Hablemos de sexo con nuestros hijos (y cuanto antes, mejor)

Mientras para el 30% de los menores la pornografía es el principal recurso para aprender sobre sexualidad; el 75% de los padres asegura que sus hijos nunca han estado expuestos a contenidos sexuales en internet. Y la mayoría, se sienten incómodos al hablar de sexo con sus vástagos.

 

Eva R. Soler

 

“Si no damos educación sexual a nuestros hijos e hijas en casa serán educados por la pornografía”, sostiene María Dotor, responsable de gestión de contenidos de Gestionando Hijos, en la presentación del webinar “Claves para una educación sexual”. Los datos respaldan esa rotunda afirmación. El último informe de Save The Children sitúa en 8 años la edad media en la que los menores empiezan a consumir porno. Y otro estudio publicado por la BBFC (British Board of Film Classification) revela que 6 de cada 10 menores confiesa haber accedido a contenidos pornográficos. Lo que contrasta con las declaraciones de los padres, pues el 75% de ellos asegura que sus hijos nunca han estado expuestos a contenidos sexuales en internet, según el mismo estudio.

Estos datos nos invitan a reflexionar sobre el motivo por el que los menores buscan este tipo de información y, la mayoría de ellos, lo hace por la falta de educación sexual que reciben por parte de los padres. De hecho, para el 30% de los menores la pornografía es el principal recurso para aprender sobre sexualidad, según un informe publicado por Save The Children.  El mismo estudio indica que más del 50% de las familias asegura sentirse incómoda hablando de sexo con sus hijos. Y, ¿por qué nos cuesta tanto? La psicóloga y sexóloga Lara Avargues responde: “Si nosotros no hemos recibido una educación sexual de calidad, es muy difícil transmitírsela a nuestros hijos. Además, tenemos un concepto muy limitado de lo que realmente significa la sexualidad y el tema nos provoca incomodidad, vergüenza, no queremos hablar de ello y esto hace que los hijos busquen información en otros ámbitos. Esto, unido a que los menores acceden a dispositivos tecnológicos a edades cada vez más tempranas, invita a que los padres nos pongamos en acción cuanto antes para adelantarnos al acceso de esos contenidos inapropiados”.

 

Ocho claves para educar en sexualidad

Una de las formas de aprender a abordar la mejor manera de hablar de sexo con nuestros hijos es visualizar el webinar Claves para una educación sexual que imparte Lara Avarnes. En él, la psicóloga y sexóloga nos explica qué podemos hacer los padres y las madres ante esta situación:

 

1.-Reflexionar sobre nuestro concepto de sexualidad. Según Avargues, es lo primero que tenemos que hacer. ¿Qué concepto tenemos de lo que significa la sexualidad? ¿Y qué opinamos respecto a la pornografía? Es posible que lancemos mensajes sin querer. Por ejemplo, si en la tele aparece una escena erótica, ¿qué hacemos? Apagamos el televisor, le decimos a nuestro hijo que se vaya de la habitación… Esas conductas transmiten lo que para nosotros significa la sexualidad. Para empezar a dar una educación sexual es importante estar en sintonía con uno mismo, tomarse el tiempo necesario para informarse y dejar reposar distintas emociones. Una vez hemos generado esta comodidad con nosotros mismos, ya estamos preparados.

2.-Ser un puente de apoyo y comunicación es otra de las claves que sugiere la psicóloga. Hay que respetar el ritmo de nuestro/a hijo/a y su sexualidad. Más importante que saber todas las respuestas, es que el niño o la niña nos vea como un puente que pueden cruzar y que puedan contarnos lo que les pasa: “Las familias no tenéis por qué tener todas las respuestas. Es algo en lo que yo siempre insisto”, afirma Avargues.

3.-Honestidad. Ante las preguntas que generan malestar, lo que tenemos que hacer es responder con total honestidad. Se puede contestar perfectamente desde la emoción que nos provoca: inseguridad, vergüenza… porque así vamos a generar una relación más igualitaria con nuestro/a hijo/a. Incluso podemos responder que no lo sabemos, si esto es así. Es una oportunidad para buscar juntos esa información y como padre o madre con un pensamiento crítico desarrollado, vamos a poder discernir qué información proporciona realmente una educación sexual sana y ética.

4.-Contar con apoyo profesional: Webinars, talleres, conferencias, libros, programas de televisión… “Tanto las charlas de educación sexual impartidas por profesionales, como ver un programa de sexualidad en familia y después debatir las dudas que han surgido, ayudan mucho en la tarea de educar en sexualidad y crean vínculos de unión entre padres e hijos”.

5.-Aclararles que el porno es ficción. “En las clases de educación sexual que imparto en los colegios, yo les explico a los alumnos que igual que saben que los superhéroes que ven en el cine no pueden volar en la realidad; en la pornografía pasa lo mismo: es una película de ficción”. La sexóloga opina que la solución no es prohibir el acceso a internet o a las redes sociales, pues tarde o temprano lo van a utilizar, sino que la clave pasa por una comunicación fluida con los menores, con respeto, con orientación y apoyo en el proceso de búsqueda de la información. De esta manera, le ayudamos en el desarrollo de su pensamiento crítico, le ayudamos a entender que la pornografía es ficción y construimos, de esta forma, una educación sana y ética en sexualidad. Si el niño o adolescente ha recibido una educación sexual de calidad, la pornografía no tiene por qué ser dañina.

6.-La sexualidad no es sólo sexo. La sexualidad es mucho más que genitales y coito. Es importante conocer la práctica de la penetración, conocer nuestros genitales pero enseña muchas más cosas: emociones, gestionar una ruptura, relaciones… La sexualidad es un viaje que todos vivimos y hay que respetar el ritmo de cada uno. No es sólo una prevención de riesgos, la educación sexual también es una fuente para transmitir valores, educar en sexualidad es educar en ser persona.

7.-No educar en sexualidad también es educar: Siempre se hace educación sexual, también cuando no se hace, explica Avarnes: “Cuando no hablamos de algo, damos a entender que de alguna manera nuestro sistema emocional lo percibe como peligroso. Las personas no toleramos la incertidumbre, el no saber las cosas… Si no damos educación sexual, damos educación sexual: si apagamos la tele, como nos relacionamos con nuestra pareja… eso también es educación sexual, aunque no nos demos cuenta”.

8-No hay respuestas correctas o incorrectas. Hay un marco que implica lo que es una sexualidad sana y ética, pero no hay respuestas incorrectas. Es más importante entender su sexualidad y apoyarle que darle una respuesta correcta o incorrecta, porque muchas veces, tampoco la sabemos. Los padres y madres más que una fuente de información, es importante que sean una fuente de apoyo y respeto, insiste la experta.

 

¡Fuera mitos!

Lara Avargues, psicóloga y sexóloga, desmiente algunas ideas erróneas que podemos tener arraigadas:

Educar en educación sexual es incitar a los jóvenes a tener relaciones sexuales prematuras. “Esta es una frase estrella que me plantean los padres de forma recurrente. Es comprensible, que por una idea limitada sobre la sexualidad el tema nos genere cierto miedo, pero está demostrado que cuanto más se hable de sexualidad y a una edad cada vez más temprana, más información de calidad y más capacidad crítica tendrán los menores y esto les llevará a tener, llegado el momento, relaciones sexuales saludables y éticas. Realmente, el desarrollo sano de nuestros hijos en la sexualidad depende de la información de calidad que les llegue y que nosotros, como padres, les demos pues somos su modelo de referencia y, como siempre digo, nuestros hijos e hijas miran el mundo a través de nuestros ojos”.

Hay un momento específico para empezar a hablar de sexualidad. Falso. Como seres sexuados que somos, la educación sexual se debería explicar y abordar desde que se nace hasta que se muere, siempre con un contenido adecuado a cada edad. Me parece importante la decisión de integrar educación sexual en el ciclo de Infantil porque si les explicamos a los niños y niñas de estas edades los límites de su cuerpo, podemos prevenir casos de abuso sexual, por ejemplo.

Hoy los adolescentes tienen toda la información que quieren en las redes. “Es verdad, tienen acceso a toda la información pero, por lo general, la que les llega no es de calidad. Por eso es importante que nosotros tratemos el tema con ellos para ayudarles a filtrar y a que sepan distinguir los contenidos adecuados de los que no lo son”

La educación sexual es hablar sólo de sexo. No. La educación sexual habla de muchas otras cosas como de emociones, de igualdad, de prevención de violencia de género, de tolerancia, de placer y de conocer los límites de tu cuerpo, de autoestima, de afecto, de relaciones, de valores…

 


“PARA PREVENIR LOS RIESGOS DE VISUALIZAR PORNOGRAFÍA DURANTE LA INFANCIA O ADOLESCENCIA, LO MEJOR ES HABLAR CON NATURALIDAD DE SEXO CON NUESTROS HIJOS DESDE EDADES TEMPRANAS”. María Guerrero, psicóloga de la plataforma de control parental Qustodio

Según una encuesta, más del 50% de las familias asegura sentirse incómoda hablando de sexo con sus hijos. Algo muy preocupante si tenemos en cuenta que para el 30% de los menores, la pornografía es el principal recurso para aprender sobre sexualidad, de acuerdo con los datos de un informe publicado por Save the Children. Conscientes de esta realidad, Qustodio (plataforma de control parental) ha analizado las consecuencias físicas y psicológicas que pueden provocar la exposición a este tipo de contenidos sexuales durante la infancia y la adolescencia:

*Prácticas sexuales de riesgo. Las reacciones de los menores frente a la pornografía pueden ser diferentes: habrá niños y niñas que sentirán excitación sexual, a otros les provocará vergüenza e incomodidad, pero, a la larga, el consumo de este tipo de contenidos puede provocar que los menores sean más proclives a tener prácticas sexuales de riesgo.

*Mayor desinformación: La pornografía puede producir una distorsión de la realidad. Según el estudio Desinformación Sexual de Save the Children, el 54% de los menores varones creen que en el porno puede encontrar ideas e información para sus prácticas sexuales y más del 47% ha puesto en práctica alguna.

*Estereotipos de género y patrones de desigualdad en las relaciones: Exponerse a la pornografía a tan temprana edad va a afectar a los menores tanto en su forma de comportarse y relacionarse con los demás, como en su forma de pensar. La pornografía está relacionada con las conductas que reproducen estereotipos de género y patrones de desigualdad en las relaciones entre chicos y chicas. Según el mismo estudio citado anteriormente, muchos adolescentes llevan a cabo prácticas sexuales simplemente porque se lo pide su pareja y el 12% asegura no haber tenido un consentimiento explícito por parte de ella.

*Adicción: Según el ranking de la Plataforma Ayuda al Menor, la pornografía se encuentra entre las mayores adicciones de los menores españoles, junto a las apuestas y videojuegos. La adicción a la pornografía genera cambios en las conductas sexuales, aumentando la violencia, exigencia, cosificación de las mujeres y despersonalización. De acuerdo con un estudio de la Universitat Jaume I, alrededor de un 25% de la población tendría un perfil de riesgo para sufrir una adicción a la pornografía.

Ante estos datos, y para evitar los riesgos que conlleva el consumo de pornografía, la psicóloga experta en familia y tecnología de Qustodio, María Guerrero recomienda limitar el acceso a internet de los menores a determinados contenidos y abordar el tema en familia desde edades tempranas: “Hablar de sexualidad y ofrecer a los menores una buena educación afectivo sexual se debería empezar a hacer cuando tienen alrededor de tres años, con la conducta exploratoria normal. Aunque a algunos padres puede resultarles incómodo hablar abiertamente de pornografía con sus hijos cuando son algo más mayores, es necesario hacerlo, pues la exposición a este tipo de contenidos resulta perjudicial para el desarrollo de los menores y aumenta el riesgo de que puedan ser víctimas de algún tipo de abuso o explotación”.

 


BENEFICIOS DE LA EDUCACIÓN SEXUAL

Lara Avargues resalta las ventajas de integrar la sexualidad en la educación de nuestros hijos:

*Proporciona conocimiento para que el niño o la niña pueda interpretar correctamente  los mensajes que llegan de la sociedad y de los medios de comunicación y sea consciente de que no son reales, sino ficción.

*Genera protección frente a situaciones de riesgo como abuso, coerción, relaciones sin protección…

*Enseña valores y actitudes positivas frente a la sexualidad y permite conocer el propio cuerpo. Favorece la seguridad y la autoestima.

*Enseña técnicas de comunicación y diálogo para prácticas seguras. Por ejemplo, afirma Avarnes, en mis clases con alumnos, pongo en práctica una dinámica que consiste en analizar ciertas frases como: “Si me quisieras, lo haríamos sin condón”. Lo debatimos, lo analizamos y de esta forma, se aprenden técnicas de comunicación para generar relaciones más sanas.

*Reconocer el valor de los vínculos, de la afectividad y establecer relaciones igualitarias.

*Conocimiento y respeto de la diversidad sexual.

 


UN TALLER ONLINE PARA ABORDAR LA EDUCACIÓN AFECTIVO SEXUAL CON LOS HIJOS

Asistir a talleres, charlas y conferencias es otra de las claves que nos puede ayudar en la tarea de hablar de sexo con nuestros hijos de forma matural. Este taller en concreto se dirige a padres, madres y educadores y está impartido por Rosa Sanz, sexóloga con más de 20 años de experiencia en educación sexual. Sanz, además, también imparte talleres y charlas educativas en colegios e institutos, financiados la mayoría de las veces por las AMPAS y enfocados a alumnos que estén cursando entre 1º y 4º de ESO. Tanto en unos como en otros, Sanz asegura que durante toda su trayectoria profesional se repiten las mismas dudas, ideas erróneas y percibe que a los padres les sigue costando abordar este tema con los hijos. Asegura que, a día de hoy, los alumnos le plantean cuestiones como si la ducha después del coito impide el embarazo “lo que indica que todavía que queda mucho trabajo por hacer en lo que a educación sexual se refiere”.  Esta sexóloga considera que los padres deben formarse para aprender a hablar con naturalidad de sexualidad con sus hijos desde la más tierna infancia, porque con la sexualidad se nace. “Desde que las niñas y niños van teniendo inquietudes y se despierta su curiosidad hay que ir dando respuestas adaptadas a su edad. No hay que esperar a la típica charla magistral en la adolescencia, que suele ser sinónimo de que ya vamos tarde y se aborda con vergüenza tanto por parte de progenitores como de los jóvenes. En cambio, si el tema se ha tratado a lo largo de la infancia de forma natural, los niños y las niñas se atreven a ir preguntando sobre todos estos temas y eso genera un clima de confianza que repercutirá positivamente cuando lleguen a la adolescencia. Por el contrario, si cuando han surgido las preguntas se han respondido con evasivas y un lenguaje no verbal que denota incomodidad, los niños y las niñas perciben que es un tema tabú y buscan la información en otros ámbitos como internet, amigos… Es bastante frecuente que pase esto último, que es un tema que como nos genera tensión no abordamos. Por eso es interesante acudir a talleres porque así se aprende como hacerlo, que información darles en cada momento y cómo resolver las dudas que puedan surgir sobre cómo afrontarlo. En estos talleres, los padres reflexionan acerca de su propia sexualidad y la educación que ellos mismos han recibido y se aprende a distinguir lo que realmente significa la sexualidad, que es mucho más que sexo, habla también de afecto y valores.

La educación afectivo sexual no sólo ayuda a prevenir las consecuencias negativas que trae consigo la falta de ésta, añade esta experta, sino que viene a cubrir una necesidad que tenemos como personas. Esto no sólo lo decimos los profesionales que nos dedicamos a esto, sino que está avalado por prestigiosos organismos como la ONU, que considera la educación sexual una prioridad y la ha incluido dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. “Dado que la educación sexual tiene que formar parte de la educación integral de la persona, tiene una gran importancia y es lo que tenemos que hacer, hagámoslo de la mejor forma posible”.

Más información:

www.sexualidadybienestar.com

 

La adolescencia como oportunidad

La suelen definir como una etapa en la que tenemos que sufrir (y no disfrutar). Como suele repetir Javier Urra, “hoy en día dices que tienes un hijo adolescente y te dan el pésame”. Yo no iré por este camino. Me gustaría ofrecerte una visión completamente diferente y animosa de esta maravillosa etapa. Una etapa que también se puede y se debe disfrutar.

Los padres tenemos que apreciar esta etapa como una verdadera oportunidad. Debemos tener presente que solo podremos entender la adolescencia si no la vemos como una “etapa aparte”, sino como un periodo en donde se manifiesta lo que el niño ha recibido en su infancia. Por tanto, la forma en que hemos educado a nuestro hijo y aquello que le hemos ofrecido cuando era solamente un niño, determinará su forma de actuar y comportarse en la adolescencia. En términos generales, un buen niño seré un buen adolescente aunque también rebelde y distante –características propias de esta etapa–. Pero al mismo tiempo nos van a necesitar a su lado. Nos toca, pues, reflexionar sobre el modo en que estamos ejerciendo la paternidad no solo en esta etapa sino en las que la preceden.

Los adolescentes no son niños ni tampoco adultos pero nosotros, los padres, en ocasiones los tratamos como niños y éstos se rebelan, fruto de un sentimiento de independencia que empiezan a manifestar. En otras ocasiones los tratamos como adultos y les echamos en cara que se comporten como críos y esto también les daña haciéndoles sentir más que ridículos. Es una etapa de continuos conflictos (a todos los niveles): es un continuo tira y afloja entre los padres y el niño. Una etapa de crecimiento y adaptación a una nueva situación.

Hemos de tener en cuenta que los adolescentes de hoy no son ni mejores ni peores que los de otras generaciones, simplemente son diferentes. Por tanto, tenemos que prepararnos bien para los desafíos que nos encontraremos en esta etapa, que nos pondrán a prueba a diario. Debemos educar desde la exigencia pero con ternura. Dicho de otro modo con autoridad y cariño. Aquí no nos sirve la permisividad pero tampoco el autoritarismo. No tenemos otro camino si queremos que la adolescencia sea una preciosa oportunidad para que rectifiquemos aquello que hemos enseñado mal pero también lo que no han aprendido correctamente. Si tienes un hijo adolescente, te doy mi más sincera enhorabuena. Disfruta del momento… Recuerda algo muy importante: aprende a ponerte en su lugar. Por eso debes preguntarte: ¿qué sentías tú en esa etapa?, ¿de qué forma veías a tus padres?, ¿qué relación tenías con ellos?, etc. Es una buena forma de empatizar con tus hijos adolescentes, algo que nos cuesta bastante. Si disfrutamos de ellos en la infancia no tenemos porqué dejar de hacerlo en la adolescencia. Estos son algunos de mis consejos clave:

La comunicación es fundamental. Aprovecha cualquier momento para hablar con él sin forzar nada. Cuida el lenguaje no verbal que empleas.

  1. No etiquetes a tu hijo. Las etiquetas le condicionan y no le ayudarán a promover un cambio positivo. Deja siempre una puerta abierta al cambio y posibilidad de mejora.
  2. No le critiques. La crítica se ha de enfocar a sus acciones, jamás a la persona.
  3. Muéstrale tu afecto. Lo necesita y mucho aunque no lo parezca. No dejes de decirle y recordarle que le quieres.
  4. La negociación es clave. Utiliza la negociación como la “llave maestra” para resolver conflictos.

Familias, adolescentes y COVID: ¿Convivencia o supervivencia?

Para los jóvenes, el confinamiento y las restricciones han supuesto la tormenta perfecta que ha tensado las relaciones familiares en una convivencia demasiado intensa.

 

Por Eva Carrasco

El 10,9% de los hogares españoles conviven con alguno de los dos millones y medio de adolescentes de entre 14 y 18 años que hay en nuestro país. Una convivencia que en muchos casos se ha tensado exponencialmente por el confinamiento y las restricciones, afectando a la salud mental de los jóvenes. Tendencia a encerrarse en la habitación y no comunicarse, falta de participación en las tareas del hogar, no cumplir con sus tareas escolares, insultos, agresión a padres, malos hábitos alimentarios y no querer comer con la familia en los espacios y horarios establecidos, consumo de alcohol y drogas son los indicadores sobre los que Amalgama 7, entidad privada dedicada a la atención de adolescentes con sus familias, ha preguntado para reflexionar sobre la salud mental y la convivencia filio parental a familias con hijos adolescentes.

Aislados en su habitación

Prácticamente uno de cada dos jóvenes se ha encontrado en situación de aislamiento con tendencia a encerrarse en su habitación y reducir la comunicación con sus padres. “La tendencia a aislarse de los adolescentes en una época normal es del 50% de los jóvenes, pero en una situación de alto estrés como el confinamiento ha llegado al 80%”, según confirmó el director del área médico psiquiátrica de Amalgama 7, Ramón Martí, durante la jornada realizada con expertos implicados de diferentes ámbitos para analizar los resultados del estudio. Martí explicó que lo más frecuente en los adolescentes es que se aíslen en sus habitaciones. Esta encuesta ha sido contestada por los padres, con lo que es una percepción subjetiva suya y no se sabe si los adolescentes contestarían lo mismo. “hay un gran arco de tipos de familia, desde unos padres helicóptero que necesitan el contacto visual constante con sus hijos a los padres que le montan un apartamento en su habitación con la tele en su cuarto e incluso una nevera. El adolescente se aísla por sus propias tensiones evolutivas del paso de niño a adulto que le hacen necesitar mayor privacidad e intimidad e implica una serie de adaptaciones entre padres e hijos”, aclaró. “La pandemia ha actuado como un estresor externo mayúsculo y mundial que ha tensado a las familias y tiene unos efectos psicológicos indudables”. En concreto, para los adolescentes ha supuesto pérdidas de abrazos y besos que desde el punto de vista de Martí provoca una tensión emocional que se expresa en mayor irritabilidad e impulsividad. Han aumentado los trastornos adaptativos por un fuerte sentimiento de pérdida en muchos factores.

Trastornos alimentarios

Querer hacer comidas diferentes a los de las familias, fuera de los horarios y espacios establecidos, y comer entre horas es una tendencia que aumentó en el confinamiento y que se ha mantenido después. La vicepresidenta de la Sociedad Catalana de psiquiatría Infantojuvenil, Àurea Autet mostró la preocupación de pediatras y psiquiatras sobre la conducta alimentaria en los adolescentes. La obesidad infantil va a ser un problema importante tanto por los trastornos de ansiedad como el sedentarismo y los problemas de sobreuso de pantallas. Pero también preocupa el otro extremo: “A raíz del confinamiento se ha producido un problema importante de conducta alimentaria, sobre todo niñas con índices de masa muy bajos. Cuando hay cualquier crisis, el impacto en salud mental de los jóvenes es muy importante.” Advirtió Autet. Estamos viendo un aumento de ansiedad y cuadros depresivos. Los niños han sido los grandes olvidados de esta pandemia, porque la escuela era su forma de relacionarse.

Contestar mal y no colaborar en casa

La doctora Angels Feliu Zapata, coordinadora de Escuelas Amalgama 7, lo tenía claro: “La no colaboración en las tareas y las malas contestaciones sí son criterios de violencia filioparental” y parece evidente que el confinamiento ha potenciado esta violencia. Más de la mitad de los adolescentes ejercen algún tipo de violencia hacia los padres. Cuando se diferencia en tramos de edad, los comportamientos son más graves entre los 16 y los 18, que en el primer tramo de 14 a 16. “Es primordial cortar cuanto antes estos comportamientos para que no se agraven” previno Feliu, quien puso sobre la mesa el hecho de que los padres habían expresado durante el confinamiento una gran dificultad en la convivencia con los adolescentes. “Esto es un emergente social que va en aumento, que no está solamente ligado a la educación, sino también a la salud mental infanto juvenil. Si no conseguimos reconducir estas actitudes puede derivar en un trastorno psicológico. Se deben tener en cuenta todos los factores educativos, familiares y sociales…”

 

Violencia filio parental

La agresión física de hijos a padres ha aumentado durante el confinamiento, pero ha mantenido la tendencia que ya se viene detectando desde 2012, pero aún sigue siendo un tema tabú que muchas familias ocultan, tal y como expuso Judit Carreras, coordinadora de la Fundación Privada Portal, “Igual que hace 40 años se escondía la violencia de género, ahora las familias ocultan esta cuestión”, a lo que se añade el hecho de que muchas veces no saben dónde acudir en caso de conflicto. Padres que expresan ser víctimas de violencia psicológica por parte de sus hijos, afirman que no acudirían a la policía. En este sentido Motserrat Escudé, jefa del Área Técnica de Proximidad y de Seguridad Ciudadana de los Mossos d’Esquadra animó a que se denuncie, porque el código penal incluye todos los delitos que se pueden producir en el ámbito familiar. “En 2003 se incluyó todo lo que tiene que ver con la violencia psicológica, porque siempre es el primer estadio de la violencia física. En todos los casos, antes hay un menoscabo psicológico y la policía está obligada a actuar de oficio, aunque reconoce que existen grandes dificultades para recabar pruebas. Durante la pandemia subieron las llamadas al 112 por conflictos familiares. Se trató de trabajar mucho la detección con seguimientos a familias con factores de riesgo porque los radares, que eran las escuelas, cayeron con su cierre y había que apelar al vecindario.

Descolgados de clase

El sistema educativo depende de la cohesión social y esto se ha cortado. Para los niños y los adolescentes, la escuela es su forma de relacionarse. Muchos alumnos han quedado descolgados y han perdido el vínculo que mantenían con la escuela. En este sentido se hace necesario un trabajo muy intenso con las actividades de entorno, con actividades culturales y deportivas en grupo. Gemma García, Jefa de Inspección de Educación detectó dos tipos de alumnos que no han cumplido con sus tareas escolares: “por un lado, los que tienen un contexto familiar y social muy difícil con mala conexión y casas que no cumplen condiciones y en ocasiones son niños que reciben malos tratos. El otro tipo de alumnos son los que no están motivados, con poca autonomía y poca capacidad de esfuerzo. Hay que reconocer que no todos los centros estaban acostumbrados a trabajar con las tecnologías ni habituados con las plataformas online de educación.” Afortunadamente, los centros han estado más preparados este curso con un plan de actuación para la incidencia Covid que no tenían en marzo. El reto está en los cursos que tienen que acreditar los conocimientos de forma externa como es 2 de bachiller o 4 de la ESO, puntualizó Gemma.

Poner distancia

Antonio Calvo i López, director del programa de protección social del Colegio de Médicos de Barcelona fue muy claro: “la física dice que la fricción desgasta”. Afirmación que utilizó para explicar la tensión en las familias. “Ahora no podemos poner distancia entre los hijos y los padres”, pero puso el foco en abrir el horizonte para hacer un mejor análisis de lo que está pasando. “Cuidado con focalizar en la conducta de los adolescentes, no son las únicas relaciones que se han visto afectadas en las familias. No perdamos de vista que han aumentado un 7% las demandas de divorcio en estos meses.

“Esto no ha terminado y lo más cierto es la incertidumbre. Estamos muy cansados y estamos en una situación sin precedentes en un mundo global. Tampoco ha terminado el confinamiento, seguimos confinados puesto que todavía no hemos recuperado por completo nuestra libertad de movimientos. Estamos en poco espacio con una densidad muy alta por lo que tenemos que tomar la decisión de cuidar la relación con nuestros hijos y cuidar al otro que tiene mucho que ver con cuidarse a uno mismo.

 

Un sistema colapsado

Las familias denuncian que la red de asistencia de salud mental está colapsada y la situación de los jóvenes se agrava porque no es posible la intervención regular. Los facultativos abogan por repensar otros sistemas más allá de pretender que el adolescente con mala conducta vaya a la consulta a contar lo que le pasa. Pero no solo se debe reforzar la atención clínica, sino la familiar, social y educativa con nuevos modelos de intervención emocional en los menores con intervenciones con los padres y los centros escolares. En muchas ocasiones no van a ser problemas clínicos, sino un malestar que no debe psiquiatrizarse, pero sí abordarse por un sistema que tiene pocos especialistas en adolescentes.

 

 

 

 

María Fernández: “Solo descubrimos nuestro potencial cuando la vida nos empuja un poquito”

María Fernández, coach y autora de  “El pequeño libro que hará grande tu vida”

 

María Fernández es autora de El pequeño libro que hará grande tu vida, Alienta (Planeta). Además, es coach personal y trabaja como motivadora y formadora en habilidades directivas y sociales. Imparte conferencias y ha hecho coaching a niños en escuelas de África.

Por Eva Carrasco

Dices en tu libro que las dificultades nos modelan. ¿De qué forma crees que esta situación que hemos vivido ha modelado a las familias?

Cuando nacemos no firmamos un pacto de seguridad que nos garantice una vida basada en la certidumbre. Por eso creo que, para los niños, ha sido positivo porque han visto que la vida es incierta. El 2020 nos lo ha vuelto a confirmar. Todo es cambio, todo se puede ir de la noche a la mañana, aunque nosotros no hagamos nada. La vida también va de que aparezcan adversidades y en cómo nosotros nos adaptamos a ellas. Es algo que se repite a lo largo de la historia, por lo que tampoco entiendo cómo nosotros pretendíamos vivir una vida segura sin ningún sobresalto.

¿Qué importancia tiene en este sentido el compromiso y la motivación?

Cuando algo te motiva desde fuera, como un libro de desarrollo personal, un documental, una charla con amigos, te provoca un pico de euforia. En ese momento lo ves todo claro, quieres comerte el mundo. En ese pico te sientes capaz de afrontar tus retos, pero con la misma facilidad que sube, baja. Eso es la motivación. Sin embargo, el compromiso es una promesa que nos hacemos a nosotros mismos de tener un estilo de vida en concreto, convertirnos en un tipo de persona o alcanzar ese objetivo que iluminaría nuestras vidas. En 2021 hemos vivido una pandemia, que nos ha tirado hacia atrás. Y, utilizando la metáfora de la flecha, ahora cabe preguntarnos cómo vamos a coger ese retroceso para impulsarnos con más fuerza en el 2021.

Lo que ocurre a veces, tal y cómo dices en tu libro, es que realmente no sabemos lo que queremos.

Al final, el objetivo de nuestras vidas es la excusa para descubrir nuestro potencial, que es inmenso. Y ese potencial solo lo descubrimos cuando la vida nos empuja un poquito. Un deportista de élite lo sabe porque está retándose cada día. Es una persona que está siempre enfrentándose a sus limitaciones y desafíos y creciendo cada día más. Pero una persona de a pie, que tiene una vida más acomodada y su trabajo no le supone retos, lo que le hace desafiarse son las circunstancias como han sido en este caso.

¿Cómo pueden los padres ayudar a los niños a marcar objetivos y que sepan lo que quieren?

Es importante trabajar con los niños en la responsabilidad y no transferir miedos propios o limitaciones que se transfieren de padres a hijos como ‘los sueños no pagan las facturas’, ‘la gente es egoísta por naturaleza’. Lo hacemos para protegerles, pero llega un momento que tenemos que liberarles de esas creencias limitantes.

Si miramos a un niño desde la confianza plena, el niño aprende a confiar en sí mismo, entonces ya da igual qué circunstancias va a vivir porque sabe que su primer recurso está en él mismo. Algo fundamental también es enseñar a un niño a ser tolerante y empático. Estamos tardando en incorporar una asignatura de empatía, tolerancia, amor al prójimo… El 80% de los conflictos desaparecerían y sería una sociedad mucho más compasiva.

A veces simplemente es el ejemplo que les damos

Por supuesto. Una madre le puede decir a su hija que luche por sus sueños, pero si luego es una madre abnegada que se pone en tercer lugar siempre y no lucha por tener la vida que sueña, no sirve de nada, porque la hija la va a imitar por “lealtad familiar”. Repetimos -inconscientemente- comportamientos para unirnos a nuestros padres, aunque sean negligentes. Es una forma de crear un lazo emocional.

Si su manera de afrontar el mundo es ganadora, es resiliente, es fuerte, el niño lo va a imitar de forma natural. Si un padre se está quejando todo el día de la pandemia, de lo mal que lo hacen los políticos y lo víctima que es de las circunstancias, sin querer, está generando un patrón de victimismo en sus hijos.

En el libro diferencias el jugar a no perder de jugar a ganar.  ¿Cómo se puede ayudar a los niños a jugar a ganar?

Cuando decides desde el amor, estás jugando a ganar. Cuando decides desde el miedo estás jugando a no perder. Nos relacionamos con el exterior desde el amor a los demás y a uno mismo, pero hay una línea de “amor firme” que no se debe traspasar. Traducido al mundo infantil, el niño cuando va al cole es generoso con sus compañeros y es divertido, pero si algún compañero traspasa alguna línea emocional que le hace daño, es necesario que el niño ponga un límite, que sepa defenderse.

¿Como aconsejarías a las familias afrontar este 2021?

Yo les diría que se den una oportunidad, que vuelvan a empezar desde cero. La vida continúa siempre, amanece siempre cada día.

Que se hagan la siguiente pregunta: Si yo pudiera extraer una pepita de oro del 2020 ¿Cuál sería?

 

Cómo desarrollar las competencias emocionales de los niños y adolescentes

La profesora Eva Solaz es la creadora de RETO, un proyecto de educación emocional

 

La red de escuelas RETO abre las puertas a las emociones reservando dentro de sus centros, espacio y tiempo para el desarrollo de las habilidades emocionales. El libro, Emociones, todo un reto, explica cómo poner en marcha este programa y propone una guía de actividades que promueven el respeto, la empatía y la tolerancia.

 

Eva R. Soler

 

RETO responde al acrónimo de Respeto, Empatía y Tolerancia. Esos valores son la base de este proyecto de educación emocional, cuyo objetivo es la mejora de la convivencia en los centros escolares. La creadora de este programa es la profesora especializada en pedagogía terapéutica Eva Solaz, que asegura “estar convencida de que, si dedicamos espacios y tiempos en los centros educativos a educar a ser y a convivir, las palabras “bulling” y acoso dejarán de pertenecer a nuestro vocabulario”. Actualmente, hay 200 escuelas RETO de educación infantil y primaria repartidas por España y América Latina. Y durante este curso 2020-21, el programa ha saltado a la etapa de educación secundaria y se ha puesto en marcha en 15 IES. Además, para facilitar el trabajo de los docentes y responsables, Solaz ha publicado el libro “Emociones, todo un reto”, que explica detalladamente el programa y constituye una guía práctica de actividades para poner en marcha en los centros educativos de secundaria y, por qué no, también en casa.

Eva Solaz opina que la educación emocional debe formar parte de nuestra programación de aula como eje transversal, debemos enseñar a ser y convivir dedicando un tiempo y un espacio a este aprendizaje. “Si dotamos de las competencias emocionales necesarias para aprender a identificar, expresar y gestionar las emociones, el alumnado alcanzará un desarrollo integral, cognitiva y emocional. De esta forma, se resolverán los conflictos a través del diálogo, se desarrollará el respeto a la diversidad, los niños y adolescentes aprenderán a ser empáticos… En definitiva, se convertirán en buenas personas”, añade la profesora.

Precisamente son esos problemas (la falta de empatía hacia los sentimientos de los demás, dificultades a la hora de expresar las emociones y problemas para resolver los conflictos a través del diálogo) los que suelen formar parte del día a día de los centros educativos. Por eso, la pedagoga apunta que en el siglo XXI la educación emocional debe formar parte de los proyectos de las escuelas e institutos: “Necesitamos desarrollar las competencias emocionales en nuestro alumnado, pues sólo de esta forma podremos cambiar la sociedad actual por una más respetuosa, empática y tolerante”.

Adentrarse en el trabajo emocional con adolescentes y, más aún, cuando no se ha desarrollado previamente la conciencia emocional es tan necesario que merece la pena enfrentarse a lo desconocido sabiendo que también aquello que no conocemos, que nos da miedo forma parte de las emociones, apunta Solaz. La prevención es la clave para dejar de hablar de acoso escolar, insiste la empresa.

 

EL PROGRAMA RETO, PASO A PASO

Eva Solaz explica cómo pone en marcha el Programa Reto en cada centro educativo.

 

1.-Envío a todos los centros las carpetas para el profesorado con los recursos necesarios: tablas de acompañamiento emocional, música, juegos, meditaciones y relajaciones guiadas…

 

2.-Las tutoras y los tutores dedican una sesión semanal para desarrollar las competencias emocionales de su alumnado a través de las actividades y juegos programados para cada trimestre.

 

3.-Los especialistas ponen en marcha diferentes propuestas: ejercicios musicales, la práctica del yoga, ejercicios de meditación, coordinación de los espacios de calma, creación de los bancos de la paz, juegos en inglés…

 

4.-El equipo directivo coordina todo el proyecto y supervisa las actividades realizadas en los espacios de calma.

 

5.-El orientador/a realiza la formación de los/as mediadores/as, supervisa los espacios destinados a la resolución de conflictos y coordina las diferentes actuaciones de los/as tutores/as.

 

8.-Los/as especialistas de pedagogía terapéutica y audición y lenguaje colaboran con los/as tutores/as en las sesiones semanales RETO. “De esta forma podemos dar la atención necesaria a todos los alumnos en las dinámicas de expresión de emociones”

ACTIVIDADES PARA FAMILIAS

“La familia es un punto clave del proyecto. En la reunión de principio de curso les presentamos el proyecto y les comentamos lo importante que es su colaboración en el mismo”. Para abordar los temas que les proponemos, dotamos a las familias de pautas y recursos. Las actividades destinadas a las familias son:

*El árbol de los deseos: En septiembre, las familias escriben en un árbol que hemos creado en cada centro, los deseos que tienen para el curso escolar.

*Felicitaciones: Durante el primer mes, recibimos las felicitaciones de todas las familias a sus hijos e hijas, así comienza el proyecto en clase. Cuando las tenemos todas, las colocamos en sus mesas para que sea lo primero que ven cuando llegan a clase.

*Bibliografía: Cada curso, enviamos recomendaciones de lectura para las familias, con un apartado para padres y otro para el alumnado.

*Escuela de Padres: Sigue los bloques temáticos del proyecto:

-Identificar emociones

-Aprender a expresar los sentimientos

-Educar en el respeto

-Conocer técnicas sencillas de relajación

-Aprender a resolver los conflictos a través del diálogo

 

BENEFICIOS PARA LOS ALUMNOS Y PARA LA ESCUELA

*Expresan mejor sus emociones y sentimientos

*Aumentan su vocabulario emocional

*Desarrollo de la empatía, la tolerancia y el díálogo

*Son más respetuosos con sus compañeros y compañeras

*Aprender a resolver conflictos a través del diálogo

*Potencian su creatividad

*Mejora de las actitudes hacia sí mismo, hacia los demás y hacia la escuela

*Se reducen las conductas disruptivas

 

 

 

Ricardo Ibarra: “Los niños españoles sufrieron el confinamiento más largo de Europa”

Por Rodrigo Santodomingo

 

Pocos escuchan la voz de los menores como colectivo. Sin apenas capacidad de influencia, han de confiar la defensa de sus derechos a entidades de adultos como Plataforma de Infancia. Su director, Ricardo Ibarra, apunta al motivo por el que la Educación casi no ha pesado en las decisiones políticas de los últimos meses: genera poco dinero.

 

El curso avanza bajo una triste paradoja: se habla más sobre la escuela que nunca, pero muy poco de Educación.

El foco se centra en las medidas sanitarias, que tememos sean desproporcionadas. Quizá las admininistraciones estén siendo en exceso protectoras, sin tener en cuenta el impacto de sus deciciones sobre la infancia, en parte porque la Educación —a diferencia por ejemplo de la hostelería— no es una actividad económica clave. Se está poniendo demasiado el énfasis en minimizar el riesgo de contagio y no tanto en otras cuestiones: aumento de la desigualdad educativa, calidad de la enseñanza digital…

 

¿Ha quedado relegado a un segundo plano el derecho a la Educación?

Se han adoptado a la ligera medidas restrictivas para los derechos de la infancia, entre ellos a la Educación, pero no solo, también en el ámbito del ocio. Está claro que hay que garantizar el derecho a la salud. Pero hemos de valorar adecuadamente qué grado de riesgo consideramos aceptable. Un debate este muy activo en cuanto al impacto económico de las restricciones y no tanto en aquello que afecta negativamente a la infancia. Es significativo que los niños españoles hayan sufrido, durante la primera ola, el confinamiento domiciliario más largo de Europa.

 

A la vista de cómo actúa el virus entre los menores, ¿hemos pecado de alarmistas? Esas declaraciones de algunos grupos de madres y padres, tipo “nos jugamos la vida de nuestros hijos”. Sin subestimar el papel transmisor de los niños, lo cierto es que, sin patologías previas, parece que el riesgo para su salud es mínimo.

Hablar en esos términos era comprensible en marzo o abril, cuando aún se pensaba que los menores podían ser supercontagiadores o incluso población de riesgo. Tal incertidumbre justificó en su momento el afán protector de los padres, pero poco a poco las hipótesis más preocupantes han quedado desmentidas a la luz la evidencia. Sin embargo, no hemos sido capaces de pasar a hablar con propiedad de la enfermedad en la infancia. Los niños, por desgracia, no tienen la capacidad de defender sus intereses como lo hacen, por ejemplo, los sectores empresariales. Y esta indefensión al final pesa en las decisiones de los gobernantes.

 

En muchos casos, el temor de los padres al contagio de sus hijos viene de que ellos mismos son población de riesgo, por el contacto con los abuelos… ¿Qué opina de las familias que han optado por suspender la escolarización de sus hijos?

Hay situaciones muy dispares, resulta complicado juzgar. Sostenemos que hay padres que, quizá por falta de información, se muestran demasiado cautelosos sin darse cuenta de que la escuela no solo cumple una función académica, sino que es fundamental para la salud mental del menor, su socialización, su actividad física… A lo mejor algunos padres que han tomado esa decisión no están poniendo en valor estas cuestiones.

 

Tanto en cuestiones sanitarias como puramente educativas, las administraciones se han visto en ocasiones desbordadas y han apelado a la autonomía de centros. Muchos ven una oportunidad para que los colegios públicos y concertados profundicen en una oferta pedagógica propia.

Confíamos en que todo este mal que ha provocado la pandemia sirva al menos para poner en valor la educación. Para que las familias aprecien más el trabajo que hacen sus escuelas y se impliquen con mayor intensidad en su día a día, creando entre todos centros con personalidad. Y para que las administraciones confíen más en los auténticos profesionales de la educación, que son los docentes. Reinvindicamos también que la mayor inversión educativa que ha propiciado la pandemia no sea solo un parche y podamos abordar por fin cuestiones de fondo: fracaso escolar, transformación digital…

 

¿Se ha tratado adecuadamente a los alumnos más vulnerables, a las víctimas de la brecha sociodigital?

Partíamos de una situación precaria, con la mayor tasa de abandono escolar temprano de la Unión Europea y altos índices de desigualdad. Al tratar de apoyar a los más desfavorecidos, aquellos que más han sufrido la pandemia, se ha llegado mal y tarde. Las ayudas han sido puntuales y parciales. Durante el confinamiento ha habido niños y niñas que han estado cuatro meses sin ningún contacto educativo. Estamos muy preocupados sobre cómo va a salir de esta situación la infancia más vulnerable.

 

¿Afectará negativamente la semipresencialidad a esos adolescentes que se encuentran al filo del fracaso?

La presencialidad plena es la mejor herramienta para abordar las desigualdades y rescatar a los alumnos que se han desenganchado del sistema. Debería ser una prioridad volver a ella cuanto antes, sobre todo entre grupos en riesgo de exclusión, priorizando alumnado si es necesario. Si no queda otra que continuar durante un tiempo prolongado con la enseñanza a distancia en Secundaria, habría que mejorar mucho la planificación y aumentar la dotación de recursos. Si no damos oportunidades en edades clave, luego no nos sorprendamos de la precariedad laboral o las grandes bolsas de pobreza.

 

Incluso siendo egoistas como sociedad, apostar por las oportunidades educativas puede contribuir a largo plazo a reducir la delincuencia y la conflictividad social.

La pobreza infantil es una cicatriz que marca para toda la vida. El 80% de las personas que han sido pobres en su infancia lo serán en su vida adulta. Los niños y jóvenes pobres ven sus oportunidades reducidas y muchos toman deciciones que no son beneficiosas para ellos: dejan sus estudios, entran en la criminalidad, descuidan su salud. Por desgracia, en España sigue sin considerarse la Educación y la protección de la infancia como verdaderas responsabilidades de Estado.

 

 

 

Abusos en la infancia: ¿Cómo parar la violencia hacia los niños?

La pandemia ha hecho que aumente de forma significativa la violencia a menores tanto en la familia como en el medio digital. Una nueva ley trata de frenarla y prevenirla.

 

Por Olga Fernández

 

La pandemia ha sacado a la luz muchas sombras. Durante el confinamiento, la violencia a menores se disparó. La Fundación ANAR, a través de sus líneas de ayuda a niños y adolescentes (especialmente el Chat ANAR), atendió un total de 3.803 peticiones de ayuda, de las cuales, la mitad (50%) fueron por violencia. Durante los meses que duró el confinamiento, los casos de maltrato intrafamiliar fueron los más frecuentes, sobre todo violencia doméstica (maltrato físico y psicológico), seguidos de violencia de género, abuso sexual y abandono. En cuanto a la violencia extra familiar, destacó el ciberbullying, el acoso escolar, el grooming o sexting. “Las situaciones de estrés que padecen las familias han aumentado durante la pandemia, bien por la pérdida de familiares, de trabajo o por el propio confinamiento, lo que dificulta la convivencia. A esto hay que añadir que no se han establecido canales de comunicación eficaces para que los niños puedan denunciar estas situaciones”, explica Clara Martínez, directora de la Cátedra Santander de los Derechos del Niño de la Universidad de Comillas ICADE y coordinadora del libro “Abuso y sociedad contemporánea. Reflexiones multidisciplinares”.

Tras el confinamiento, en junio de 2020, se tramitó el Proyecto de Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, cuyo texto deja claro que “la protección de las personas menores de edad es una obligación prioritaria de los poderes públicos, reconocida en el artículo 39 de la Constitución Española y en diversos tratados internacionales, entre los que destaca la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 y ratificada por España en 1990”. El texto también aporta datos sobre los entornos donde con más frecuencia se produce este tipo de violencia: “Puede pasar desapercibida en numerosas ocasiones por la intimidad de los ámbitos en los que tiene lugar, tal es el caso de las esferas familiar y escolar, entornos en los que suceden la mayor parte de los incidentes y que, en todo caso, debieran ser marcos de seguridad y desarrollo personal para niños, niñas y adolescentes”. O sobre el perfil de menores más afectados: “Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad son sujetos especialmente sensibles y vulnerables a esta tipología de violencia”. Algo que también confirma Clara Martínez: “Las niñas con discapacidad es el colectivo más agredido”.

 

Prevenir la violencia en la familia

La nueva ley se centra en la prevención de la violencia en distintos ámbitos. Un punto clave para conseguirlo reside en el “ejercicio positivo de la parentalidad”: un concepto que se refiere al comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan el pleno desarrollo del niño. “En la familia, es muy importante enseñar a los padres buen trato. Deben sensibilizarse y saber que los hijos son personas que tienen derechos y dignidad. La patria potestad que ejercen no es absoluta, tiene límites. El ejercicio positivo de la parentalidad se basa en dos principios básicos: el interés superior del niño (no se pueden tomar decisiones que vulneren sus derechos) y escuchar a los hijos (no se puede saber qué es lo mejor para él si no es escuchándolo)”, explica Clara Martínez.  La experta apunta también a la “autonomía progresiva de la voluntad”, un concepto que se traduce en no imponer de manera unilateral las decisiones que afecten al niño sin tenerle en cuenta, “sobre todo si es un adolescente”, dice.  “Se trata de erradicar la violencia pero sin renunciar a la disciplina, es decir, que haya formas de disciplina no violentas”, añade.

Recientemente, el Consejo de Europa ha publicado una nueva guía de orientación sobre «Crianza de los hijos en la era digital” que contiene «estrategias de crianza positiva para diferentes escenarios». La guía promueve la idea de que las prácticas parentales positivas, basadas en la comunicación abierta y la confianza, deben extenderse al mundo digital, y proporciona consejos prácticos sobre cómo reaccionar, como padre o cuidador, a situaciones críticas que enfrentan los niños. Del mismo modo, los padres y cuidadores deben vigilar de cerca sus propios comportamientos en el mundo digital (compartiendo imágenes, por ejemplo) o el tiempo de uso de las tecnologías digitales durante el día.
La organización Save the Children resume en 10 consejos lo que es la parentalidad positiva para una educación libre de castigo físico: 1. Los niños y niñas tienen derecho al cuidado y guía apropiados; 2. La parentalidad positiva se basa en : conocer, proteger y dialogar; 3. El vínculo afectivo es determinante; 4. El afecto debe demostrarse abiertamente para que los niños y las niñas se sientan queridos; 5. Las normas y límites son importantes: les dan seguridad; 6. Los niños y las niñas deben participar en el proceso de tomar decisiones y sentirse responsables; 7. Se les puede sancionar cuando se portan mal, pero no de cualquier forma; 8. El cachete, el insulto, la amenaza o los gritos no son eficaces ni adecuados para educar a los niños y las niñas; 9. Los conflictos pueden resolverse sin violencia; 10. Para que los niños y niñas estén bien, los padres tienen que estar bien.

 

Cómo ayudar desde la escuela

Entre las medidas de protección que propone ANAR, la educación es una de ellas. Pues no hay que perder de vista que la escuela viene siendo la institución protectora de la infancia por excelencia, al ser el lugar ideal para ello, así como para la detección. “Si el profesor es capaz de crear un clima de seguridad y confianza en el aula, donde las normas de convivencia están claramente establecidas y rige el respeto, será más fácil gestionar las situaciones de acoso y que la victima se sienta libre para hablar”, apunta Inmaculada Abad, psicóloga infantojuvenil del equipo de ISEP Clínic Barcelona.

El título II de la nueva ley está dedicado a regular el deber de comunicación de las situaciones de violencia. En este sentido, se establece un deber genérico, que afecta a toda la ciudadanía, de comunicar de forma inmediata a la autoridad competente la existencia de indicios de violencia ejercida sobre niños, niñas o adolescentes. Este deber de comunicación se configura de una forma más exigente para aquellos colectivos que tienen encomendada la asistencia, el cuidado, la enseñanza o la protección de personas menores de edad: personal cualificado de los centros sanitarios, centros escolares, y centros de deporte y ocio y establecimientos en los que residan habitualmente niños, niñas o adolescentes. En estos supuestos, establece la obligación de las Administraciones Públicas competentes de facilitar mecanismos adecuados de comunicación e intercambio de información.

Y algo importante: la nueva ley también crea nuevos tipos delictivos para evitar la impunidad de conductas realizadas a través de medios tecnológicos y de la comunicación, de manera que castiga a quienes, a través de estos medios, promuevan el suicidio, la autolesión o los trastornos alimenticios entre personas menores de edad, así como la comisión de delitos de naturaleza sexual contra estas.

 

 

Inmaculada Abad: “Si la violencia se produce en el centro escolar, observaremos que el niño no quiere ir a la escuela”

Hablamos con Inmaculada Abad, psicóloga infantojuvenil del equipo de ISEP Clínic Barcelona.

 

Por Olga Fernández

Durante el confinamiento aumentó la violencia hacia los niños y adolescentes, incluida la on line. ¿Cómo saber que un niño sufre violencia, qué síntomas de su conducta nos pueden alertar?

Existen cambios que nos pueden hacer sospechar que un niño esta siendo víctima de violencia, uno de los primeros que observamos son los cambios en el rendimiento escolar, se suelen mostrar más apáticos y les cuesta concentrarse.
También podemos observar quejas a nivel somático como dolores de barriga o de cabeza, así como cambios en el apetito y sueño. El niño puede expresar estar cansado porque no duerme bien, decir que no tiene hambre,…

Finalmente, su estado de ánimo también puede ser indicativo de que algo le esta ocurriendo, se puede mostrar triste, sin ganas de participar en las actividades escolares, o bien presentar ansiedad y nerviosismo.

Si la violencia se produce en el centro escolar con frecuencia observaremos que el niño no quiere ir a la escuela y pide quedarse en casa porque no se encuentra bien.

 

Si el profesor detecta estos casos, ¿cuál es el protocolo a seguir?

Los centros escolares tienen protocolos de cómo actuar en los casos de acoso escolar. Es importante que el profesor pida consejo al equipo de  asesoramiento y orientación psicopedagógica (EAP), ellos podrán realizar una evaluación psicológica del niño y derivar o implementar las medidas necesarias.

 

¿Cómo enseñar buen trato a los padres hacia los hijos?

En primer lugar, es absolutamente importante que los padres entiendan que son el primer modelo de comportamiento para sus hijos y por lo tanto debemos comportarnos con la misma conciencia y regulación que les pedimos a ellos. Si queremos que el hogar sea un espacio de comunicación y de confianza, es importante que los niños se sientan siempre escuchados y no únicamente preguntados. Debemos entender que hay momentos en los que estarán más receptivos y respetar los momentos en lo que no.

Los padres también pueden educar las emociones de sus hijos, enseñándoles a tomar conciencia de lo que sienten, a comunicar sus emociones y mostrarles formas para gestionar sus sentimientos y las situaciones de conflicto.

 

 

 

 

Jesús Figuerola: “La competencia lectora nos ayuda a ser más libres”

 

Jesús Figuerola es editor, pero también maestro. Cuatro décadas acompañando a estudiantes en la enseñanza de la lengua avalan su experiencia y sus conocimientos en un tema que ha preocupado especialmente a las últimas generaciones de padres: el fomento de la lectura. Educar en la lectura (Plataforma Editorial) es un compendio de consejos que huye de las recetas mágicas e infalibles para ayudar a las familias a acompañar a sus hijos e hijas en el maravilloso y luminoso camino hacia el placer de la lectura.

 

Por Adrián Cordellat

Desde el principio aclara que quien se acerque a él no va a conseguir necesariamente que sus hijos se aficionen a la lectura. Nos hemos acostumbrado a supuestas recetas milagrosas, pero el hábito y la afición a la lectura no entienden de milagros ni de soluciones rápidas.

Llevo cuarenta años dedicado a la docencia y de repente me he encontrado con chavales que en ambientes absolutamente nefastos son lectores fantásticos, mientras que otros en familias lectoras no leen. Pero en general esto no es así. Sabemos que es lo que funciona y lo que no, aunque no hay recetas mágicas. En este libro tampoco descubro nada nuevo, sino que junto ideas para trazar un camino hacia el fomento de la lectura.

Como dice en la introducción, una cosa es leer, que hoy en día es algo que saber hacer prácticamente todo el mundo, pero otra muy distinta es tener una buena competencia lectora.

Leer leemos todos. La competencia lectora es otra cosa, porque implica saber interpretar críticamente lo que estamos leyendo, saber extraer información para crearte tú mismo tus propias ideas. Esta competencia lectora es importante porque nos ayuda a ser más libres y críticos y a construir conocimiento. Ahora estamos viviendo el fenómeno de las fake news. Sin una buena competencia lectora es difícil diferenciar entre lo que es cierto y lo que no.

El libro está enfocado principalmente a madres y padres. A ellos les pone el ejemplo de la escuela y la tradicional lectura obligatoria. ¿Hay algo que haya hecho más daño a la lectura que la obligación?

Yo defiendo mucho la labor espléndida de los maestros porque sin ellos no tendríamos los índices de lectura que tenemos. Eso es innegable. También que en algunos momentos hay que obligar a leer e imponer lecturas prescriptivas para que los alumnos a lo largo de su recorrido académico lean obras importantes de la literatura universal. Otra cosa es que nos quedemos ahí exclusivamente, porque entonces el niño identifica lectura con obligación y ya vamos mal. Hay que ir más allá y en ese más allá a las escuelas les falta algo: crear animación lectora, convertir las bibliotecas escolares en espacios donde los niños tengan libertad para elegir sus lecturas, dar a los niños la posibilidad de elegir sus libros.

 

 

A mí me ha gustado la idea de no menospreciar el cómic. ¿Por qué tenemos esa tendencia a minusvalorar el cómic cuando es con toda seguridad uno de los géneros que más lectores ha generado?

Es una pregunta que yo también me he hecho muchas veces porque el cómic funciona como una buena puerta de entrada a la lectura. Y no necesariamente como un paso previo hacia la lectura de libros tradicionales, porque en estos momentos el cómic tiene una entidad suficiente para que existan lectores adultos de cómic, es un género literario en sí mismo.

También señala la importancia de no menospreciar los gustos de nuestros hijos y de respetar su criterio lector. ¿Tendemos los padres a forzar sus gustos, a imponer sin casi darnos cuenta lecturas?

Yo creo que sí. Hay de todo, claro, pero sí que tenemos una tendencia a pensar que aquello que a nosotros nos fue bien, les irá bien a nuestros hijos; y a la inversa, ya que aquellos autores que no nos gustan a nosotros no somos capaces de entender por qué les gustan a ellos. La lectura tiene una parte de obligación cuando uno estudia, pero a la vez se trata de crear el gusto por la lectura y eso implica clarísimamente capacidad de elección. Nosotros les podemos conducir, pero al final los gustos lectores son una decisión personal.

Luego dedica un epígrafe a las cosas que sí debemos hacer, entre las que se incluye el ejemplo. ¿De padres lectores es más fácil que broten hijos lectores?

Totalmente. Es la piedra angular. El aprendizaje vicario, aquel que se adquiere no por lo que te dicen, sino por lo que ves, es fundamental. En todo. Y con la lectura no iba a ser menos. Es muy difícil que la lectura por placer anide en unos niños si los padres no tienen una actitud positiva ante la lectura.

En el libro, como decimos, hay muchos consejos para fomentar la lectura, pero si tuviera que quedarse con solo tres, ¿cuáles serían?

El primero, sin duda, el valor del ejemplo que acabamos de comentar. El segundo es que haya libros en casa. Existen estudios que relacionan de forma directa el nivel lector de los niños con la cantidad de libros que tienen en su casa. Evidentemente esos libros no tienen que estar a juego con el sofá, si no ser libros que estén vivos, que estén en contacto con los padres y los niños. Por último, destacaría la importancia de que los niños vivan los espacios donde la literatura y los libros tienen actividad, como los cuentacuentos, los teatros, las librerías o las bibliotecas. Todas estas actividades, que además suelen ser gratuitas o muy baratas, son una forma muy sencilla de acercar a los niños al universo del libro.

Ha citado la importancia de tener libros en casa. A la que yo añadiría el tenerlos a mano de los niños, aunque no sean de su edad.

Es que los libros no son jarrones chinos, sino objetos de uso. Las bibliotecas suelen decir que es interesante que los libros se estropeen, porque eso quiere decir que se están usando. No deberíamos tener miedo de que los niños abran nuestros libros y los hojeen. Y si en algún momento rompen una página tampoco pasa nada, no me parece que sea algo trascendental. Lo es mucho más que los niños estén en contacto con los libros, que puedan abrirlos, tocarlos, experimentarlos.