Cada pequeña palabra o frase ('hola"; "buenos días"; "por favor"; "gracias"; "hasta la próxima") que un usuario utiliza al interactuar con un sistema de inteligencia artificial activa gigantescos centros de datos que pueden estar situados a miles de kilómetros, y cuanto más largas sean esas frases y más información se envían a esos servidores mayor será también el tiempo de procesamiento y por lo tanto el consumo energético y de recursos.






