Volvemos a vernos las caras

Algunos adolescentes se sienten inseguros a la hora de quitarse la mascarilla. El acné o la ortodoncia pueden provocar ansiedad al tener que mostrar su rostro.

 

Por Eva Carrasco

 

En los últimos doce meses han aumentado un 30% las consultas al dermatólogo por acné y dermatitis seborreica según datos que maneja el portal de productos de salud Nutritienda. Por otro lado, la salud bucal y los tratamientos de ortodoncia se han dejado en un segundo plano en estos meses de pandemia por miedo a acudir al dentista. Esto ha provocado que muchos jóvenes se sientan más inseguros y tengan problemas emocionales y psicológicos. De hecho, el 40% de los jóvenes que tienen acné sufren ansiedad y se sienten avergonzados cuando se quitan la mascarilla.

 

Problemas en la piel

Por si fuera poco, su uso también está provocando, en menor medida que otro tipo de enfermedades cutáneas empeoren, como rosácea, psoriasis, sarpullidos o dermatitis seborreica. En cuanto a la zona de los labios, los mayores problemas están siendo rágades (boqueras), sequedad labial o incluso herpes. También se están produciendo alergias y dermatitis de contacto relacionadas con el material de la mascarilla. Toda una serie de efectos secundarios que afectan en la autoestima de los jóvenes y que hay que tratar.

El roce y presión que produce el uso de la mascarilla, combinado con que la piel no transpira todo lo que debería, el aumento del vapor de agua que se produce al respirar y el sudor que se genera hace que haya más grasa y bacterias que provocan problemas en la piel. Más de la mitad de los chicos no tiene en cuenta el tiempo de uso de la mascarilla y es fundamental cambiarlas cada cuatro horas para limitar el contacto de la piel con las bacterias y los gérmenes que se acumulan en ellas después de horas. Esta es una de las principales causas, pero también se debe al aumento del estrés.

Desde Nutritienda, Noelia Suarez, directora de comunicación, pone de manifiesto la importancia de acudir a un dermatólogo y anima a los jóvenes a tener paciencia porque “cada piel es un mundo y necesita sus tiempos, pero mientras, sigue adelante con un ritmo de vida activo porque tú eres lo más importante ¡Que tus granitos no te frenen!”

Volver a ver sonrisas

La pandemia ha hecho que se retrasen las visitas a los diferentes profesionales de la salud. Es un hecho que se han pospuesto tratamientos de ortodoncia y ahora es el momento de retomarlos ya que según explica el doctor Khaled Kasem, jefe de ortodoncistas de Impress Teens, “los jóvenes están en un momento en el que los tratamientos son más fáciles porque tienen el hueso más tierno y los movimientos son más predecibles y eficaces”. El uso de la mascarilla podía haber sido una buena excusa para quienes no estaban seguros de su sonrisa o llevaban ortodoncia y no querían enseñarla, pero hay que tener en cuenta que para que el tratamiento sea todo un éxito, el factor fundamental es la colaboración por parte del adolescente, dado que, por una cuestión de preocupaciones propias de la edad, pueden causar cierto rechazo.

Hay que ayudarles a entender que realizar este tratamiento en el momento adecuado les beneficia a largo plazo ya que ayuda a corregir la mordida y puede prevenir futuras dolencias como dolores de cabeza y de espalda o el bruxismo.

“Estas inseguridades son fácilmente evitables con soluciones innovadoras- explica Kasem- como los alineadores invisibles, un tratamiento indoloro, fácil, eficaz e invisible. Este tipo de tratamiento es una excelente opción para este tipo de pacientes, porque son prácticamente imperceptibles y se adaptan 100% al estilo de vida de cada uno y les ayuda a pasar un poco por alto los complejos propios de la edad.” La adolescencia es un momento complicado, una etapa de transición en la que todo afecta mucho más de lo normal y ahora tienen que volver a dar la cara.

 


 

Consejos para tener buena cara

-Cambiar la mascarilla cada cuatro horas y, si es posible, tomar un descanso de 15 minutos entre una y otra.

-Limpiar profundamente la piel al llegar a casa con limpiador, agua micelar e hidratar con aloe vera.

-Exfoliar una vez por semana y aplicar una mascarilla.

-Nunca reventar un granito: al hacerlo, el líquido infectado puede introducirse en las capas más profundas de la piel provocando más infección.

-Dormir un mínimo de ocho horas diarias

-Llevar una dieta sana y equilibrada incluyendo alimentos con índice glucémico bajo como productos integrales, legumbres, vegetales o frutas.

 

 

 

El Hematocrítico: “Nos estamos pasando con la hiperagendización de la vida infantil”

Para Miguel López, conocido en redes como El Hematocrítico, los niños tienen menos tiempo para ser niños. Profesor en un colegio de Galicia y autor de la exitosa colección Max Burbuja, habla de infancia, de literatura infantil y, por supuesto, de su entrañable personaje.

 

Por Diana Oliver

Pipi Calzaslargas, Celia, Manolito Gafotas, El pequeño Nicolás, Calvin y Hobbes… En la historia de la literatura infantil nos encontramos con personajes menudos que nos narran sus pensamientos, sus vivencias, su día a día. Niños y niñas con una imaginación desbordante que, desde lo cotidiano, nos enseñan el mundo tal y como lo ven. Con su inocencia, sus problemas y sus ilusiones. Mucho ha cambiado el mundo de estos niños si lo comparamos con el mundo que viven los niños de hoy. Un mundo marcado por las prisas, la productividad y la permanente insatisfacción, en el que la tecnología es la gran protagonista de nuestras vidas. Para Miguel López, conocido en redes como El Hematocrítico, los niños tienen cada vez menos tiempo para ser niños. Lo sabe bien porque es profesor en un colegio de Galicia, y conoce la infancia, sus diatribas, su ritmo diario. Fruto de su gusto por la literatura infantil y de su experiencia profesional ha creado un personaje con el que muchos niños y niñas pueden identificarse: Max Burbuja, una colección de libros pensada para niños a partir de 7 u 8 años. Libros que entienden la literatura desde el humor, sin moralejas ni contenidos pedagógicos, para hacer de la literatura infantil lo que debe ser: un recurso lúdico sin pretensiones.

 

Con los pensamientos y las vivencias de Max Burbuja pueden identificarse muchísimos niños hoy… Me da la sensación de que les arrastramos a nuestro ritmo imparable y poco o nada les dejamos ser niños. ¿De esto se sale?

Se tendría que salir. Creo que es un buen momento para parar, pensar y decidir si realmente es cómo queramos que sea su vida. Parece que es la sociedad que te impone un ritmo cada vez más alocado. O corres o te mueres. Pero no somos tiburones, somos personas. Deberíamos parar para, no sé, perder el tiempo.

 

Hay algo que tienen tus libros y que cuesta encontrar en los títulos que se publican hoy: el humor. Creo que lo más importante es que los niños se diviertan, que no siempre tengan un fin educativo sino puramente lúdico. ¿Qué opinas de esto?

Yo personalmente no concibo escribir de otra manera. El humor impregna todos mis pensamientos y la literatura infantil es otra manera de canalizar esto. Desde luego que es importante que los niños se diviertan, se rían. Que descubran que leer puede ser, entre otras cosas, unas risas. No todo tiene que tener un componente pedagógico.

 

Eres profe en un colegio de A Coruña, ¿te han servido de inspiración las situaciones que se dan allí cada día?

Bueno, absolutamente. Muchas situaciones de mis libros están inspiradas en eventos que he experimentado en 20 años de enseñanza. Desde una plaga de vómitos en un gimnasio, a una red de ladrones de Blu-Tak o a un niño con una papelera en la cabeza y una escobilla en la mano…

 

Actividades de lo más variopinto, extraescolares, excursiones… Hoy todo está planificado al milímetro, y Max lo refleja a la perfección. ¿Nos estamos pasando con esta profesionalización de la crianza?

 Nos estamos pasando con la hiperagendización de la vida infantil. Todo está programado, planeado y medido. Ni una hora de descanso, ni una tarde rascándose la barriga, ni un minuto sin que los pequeños no tengan algo que hacer pensado por un adulto. Ellos tienen que decidir cómo administrar su tiempo libre y es imposible que aprendan de esta manera.

 

Seguro que te lo han dicho muchas veces pero resulta imposible no pensar en otros niños como Manolito Gafotas o El pequeño Nicolás por el humor que sus historias desprenden. Nicolás, Manolito y Max son hijos de su tiempo. Cualquier tiempo pasado no fue mejor pero no sé si vamos a mejor…

Vamos a diferente. La situación de los niños y niñas es mejor ahora que en tiempos de Nicolás y Manolito en casi todos los aspectos. Pero los niños antes éramos almas libres. Esos personajes y yo mismo, circulábamos con libertad por la ciudad, explorábamos el entorno. Otras cosas han cambiado pero en eso… Ahora resulta inconcebible.

 

¿Qué dirías que comparten los tres personajes? Si es que hay algo que compartan…

Una visión del mundo divertida, una gran individualidad y que son encantadores.

 

También pienso que los niños, sobre todo en entornos urbanos, tienen pocas –o nulas– oportunidades de salir solos a jugar a la calle. ¿Qué se están perdiendo los niños en este sentido?

Están perdiendo la sensación de autonomía y libertad que daba eso, aunque ganan en seguridad y en apego. Estoy seguro que las relaciones son más profundas con los padres ahora pero, ¿cómo afecta eso? No lo sé. ¡Lo veremos!

 

¿Cómo crees que podríamos contribuir para que nuestros hijos e hijas tengan una infancia más ajustada a lo que debería ser esta etapa?

Dándoles independencia y autonomía, responsabilidades en casa y cosas que hacer, pero también tiempo libre para desarrollar sus gustos y su personalidad.

 


 

Historias para niños del siglo XXI

 

Las historias de Max Burbuja podrían ser protagonizadas perfectamente por cualquier niño o niña de nuestro alrededor. De nuestra época. Son historias cercanas, realistas, imaginativas, muy bien situadas en el mundo que transita la infancia del siglo XXI. Los libros, ilustrados por Santy Gutiérrez, cuentan con letras grandes y destacados para una lectura sencilla, algo importante para los primeros lectores. Su punto fuerte: el humor. Su autor huye de los contenidos pedagógicos y moralistas para ofrecer a los niños y niñas contenidos lúdicos que despierten su gusto por la lectura.

Educar niños felices

La escritora Susanna Isern invita a las familias en Mapa para educar niños felices a confeccionar su propio viaje, desde sus necesidades y particularidades pero con un objetivo común: la felicidad y el bienestar de todos.

 

Por Diana Oliver

 

Escribía la periodista y escritora Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte que “la felicidad es minimalista. Es sencilla y desnuda. Es un casi nada que lo es todo”. Cuando nos preguntamos como padres qué queremos para nuestros hijos e hijas, la respuesta la encontramos en una palabra: felicidad. ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo definirla? La escritora Susanna Isern acaba de publicar Mapa para educar niños felices, un libro en el que aborda los retos de las familias para alcanzar esa felicidad y en el que ofrece algunas claves para acercanos. ¿Qué es la felicidad? “Para mí la felicidad es disfrutar del aquí y ahora, gozar de las pequeñas cosas y de los que nos rodean, sentirse satisfecho con lo que se tiene y con lo que se ha conseguido. Es estar tranquilo, a gusto con uno mismo, quererse y proyectarse en positivo hacia afuera centrándose en lo positivo. Es encajar las adversidades de la mejor manera posible, gestionando las emociones, aceptándolas y expresándolas de forma adaptativa. Es reconciliarse con el pasado y aprender de él; soñar e ilusionarse, aunque de una forma realista. Sabiendo que el esfuerzo será casi siempre lo que determinará los resultados”, responde la escritora.

 

En el libro detalla cómo establecer una mejor comunicación con nuestros hijos e hijas, siempre desde la escucha activa. Y no es fácil inmersos en un mundo rápido, en el que la falta de tiempo y la incertidumbre marcan con su batuta nuestros días. Para Isern, es precisamente el estrés, el cansancio y las prisas del día día las principales responsables de que no dediquemos a nuestros hijos el tiempo que necesitan. “Quizás estén tratando de decirnos algo, pero en ese momento estemos ocupados o con la cabeza en otra parte”, señala. El problema, para la escritora, es que si eso pasa con demasiada frecuencia, finalmente la comunicación puede resentirse, por lo que cree que es aconsejable que nos detengamos a escucharles y a prestarles la atención exclusiva que se merecen por lo menos una vez al día.

 

Una comunicación saludable empieza desde el nacimiento

 

Establecer una buena comunicación es el primer paso para una buena relación familiar. Así lo considera Susanna Isern: “La comunicación es la base de toda relación y eso no es una excepción en el caso de las familias y en el vínculo que se crea entre padres e hijos. En el libro precisamente he elegido la comunicación como primer trayecto a recorrer, porque sentar unos buenos cimientos comunicativos será imprescindible para todo lo demás: favorecer la autoestima de nuestros hijos, potenciar su inteligencia emocional o promover una conducta adecuada”.

 

Es importante que las bases de esta comunicación saludable se vayan construyendo en la primera etapa, y desde el nacimiento, porque será fundamental no sólo para establecer vínculos familiares sino también una parte importante del desarrollo integral de los niños. “Es en esta primera etapa de la vida que el cerebro estará más predispuesto a absorber las bases de la comunicación que serán necesarias para que se desarrollen las otras áreas”, señala Isern.

 

La escucha y la negociación deben estar muy presentes ya que ambas transmiten un mensaje fundamental a nuestros hijos e hijas: que son importantes y que su opinión también cuenta. Según la escritora, eso será fundamental no sólo para que la comunicación y el vínculo se establezcan, sino también para que tanto su autoestima como su capacidad comunicativa aumenten. Además tanto la escucha como la negociación implica tiempo compartido y eso siempre será muy positivo.

 

De la teoría a la práctica

 

Habla Susanna Isern en Mapa para educar niños felices de lo importante que es conectar con nuestro niño interior para poder acompañar mejor la infancia de nuestros hijos e hijas. Y no es fácil, porque nuestras mochilas emocionales y las actitudes que están muy arraigadas por el tiempo, la experiencia o la cultura, influyen inevitablemente en los padres y madres que somos. ¿Qué podemos hacer para superar esta barrera? Responde Isern es interesante hacer un trabajo de introspección dirigiendo la mirada al pasado pero también al presente, para detectar bloqueos, miedos, frustraciones… “Cuando seamos conscientes de todo esto, podremos trabajar para cambiar aquellas actitudes que nos alejan de nuestros objetivos. Con tiempo podremos modificarlas identificando las vivencias, los pensamientos y las emociones subyacentes a esta, e instaurar nuevas formas de pensar, sentir y por lo tanto comportarnos”, señala.

 

En la misión de educar niños felices no es fácil pasar de la teoría a la práctica, pero hay una serie de herramientas básicas que deberían tener las familias: “El cuento, el juego, el cine y la creatividad, por ejemplo, son herramientas que implican tiempo compartido de una forma lúdica. Es importante que nos hagamos con esas herramientas que nos ayuden a conectar con nuestros hijos desde momentos especiales e incluso divertidos, porque educar no tiene porque ser algo aburrido o que cree tensión. Podemos educar la autoestima, la comunicación, las emociones, a través de estrategias atractivas y amenas”, explica.

 

De nuevo el tiempo como recordatorio de que, quizás, sea eso lo único importante. El verdadero tesoro de nuestro siglo. ¿Qué puede ayudarnos a gestionar el tiempo (y la implicación) cuando el trabajo no nos deja mucho margen? Responde la experta que debemos plantearnos objetivos realistas con nuestros hijos y elaborar una escala de prioridades en la que dediquemos a poder ser todos los días un tiempo en exclusiva para ellos. “Mi recomendación favorita es «la hora del cuento». Un rato de tranquilidad en el que los padres comparten una historia con sus pequeños y aprovechan para hablar del día. Precisamente en el libro hay un apartado al final de cada capítulo que se titula así, allí comparto un cuento inédito aunque en este caso va dirigido a las madres y los padres”, concluye.

 

¿Siempre estamos a tiempo?

 

A ser padres se aprende, pero por el camino son muchos los errores que cometemos. Por suerte, siempre estamos a tiempo de mejorar las cosas. “Lo bueno de este mapa que es la crianza es que nuestro tren volverá a pasar y que, si nos perdemos, podemos dar la vuelta y regresar al inicio. Lógicamente a medida que pase el tiempo, será cada vez más difícil (y requerirá de más esfuerzo por nuestra parte) recuperar el vínculo, pero con paciencia y cariño lograremos acortar distancias y acercarnos a nuestros hijos”, sostiene Susanna Isern.

Nomofobia: miedo irracional a no tener el móvil

Si tu hijo se irrita cuando falla la conexión a Internet, duerme menos horas por estar conectado al móvil, e incluso miente sobre el tiempo que ha estado navegando en la red, debes revisar el uso que hace de las nuevas tecnologías, ya que puede ser adicto a las mismas.

 

Por Olga Fernández

 

La Nomofobia (No Mobile Phone Phobia) es un término que surge en 2011 a partir de un estudio realizado en Reino Unido en el que se detecta que más de la mitad de la población sentía malestar cuando no tenía acceso al teléfono móvil. “Actualmente se utiliza como sinónimo de adicción al teléfono móvil y es un motivo de consulta frecuente en los centros de psicología, sobre todo entre la población infantojuvenil”, indica Fabián Cardell Muñoz, terapeuta de la Unidad Clínica de Psicología de la Universidad Pontificia de Comillas (Uninpsi) y especialista en adicciones tecnológicas.

“Aunque es un término que no aparece en las clasificaciones internacionales de diagnóstico de enfermedades, sí existe en los adolescentes una dependencia de las redes, de manera que cuando no están conectados o no pueden hacer uso de los dispositivos móviles muestran síntomas de abstinencia: irritabilidad, sensación de malestar e inquietud”, apunta la doctora Marina Díaz Marsá, jefa de Sección del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Los niños más propensos son los que pasan mucho tiempo solos en casa, “ya que van a tender a lo más fácil: utilizar el ordenador que les proporciona una satisfacción inmediata”, explica. Según esta experta, quienes pasan más tiempo en las redes sociales y en más de una red social tienen más riesgo de padecer trastornos de ansiedad y de depresión. Además, a nivel académico “presentan dificultad para mantener la atención a largo plazo y también les cuesta más trabajo leer y estudiar”, detalla Marina Díaz.

 

Más frecuente en adolescentes

La adolescencia es una etapa de búsqueda de emociones fuertes y novedosas, en las que todo se vive de manera extrema, tanto las sensaciones de placer y recompensa, como las frustraciones. “Nuestros jóvenes se sienten muy atraídos por toda actividad que produzca niveles altos de excitación a niveles bajos de esfuerzo. Y es en ese contexto en el que YouTube, redes sociales y videojuegos encajan perfectamente. Por otro lado, nos encontramos ante una etapa en la que lo más importante para ellos y su autoestima ya no son sus padres, sino sus iguales. Y la relación con éstos es absolutamente prioritaria. Cualquier medio que les permita comunicarse de forma inmediata y tener feedback de su grupo, como Whatsapp, Instagram o Tik Tok, será un reforzador tremendamente potente. Esto quiere decir que trataran de repetir la experiencia de conectarse una y otra vez porque les hace sentir muy bien”, explica Fabián Cardell.

¿Cómo saber si es adicto al móvil? “La primera consecuencia de una adicción tecnológica (y también de otros problemas emocionales) es la disminución del rendimiento académico. Y esto se debe a que existe una dificultad real para dejar de estar conectado. A más dependencia del móvil, menos tiempo para dormir o dedicarse a estudiar. Va a ser fundamental ayudar a nuestros hijos a gestionar su uso de la tecnología, desde el cariño pero con límites claros”, señala este especialista en adicciones tecnológicas.

Los expertos recomiendan que antes de los 2-3 años los niños no deben tener contacto con las pantallas. Pero, ¿cuándo pueden introducirse en las nuevas tecnologías? “Más importante que el cuándo sería el cómo. Va a ser fundamental darles pautas y normas de actuación, acompañarles en el proceso de aprendizaje. No recomiendo introducir el uso de los teléfonos móviles en la adolescencia, ya que se trata de un grupo especialmente vulnerable y podría desarrollar problemas de adicción o algún otro peligro asociado a las nuevas tecnologías”, advierte Cardell.

 

Cómo desengancharse del móvil

Las nuevas tecnologías y el móvil entre ellas, no son perjudiciales o peligrosas, al revés, pueden ser muy positivas y contribuir al desarrollo neurológico, cognitivo y emocional de nuestros hijos. “A diferencia de otras adicciones, en las tecnológicas, no vamos a buscar la abstinencia total (salvo en algunos casos extremos). Trataremos de que aprendan a tener un uso saludable y adaptativo”, recomienda Fabián Cardell Muñoz, especialista en adicciones tecnológicas.

Para esto, se pueden aplicar varias pautas:

  1. Establecer horarios de uso para el móvil (importante fijar una hora para apagarlo por la noche antes de acostarse).
  2. Acordar situaciones en las que el móvil no se va a utilizar, como por ejemplo en reuniones familiares, comidas, mientras se camina por la calle,…
  3. Buscar actividades incompatibles con el uso de la tecnología: deportivas, culturales, sociales.

Va a ser crucial que los padres se interesen por las actividades que realiza su hijo en Internet, que les cuente qué le interesa, qué gustos tiene, a qué videojuegos juega… Tener una buena comunicación con él será el principal factor de protección para prevenir la dependencia tecnológica.

 

 

 

Iñaki Pastor y Jara Acín: “Los padres deben ser refugio emocional de sus hijos siempre”

Por Terry Gragera

 

Que sea feliz, que tenga autoestima, que llegue a donde se proponga… Los deseos como padres sobre el futuro de los hijos son infinitos. Pero, ¿qué necesitan los niños para desarrollar todo su potencial? El fisioterapeuta pediátrico Iñaki Pastor y la psicoterapeuta infantil Jana Acín han escrito ¡Ayúdale a despegar! (Ed. Vergara), una guía para orientar y ayudar a los padres mientras sus hijos crecen.

Desde que nacen, los niños se enfrentan a dificultades físicas y emocionales que irán marcando su desarrollo. El papel de los padres es clave para ayudarlos a salvarlas y desplegar sus alas. De ello hemos hablado con Iñaki Pastor

¿Hasta qué punto nos marcan los primeros meses y años de vida?

Los primeros meses y años de vida son determinantes para nuestro futuro, no solo en el plano psicológico sino también en el físico. Incluso podríamos decir que el periodo antes de nacer es uno de los más determinantes. Nuestras primeras experiencias físicas, bioquímicas y emocionales pueden tener una gran repercusión en nuestra salud, en nuestras capacidades o en nuestra forma de relacionarnos con otros. Muchos aspectos del sistema nervioso funcionan de forma casi automática sobre una especie de “programas” que se organizaron en la infancia. Hay que tratar de que esos programas sean los mejores y permitan al niño el desarrollo de sus capacidades.

¿Cómo pueden intervenir los padres para mejorar la madurez neurológica de sus hijos?

Los primeros estímulos fundamentales son, sin duda, el movimiento, el tacto y el vínculo afectivo. Estos tres son la base de la madurez neurológica aunque hay otros muchos detalles. Cuanto más es movido un bebé, porteado, balanceado… mejor será su desarrollo. Cuanto más es tocado un bebé, cuanto más es acariciado y está piel con piel con sus progenitores… mejor será su desarrollo. Cuando más presente esté la madre en los primeros meses y mejor sea el vínculo entre ellos, mejor será su desarrollo.

En la educación, ¿qué tiene más peso: lo que el niño ve o lo que el niño oye?

En nuestro sistema educativo la información entra principalmente por vía auditiva y visual. Antes de los 4-5 años muchas de las experiencias escolares son con tacto y movimiento, pero luego las cosas cambian y el niño se encuentra en un aula escuchando y leyendo principalmente. Por ello, estos dos aspectos tienen que estar bien revisados por profesionales competentes ante la menor duda de problemas de aprendizaje.

¿Por qué se diagnostican ahora tantas dificultades de atención, aprendizaje y comportamiento? ¿En qué medida pueden intervenir los padres sobre ello?

Se diagnostican porque realmente hay muchos niños con dificultades de diferentes tipos, y porque empezamos a ser conscientes de esta realidad. Hay muchos factores que influyen aquí. Unos ligados al desarrollo neurológico del niño, su salud durante el embarazo y los primeros meses y años de su vida. También en relación a los estímulos que recibió (o no) y ayudaron a preparar su sistema nervioso para la vida, incluyendo las situaciones emocionalmente adversas en los primeros años de vida. Un segundo grupo de factores son los hábitos en casa.
El exceso de pantallas está haciendo estragos en la capacidad atencional de los niños. Cuánto se lee en casa, qué hábitos están presentes de responsabilidad con la familia y con la organización de las propias cosas o la cantidad de sueño influyen mucho en prevenir dificultades escolares. El tercer grupo de factores son relativos a los modelos y políticas educativas, que sin duda son mejorables. Los padres tienen una gran capacidad de actuar en los dos primeros grupos.

¿Cómo afecta al niño ser encasillado o etiquetado?

Las clasificaciones en medicina son útiles, ayudan a estudiar los problemas y entender los factores comunes. El lado oscuro es que no es el diagnóstico lo que hace mejorar a un niño sino las intervenciones eficaces de profesionales competentes y la guía a las familias. Los problemas en el desarrollo infantil no se pueden resolver simplemente con una medicación para la atención, como los problemas de espalda no se resuelven solo con ibuprofeno. Hace falta ayudar al niño a salvar sus dificultades, estimular un mejor funcionamiento de su sistema nervioso y acompañar a la familia en los hábitos y dinámicas que realmente promueven un desarrollo físico y afectivo saludable.

¿De qué manera se debe crear en la familia un entorno de seguridad y amor para que el niño esté bien y desarrolle todo su potencial?

Lo fundamental es que los progenitores estén bien regulados, es decir, que sepan cómo encontrar la calma y cuidarse a sí mismos, que hayan resuelto sus “atascos” emocionales y sus duelos previos. Esto abre las puertas a un vínculo sano, real, consistente, basado en la disponibilidad emocional y la atención al bebé. Que sea un entorno predecible, de comunicación abierta, que valide las emociones y las diferencias; que sea una familia donde todos perciban que son queridos, aceptados, e importantes, de forma incondicional.

¿Cuáles son los mitos falsos sobre la crianza que habría que desterrar?

En lo afectivo son numerosos: que si coges al niño en brazos “se acostumbra”; que si colecha ya nunca se irá de tu cama; que ser muy estrictos los hace más fuertes; que son los niños los que deben adaptarse a los adultos; que las comparaciones ayudan a que los niños quieran ser mejores, que no se enteran… A los niños y niñas hay que verlos, en mayúscula, respetarlos, hacerles sentir importantes, ponerles límites adecuados, y quererlos muchísimo.

¿De qué forma se puede fomentar un vínculo sano con tu hijo?

Debemos mantenernos sensibles a sus necesidades, estar disponibles y ser consistentes en el marco emocional y de consecuencias que establezcamos, para generar un ambiente predecible, que suponga un refugio emocional sin duda. Permitirles explorar, aceptar sus particularidades, y mantenernos como un puerto al que volver en caso de malestar, tengan la edad que tengan.

¿Qué pasa con los niños que ‘no encajan’? ¿Cómo pueden ayudarlos sus padres a desarrollarse sin límites?

Siempre debemos mirar las capacidades de los niños con la mayor amplitud. Lo que a unos ojos parece una carencia, otros sabrán darle un valor y ver la forma de fortalecer el sistema. Contar con buenos profesionales es fundamental para identificar lo que sucede, proveerles de herramientas prácticas, una guía para activar todos los recursos posibles, y para darles sostén emocional como familia y favorecer que ese niño o niña encuentre su lugar en el mundo, donde pueda sentir que encaja, y que las cualidades que sí tiene, son valiosas. Ahí estaría el éxito del desarrollo.

 

22 consejos para consumir series de televisión

Por Javier Peris

 

Una feliz concurrencia de innovaciones tecnológicas ha permitido que películas y series, sobre todo estas últimas, se conviertan en los reyes del ocio personal y familiar. Consumirlas de la manera adecuada, saber elegirlas y, sobre todo, saber criticarlas, hará su disfrute aún más enriquecedor.

 

 

  1. Patatas, fuera. La ficción audiovisual es principalmente un producto de consumo, como lo eran las primeras representaciones de Hamlet o El alcalde de Zalamea. Y estos productos pueden ser de excelente calidad como los citados, o bien una auténtica patata que como mínimo nos hacen perder el tiempo. El primer consejo es, por tanto, ser rápido y decidido a la hora de desechar un mal producto, por muy sugerente que sea la campaña de promoción.

 

  1. Estamos solos. Los padres estamos solos a la hora de juzgar la conveniencia de determinadas series para nuestros hijos. Las antes llamadas ‘calificaciones morales’ solo indican el grado de violencia física y situaciones de una violencia psíquica o moral muy descarnadas. Tampoco es fácil encontrar recursos en Internet que se ajusten a los valores o el grado de exigencia de cada progenitor. La buena noticia es que cada familia puede y debe establecer unos criterios generales, flexibles y basados, siempre, en el diálogo intergeneracional.

 

  1. Críticas inútiles. La ausencia de recursos de orientación se observa, por ejemplo, en las opiniones de los críticos o expertos. Fuera de casos muy llamativos (por ejemplo, la supuesta relación de una serie con suicidios de jóvenes), el crítico nunca se detendrá a valorar si el lenguaje que se usa es innecesariamente soez, o si se condena sin matices un personaje o una idea legítimos, o si se traslada una visión frívola de la sexualidad adolescente…

 

  1. Rodearse de críticos. Hay que ser muy selectivos en las fuentes de información. La experiencia nos ha enseñado que hay personas y medios informativos con muy poco gusto y exigencia. Es posible que encontremos un recurso de Internet que juzguemos útil… ¡a Favoritos! Aunque lo ideal es compartir estas inquietudes con un grupo de padres más o menos afines con los que mantener una comunicación fluida sobre las series que vemos unos y otros, o sobre las críticas que hemos leído aquí o allá.

 

  1. Publicidad agresiva. Como bien de consumo las series y películas se apoyan a veces en unas campañas de promoción desmesuradas que son muy difíciles de ignorar. Incluso se diseñan de forma que los jóvenes acaben considerando esas series tan necesarias para la autoestima como unas deportivas de marca, con la diferencia de que las primeras ni siquiera cuestan dinero.

 

  1. Disfrutar juntos. ‘La familia que ve la tele unida… permanece unida’. Esta frase no tiene padre pero contiene un consejo más decisivo de lo que parece. Si los padres hacen un esfuerzo por seguir las series o películas de moda de los adolescentes (algunas son muy entretenidas), conocerán sin esfuerzo a qué ideas o situaciones reaccionan primariamente sus hijos; cuáles son las disyuntivas morales que aprenden (es la edad de la ética); qué personajes perciben como modelos o como villanos.

 

  1. ¿Ver violencia incita a la violencia? El debate es antiguo y las conclusiones dudosas. Más peligrosas parecen las historias en las que nos identificamos con el vengador, con un mafioso o incluso, con un psicópata justiciero, pero tampoco está claro que eso nos convierta en más vengativos o agresivos de lo que somos por naturaleza. Valores y antivalores sólo se asimilan tras una exposición sutil y constante, y esto pocas veces tiene que ver con la cantidad de sangre o lo que se deja ver en las escenas de sexo.

 

  1. Conocer el oficio. La visión de la vida, de las relaciones humanas, de la ética de las situaciones que muestran las series no responden, casi nunca, a intenciones perversas o mandatos ideológicos. Los trucos del oficio, las inercias y el mimetismo creativo lo suelen explicar casi todo. Si los padres no tienen un mínimo de información sobre la naturaleza y los recursos del lenguaje audiovisual, es muy difícil que desarrollen la sensibilidad necesaria para juzgar unos guiones que responden a motivaciones muy diversas, empezando por la rentabilidad comercial.

 

  1. Hay series y películas cuyos guiones se esfuerzan por comprender las razones de los que están equivocados (los malos) y las inevitables contradicciones de los que llevan la razón (los buenos). Estos argumentos vienen de perlas para matizar y enriquecer nuestra visión del mundo y de los fenómenos sociales y, por supuesto, para debatirlos en casa.

 

  1. La técnica del culebrón es muy antigua y los guionistas de ahora saben cómo utilizarla. Por mediocre que sea la historia, basta con seguir dos o tres episodios para despertar la curiosidad y querer saber un poco más. Y si esto pasa con las malas series… Hay que obligarse a limitar el visionado a un horario y duración concretos. Si los hijos ven que los padres lo cumplen, lo asumirán como un hábito de buen consumidor.

 

  1. Personajes íntimos. Son muy pocas las películas que logran anclar en nuestra mente y durante mucho tiempo un personaje ficticio. En las series, en cambio, por banal que sea el guión, la inmersión acaba produciendo una cercanía singular con muchos personajes, y eso nos ocurre a jóvenes y adultos. Esta intimidad hace que acabemos perdonándoles todo: lo que hacen, lo que dicen y hasta cómo lo dicen.

 

  1. Modelos familiares. Si hay algo que comparte todo el mundo es la familia, de ahí que la vida doméstica esté tan presente en tantas producciones. En las últimas décadas las series han ido mostrando modelos diferentes al -así llamado- tradicional. Este cambio gusta a unos padres y disgusta a otros, y las dos actitudes son legítimas. Y de acuerdo con las ideas de cada cual, resulta obligado estar pendientes del modelo con que nuestros hijos se ‘familiarizan’.

 

  1. Diversidad. Unos se quejan cuando una serie no refleja la diversidad en determinado aspecto, mientras otros creen muchas series la reflejan de manera desproporcionada. Los segundos aciertan en temas como la identidad sexual, cuyo tratamiento parece ser el favorito de muchos guionistas de series adolescentes. Sea cual fuere el enfoque elegido, puede servir para compartir las dudas con los hijos… pero siempre que la trama sea contada con honestidad y, por supuesto, con un mínimo de talento.

 

  1. Despertar inquietudes. En la amplísima oferta actual de ficciones audiovisuales hay muchas historias que tratan personajes y hechos reales. Con frecuencia adultos y jóvenes sienten con frecuencia el deseo de saber más sobre ellos, de conocer la realidad desprovista del adorno cinematográfico. Es una costumbre muy sana y que puede y debe compartirse con los hijos porque logra, entre otras buenas cosas, mantener la ficción en el lugar que le corresponde.

 

  1. ¿Ficciones? Quien no ha pensado tras ver ‘Solo ante el peligro’ que esta historia puede trasladarse a la realidad más cercana, a nuestro día a día, se ha perdido lo más interesante de la película. En las series juveniles sus guionistas declaran buscar precisamente eso, pero desgraciadamente se fijan más en los comportamientos extremos y en las situaciones más excepcionales. Fuera de esto, los padres pueden encontrar en muchísimas series motivos para hacer ver a los hijos las verdades y mentiras que esconden tantas situaciones ficticias.

 

  1. Adicción. Con la televisión generalista y solo dos canales ya existieron casos de adicción patológica a la pantalla; así que ahora con mucho más motivo. Pero se abusa del término ‘serie-adicto’; de hecho un 60% de los españoles se declaran como tales. No, el nivel patológico es bastante más grave porque afecta a la familia, al sueño, al trabajo y al bolsillo. Y la mayoría de los falsos ‘adictos’ ya hace tiempo que tomaron nota, en algún momento, de las nefastas consecuencias de abusar de la ficción audiovisual.

 

  1. Provocación. La enorme competencia está obligando a los productores a pensar argumentos y personajes cada vez más originales y heterodoxos, situaciones insólitas, relaciones humanas extremas o simplemente irreales… Lo importante es llamar la atención, convertirse en tema de debate viral y alimentar la expectación por el estreno en la plataforma correspondiente.

 

  1. Impaciencia, ansiedad… ¿No has visto la nueva serie sobre zombis del espacio? ¿Y la que ha hecho Scorsese sobre el Libro del Apocalipsis? Y apunta en la agenda que la séptima temporada de Camionero se estrena el 30 de octubre de 2023… Sí, hay un exceso de expectativas, y eso nunca acaba bien. Disfruta y enseña a los jóvenes a disfrutar con serenidad, a dedicar a la ficción una parte pequeñita, proporcionada del corazón y de la cabeza.

 

  1. Herramienta pedagógica. No resulta fácil sacar partido a un culebrón turco, pero hay muchas otras series que pueden hacer pensar a los jóvenes si les proporcionamos el contexto adecuado. En la escuela, por ejemplo, en forma de debate o de taller. Está muy bien proyectarles películas clásicas, pero aún mejor es enfrentarles a las historias que están consumiendo esas mismas semanas. Con este formato participativo y, sobre todo, bien moderado, hasta las series más dudosas pueden ser útiles.

 

  1. Dibujos animados. Los padres más mayores tienen excusa: en su niñez los dibujos animados eran solo para niños. Los más jóvenes, no. La -ahora llamada- animación se dirige a públicos diferenciados pero, aquí está el peligro, no siempre son obvias las diferencias ni tampoco a los productores les interesa hacer distinciones. Incluso cuando explícitamente se afirma que su público es infantil una serie animada puede ser muy desaconsejable.

 

  1. Valores infantiles. ‘Yo no dejo ver películas de Disney a mis hijos porque acaban creyendo que la vida, como las historias de esas pelis, siempre acaba bien’. Los valores de las películas y series de animación pueden y deben estar en discusión, especialmente en el ámbito familiar. Sin llegar al extremo de la cita anterior, lo cierto es que los contenidos infantiles a veces sobrepasan los valores socialmente más compartidos y entran en terrenos muy discutibles.

 

  1. Siempre positivos… Las nuevas generaciones no están en condiciones de entender hasta qué punto el fácil acceso a tanta y tan variada ficción audiovisual es un auténtico privilegio, una bendición para el ocio contemporáneo. En lugar de quejarnos por el éxito de algunas producciones, celebremos que hay innumerables series y películas capaces de entretener e instruir a nuestros hijos.

 


 

Tres apasionantes series… literarias

El Conde de Montecristo

Una serie adictiva, publicada en 18 entregas y en formato folletín. De hecho, quien lo sabe puede distinguir los episodios que, como en las series cinematográficas, nunca son igual de brillantes. Leer esta novela de Alejandro Dumas, publicada hace 170 años, te engancha y te hace disfrutar más que en la pantalla.

Historia de dos ciudades

Charles Dickens publicó esta novela en 31 entregas en una revistita fundada por él mismo y logró enganchar a 120.000 lectores (hablamos de 1859). Buenos y malos, acción y tragedia en torno a la Bastilla, la orgía de sangre que le siguió, heroísmo… y la profunda humanidad del gran Dickens que da sentido a tanto sinsentido. Spoiler: son Paris y Londres.

El Señor de los Anillos

Aunque las tres películas de Jackson son extraordinarias, el libro, como es lógico, es otra cosa. Por cierto, las pelis ignoran el final de Saruman y el hermoso diálogo que la precede. Se publicó en tres entregas (¡una miniserie!) en los años 50. La versión en español se la debemos a un modesto editor argentino, también traductor de la novela.

Un programa de inteligencia emocional y convivencia

‘El Rincón de la Calma’, de Juani Mesa Un programa de inteligencia emocional y convivencia

Juani Mesa, autora del libro ‘El rincón de la calma’, proporciona claves de educación emocional para familias y profesores.

Por Eva R. Soler

“La infancia es un tesoro y la escuela es una oportunidad única de ayudar a crecer como persona a tantos seres humanos. Sin estigmas, ni traumas. Sólo educando y previniendo”, opina la doctora Juani Mesa que acaba de publicar El rincón de la calma(Editorial Descree), un programa de inteligencia emocional para alumnos de Primaria que recoge 120 ejercicios y actividades fruto de su experiencia como formadora y orientadora en centros escolares durante veinte años.

¿Es la educación emocional una asignatura pendiente en los centros educativos o se está avanzando en este sentido? Mesa responde:

“Está cobrando una gran fuerza, estamos en un momento de gran sensibilidad respecto a la educación emocional por parte de la sociedad y de la escuela, pero falta estructura o programas evaluados. Se están produciendo grandes avances en algunas comunidades autónomas, como, por ejemplo, en Canarias, donde se ha creado la asignatura curricular para los cursos de primero a cuarto de Primaria “Educación emocional para la creatividad”. Esto proporciona un espacio propio, un horario estipulado para trabajar contenidos, objetivos, rúbricas… Y no tienes que ir arañando tiempo a otras asignaturas o trabajarlo dentro del horario de tutorías, como ocurre en la mayoría de los casos. Ojalá que esta asignatura se implante en otras comunidades, pero creo que lo más adecuado sería que desde el Estado o el Ministerio de Educación se trazaran a grandes rasgos cuáles deben ser las directrices para la educación emocional y darle la dimensión que se merece, sin olvidar la parte de convivencia, que creo que es también fundamental y además se retroalimentan (si no manejo mis emociones, no voy a conseguir tener amistades)”.

PERSPECTIVA DE GÉNERO

Además, El rincón de la calma, tiene presente en todas las actividades la igualdad de niños y niñas. Tener perspectiva de género en mi trabajo me ayuda a mirar a niñas y niños rompiendo esquemas limitantes y viendo a la persona que tengo delante, afirma la experta y añade: “Los estereotipos encorsetan y hacen sufrir a las personas, tanto en la vivencia emocional como en la social. Educar desde la no limitación, atendiendo el potencial de la persona es lo mismo que da esta mirada. También ayuda a madres, padres y docentes. Sabemos que nuestro género, esa construcción social y temporal, condicionada por la época en la que hemos nacido, afecta a cómo nos miramos y miramos a los demás. También a cómo educamos. Hay investigaciones que demuestran que ni el profesorado tiene las mismas expectativas de lo que puede llegar a ser o hacer un niño o una niña. Así que, El rincón de la calma es una oportunidad para trabajar desde los primeros años que niños y niñas tienen derecho a llorar, a ser sensibles, valientes, estudiosos o a mostrar desacuerdo”.

UN ESPACIO PARA HABLAR

Un programa de educación emocional como El rincón de la calma crea, además, el espacio que necesitan los alumnos para hablar de sus sentimientos y emociones.

Mesa recuerda emocionada que trabajando el tema de la separación de los padres en unaclase de quinto de Primaria, espontáneamente, un niño levantó la mano y contó a toda la clase que, aunque a él no se lo habían dicho expresamente, se había dado cuenta de que sus padres se estaban separando. Su compañero se levantó, se acercó a su mesa, le abrazó y el niño rompió a llorar. Después nos acercamos el docente y yo, hablamos con él… Se creó un clima que animó a conversar entre toda la clase, muchos afirmaron que sus padres también estaban separados… Después, el maestro comentó que habían notado que ese alumno estaba últimamente triste, distraído y no sabían a qué achacarlo. Es un un ejemplo de muchos que demuestran por qué son tan importantes los programas de educación emocional y tan necesarios los espacios para llevarlos a la práctica.

Ejercicios prácticos

JUANI MESA NOS RECOMIENDA TRES EJERCICIOS MUY SENCILLOS PARA PRACTICAR ENCASA CON NUESTROS HIJOS:

Cómo crear un rincón de la calma (en el aula o en casa): El nombre del libro coincide con uno de los ejercicios que se practican en el aula y que he recomendado a muchas familias como herramienta para poner en marcha en casa. “Es importante aprender a gestionar los conflictos, los problemas, los contratiempos desde la calma. Los conflictos se siguen dando pero no respondemos a ellos desde el arrebato emocional sino desde la calma, porque sin ella no podemos pensar. Por eso se llama así el libro que toma el nombre de uno de los primeros ejercicios que se proponen y que consiste en crear un espacio al que podemos acudir cuando nos sintamos enfadados, tristes, preocupados… Tiene unas normas de usos: hay que tumbarse boca arriba (esto favorece la respiración abdominal que contribuye a la relajación), tiene un tiempo limitado de uso (un cuarto de hora está bien, lo que no puede ser es estar ahí dos horas) y después, una vez tranquilos hay que hablar de lo que ha pasado, lo que ha provocado el malestar con el o la docente o con el o la progenitor/ a”.

Ser sinceros con nuestros hijos respecto a lo que sentimos: Si tu hijo pequeño te nota triste, enfadado/a, preocupado/ a…no le mientas, porque el tiene capacidad de leerte la cara, sabe por tu microexpresión si está disgustado/a. Si le respondes que “no pasa nada” perjudicas el aprendizaje del lenguaje no verbal. Los niños no sólo son capaces de leer la expresión sino que, además, pueden construir una teoría explicativa (“A ti te pasa algo, estás enfadado/ a, estás enfermo/a, ¿ya no me quieres?…” ). Mejor que decirles que no pasa nada y reponernos sobre la marcha es darles una explicación sincera de lo que estamos sintiendo, sin caer en el alarmismo, pero con una explicación adecuada a su edad (Mamá o papá está triste porque un familiar está enfermo, por ejemplo). El lo asimilará de tal modo que dirá: primero, leo bien la cara, sé lo que te está pasando y hay una explicación. Así, el día de mañana si tú le preguntas a tu hijo/a: ¿qué te pasa? Podrá decirte: Estoy enfadado/ a por… y te dará una explicación.

Reconocer el cansancio y distinguirlo de comportamientos inadecuados: “A veces los niños parece que están enfadados, antipáticos, llorones, pesados… Y lo único que les pasa es que, simplemente, están cansados. Esto que parece de tan sentido común a veces, nos cuesta reconocerlo y pensamos que el niño se está portando mal. Es bueno decirlo: “No te estás portando mal, simplemente, estás cansado” y la solución lógica es, por supuesto, descansar”, dice Mesa.