El más pequeño de todos

En este concierto para bebés de 3 a 10 meses, tres músicos interpretarán un repertorio formado por canciones tradicionales catalanas y música contemporánea y crearán, con la ayuda de sonidos grabados, ambientes sonoros especialmente pensados para bebés.

Paralelamente, una bailarina con un gran peluche mostrará al público diversas acciones que cada padre o madre puede hacer con su niño durante la audición: mecerlo, acariciarlo, hacer juegos de falda, masaje…

Más información: www.auditori.org

¡Cucú!

Un libro de tela con colores, texturas y sonidos para que los bebés jueguen mientras el adulto les propone el juego “cucú, sorpresa” que nos muestra los animales que se esconden en cada página.

Otro título de la misma colección, Cu-cú, ¿quién es, esconde sorpresas para que los más pequeños jueguen a las adivinanzas. Preguntas como: ¿quién tiene un hocico rosa que olfatea?, o bien, ¿cuál es la mejor compañía para el protagonista del libro?, mantienen la intriga del lector hasta el final. Levantando las solapas y abriendo las puertas, descubriremos todos los secretos de estas historias sorprendentes.

Más información: www.combeleditorial.com

Alerta con lo que nos trae Papá Noel y los Reyes Magos

Durante las fiestas navideñas Papa Noel y los Reyes Magos nos dejan sumergidos en montañas de juguetes que pueden acabar inundando las habitaciones de trastos inútiles. Para evitar esta situación debemos ser selectivos y seguir un criterio concreto para adquirir solo aquellos que mejor se adapten a cada etapa de desarrollo de nuestro hijo.

Para empezar, si su primera navidad cae dentro de los dos primeros meses de vida, debemos tener en cuenta que nosotros mismos somos su primer juguete. Nuestro hijo acaba de aterrizar en un planeta totalmente desconocido para él donde incluso la atmósfera es diferente a la que estaba acostumbrado: de respirar liquido pasa a respirar aire, un cambio radical. En estas circunstancias, el recién nacido necesita referentes, vínculos afectivos y estímulos de todo tipo: necesita tocar, oír, ver, sentir… para estimular todos sus sentidos. Los primeros elementos con que se encontrará serán su propio cuerpo y el de los padres. Es por ello que debemos acariciarle y que nos acaricie, que nos toque el pelo y la cara. Con ello, además de estimularlo, conseguiremos que empiece a desarrollar sentimientos de afecto y socialización.

Hasta los 2 años el sistema nervioso se encontrará en proceso de maduración. En esta etapa deberemos escoger dos tipos de juguetes: los que estimulen sus sentidos y los que contribuyan a su relajación:

Juguetes “de cercanía”: son aquellos que le permiten explorar su entorno más próximo sin necesidad de desplazamiento (gimnasios para bebés, pianos pataditas, carruseles, etc.) que le permitirán identificar sonidos, colores e imágenes a partir de su acción directa, que le permitirán reproducir sonidos por imitación, expresarse a través del gesto o experimentar diferentes texturas y materiales.

Juguetes “silenciosos”: sin ruidos ni estridencias que ayuden a la relajación. Son los juguetes de texturas suaves y cálidas como mantitas o peluches, y los clásicos móviles para la cuna con movimientos lentos y relajantes.

A partir de los dos años, deberemos estimular sus habilidades psicomotoras, visuales, auditivas, verbales y espaciales, por tanto, serán apropiados todos aquellos juguetes que impliquen manipulación, ensamblaje o construcción y requieran cierta destreza: puzzles, construcciones, plastilina, etc. Deberemos tener en cuenta que los juguetes que elijamos contribuyan a diferenciar formas, colores y medidas, orientarse en el espacio, desarrollar la imaginación mediante el juego simbólico, coordinar vista/tacto, etc. En esta etapa podemos empezar a introducir cuentos para aumentar su vocabulario y exteriorizar sus sentimientos.

A partir de los 3 años deberemos incidir en la psicomotricidad, estimulación auditiva y aumento del léxico con lápices finos, puzzles, construcciones, triciclos, juegos de mesa, etc. El objetivo es estimular su creatividad, el equilibrio, discriminar sonidos, formas y colores, iniciarse en el juego compartido y el respeto por el compañero de juegos.

Además, los diferentes juguetes también deben ser utilizados para empezar a fomentar su autoestima mediante el refuerzo positivo de sus logros o sus descubrimientos, iniciarlo en el establecimiento de rutinas, limites, tiempos y espacios, es decir, hay un tiempo para jugar, otro para dormir y también un lugar para cada juguete y un espacio para cada actividad. No olvidemos que el aprendizaje temprano se produce en gran manera por imitación y por tanto, deberemos dar ejemplo.

No olvides que hay veces en que los mejores juguetes no son necesariamente los que compramos, sino objetos cotidianos o construidos por el propio niño o con la colaboración de los padres, por lo que deberemos dejarle experimentar con todo tipo de objetos a su alcance, siempre que, por supuesto, no impliquen riesgo de ningún tipo, e implicarnos, cosa que contribuirá a reforzar vínculos afectivos y a consolidar nuestra figura de referente sólido que tan necesaria resultará en etapas turbulentas posteriores.

Las bases de una buena alimentación

El mejor momento para comenzar a transmitirle unos buenos hábitos alimentarios a tu bebé es cuando empieza con la alimentación complementaria.

La alimentación complementaria es un periodo en el que se van introduciendo progresivamente distintos alimentos, con texturas adaptadas a los meses del bebé, hasta el niño ya pueda comer todos los alimentos propios de la dieta del adulto. Estos primeros años de vida serán decisivos porque en este tiempo se sentarán las bases de sus preferencias y actitudes futuras.

De esta forma, si le inculcamos unos buenos hábitos alimentarios desde el inicio, le ayudaremos a tener un mejor estado de salud en el futuro y a prevenir enfermedades relacionadas con la alimentación poco equilibrada como la obesidad, diabetes, hipertensión, etc.

Las principales pautas nutricionales para conseguir unos buenos hábitos desde la introducción de la alimentación complementaria son:

1. No añadir sal
Los bebés necesitan menos sal que los adultos y además no rechazan los sabores sosos porque su paladar todavía no tiene unas preferencias establecidas. Los alimentos por sí mismos ya tienen sal en su composición. Es bueno, por tanto, que los purés que tome el bebé (caseros o comerciales) tengan muy poca o nada de sal para no acostumbrarle a un nivel de sal elevado.

2. Controlar la cantidad de proteínas
En general nuestra dieta se caracteriza por un exceso de proteínas, tanto en adultos como en niños. Estudios recientes indican que un exceso de proteínas (carnes, pescados y huevos) en etapas tempranas de la vida aumenta el riesgo de padecer obesidad. Por ello, es bueno controlar la cantidad de proteínas de la dieta de los bebés y niños pequeños para proporcionarles la cantidad adecuada.

3. Realizar cocciones sencillas
Intentar utilizar cocciones más sencillas, como al vapor para mantener al máximo las propiedades de los alimentos y la mayor cantidad de vitaminas y minerales. Hoy en día existen en el mercado alimentos para la alimentación infantil que emplean estas cocciones.

4. Escoger grasas de buena calidad
El bebé necesita mayor cantidad de grasas que el adulto, pero éstas deben de ser de buena calidad. Es mejor elaborar los purés con aceites vegetales como el aceite de oliva o el de girasol y evitar en la medida de lo posible la bollería y los snacks.

5. Educar el paladar a sabores suaves.

Desde el punto de vista nutricional, no es necesario añadir azúcar a los alimentos de los bebés porque los azúcares naturalmente presentes en los alimentos ya cubren sus necesidades.

Así, el bebé se acostumbrará desde el inicio a sabores más naturales y le ayudaremos a prevenir la caries dental, una futura obesidad y otras enfermedades relacionadas.

6. Tomar suficiente cantidad de frutas y verduras
La fruta y la verdura forman parte de una dieta variada y equilibrada. Aportan vitaminas y elementos minerales imprescindibles para esta etapa de fuerte crecimiento. Además, son fuente de fibra, que facilita el tránsito intestinal. Los expertos en nutrición infantil recomiendan el consumo de frutas al menos dos veces al día y de verduras al menos una vez al día.

Un juguete para cada edad

En los tres primeros años de vida, los pequeños de la casa pasan de ser bebés a niños; de estar tumbados a querer descubrir todo a través de los sentidos, y para esta transformación deben superar muchos cambios y pasar por diversas facetas de su desarrollo. Por eso, es fundamental saber qué juguetes son adecuados según la edad que tenga el niño. Nosotros te aconsejamos para que esta Navidad no te coja desprevenido.

Etapa de 0 a 6 meses
“En esta etapa trabajamos con las sensaciones, especialmente en contacto con el cuerpo de la mamá y jugando a través de contacto piel con piel. Por ejemplo, colocando al bebé sobre las rodillas y jugando con los sonajeros para que pueda seguir con sus ojitos el movimiento y conseguir el control cefálico. También puede experimentar diferentes tactos con el propio sonajero y a través de él desarrollar su inteligencia sensomotora. Es importante que se haga con alegría, felicidad y buen humor para que pueda grabar todas las sensaciones positivas en su cerebro” afirma Elizabeth Fodor, pedagoga infantil y asesora de Imaginarium

De esta forma, vemos cómo los primeros contactos con las personas de su entorno son los principales ámbitos de aprendizaje, estimulación y juego. Los juguetes de la primera infancia son muy variados y pueden ser un excelente aliado para dar a conocer al bebé, de forma placentera y segura, el mundo que le rodea según consta en la guía de Juegos y Juguetes del Instituto Tecnológico del Juguete (AIJU).

Etapa de 6 a 12 meses

Es la etapa que denominamos Todo un mundo por descubrir ya que el niño se da cuenta de que puede moverse. Empieza a trasladarse a través del gateo produciéndose una comunicación de los hemisferios del cerebro. El niño, también en esta etapa, se asusta cuando su madre no está. Los mejores juegos para evitar estos miedos son todas las variantes de "Cucú-trás": mamá desaparece y aparece detrás de un pañuelito o de los muebles. Podemos trabajar todo tipo de juegos; jugar a puzzles muy sencillitos, meter y sacar bolas de un bote, juguetes con pinchos para poder meter en los agujeros… El niño en esta etapa es totalmente motriz y es bastante complicado pararlo y que se concentre. Por eso es importante que encontremos un juego que le resulte divertido. No importa cómo juega ese juego, lo importante es que él mantenga su concentración” afirma Montserrat Morán, Maestra de Educación Especial y asesora de Imaginarium.

Etapa de 12 a 24 meses

“Es la etapa en la que los niños empiezan a caminar. Ellos solo piensan en desplazarse de un lado a otro, tirando carritos, empujando norias…es lo que más les puede divertir. Al ser tan activos en esta etapa, es muy importante que intentemos que el niño se quede absorto en algún juguete. Siempre que lo esté, va a trabajar la atención sostenida, imprescindible para evitar el fracaso escolar en el futuro. Algo fundamental es que el juego siempre tiene que ser divertido; los padres han de divertirse con el niño y el niño ha de divertirse con sus padres”, asegura Elizabeth Fodor.

Etapa de 24 a 36 meses

El niño utiliza la experiencia de los sentidos para actuar sobre las cosas; la coordinación manual está muy desarrollada y surge la competitividad y la rivalidad. Los juguetes más adecuados son las construcciones de grandes piezas, los cuentos, un triciclo -será capaz de pedalear-, le encantará vestir y desvestir muñecos y jugar a representar la vida real con vehículos que conoce… También le gustará la música y bailar”, explica Sonia Pérez, experta en contenidos pedagógicos de Imaginarium.

Teniendo estas pautas en mente, sabrás qué juguetes son los pertinentes para cada edad, ya que la diversión es muy importante, pero lo es aún más saber hacerlo bien.

Unidades didácticas. 2ª parte

Retomamos el tema sobre las unidades didácticas enumerando algunos de los temas o centros de interés que consideramos, bajo nuestro criterio profesional, adecuados para trabajar con los alumnos de primer ciclo de infantil y con los que se pueden elaborar unidades didácticas que contribuyan, de forma lúdica, a conseguir un desarrollo armónico de nuestros pequeños.

Consideramos de vital importancia iniciar el curso con una unidad didáctica dedicada a la adaptación al aula, a los nuevos compañeros, a las nuevas profesoras, a los nuevos espacios en los que vivirá sus propias experiencias. Aunque para algunos niños la escuela ya no es un lugar desconocido, si les costará un poco, después de las vacaciones, separarse de sus padres y salir de la rutina de casa para volver a acostumbrarse a la escuela. Conseguiremos, al final del trabajo de esta unidad, que nuestros alumnos, sobre todo los más pequeños de 1-2 años, se sientan más a gusto, confiados y seguros en su nuevo entorno en el que van a pasar buena parte del día.

“Descubro mi cuerpo” es otro importante tema para trabajar al inicio del curso, sobre todo en los alumnos de 1 a 2 años, para iniciarles en el reconocimiento y aprendizaje de las principales partes de su cuerpo y que vayan tomando conciencia de su esquema corporal.

El conocimiento progresivo de su cuerpo, las posibilidades que éste le ofrece, el cuidado de sí mismo, los hábitos de higiene y salud, .. deben ser trabajados, según nuestro criterio, durante toda la etapa de la educación infantil tanto en el primer como en el segundo ciclo, incluyéndose los objetivos en las unidades didácticas que en ese momento se estén trabajando.

Para el nivel de 2-3 años trabajar las estaciones del año dentro de las unidades didácticas resulta muy motivador.

Si las escuelas infantiles disponen de grandes espacios naturales al aire libre, es precioso y muy didáctico hacer que los niños observen los cambios significativos que se producen en el entorno con la llegada del otoño y verificar como, poco a poco, los árboles de la escuela van perdiendo sus hojas y cada vez hay menos arriba y más en el suelo; recoger hojas para forma lindos ramilletes que regalar a mamá y aprovechar otras para realizar, con estampaciones, murales para el aula.

Y después del letargo del invierno en el que no encontramos ninguna hoja en las ramas desnudas de nuestros árboles ver como llega la primavera, la estación del año en el que todo se renueva y poder plantar con nuestros alumnos flores en los arriates de la escuela o plantar semillas en recipientes transparentes y descubrir el maravilloso secreto del nacimiento de una planta aprendiendo sus partes principales.

Trabajando las estaciones propiciamos un acercamiento de nuestros niños a la naturaleza basado en el respeto y la responsabilidad y fomentaremos el desarrollo de su sensibilidad.

Otro tema de gran interés, tanto para los pequeños de 1-2 como para los más mayorcitos de 2-3 son las fiestas de Navidad.

La unidad didáctica de la Navidad es, por valor propio, una unidad que no debería faltar en un proyecto educativo. Con ella fomentamos en los niños actitudes de respeto y valoración hacia la estructura familiar ya que esta fiesta es de gran tradición y tiene una evocación esencialmente hogareña. Durante estos días se reúnen las familias, se adornan las casas, se significan las comidas, se hacen y reciben regalos…. Son unas fechas mágicas y llenas de ilusión para los niños que disfrutan tanto con su celebración como con su preparación. A los educadores nos reconforta ver como nuestros alumnos disfrutan adornando las clases con los objetos que cada uno ha aportado, sintiéndose cada vez más participativos y descubriendo las costumbres y tradiciones navideñas y degustando, junto con sus compañeros, los dulces propios de esta época.

Otra unidad didáctica muy interesante y atractiva para los niños son los animales. Desde muy pequeños, a través de los cuentos, canciones, poesías, juguetes, películas, etc. están en contacto con el mundo animal. Algunos de ellos tienen la suerte de convivir con alguna mascota y colabora en su cuidado. Lo ideal es que la unidad didáctica gire en torno a los animales domésticos y que nuestros alumnos empleen el conocimiento que tienen sobre ellos aprendiendo aspectos elementales de características morfológicas, su habitat, comparación entre diferentes especies de animales, su crecimiento, su alimentación…

La visita a una granja.escuela podría ser el broche final a la unidad didáctica y si además podemos contar con realizar una “fiesta de las mascotas” en la escuela y pedir la colaboración de los papás para que traigan las que tengan en casa, lograremos retratar ese día su gran cara de orgullo y satisfacción por mostrar a sus compañeros cual es “la suya” y conseguiremos actitudes de respeto y cariño hacia el mundo animal.

Desde aquí mandamos un saludo muy especial a los papás de Pecas que, anualmente, nos llenas nuestra escuela de perros, tortugas, palomas mensajeras que soltamos para que inicien desde nuestros jardines el vuelo hacia su casa y todo tipo de mascotas que nos hacen disfrutar de esta jornada de animales tan especial.

10 acciones familiares solidarias

La Navidad es una excelente oportunidad para desde la familia, inculcar en los más pequeños valores solidarios que contribuyan a ayudar a los más necesitados. Es una lección para apreciar y valorar lo que tienen y, también, para entender mejor a los que no tienen nada. La solidaridad no sólo es cuestión de dinero sino también de imaginación. Lo importante es que los niños descubran que la felicidad no consiste sólo en tener sino, sobre todo, en compartir.

1ª Acción
Ir a una residencia de ancianos a llevarles algún detalle navideño y a cantarles villancicos en los que ellos también puedan participar.

2ª Acción

Apadrinar entre toda la familia a un niño de un país pobre. Que los niños aporten también parte de sus ahorros.

3ª Acción

Organizar una visita a algún hospital de niños con alguna discapacidad o deficiencia psíquica para hacerles pasar un rato divertido con algunos regalos navideños.

4ª Acción

Compartir con compañeros y familias del colegio de otras tradiciones sus costumbres navideñas.

5ª Acción

Arreglar los juguetes con desperfectos o los que ya no se utilizan y entregarlos a familias necesitadas o a tu parroquia.

6ª Acción

Preparar con las familias del colegio una fiesta o una rifa para recaudar fondos para las familias más necesitadas del barrio.

7ª Acción

Recoger el material escolar que ya no haga falta y libros y entregarlos a una ONG de niños del Tercer Mundo.

8ª Acción

Reunir entre varias familias polvorones, turrón y otros productos típicamente navideños y repartirlos a la gente que vive y pide en la calle.

9ª Acción

Entre todos los miembros de la familia, juntar la ropa y los zapatos que no se utilicen y entregarlos a la parroquia o a alguna ONG.

10ª Acción

Invitar a algunos niños pobres o desfavorecidos a pasar un día con vosotros: visitar belenes, ir al parque de atracciones o al cine, invitarles a comer o merendar.

Deberes, ayudar sin excesos

¿Ayudamos demasiado a nuestros hijos a la hora de hacer los deberes? En respuesta a un e-mail enviado por una madre, os proponemos algunas claves para echar una mano en el estudio casero sin propiciar actitudes dependientes.

Hace unas semanas, la Redacción de PADRES recibió un correo de Carmen, una madre que se quejaba del exceso de deberes que traen sus hijos a casa y de la dependencia que esto genera al verse los chavales obligados a pedir ayuda para completarlos. “¿Qué hacemos?”, se preguntaba Carmen, “¿no les ayudamos y que se queden los deberes sin hacer? Entonces seremos malos padres porque no colaboramos en la Educación de nuestros hijos”. El correo electrónico terminaba pidiendo un “término medio” que fomente tanto la implicación de los padres como la autonomía del alumno.

Tras consultar diversas fuentes y listados de consejos (en ocasiones contradictorios), os ofrecemos una síntesis que puede resolver vuestras dudas a la hora de prestar (o no) ayuda con las tareas escolares que vuestros hijos realizan en el hogar.

Antes

Un buen comienzo pasa por explicar –e insistir sobre ello cuando sea necesario– por qué es importante hacer los deberes. No os faltarán razones: el valor del esfuerzo, la recompensa a la perseverancia, la práctica como único camino para dominar el conocimiento…

Antes de fijar las horas de estudio diario, resulta conveniente reunirse con profesores y tutores para que nos indiquen una estimación realista sobre cuánto tiempo necesitarán sus alumnos al realizar los trabajos que ellos mandan. Aunque es difícil generalizar, se supone que al principio de la Primaria no se debe superar la media hora al día, aumentando a una hora en los últimos cursos de esta etapa y los primeros de la ESO, y flexibilizando los márgenes en edades superiores, aunque procurando no pasar de la hora y media salvo en época de exámenes.

Como costumbre, los expertos aconsejan mostrar un alto grado de interés al preguntar sobre lo aprendido cada día y pedir a nuestros hijos que nos muestren los deberes encomendados. Así mantenemos un vínculo constante con su aprendizaje y podemos contribuir en un aspecto en el que la ayuda paterna se antoja especialmente bienvenida: discernir las tareas más difíciles para que se acometan al principio.

Durante

Fundamental, nunca ofrecer ayuda si el niño no la solicita. Se trata de una tentación ante la que sucumben muchos padres (especialmente las madres) y que resulta del todo contraproducente. Teniendo esto claro, involucrarse o no constituye un dilema en el que debemos ponderar factores como la capacidad de nuestro hijo o la complejidad del ejercicio concreto.

Cuando optamos por dejarlo solo, podemos prestar ayuda indirecta empleándonos nosotros mismos en una acción productiva mientras el chico estudia y, desde luego, posponiendo actividades en familia de las que él quede excluido.

Si por el contrario accedemos a trabajar codo con codo, no hay que olvidar que nuestra misión pasa por orientar, animar y facilitar la comprensión, pero nunca por resolver problemas ni ofrecer respuestas. Un aspecto en el que los padres pueden brindar una ayuda impagable tiene que ver con la organización y esquematización de contenidos, un aprendizaje que debemos cultivar desde edades tempranas.

Después

Los deberes se revisan, pero no se corrigen. Interesa echar un vistazo para comprobar que se han finalizado las tareas y obtener información sobre los avances de nuestro hijo. Si los corregimos, sólo estamos engañando al profesor sobre el rendimiento de uno de sus alumnos.

El fin de semana es el momento idóneo para recoger los frutos del esfuerzo. Si ha trabajado bien, prémiale con algún detalle que reconozca su dedicación. Pizza, cine, horas de sueño, permisos extra… Tú mejor que nadie conoces las opciones.

Tiempo de estudio

Un reciente estudio de la Fundación Antena 3 pone de manifiesto que el 77% de los alumnos de Primaria recibe algún tipo de ayuda “a la hora de estudiar o hacer los deberes”, aunque sólo un 23% lo hace de forma habitual. En cuatro de cada cinco casos, son los padres los que prestan esta ayuda. En Secundaria, el 71% de los estudiantes se benefician de apoyo en los estudios. Cuando la ayuda es frecuente en esta etapa (un 21%), suele haber detrás un profesor particular.

En cuanto al tiempo de estudio en casa, existe una notable discrepancia entre lo que responden los alumnos y sus padres. En Primaria, la media se sitúa en 67 minutos durante el año según los alumnos (85 según sus padres) y 94 en época de exámenes (115 para los progenitores); en Secundaria, la cifras aumentan a 84 minutos a lo largo del curso (103) y 152 cuando se aproximan las evaluaciones (165).

El silencio del alumno español

Aprender a hablar en público es una de las carencias más flagrantes de la Educación española. Muchos países incluyen diferentes estrategias para fomentar la expresión oral del alumnado, pero aquí aún es posible recorrer todas las etapas formativas hasta obtener un título universitario en el más absoluto silencio.

Ministros aferrados a un folio escrito –su cabeza gacha y el tono monocorde– para anunciar, en apenas dos minutos, una nueva medida de escaso alcance. Tiburones de las finanzas subyugados por el pánico escénico al informar sobre ambiciosos planes de expansión o suculentas cuentas de beneficios. Incluso profesores universitarios que dictan sus lecciones añadiendo pequeñas gotas de aparente improvisación, en realidad torpes notas de color perfectamente calculadas.

A la hora de hablar en público, los españoles no arrastramos una suerte de condena genética que nos impida soltarnos ante la audiencia. Simplemente se trata de una habilidad que apenas ejercitamos durante nuestro periodo formativo. Otros países integran, desde las edades más tempranas, las exposiciones de alumnos como parte esencial de las dinámicas lectivas. O estimulan los intercambios dialécticos en clase. O reservan parte de los exámenes para evaluar cómo se defienden los chavales cuando su única arma es la voz y el lenguaje gestual. En España, sin embargo, un estudiante puede cubrir la distancia entre la Infantil y la Universidad sin apenas abrir la boca.

“Poco no, yo diría que nuestro sistema educativo no cultiva nada la expresión oral, se trata de una faceta de la enseñanza completamente abandonada”, afirma Juan Lorenzo, catedrático de Filología Clásica en la Universidad Complutense, responsable de numerosos cursos sobre cómo hablar en público y una de las referencias en retórica de nuestro país. “Y en un estado democrático”, continúa, “la palabra es fundamental. Si tengo grandes ideas pero no sé expresarlas con palabras, esas ideas no existen”.

Lorenzo obliga a cada alumno a “exponer trabajos en clase” y anima “al resto a opinar y rebatir sus ideas”. Lo hace “a título personal”, ya que nadie en la Complutense le ha dado directrices en este sentido, ignorando así al Plan de Bolonia, que incluye el fomento de la expresión oral como objetivo común para el Espacio Europeo de Educación Superior. Sí ha detectado movimiento en “las privadas”, que empiezan a organizar “concursos de oratoria” e iniciativas similares.

Peor panorama ofrece la enseñanza obligatoria. “Una pena porque es durante la infancia y la adolescencia cuando más rápido se desarrollan las habilidades de comunicación”, comenta Carmen Thous, profesora de Comunicación en la Universidad Francisco de Vitoria y fundadora de Enmedios, una empresa que forma a directivos poco duchos en intervenciones públicas. Thous pone como ejemplo a seguir los países anglosajones, “donde se dedica mucho tiempo a enseñar este tipo de destrezas, por ejemplo a través de las sociedades de debate en las que los alumnos se enfrentan al miedo al ridículo y aprenden a defender sus ideas de forma articulada y a respetar las de los demás”.

La directora adjunta del British Council Teachers Center de Madrid, Sheona Gilmour, asegura que en el Reino Unido “se aprende haciendo, por lo que es habitual que los alumnos tengan que construir proyectos y luego presentarlos en clase”. En su opinión, España sigue enseñando “a base de memoria, con muy poca interactividad”. Gilmour recuerda que, durante los cinco años que trabajó en un colegio privado de la capital, “mis clases llamaban mucho la atención porque se decía que hacía mucho ruido. Me limitaba a crear un contexto comunicativo”.

Armar un discurso

También los países de nuestro entorno cultivan la oratoria, al menos en su faceta evaluativa. En Italia, los exámenes orales son algo habitual, al igual que en Francia, cuyo Baccalaureat (nuestra Selectividad) incorpora una parte en la que los alumnos han de explicar un tema ante un tribunal. Incluso en Latinoamérica, el catedrático Lorenzo percibe que “la gente se expresa muy bien, gente normal, no especialmente formada. En mis viajes a México o Argentina suelo comentarlo, y me dicen: ‘es algo que cuidamos mucho en la escuela, los profesores tratan de que los alumnos sean capaces de armar un discurso con propiedad léxica’”.

¿Qué ocurre entonces en España? “Supongo que es algo que uno sabe que hay que hacer pero nunca hace”, responde intrigada Thous. “Quizá no interese demasiado a las autoridades”, sugiere Lorenzo, “aunque me inclino a pensar que es más descuido que otra cosa”.

Lo cierto es que la práctica negación al alumno de la palabra hablada no siempre fue un rasgo definitorio de nuestro modelo escolar. Lorenzo repasó en una ocasión –con motivo de un trabajo investigador– el sistema educativo español entre 1850 y 1950. “Los planes cambiaban con frecuencia”, recuerda, “pero en Secundaria una de las asignaturas que se mantuvieron siempre a lo largo de estos 100 años fue Gramática y Retórica”.