos una buena cantidad de dinero: porque nuestros hijos fueran obedientes o… curiosos? Menos mal que la opción no es real porque, frente a la comodidad de tener unos hijos obedientes, la opción de que sean curiosos, inquietos, con ganas de saber –y de cuestionar–es una tentación muy atractiva. La curiosidad nos hace superar la timidez y la pereza y hollar una gran variedad de terrenos y de personas.

21. VA A SER QUE NO. ‘No se esfuerce, mi hijo es un muermo que va a recibir de todos lados el resto de su vida, y solo espero estar a su lado el mayor tiempo posible’. Quizá, pero no se rinda tan pronto. El carácter nada tiene que ver con ser o no espabilado, despierto. Seguro que hemos topado con personas así: aparentemente paradas e incluso torpes que nos sorprenden cuando las tratamos estrechamente, que nos llevan por donde ellos quieren.

22. TODOS SOMOS CUÑADOS. Es un fenómeno similar al de los cuñados: todos lo somos pero nadie se reconoce en el tópico. Sin darnos cuenta pasamos por la vida mirando más por lo propio que por lo ajeno; y nos servimos, muchas veces sin advertirlo, de mentiras, medias verdades, abusos, disimulos y fingimientos que acaban causando un daño objetivo, material o moral.

Webinar gratuito: Las relaciones tóxicas en los hijos

El próximo 13 de noviembre a las 13.00 horas podréis asistir a un nuevo webinar gratuito que, esta vez, tratará sobre las relaciones tóxicas que se pueden producir en la adolescencia, un periodo de cambios en los que se está formando la personalidad y el autoconcepto, y en el que los más jóvenes se encuentran en una situación especialmente vulnerable frente a conductas de riesgo. El webinar Las relaciones tóxicas en los hijos será impartido por Raquel Hernández a través de la aplicación Zoom (si no la tenéis aún, aquí podéis descargarla para iOS y aquí para Android).

¿Quién es Raquel Hernández?

Licenciada en Psicología, experta en Sexología y Psicología clínica. Con estudios de Máster en Sexología y Psicoterapia integrativa. Es además experta en Coaching y cuenta con formación en el área de la Psiconeuroinmunología Clínica.

Posee una gran experiencia laboral en el área de la Psicología Clínica y la Sexología, además de ser docente en diferentes talleres y Masterclass de la misma área.  Actualmente es coach del programa Jove Oportunitat, donde trabaja con jóvenes en situación de exclusión social.

¿Qué temas se abordarán en el webinar?

En este webinar se hablará sobre cómo prevenir y detectar comportamientos tóxicos en las relaciones de los hijos con sus iguales, especialmente en la pareja. La adolescencia es un periodo de cambios en los que se está formando la personalidad y el autoconcepto, por lo que los más jóvenes se encuentran en una situación especialmente vulnerable frente a conductas de riesgo. De ahí que sea tan importante fomentar la salud de las relaciones de los más jóvenes. 

¿Cómo apuntarse al webinar?

Las relaciones tóxicas en los hijos podrá seguirse en directo a través de la aplicación Zoom el próximo 13 de noviembre a las 13.00 horas. La charla tendrá una duración aproximada de una hora, dividida en una ponencia de unos 30-40 minutos del experto y un espacio para el turno de preguntas en el que podréis consultar todas vuestras dudas.

Es imprescindible reservar vuestra plaza en el webinar en este enlace.

Aquí puedes ver otros webinars de interés:

¿Cómo educar en valores a los más pequeños?

Gemma Lienas ha publicado más de 90 libros para todas las edades.  Su nuevo libro está formado por 10 cuentos con valores que divertirán a los niños y ayudarán a los padres en la educación de sus hijos. 

Los valores que adquieren los niños y las niñas durante la infancia son muy importantes y determinan una parte de la personalidad de los pequeños. Para que comprendan la importancia que tienen la gratitud, el respeto, la paciencia, el compromiso o la responsabilidad, entre otros valores, lo mejor es que los observen en aquellas personas que quieren y son sus referentes.

Pequeños cuentos con grandes valores es un álbum ilustrado perfecto para leer en familia con el que los niños aprenderán a:

  • Saber demostrar gratitud
  • Tener capacidad de reconciliación, ponerse en la piel del otro y entender su punto de vista
  • Reconocer las cualidades y los méritos de las otras personas
  • Ser capaz de comprometerse en causas comunes y ayudar a los demás
  • Hacer coincidir lo que se piensa, lo que se dice, lo que se siente y lo que se hace
  • Respetar el medio ambiente 
  • Tener disposición para el diálogo y saber pactar
  • Ser responsable de las propias acciones y de los propios compromisos
  • Aprender a tener paciencia
Su autora, Gemma Lienas, ha escrito más de 90 libros para niños y niñas, adolescentes y adultos. De entre sus libros para niños y niñas encontramos, entre otras, las colecciones de La tribu de Camelot y de Emi y Max, el libro de cuentos sobre educación emocional El libro de las emociones para niñas y niños y la novela de misterio Yo, Watson y el armario de Jacqueline (premio Vaixell de Vapor 2018). De entre sus títulos para jóvenes destacan los diarios de Carlota, que ya son cinco, el primero de los cuales fue El diario violeta de Carlota (Premio Unesco por la tolerancia, 2003). Son obra suya las novelas para adultos El hilo invisible (Premio San Joan 2018), Anoche soñé contigo y Atrapada en el espejo.

La pandemia ha aumentado las peticiones de ayuda de padres y madres para gestionar las relaciones con sus hijos

El confinamiento de la población decretado en España el pasado 14 de marzo para hacer frente a la pandemia por coronavirus y que se extendió, incluyendo la desescalada, durante más de tres meses, obligó a muchas familias a una convivencia intensiva a la que no estaban acostumbradas y para la que, además, en muchos casos no se estaba preparado. Sobre todo, por los condicionantes que acompañaron a muchos de esos confinamientos (incertidumbre laboral y económica, teletrabajo con hijos en casa, educación online, estrechez de espacios, falta de medios, etc.) y que complicaron sobremanera la convivencia.

“Aunque hay familias que nos comentan en las sesiones que el confinamiento les ha sido muy positivo, ya que han podido estar más tiempo juntos y disfrutar de ese tiempo, lo que les ha unido más, lo cierto es que en otras muchas familias esta situación ha aumentado los conflictos, el malestar y los desacuerdos, provocando que el ambiente en casa se crispe”, asegura la psicóloga Sonia Martínez, directora de los Centros Crece Bien, pioneros en la enseñanza y el desarrollo de Habilidades Emocionales, Sociales y de Aprendizaje. Para la experta, el no poder salir a la calle de vez en cuando para desconectar o cambiar el foco de atención, así como el hecho de que estar juntos fuese parte de una obligación y no de una decisión voluntaria, “aumentó el malestar y provocó que, a veces incluso, el problema se viese más grande de lo que realmente era”.

Como consecuencia, la autora de Descubriendo Emociones (La esfera de los libros) afirma que la llegada de lo que se dio a conocer como “la nueva normalidad” ha traído consigo un incremento considerable de las peticiones de ayuda de padres y madres para gestionar la relación con sus hijos.

“Los más notorio es que la demanda ha cambiado: antes padres y madres venían para intentar ayudar a sus hijos. Ahora, sin embargo, son muchos los padres y madres que se plantean que esa ayuda la necesitan ellos mismos. Nos comentan que están nerviosos e irascibles y que pierden los nervios enseguida”, explica la psicóloga, que asegura que ha visto a muchos padres y madres “desbordados e inseguros”, dudando incluso de su labor como tales: “Algunas familias verbalizan que su sueño de tener una familia feliz se ha visto truncado, por lo que plantean ahora pedir ayudar para mejorar esas relaciones y que tanto sus hijos como ellos guarden un gran recuerdo en el futuro”.

Entre las preocupaciones y las peticiones de ayuda más habituales entre madres y padres, Martínez destaca principalmente el ya citado manejo del enfado o la frustración, el respeto a los límites, las estrategias para que los hermanos no discutan todo el día y “que la nuestra no parezca una casa de locos”, los consejos para sentirse tranquilos en casa o los tips para saber cómo motivar en la responsabilidad a hijos e hijas. A todos ellos, cómo no, se ha sumado otro tema estrella del confinamiento, el del uso de las nuevas tecnologías por parte de niños y niñas: “las familias no saben bien cómo gestionar el tiempo que sus hijos e hijas están expuestos y cómo ponerles límites”.

NECESIDAD DE RECURSOS PSICOLÓGICOS Y EMOCIONALES PARA LAS FAMILIAS

Para Sonia Martínez el aumento de los problemas en el ámbito doméstico debido al confinamiento entra en cierto modo dentro de la normalidad, ya que se pasó de un contexto en el que padres y madres trabajaban muchas horas fuera de casa y cuando veían a sus hijos se preocupan más de sus necesidades físicas y de jugar con ellos para aprovechar el tiempo de una forma positiva para todos; a otro en el que nos vimos encerrados en casa, conviviendo 24 horas al día, con la incertidumbre provocada por la pandemia y combinando horarios laborales con horarios escolares en muchas ocasiones sin medios y en espacios reducidos: “Es lógico que aparezcan otras preocupaciones, que aumenten las dificultades y que los problemas sean más visibles”.

Para la directora de lo Centros Crece Bien, no obstante, esta situación extraordinaria que nos ha tocado vivir ha dejado al descubierto “claramente” la falta de recursos emocionales de muchos padres y madres para hacer frente a situaciones como la actual. “Ante factores externos que provocan estrés e internos que lo aumentan, si las familias poseen recursos emocionales para manejar la situación, aunque ésta les afecte, la superarán mucho mejor e incluso podrán salir de ella de manera airosa. Por eso es fundamental que, además de dar recursos económicos y físicos a las familias para hacer frente a crisis como la actual, también se dé importancia a los recursos psicológicos y emocionales”, argumenta.

A los padres y madres que se sienten “desbordados e inseguros” Sonia Martínez les traslada, por último, un mensaje positivo, ya que darse cuenta de que algo no va bien es el primer paso para cambiarlo. “Hay que ver la situación como una oportunidad, como el momento en el que podemos hacer un cambio. Si lo enfocamos así y no como un fracaso en nuestro desempeño como padres o madres, podremos cambiar las cosas y enseñar a nuestros hijos que, cuando las cosas no van bien, se pueden cambiar buscando alternativas diferentes”, concluye.