Descubriendo el mundo con tus hijos

Cada vez más padres preparan las maletas y se lanzan a recorrer el mundo con sus hijos con el objetivo de enseñarles otras culturas y vivencias. Tres familias nos desvelan los secretos y las anécdotas de sus escapadas por el globo.

virginia madrid
Viajar ha sido siempre una de las grandes pasiones de esta familia, pero envueltos en el trabajo y el colegio de sus hijas, solo podían hacerlo durante las vacaciones. Sin embargo, hace seis años, esta familia madrileña se lanzó a recorrer los cinco continentes. Y así, estos intrépidos trotamundos visitaron treinta y siete países a lo largo trescientos treinta y tres días. Luis Muñiz cuenta cómo surgió esta aventura: “Este viaje surgió allá por el 2005 estando un día en casa, soñando delante de un gran mapa los países que nos gustaría visitar. Y los cuatros fuimos colocando chinchetas sobre cada destino. Nos salieron muchos países y así fue como les planteé a mis tres chicas dar la vuelta al mundo”. Tomada la decisión, tocaba organizar el tema de los trabajos, el colegio y los preparativos. “En la primavera del 2008 hubo cambios en la empresa en la que trabajaba como ingeniero en telecomunicaciones y llegué a un acuerdo con la dirección para dejar mi empleo. Fue el momento perfecto para tomarme un año sabático y poder llevar a cabo nuestro sueño. Y como Amaya imparte clases de inglés en empresas y es un trabajo mucho más flexible, no tuvo problema en aparcar la enseñanza por un tiempo”, apunta Luis. El asunto de las clases de las niñas tampoco supuso una traba. Luis y Amaya hablaron con la directora del colegio de su viaje y les animó a realizarlo, pues consideró que era una vivencia más enriquecedora para las niñas que el aprendizaje a través de los libros de texto y la asistencia a clase. “De todas formas – explica Amaya Quintero– como desde el principio, tuvimos claro que no queríamos que las niñas, Sara y Ainhoa, perdieran el curso escolar, fuimos nosotros los que nos encargamos de enseñarles las asignaturas correspondientes de cada curso. Además, a lo largo del viaje, cada semana nos comunicábamos a través de internet con el colegio y sus profesoras nos enviaban los deberes escaneados de cada materia y los hacían con nuestra ayuda”.
Tras dedicar tres años para preparar la ruta y ahorrar el dinero necesario (unos catorce mil euros por persona) para llevarlo a cabo y además, tener un colchón económico tras la vuelta a casa, salieron el 29 de agosto de 2008 de Madrid con el objetivo de recorrer treinta siete países y lo consiguieron. “Partimos con destino Nueva York y entre otros recorrimos la costa este de USA, Guatemala, Perú, Bolivia, Nueva Zelanda, Australia, Japón, India, China, Tanzania, Jordania, Palestina y Egipto. Y la verdad, nos supo a poco”, cuenta Amaya. ¿Qué aprendisteis de esta gran experiencia? Luis asegura: “Que podemos vivir y ser mucho más felices prescindiendo del noventa por ciento de las cosas que poseemos o creemos necesitar”. Y para Amaya la mayor lección de este viaje es: “La apertura de mente. Descubrir otras culturas y otras gentes me ha enseñado a mirar con otros ojos. Además, hemos vivido siete vidas condensadas en un año, porque fuera, todo se experimenta con más intensidad y plenitud”.
Sin embargo, los padres intrépidos y soñadores deben recordar que el viaje debe adaptarse siempre al niño y no al revés. Fernando Miralles Muñoz, psicólogo clínico y profesor de psicología de la Universidad CEU San Pablo considera que: “Cuando se empieza a viajar con niños es aconsejable, al principio, elegir destinos cercanos, por nuestro país y después ir alejándose poco a poco del punto de partida. Y en esa planificación, los progenitores deben saber dónde está el hospital más próximo, farmacias y lugares de recreo”. Nadie duda de que el viaje es la mejor escuela en movimiento para esos locos bajitos que pululan por nuestras casas, pero no es la única. “Los campamentos de verano y las colonias urbanas son dos opciones estupendas para que los chicos aprendan a adaptarse a otro estilo de vida y a otros cuidadores y cumplan horarios y responsabilidades”.

“Desde que nuestro hijo viaja se ha vuelto más generoso”
Montse Balagueró. Está casada y es madre de un hijo. Es la editora del blog www.unmundopara3.com . Su hijo Álvaro de trece años ha recorrido ya 35 países.
“Siempre hemos sido muy viajeros y cuando tuvimos a nuestro hijo decidimos incorporarle a nuestros periplos, aunque nuestras familias nos dijeron que estábamos locos. Así fue como visitamos Grecia con Álvaro a cuestas y con tan sólo once meses de vida. Una hazaña preciosa e inolvidable. Lo cierto es que desde que nuestro hijo viaja se ha vuelto más generoso, más tolerante y confiado y no tiene prejuicios. A lo largo de nuestros viajes ha jugado al fútbol descalzo con niños indígenas en Chiapas (México), ha compartido sus galletas con otros que no tenían nada. Estas vivencias le han abierto la mente y le han enseñado que hay muchas más formas de vida más allá de la que él lleva cómodamente en nuestro país. Nuestra última gran escapada fue este pasado verano. Aprovechamos los tres meses de vacaciones de Álvaro y hemos recorrido Europa en furgoneta. Hemos visitado Francia, Alemania, Italia, Hungría, Austria y Eslovaquia. Llevábamos nuestras bicis y hemos visitado ciudades y pueblos a golpe de pedal y ha sido muy divertido. El año anterior recorrimos Asia, desde Corea del Sur hasta Singapur. Como Álvaro perdía días de clase, antes de realizarlo, hablamos con sus profesoras y como es un buen estudiante, nos apoyaron, porque consideraron que era una experiencia en la que iba a aprender muchísimo”.

“El viaje es un máster en valores para los niños”
Pau García. Está casado y es padre de dos hijos Teo de cuatro y Oriol de casi dos años. Relata sus viajes en www.elpachinko.com
“Para nosotros viajar forma parte de la Educación de nuestros hijos, algo que no se aprende en los libros. Además, aprenden otras realidades y descubren que el mundo no se acaba en su barrio.
Teo y Oriol juegan con otros niños sin tener en cuenta el color de piel, su religión o idioma. El viaje es un máster en valores para los niños, aprenden a respetar, a saber estar, a compartir…Viajar es mi gran pasión. Una afición que comparto con mi mujer Verónica y ahora con mis dos hijos. Nuestro primer viaje con el pequeño Teo fue a Copenhague, cuando solo tenía seis meses y resultó una experiencia tan fantástica que decidimos repetir. Eso sí, adaptando el destino y los planes a nuestro hijo. Islandia, Francia y Noruega fueron los siguientes destinos que visitamos con el pequeño. Y cuando cumplió los dos años visitamos Corea del Sur, una aventura muy enriquecedora. Cuando viajamos en avión, intentamos volar de noche para que el pequeño vaya dormido y aprovechamos las vacaciones para que no pierda colegio. Pero también disfrutamos del turismo nacional. Nos entusiasma Cantabria y Cataluña y todos los años cae alguna escapada.
Aunque mi hijo Teo es todavía pequeño para reconocer los lugares que ha visitado en las fotos, ya nos pregunta: “Papá, ¿Cuándo nos vamos de viaje?”.

Mascotas: las vacunas naturales de tus hijos

Tener mascota no tiene por qué ser un riesgo para la salud de nuestros hijos. Un estudio realizado en Finlandia afirma que puede convertirse incluso en una ventaja para su sistema inmunológico.

Todo aquel que ha tenido o tiene un perro o gato, sabe que suelen ir acompañados de algunas enfermedades propias de su especie. Van irremediablemente unidos; como también va unido el ser padre con la preocupación por el bienestar de nuestros hijos. ¿Pero qué pasa cuando estas dos situaciones se producen a la vez? ¿Debemos deshacernos de nuestras mascotas por el bien de los niños?
Un estudio realizado por la Dra. Eija Bergroth en el Hospital Universitario Kuopio (Finlandia) afirma que no solo no debemos temer por los gérmenes que nuestro perro pueden traer a casa sino que, de hecho, esto -que antes se veía como un problema para la salud- puede ser la solución. “El objetivo de nuestra investigación era estudiar cómo los microbios de perros y gatos ayudan a madurar el sistema inmunológico de los niños”, explica. “Quería comprobar si el contacto con animales aumentaba a los riesgos de sufrir infecciones respiratorias”. Para su sorpresa, el resultado fue que los niños que convivían con perros o gatos tenían un 30% menos posibilidades de tener síntomas de infecciones respiratorias y un 50% menos de sufrir infecciones de oído.
El trabajo se realizó en 2012 con 397 bebés de entre 9 y 52 semanas de edad. “Durante el primer año de vida, los padres nos fueron informando semanalmente de la frecuencia de infecciones respiratorias y síntomas en sus hijos (rinitis, tos, fiebre, infecciones de oído, uso de antibióticos… ) y de los contactos que los niños tenían con perros y gatos. A través de métodos analíticos estadísticos, estudiamos la relación entre esos dos factores”.
La investigadora Eija Bergroth afirma que “los niños que tienen perros en casa estaban más sanos –en lo referente a enfermedades respiratorias- que aquellos que no tenían contacto con animales. También era menos frecuente que tuvieran enfermedades de oído y necesitaban menos antibióticos”.
Sin embargo, y a pesar de dicha investigación, no se ha conseguido determinar de forma específica el porqué de esta relación entre ambos factores. “Puede estar relacionado con la maduración del sistema inmunológico de los niños, que se mejora gracias al contacto estos animales –más con perros que con gatos-; pero son especulaciones”.

“El riesgo nulo no existe pero aislar a los niños de los animales puede ir en contra de su propia salud”
“Hoy en día, muchos inmunólogos tienen como hipótesis de trabajo que no es bueno mantener a los niños en burbujas que eviten que entren en contacto con los animales y la tierra.”, aclara Jorge Blanco, catedrático de Microbiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Santiago de Compostela.
Considera que “el sistema inmunitario tiene que entrenarse luchando frente a los patógenos invasores para poder reforzarse” e insiste en que “si impedimos que los niños jueguen en los parques con tierra, que toquen las plantas y a los animales, probablemente no les estamos haciendo ningún favor. Al contrario, es posible que tengan más problemas de alergias”. Según Blanco, el porqué está claro: “Se cree que, si el sistema inmune no está ocupado luchando con los patógenos invasores, al final podría terminar luchando contra las células normales de los tejidos”. Aunque por supuesto sin perder de vista que, en el caso de los niños menores de un año, tienen “un sistema inmunitario que no funciona al 100%” y necesitan medidas de higiene adecuadas. Insiste especialmente en la correcta vacunación del animal. “Si los perros están vacunados y pasan las revisiones correspondientes, el contacto con ellos es positivo”. “El riesgo nulo no existe; lo ideal es buscar un equilibrio entre extremar las medidas protectoras pero tampoco correr riesgos innecesarios, como darle al niño leche sin pasteurizar o carne y pescado crudos”.

“Hay muchos mitos sobre las enfermedades que traen las mascotas y que pueden contagiar a los niños”
Xavier Roura. es veterinario especializado en Medicina Interna del Hospital Clínic Veterinari UAB (Barcelona) y miembro del comité científico de Avepa (Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales).
Bajo su punto de vista, “aún faltan más evidencias científicas para confirmar las conclusiones de este estudio”. Sin embargo, considera que cada vez aparecen más investigaciones que “remarcan que el contacto precoz de los niños con diferentes agentes infecciosos hace que el desarrollo de ciertas enfermedades, tanto infecciosas como inmunológicas, se reduzca”.
Roura entiende que esta investigación “hace pensar que el contacto de los niños desde el nacimiento con perros y gatos incrementa el número y la variedad de antígenos -sustancias infecciosas-, lo que modula de una forma diferente, y posiblemente beneficiosa, la respuesta inmunitaria de los niños frente a las bacterias, reduciendo el desarrollo de enfermedades infecciosas”.
Para este veterinario, “hay una tendencia hacia la recomendación de la presencia de perros y gatos en el ambiente donde viven los niños para la prevención de algunas enfermedades como, por ejemplo, los problemas respiratorios o gastrointestinales y las alergias.”
Destaca que existen “algunos mitos” sobre las enfermedades que perros y gatos pueden traer a nuestros hijos.

Niños multitarea con menor atención y productividad

Una de las grandes diferencias de los niños y jóvenes de hoy, en comparación con los de generaciones anteriores, es su tendencia a realizar varias tareas a la vez (lo que se conoce como “multitasking”). Pero, ¿qué efecto está causando en sus capacidades cognitivas?

Imaginen un niño de Primaria que está haciendo los deberes con una tableta entre sus manos, Internet abierto en la pantalla del ordenador, los mensajes de WhatsApp reclamando su atención y, para completar el cuadro, la televisión encendida de fondo. ¿Será productivo su tiempo de estudio?

Las actividades que hacemos a diario, según los expertos, se pueden clasificar en dos categorías: por un lado, las actividades automáticas que el cerebro realiza de una forma mecánica, como respirar o caminar. Por otro, las actividades que requieren prestar una atención consciente, como aprender a programar o a tocar un instrumento.

Los psicólogos coinciden en que la inmensa mayoría de las personas presentan serias dificultades para llevar a cabo dos procesos cognitivos al mismo tiempo, sobre todo los que se procesan en la misma región cerebral. Por ejemplo, cuando atendemos por el móvil una llamada sobre una cuestión que exige concentración, tendemos a reducir la velocidad de nuestras pisadas hasta casi detenernos en la acera. El cerebro trata de alternar con éxito ambas acciones aunque, finalmente, concede prioridad a la más apremiante.

Catherine L’Ecuyer, investigadora y divulgadora educativa, explica el fenómeno de la siguiente manera: “La ejecución de varias tareas implica cambiar con rapidez de una tarea a otra, en lugar de realizarlas a la vez. El cambio de tarea depende de la función ejecutiva del cerebro, que posee la habilidad para controlar a qué estímulos queremos prestar atención. Es importante que seamos conscientes de que no estamos haciéndolas en paralelo, más bien estamos enfocando y desenfocando la atención”.

Pero el proceso de enfoque-desenfoque no es automático y, además, tienen un alto coste añadido para la persona. Según David Meyer, científico cognitivo de la Universidad de Michigan, realizar actividades simultáneas no solo provoca una disminución en la velocidad en la ejecución de las actividades sino que también aumenta posibilidades de cometer errores.

Detrás del afán por hacer varias tareas a la vez, a menudo subyace una mala habilidad para gestionar con cabeza la agenda e incluso para encontrar tiempo para el ocio. La psicóloga y socióloga Sherry Turkle, autora del libro “Alone Together”, señala que los multitaskers se caracterizan por compartir una falsa sensación de productividad: “La multitarea productiva es un mito. No es una buena idea hablar por el móvil mientras se conduce: al intentar centrarse en dos cosas a la vez, disminuirá su tiempo de reacción”.

Algunos autores han bautizado a nuestra época como la Revolución de la Información y a la generación de niños nacidos en el cambio de milenio como nativos digitales. A finales de los años setenta el economista y politólogo norteamericano Herbert Simon, ganador del premio Nobel de Economía, ya anunciaba que, en un mundo con información abundante, se produciría escasez de aquello que la información consume: la atención de los receptores. Pero, a pesar de la percepción popular, el hábito patológico de la multitarea parece estar hoy restringido a una minoría personas.

LECCIÓN DE SILENCIO
Aparte de la actividad física, María Montessori insistía en la importancia de la “lección de silencio”, que era una especie de juego para que el niño aprendiera a inhibir y controlar sus emociones. La pedagoga italiana recomendaba la realización de ejercicios diarios para que los niños supieran relajarse y organizarse con autonomía desde una edad temprana. Es bueno que los padres establezcan en casa un momento concreto, consistente en cinco minutos sin ruido, para planificar el día, reflexionar sobre los acontecimientos o simplemente “escuchar” el silencio.

La empatía como asignatura

Para la formación íntegra de un alumno, tan importante es el desarrollo de sus habilidades sociales como su preparación académica. Por eso es tan acertada la idea de incluir la empatía como una asignatura más del curso puesta en marcha por la Consejería de Educación de Canarias.

El año pasado, en su visita a España, Marc Prensky, uno de los profesores más influyentes y reconocidos de Estados Unidos, autor de Educar a nativos digitales (Ediciones SM), insistía en la necesidad de introducir en los planes educativos asignaturas que ayuden a los alumnos a desarrollar sus habilidades sociales. Marc Prensky estará muy satisfecho, pues el Gobierno de Canarias ha implantado por primera vez en sus colegios, en el curso 2014-15, la asignatura Educación Emocional y para la Creatividad, obligatoria y evaluable para los alumnos de 1º a 4º de Primaria. Según Montserrat Gálvez, responsable del Servicio de Ordenación Educativa de la Consejería de Educación de Canarias: “Las emociones forman parte del ser humano y por ello, éstas deben estar presentes de forma explícita en el currículo de los alumnos”.
Esta nueva asignatura persigue como primer objetivo la alfabetización emocional. Consiste en que los alumnos aprendan a reconocer sus propios sentimientos, a la vez que reflexionan sobre las emociones de sus compañeros, se ponen en su lugar y tratan de comprenderlos. “Pero aún hay más. Es muy importante que los niños descubran que es posible comprender al otro sin estar de acuerdo con él”, explica la psicóloga especializada en desarrollo infantil Isabel A. Wagener.

Otro objetivo es la regulación emocional. Pretende que los niños aprendan a manejar sus emociones y a relacionarse de forma eficaz. “Cuando un niño crece teniendo normas y límites a su alrededor, se habitúa a contenerse y a no dejarse llevar por sus emociones, y este entrenamiento se traduce en una notable reducción de la violencia en las aulas”, afirma Isabel A. Wagener.

La creatividad es otro objetivo que trata de alcanzar la empatía como asignatura es que los niños resuelvan las dificultades de su día a día echando mano de su creatividad y apoyándose en las habilidades aprendidas en los dos puntos anteriores. Cualquier recurso imaginativo que al niño le sirva para regular sus emociones es válido. En los colegios canarios, por ejemplo, los alumnos se sientan en el suelo y hablan de situaciones que les dan miedo y así, poniéndoles nombre y arropados por un grupo, les resulta más fácil enfrentarse a ellas.

Educar las emociones
“Los seres humanos somos empáticos por naturaleza. La prueba más evidente de ello es que desde bebés tendemos a imitar al otro. Es verdad que a medida que vamos creciendo nos volvemos más herméticos, pero nuestra capacidad para empatizar sigue estando ahí”, dice Isabel A. Wagener.

Ana Sáenz de Miera, directora de Ashoka en España y Portugal, la mayor red internacional de emprendedores sociales, es otra experta que conoce muy bien la importancia de la empatía: “Está comprobado que los niños que reciben clases de empatía son más felices y equilibrados y tienen más éxito en la escuela y en la vida”, declaraba recientemente en la Cadena Ser. Prueba de ello son programas como Roots of Empathy en Canadá o la asignatura sobre empatía existente en Finlandia. De ahí la iniciativa de Sáenz de Miera (startempathy.org).

¿Cómo pueden los niños y niñas aprender a comprender mejor a sus iguales?
– Con un cuento. El objetivo de Mapache y Osito juegan a las carreras es acercar a los niños al sentimiento de frustración de otra persona y enseñarles a acoger su dolor, además de descubrirles que el diálogo es la manera más adecuada de expresar la cólera y la rabia. http://edukame.com/un-cuento-para-comprender-las-emociones-de-los-demas
– Con un juego on line. Gracias a Me pongo en tu lugar a los pequeños les resultará más fácil comprender y respetar los diferentes puntos de vista, aunque no los compartan, lo que les ayudará a mejorar sus relaciones sociales.
http://www.educayaprende.com/juego-educativo-empatia/
– Con una App. ¿Qué tal estás? es una aplicación educativa que pretende ayudar a los niños a relacionarse sin dificultad. Los niños pueden jugar a esta aplicación educativa de dos formas: observando diversas caras para tratar de reconocer las emociones que representan o haciéndose una foto en la que se reproduzca la emoción sobre la que están trabajando.
https://itunes.apple.com/es/app/que-tal-estas/id616728832?mt=8

El papa Francisco, una vida de cine

Pocas personalidades públicas han alcanzado la popularidad mundial en tan poco tiempo como el papa Francisco.

Lo cual tiene mucho mérito en una sociedad donde con frecuencia triunfan sólo los guapos y los frikis insultantemente jóvenes. Pues no podemos olvidar que estamos hablando de una persona que frisa los 80 años, que atrae a personas de todas las edades, y particularmente a la juventud que busca respuestas a los grandes interrogantes de la vida. Su secreto radica sin duda en su fe inmensa, que atrae por supuesto a los creyentes, pero también en su estilo de vida por encima de las necesidades materiales, en el hecho de que siempre dice lo que piensa, y en su limpia sonrisa, preocupado por todos, de modo especial por esas personas a las que se refiere con frecuencia como “los que viven en las periferias”.

Así las cosas, constituía todo un desafío afrontar un biopic sobre alguien tan mediático, y que era conocido en Buenos Aires como el padre Jorge. El hecho es que esta coproducción hispanoargentina, muy cuidada, supone una aproximación fílmica de hechuras clásicas a Jorge Bergoglio, el papa Francisco. La película está estructurada a través del personaje ficticio de la periodista Ana, que prepara un libro sobre el pontífice. Su investigación sirve para introducir distintos flash-backs sobre el pasado de Jorge –el esquema recuerda a Encontrarás dragones–, desde que siendo joven entra en el seminario, hasta su dedicación sacerdotal como jesuita a los más pobres en la diócesis de Buenos Aires donde es nombrado obispo. Ana conoció a Bergoglio con ocasión del cónclave que eligió a Benedicto XVI, y a partir de ahí se forjó una sólida amistad que incluye consejos sólidos en momentos difíciles en la vida de ella.

Aunque narrativamente el film recurre con frecuencia a continuas idas y venidas temporales que rompen algo el ritmo, el cineasta gallego Beda Docampo sabe atrapar la rica personalidad espiritual y humana de Francisco. Éste está extraordinariamente encarnado por Darío Grandinetti, quien logra superar el escollo de no parecerse demasiado físicamente. Rasgos como la sencillez, el espíritu de acogida, la simpatía y el buen humor, junto a la piedad, se encuentra bien recogidos, nunca parecen artificiosos.

La reconstrucción de época en los flash-backs y la dirección artística son vistosas –resultan completamente creíbles los planos de los dos cónclaves, que transcurren en la Capilla Sixtina del Vaticano– y se evitan planteamientos simplificadores, dentro de lo que admite la limitación temporal del formato fílmico, al mostrar su predilección por las personas más necesitadas, su defensa de la vida o las intrigas de los poderosos de este mundo.

El entusiasmo favorece el aprendizaje

La ciencia asegura que el cerebro está íntimamente ligado al sentimiento y que los estados emocionales positivos favorecen su desarrollo. Por eso, es fundamental que los niños mantengan la ilusión por aprender desde que empieza el curso hasta que termine, porque ese entusiasmo les ayudará a superarlo.

Salvo raras excepciones, los niños comienzan el curso encantados: la emoción de reencontrarse con sus amigos, la satisfacción de pasar a un nivel superior, la curiosidad por descubrir los libros nuevos… Son alicientes que contribuyen a que las primeras semanas escolares transcurran como la seda. Lo malo es que este espíritu positivo no se mantiene siempre tan en alza. A medida que pasa el tiempo y las lecciones van siendo cada vez más complicadas, los ejercicios más difíciles y los deberes más abundantes, ese entusiasmo va desapareciendo y en algunos casos termina siendo sustituido por la desilusión, el aburrimiento, la apatía… ¡Hay que actuar! Debemos intentar evitar por todos los medios que los estudiantes lleguen a esta situación de desidia. Primero, para que no lo pasen tan mal (cuanto más desanimados estén, más cuesta arriba se les hará el curso) y segundo, porque numerosas investigaciones médico-científicas aseguran que el entusiasmo es un estimulante para el cerebro, que regenera las neuronas y facilita las sinapsis entre ellas, favoreciendo los procesos de aprendizaje. En esta misma línea, Alfred Sonnenfeld, doctor en Medicina y en Teología y catedrático de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), afirma: “Todos tenemos un potencial mucho mayor de lo que nos imaginamos, pero debemos contar con una motivación que nos empuje a actuar con entusiasmo, porque sólo si estamos entusiasmados podemos alcanzar lo que pretendemos”. “Efectivamente es así y los chicos que estudian sin ilusión se encuentran con un enorme impedimento para avanzar en clase”, corrobora la psicóloga Concepción Ocaña. “Por eso, siempre que los adultos veamos a nuestro hijo o alumno apático debemos convertirnos en su motor e impulsarle a interesarse por lo que tiene que aprender. ¿Cómo? Transmitiéndole ilusión, contagiándole nuestras ganas de descubrir algo nuevo cada día y explicándole que lo que tiene que estudiar en realidad no es tan aburrido como a él le parece y seguro que consta de apartados, aunque sean mínimos, que merece la pena escudriñar”.
“buenos aprendices”
El psicólogo Guy Claxton, experto en aprendizaje, insiste en su obra Vivir y Aprender (Alianza Editorial) en la enorme relevancia que tiene que los adultos dejemos ser “buenos aprendices” a nuestros hijos y alumnos. Explica este autor que para despertar el interés de los chicos por saber y lograr que se entusiasmen con lo que están aprendiendo debemos seguir las siguientes pautas:
–Incitarles a debatir sobre los temas que tienen que estudiar, pero también por los que les inquietan o atraen fuera del ámbito académico.
–Dejarles participar y colaborar en su formación activamente.
–Darles oportunidades de desarrollar sus propios gustos y criterios, así como su imaginación.
–Enseñarles técnicas de relajación para que no se angustien al comprobar la extensión de los temas que tienen que estudiar ni lo complicada que puede resultar una materia.
–Incitarles a buscar soluciones por sí mismos y a evaluarlas tranquilamente después, para que se conviertan en analistas.
¿Y qué ocurre si al comportarnos de esta forma con ellos, se equivocan? Según Claxton, no pasa nada. Darles un margen de tiempo para que reflexionen y permitirles que metan la pata varias veces, hasta dar con el resultado correcto, son otras de las condiciones básicas que deben reunir los “buenos aprendices”, pues estas experiencias son, precisamente, las que les llevan a entusiasmarse con lo que tienen delante.

Descubrir “in situ”
Además de tener en cuenta las pautas recomendadas por Claxton, la psicóloga Concepción Ocaña señala que para mantener el interés de los niños por saber, tanto los padres como los profesores debemos acompañar nuestras explicaciones teóricas con vivencias prácticas; es decir, llevarles a exposiciones, bibliotecas, teatros, museos de diferentes tipos (arte, ciencia, naturaleza)… También son muy buenas costumbres dejarles hacer experimentos controlados en casa y en el laboratorio del colegio y llevarles al campo de excursión a menudo, para que se deleiten observando y explorando la naturaleza en estado puro. Según nos explica la especialista: “Cuando el estudiante experimenta y descubre cosas por sí mismo se impregna de sensaciones agradables muy positivas, que le motivan y potencian sus ganas de aprender. No es palabrería, esto ocurre así por una explicación muy sencilla: en el tálamo se elaboran los estímulos visuales y auditivos y cuando al niño le resulta interesante lo que está experimentando, esas imágenes y sonidos actúan como impulsos que estimulan sus neuronas y las conexiones entre ellas, algo que a su vez favorece la asimilación y la memorización de lo que está descubriendo”.

En cuanto a la motivación, es otro aspecto a aclarar. Sin ella, el rendimiento escolar baja, pero ojo, el niño también rinde por debajo de sus posibilidades cuando está tan sumamente motivado que estudiar le produce ansiedad. Esta situación se presenta cuando el alumno es muy perfeccionista y se exige mucho a sí mismo y también cuando se siente presionado por sus padres, pues le piden notas altísimas y él no quiere decepcionarlos. “La clave para motivar a un estudiante moderadamente, sin transmitirle angustia ni permitir que él mismo se estrese cada vez que se pone delante de los libros radica en explicarle que su meta no es convertirse en el número uno de la clase, sino en ir superándose a sí mismo poco a poco. Debe ir construyéndose como persona, al ritmo que sus posibilidades le permitan, ni más ni menos”, afirma Concepción Ocaña. “Y en este proceso no caben las comparaciones ni los castigos. Las comparaciones, porque sólo conllevan situaciones negativas: rivalidad, enemistades, complejos… Y los castigos, porque enseñan a los niños que el entusiasmo debe proceder de un factor externo (conseguir el premio y huir del castigo) y esto no es verdad. El entusiasmo debe nacer del interior de cada uno. Para el estudiante no hay peor castigo que ver que no progresa y con eso ya tiene bastante. Por el contrario, comprobar que sabe resolver por sí mismo las dificultades que se va encontrando en su camino es el mejor aliciente para que continúe manteniéndose ilusionado y con un buen nivel de autoestima. Y para que finalice el curso con las mismas ganas de saber y el mismo entusiasmo con que lo ha empezado”, concluye la psicóloga.

Un mundo más interconectado

EL CURSO ENFILA SU TRAMO FINAL Y LA FACETA académica cobra mayor presencia en las horas familiares. Sobre todo en las etapas educativas más avanzadas, las calificaciones cobran mayor protagonismo ya que condicionan el futuro inmediato de los chicos y chicas. Pero esta circunstancia no sólo tiene que ser vista desde el punto de vista más negativo, el del suspenso, sino también que se acerca la hora de tomar importantes decisiones para su futuro.

ES EL CASO DE LOS ESTUDIANTES DE BACHILLERATO que tras tantos años terminarán su etapa escolar y afrontan, en un alto porcentaje
de los casos, su futuro universitario. Para ellos, ya saben que cada número de PADRES les proporciona un consultorio de orientación universitaria para que puedan conocer con algo más de detalle las posibilidades, perfiles académicos y salidas profesionales de los distintos grados. No obstante,
en este mes nos hemos querido detener en esos sueños que para muchos estudiantes puede ser estudiar en esas universidades internacionales sobre las que han leído, han visto incluso en películas y se asocian a adelantos tecnológicos y científicos diversos.

Y LO HEMOS QUERIDO HACER A TRAVÉS DE LA MIRADA y las recomendaciones de un grupo de estudiantes que ya estudian en esas instituciones de prestigio. Cómo se decidieron, qué dificultades encontraron y qué pasos y fases hay que cumplimentar para acceder a estas universidades. Una información práctica pero que trasluce que estamos ante una juventud, a pesar de que la visión negativa sobre ella es recurrente en los medios de comunicación, que tiene amplios horizontes e inquietudes, que no conoce fronteras y que ven su futuro desde lo global e internacional.

Y ES QUE NO SÓLO POR LA TECNOLOGÍA, AUNQUE TAMBIÉN, sino por la globalización, la introducción de los idiomas y otras dinámicas sociales, el mundo se ha hecho más pequeño e interconectado. También para los padres, y en ese sentido vivimos un boom de la blogosfera maternal/paternal, progenitores que vuelcan en la red sus inquietudes y vicisitudes en este reto que es criar y educar. Es en este reto en el que también participamos desde PADRES, poniéndoles en contacto cada mes con los mejores expertos y especialistas para que les acompañen en la Educación de sus hijos. Nuestra visión, ayudarles en la formación integral de sus hijos en colaboración con los centros educativos.

Adiós a las faltas de ortografía

Para dejar de tener faltas de ortografía los estudiantes deben entender por qué las cometen y recurrir a las técnicas recomendadas por los expertos para corregirlas. En cualquier caso tienen que ser muy constantes y pacientes, pero el esfuerzo merece la pena: un texto bien escrito les abre más puertas tanto dentro como fuera del ámbito escolar.

Por SILVIA CÁNDANO

Los profesores se quejan a menudo de la cantidad de faltas de ortografía que comenten sus alumnos. Y no es para menos: un estudio realizado en 2012 por la Consejería de Educación Valenciana, con 47.000 alumnos de 4º de Primaria, concluyó que los pequeños cometieron un 43% de errores ortográficos. Y lo malo es que en estos años la situación no ha mejorado mucho; es más, parece que el escribir como a cada uno le da la gana está cada vez más permitido, que lo que realmente importa es comunicarse, al margen de las normas establecidas para ello. Pues bien, esta tendencia, tal y como explica Louisa Moats, vicepresidenta de la Asociación Internacional de Dislexia, debería erradicarse, por la sencilla razón de que “las reglas de ortografía favorecen el desarrollo del vocabulario y la creación de palabras nuevas y facilitan la lectura ayudando a comprender las palabras desde su lengua de origen, su sonido y su significado”. Otros especialistas, como el psicólogo Dan Willingham, también defienden la formación de los alumnos en ortografía porque el cerebro recurre a ella para decodificar las palabras de dos maneras distintas: primero, otorgándolas un sonido, y segundo, uniendo las letras escritas con las representaciones que tenemos archivadas en nuestra mente, lo que nos permite identificar esa palabra inmediatamente.

Una vez expuesta la situación y aclarada la importancia de escribir correctamente, veamos cuáles son los motivos por los que los estudiantes de hoy cometen tantas faltas ortográficas.

 

El origen del problema

Dice Elena Aparicio, psicóloga del Centro de Psicología Kamyno, de La Coruña: “Cuando un niño está aprendiendo a escribir es normal que cometa muchas faltas de ortografía, pero pasado un tiempo, si continúa cometiendo una cantidad llamativa de errores ortográficos hay que descartar posibles problemas neuropsicológicos, como el trastorno por déficit de atención. Si el niño no se concentra, es muy fácil que cambie la “b” por la “v”, que no ponga “m” antes de “p” y “b” y que omita la “h” cada dos por tres. También hay que comprobar si es disléxico. En caso de que lo sea, su cerebro irá más rápido que su vista al leer y escribir, le costará más establecer la relación entre letras y sonidos y deletreará peor, y todo ello le complicará la adquisición de mecanismos para la correcta lecto-escritura. En ambos casos es necesario que el niño sea tratado por un especialista, que le ayude a superar sus dificultades. Así, entre otros muchos avances, también escribirá mejor”.

Hecho esto, si el niño no presenta ninguno de estos problemas, hay que analizar otras posibles causas que justifiquen su forma incorrecta de escribir. Por ejemplo:

  • Una baja motivación. Si el pequeño se aburre en clase o no le interesa lo más mínimo lo que le mandan leer o escribir, es lógico que disminuya su atención al hacer dictados o al elaborar una redacción y esto le lleve a cometer más faltas.
  • Un exceso de reglas y excepciones. A veces el niño memoriza tantas normas, que necesita más tiempo que el estipulado en clase para poder asimilarlas bien.
  • El uso de un léxico inadecuado para su edad. Si el alumno escucha palabras que no entiende bien y que no suele utilizar en su vida cotidiana, es mucho más probable que no las escriba como es debido.
  • La valoración que en su centro escolar dan a la presentación de sus textos. Si el profesor presta mucha más atención al contenido que a la forma, es comprensible que el alumno apenas se esmere en cuidar ésta.

 

¿Influye el uso del móvil?

Actualmente, muchos padres y profesores piensan que el aumento de las faltas de ortografía se debe, en gran parte, al uso de las abreviaturas que los chicos emplean al escribir mensajes con sus móviles. Pues bien, parece ser que no es así: un ensayo llevado a cabo en 2014 por tres universidades francesas, patrocinado por el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), asegura que los hábitos de escritura de los estudiantes en sus mensajes no cambian lo que ya saben o no de ortografía, de la misma forma que tampoco lo hacían antes la taquigrafía ni las abreviaturas tradicionales utilizadas al escribir apuntes en clase. “Sin embargo, yo creo que la cantidad de mensajes que los chicos envían y reciben cada día, la rapidez con la que lo hacen, la escasa atención que dedican a descifrarlos y el uso indiscriminado de los juegos en sus dispositivos móviles son factores que no ayudan lo más mínimo a que aprendan y fijen en su memoria las reglas ortográficas”, apostilla Elena Aparicio.

 

Cómo ayudarles a mejorar

Vistos los motivos, ¿qué podemos hacer para que nuestros hijos y alumnos vayan cometiendo cada vez menos faltas de ortografía?

  • Analizar cada caso por separado. “Aquí no vale globalizar. Hay que observar el manejo que cada estudiante hace de la lengua e investigar qué factores motivan sus errores en particular. Acto seguido llega el momento de implicar al alumno en la comprensión de esa regla, para que la interiorice y la emplee adecuadamente”, explica Elena Aparicio. Las dificultades más habituales que suelen encontrarse los estudiantes son la colocación de la “h” y las dudas entre la “j” y la “g”, la “v” y la “b” y la “z” y la “c”. La diéresis encima de la “u” también suele dar problemas a los niños que están empezando a escribir.
  • Aficionarles a la lectura. Que un alumno lea mucho no implica necesariamente que vaya a escribir bien, pero ayuda bastante, puesto que refuerza la imagen léxica que tiene de las palabras. Por supuesto, para que un niño lea es imprescindible que sus padres lo hagan.
  • Enseñarles las reglas de ortografía. Dicen Ellis y Young, estudiosos del lenguaje por excelencia, que el conocimiento de las reglas ortográficas es necesaria para paliar las faltas ortográficas, pero no resulta suficiente, puesto que más del 50% de las palabras tienen restricciones. Por eso, además de leer mucho, los niños también deben escribir a menudo.
  • Fomentar la escritura. Y mejor aún que lo hagan a mano, en lugar de usando la tablet o el ordenador, porque así tienen que prestar una mayor atención. Podemos inventar infinidad de pretextos para que los niños escriban: que se inventen cuentos, que relaten su visita al zoo, que cuenten a sus abuelos cómo les ha ido el día… Cuanto más se adentren en el mundo de las letras, mejor se manejarán en él.
  • Hacerles dictados y repasarlos con ellos. Según Ellis y Young, es muy positivo que el estudiante haga dictados y que sus padres y profesores se los corrijan después, pero ojo: las correcciones de sus errores ortográficos sólo serán productivas si el niño repasa posteriormente las faltas que haya tenido. De esta manera, el dictado refuerza el sistema visual de las palabras escuchadas, mientras que el repaso y la copia de las faltas fija el sistema visual de las palabras escritas.
  • Evitar el corrector cuando escriben con el ordenador. Sabiendo que cuentan con el corrector ponen menos atención, pues confían en que la máquina les corrija. Además, el corrector no entiende el contexto, por lo que muchas veces da por buena una palabra que en realidad es errónea.
  • Eliminar el castigo en el uso de dictados y correcciones caligráficas. Por la sencilla razón de que causa el efecto contrario al deseado.
  • Realizar un análisis positivo de los errores ortográficos. “Al contrario que el castigo, da muy buen resultado elaborar una lista con las faltas más comunes y sistematizarlas con reglas o estrategias para descubrir la ortografía correcta de cada palabra. Por ejemplo, pensar en los cuernos de una vaca ayuda a recordar que esta palabra se escribe con “v” y visualizar una barriga incita a escribir esta palabra con “b”, explica Elena Aparicio.
  • Recurrir a actividades lúdicas. Anagramas, juegos de formar palabras, sopas de letras, crucigramas, adivinanzas escritas… Lo mejor de estos entretenimientos es que el alumno no se da cuenta de la importante tarea “ortográfica” que está llevando a cabo, por lo que no le cuesta trabajo realizarla y puede pasar mucho tiempo dedicado a ella.
  • Familiarizarles con el uso del diccionario. Tanto en papel como en internet, les ayudará a resolver todas las dudas ortográficas que les surjan.
  • Enseñarles a buscar sinónimos. Si dudan sobre cómo se escribe una palabra y no pueden consultar el diccionario, la solución es sustituirla por otra de significado igual o parecido.
  • Animarles a echar mano de su memoria visual. Cuando una palabra les genere duda, deben escribirla de las dos maneras posibles. Si tienen buena memoria visual, optarán por escribir la versión que más veces han visto escrita en sus libros de texto, cómics y novelas.

 

Cuestión de práctica

No hay una edad a partir de la cual se dejan de tener faltas de ortografía. Desde los 11 años los niños ya conocen todas las reglas ortográficas, incluidas las del uso correcto de los signos de puntuación, pero ya hemos visto que algunos de los lingüistas más prestigiosos del mundo aseguran que esto no es suficiente para no cometer errores. “Escribir sin faltas es un objetivo que sólo se consigue a base de mucha práctica y observación, haciendo que los estudiantes reparen en los errores que han cometido para que no vuelvan a caer en ellos nunca más, o al menos, para que los cometan cada vez con menor frecuencia”, concluye Elena Aparicio.

 

lisbet-rodriguezLisbet Rodríguez del Risco, psicóloga especializada en Psicología Escolar del Gabinete de Psicología Psico-Vida, de Zaragoza.

“Si no les gusta leer ni escribir también hay solución”

¿Cómo supera las faltas de ortografía un niño al que no le gusta leer ni escribir?

“No hace falta que lea un libro si no le apetece, pero podemos animarle a que nos lea el prospecto de un medicamento, las instrucciones de un electrodoméstico o las prestaciones que nos ofrece el seguro de la casa. E igual pasa con la escritura: si le aburre redactar cuentos o lo que ha hecho durante el fin de semana, podemos pedirle que nos ayude a escribir la lista de la compra o los lugares que le gustaría visitar en vacaciones, y eso sí, luego corregiremos el escrito entre los dos. Hacer algo con los padres siempre resulta más estimulante para los niños que hacerlo a solas. Además, está comprobado que aprender de forma lúdica y en compañía no sólo es más divertido, sino también más efectivo y duradero”.

Desde el punto de vista psicológico, ¿es adecuado bajar puntos a los alumnos en un examen por las faltas de ortografía o es una medida que les desmotiva?

“Personalmente creo que si estamos fomentando una escuela inclusiva, que respete las diferencias, deberíamos tener en cuenta esas diferencias a la hora de calificar los exámenes. Un alumno que conoce las reglas ortográficas y no las aplica por desmotivación, no debe ser valorado igual que un alumno con serias dificultades en la lectoescritura, que se esfuerza un montón en hacerlo lo mejor que puede. Así deberían ver los maestros a sus alumnos: con sus individualidades. De este modo las calificaciones no serían una cifra inamovible, sino un número ajustado a cada individuo y en cada caso, bien empleadas y motivadoras”.

 

¡CUIDADO CON LAS 10 FALTAS MÁS HABITUALES!

A diario, durante una semana, repasa con tu hijo este listado de faltas ortográficas que los estudiantes cometen con más frecuencia y ponle ejemplos que le ayuden a entender cada regla. Verás cómo poco a poco va escribiendo mejor.

  1. ¡Ay!, hay y ahí. ¡Ay, qué daño!/ Hay muchas manzanas en el cesto/ Ahí está el gato
  2. A ver y haber. A ver qué sucede mañana/ No debe haber mucha gente
  3. Calló y cayó. Se calló en cuanto empezó la película/ Se cayó por un terraplén
  4. Valla y vaya. Esa valla es de color rojo/ ¡Ojalá se vaya pronto!
  5. Hecho y echo. He hecho magdalenas para merendar/ Te echo de menos
  6. Haya, allá y halla. Este mueble es de haya blanca/ No vayas allá/ Halla el resultado
  7. Tubo y tuvo. El tubo de la cañería está oxidado/ Tuvo que irse al médico
  8. A y ha. Ven a jugar/ Se ha caído
  9. Sino y si no No es verde, sino azul/ Si no duermes estarás cansado
  10. Por qué, porque y porqué. ¿Por qué no vas?/ Porque no puedo/ El porqué de mi enfado

 

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LIBROS Y JUEGOS PARA APRENDER A ESCRIBIR CORRECTAMENTE

Infantiles:

  • Ana Tarambana: líos de ortografía (Ed. Molino).
  • El gran juego de la ortografía: los cazafaltas (Ed. Espasa Libros).
  • Stilton: Lengua y ortografía (Ed. Medialive).

Juveniles:

  • Apuntes de ortografía (Ed. Parramon).
  • Ortografía para la ESO (Ed. Vox).
  • Ortografía divertida (Ed. Edinumen).

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