Cómo conseguir la inclusión en el aula

Métodos basados en evidencia científica

 

Fomentar la inclusión en la escuela de los grupos más desfavorecidos por etnia, clase social o sexo consigue mejores resultados académicos. ¿Cómo llevarla a cabo?

 

Por Olga Fernández

La inclusión en el aula debe hacerse con ciencia. Así se recoge en numerosos artículos de investigación científica internacional que han demostrado las mejoras de resultados que se obtienen cuando se substituyen las prácticas basadas en edumitos (falsas ideas sobre los estilos de aprendizaje) por las que parten de evidencias científicas de impacto social (Díez-Palomar J. 2020European Commission 2019). En el documento publicado por la Unión Europea, donde se resumen los resultados del Foro de 2019 sobre el futuro del aprendizaje, se destaca el debate en el aula como forma clave de promover la inclusión: “El debate en esta área debe incluir discusiones sobre las causas del extremismo y cómo abordar cuestiones controvertidas”. También se subraya el valor de participar en actividades fuera de la educación formal: “Vínculos activos y cooperación entre la educación formal y no formal”. O cómo fortalecer la inclusión al involucrar a los estudiantes en el diseño y la creación de estrategias educativas, transformándolos en co-creadores, en lugar de ser simples receptores de la educación.

La Dirección General de Educación a nivel europeo publica el European Toolkit for Schools para profesorado y escuelas incluyendo en él, entre otras, prácticas basadas en evidencias científicas de impacto social.

 

No inclusión y fracaso escolar

Existe correlación directa entre la no inclusión y el bajo rendimiento escolar y el fracaso escolar. “Cuando hablamos de inclusión nos referimos a que todos los estudiantes tengan la mejor educación que les permita adquirir los conocimientos necesarios para poder desarrollarse sin problema en la actual sociedad. Pero esto actualmente no está pasando, ya que los índices de fracaso escolar se concentran en determinados colectivos”, expone Teresa Sordé, que además de ser doctora por la Universidad de Harvard y la Universidad de Barcelona, es profesora del Departamento de Sociología de la UAB con vinculación al Grupo de Estudios en Migraciones y Minorías Étnicas. Para esta experta, que actualmente dirige el H2020 REFUGE-ED sobre la implementación de actuaciones educativas de éxito en contextos que van desde campos de refugiados a centros de recepción para migrantes, la equidad en la escuela requiere sustituir los edumitos por prácticas guiadas por evidencias científicas de impacto social. “Un ejemplo muy claro de edumito es la idea de que los hijos e hijas de familias con bajos ingresos económicos o cuyos padres no tienen un título de educación superior tienden a fracasar más. Sí está comprobado que existe una correlación entre familias con bajo nivel socioeconómico y el fracaso escolar de sus hijos e hijas, pero esto no quiere decir que la causa del fracaso sea el nivel económico de la familia. Se confunde correlación con causalidad, y esto hace que se proyecten bajas expectativas. Esta falsa creencia hace que se culpabilice a las familias del fracaso escolar de sus hijos e hijas cuando no es así. La causa del fracaso es el tipo de practicas educativas que se realizan en la escuela y que no funcionan. Hay escuelas que trabajan con niños desfavorecidos y consiguen buenos resultados mientras que otras no”, explica Sordé.

El estudio “Convertir las dificultades en posibilidades: involucrar a las familias y estudiantes gitanos en la escuela a través del aprendizaje dialógico” (Flecha, R. & Soler, M 2013), llevado a cabo como parte del Proyecto Integrado INCLUD-ED y financiado por la Unión Europea, pone de manifiesto que hay centros educativos de los niveles socio-económicos más bajos dentro de su país, con familias inmigrantes pobres de muy diferentes procedencias y bajos niveles escolares, que obtienen en matemáticas, lengua, y otras materias los mismos resultados que la media de su país e incluso que la media de los centros de más altos niveles socio-económicos.

 

Desigualdad por género

Los estereotipos de género condicionan la mayoría de las decisiones que se toman a nivel académico y profesional.  Según Milagros Sáinz, psicóloga y directora del grupo de Género y TIC (GENTIC) en el IN3 de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), existen desigualdades por razón de género en la escuela pero el profesorado no es consciente de ello. ¿Por qué? “Porque se parte de la base de que la escuela es un entorno igualitario, donde se promueven valores de igualdad entre hombres y mujeres y donde el profesorado percibe que no trasmite estereotipos. Por ejemplo, en los materiales didácticos apenas hay referencias de mujeres y sus aportaciones a la lengua, la ciencia, a la literatura… Hay estudios que han demostrado que solo aparece un 7% de la aportación femenina en los materiales didácticos”, argumenta esta experta, cuyas líneas de investigación giran en torno al desarrollo de roles y estereotipos de género durante la infancia y la adolescencia.

Otro ejemplo de no igualdad es cómo se utiliza el género en los enunciados de los problemas: se asocia el femenino a unas profesiones y el masculino a otras. “Se trata de utilizar un lenguaje no sexista”, apunta Sáinz. Quien también señala a las dinámicas de las clases: “Te encuentras que, en la adolescencia, las chicas solo quieren estar con las chicas y los chicos con los chicos. El profesor debe romper esa dinámica y crear grupos mixtos, donde el portavoz del grupo no sea siempre un chico. Los roles deben estar igualmente distribuidos”.

Diferentes estudios ponen de manifiesto cómo las chicas se consideran menos competentes de lo que realmente son, a pesar de tener notas iguales o superiores a sus compañeros en materias vinculadas a la ciencia y la tecnología (Sáinz, 2020; Voyer y Voyer, 2014). En cambio, los chicos tienden a considerarse mejores de lo que realmente son en aquellas asignaturas ligadas a la ciencia y la tecnología. “Ocurre sobre todo en la adolescencia, a partir de segundo curso de ESO, las chicas a pesar de tener notas equiparables o incluso mejores que sus compañeros en materias como tecnología, informática o física, se consideran menos competentes de lo que realmente son. Bajo mi punto de vista, sucede porque existe el estereotipo de que no son buenas”, señala Milagros Sáinz. Entre las practicas que aconseja esta experta para desmontar los estereotipos se encuentra el trabajo con textos y películas para debatir posteriormente su contenido, “por ejemplo, discutir por qué está mal visto que un niño se dedique al ballet”; además de trabajar en grupos y realizar actividades en las que sean partícipes para denunciar situaciones de discriminación por género.

 


 

De escuela a comunidad de aprendizaje

Una muestra de inclusión es lo logrado en el colegio público Joaquim Ruyra, de Barcelona, donde se fomenta la participación de alumnos, profesores, padres y voluntarios en la educación. La escuela se ha transformado en una comunidad de aprendizaje: las familias, los vecinos y la gente del barrio y de la ciudad pueden participar en lo que sucede en el colegio. Los voluntarios se ubican en los grupos interactivos donde los protagonistas son los niños y dicen al voluntario lo que tiene que hacer en cada momento; el voluntario solo dinamiza al grupo de alumnos para que todos participen y desarrollen todas las habilidades que tienen en común. Si un alumno no entiende algo, el profesor lo explica de otra forma.

También es habitual que las familias incorporen en las aulas sus rasgos culturales característicos, ya que esto promociona los aprendizajes y la convivencia. Además trabajan las tertulias literarias, musicales, artísticas y científicas. Por ejemplo, se lee un fragmento de la obra “Romeo y Julieta” en el que Julieta está obligada a casarse con una persona que no quiere. A partir de aquí se establece un debate sobre si está bien imponer con quién hay que casarse y si esto sucede actualmente en sus países.

Los resultados académicos obtenidos en esta escuela son superiores a otros colegios de élite de Cataluña.

 

 

Teresa Sordé: “Los profesores deben tener una formación basada en evidencias científicas de impacto social”

Teresa Sordé es doctora por la Universidad de Harvard y la Universidad de Barcelona y profesora del Departamento de Sociología de la UAB y vinculada al Grupo de Estudios en Migraciones y Minorías Étnicas.

 

Por Olga Fernández

 

¿Existe discriminación en la escuela por razón social o de etnia?

Las leyes que discriminaban abiertamente a determinados sectores de la sociedad ya se han erradicado, pero esto no quiere decir que hayamos alcanzado la igualdad completa. Existen muchos factores de discriminación indirecta. Por ejemplo, los datos indican que el abandono escolar afecta más a los hijos de familias inmigrantes o a chicos y chicas pertenecientes a minorías étnicas.

 

¿Qué colectivos son los más excluidos?

El fracaso escolar se concentra en hijos e hijas de inmigrantes, en minorías étnicas como la gitana y en familias de bajo nivel socioeconómico. ¿La causa de estas estadísticas es la etnia, el nivel de ingresos o la cultura? No. Depende de a qué escuela vayan. El problema no es el origen étnico o cultural de estos chicos y chicas sino lo que se hace con ellos en la escuela, es decir, el método de inclusión que se sigue.

 

¿Cuál es el método que deben seguir los profesores para conseguir la inclusión?

Lo importante es que tengan una formación basada en evidencias científicas de impacto social. De la misma forma que a los médicos e ingenieros se les exige esta formación, los maestros también deben saber si lo que hacen está avalado por la evidencia científica.

 

Habla mucho de los edumitos en la educación, ¿qué son exactamente?

Son creencias muy extendidas que influyen en las prácticas educativas y que carecen de evidencia científica que las avale. No solo no han demostrado que mejoren los resultados académicos sino que en muchos casos impiden el éxito educativo.

 

Cómo conseguir la inclusión en el aula

 

 

Pepe Serrano: “Niños y adolescentes, independientemente del tipo de dieta, necesitan tener a su alcance alimentos saludables y evitar los malsanos”

Las dietas vegetarianas y veganas son perfectamente válidas en cualquier etapa de la vida. Incluida la infancia. De la falta de información en este ámbito, y de la necesidad de tenerla, nace Alimentación vegetariana en la infancia.

 

 

Por Diana Oliver

 

Las dietas vegetarianas y veganas son perfectamente válidas en cualquier etapa de la vida. Incluida la infancia. De la falta de información en este ámbito, y de la necesidad de tenerla, nace Alimentación vegetariana en la infancia (Debolsillo Clave), un libro escrito a cuatro manos por tres dietistas-nutricionistas, Julio Basulto, María Manera y María Blanquer, y por un pediatra, Pepe Serrano. Se trata de una amplia y rigurosa guía sobre alimentación vegetariana desde la infancia en la que encontramos información práctica, recomendaciones  e ideas de menús y recetas. Pero no sólo está dirigida a quienes siguen este tipo de dietas, sino que podría ser perfectamente válida para familias que desean mejorar su alimentación, o reducir el consumo de proteína animal. Porque como dice Pepe Serrano en esta entrevista, todas las dietas, ya sean omnívoras o vegetarianas, deben planificarse y meditarse de forma adecuada para que sean realmente saludables. ¿La única diferencia entre unas dietas y otras? De dónde sale la proteína.

 

El entorno familiar y social no se lo pone muy fácil a las familias que optan por una dieta vegetariana. ¿Vamos cambiando, poco a poco, y normalizando este tipo de dietas?

 

En general, creo que sí. La alimentación vegetariana cada vez está más normalizada. No hay más que ver los anuncios de la tele, en los que cada vez se publicitan más alimentos etiquetados como veganos. Los mismos anunciantes que no hace demasiado hacían cierta sorna de productos de origen vegetal ahora promocionan productos veggies a todo trapo. No nos engañemos, si el lobby de la industria ha entrado ahí es que más que de una moda estamos hablando de una tendencia con una clara predisposición al alza.

 

¿Se nota una evolución en las consultas de pediatría en este sentido?

 

En consulta lo que cada vez vemos con más frecuencia son niñas y niños de siete u ocho años, o más mayores, que manifiestan su deseo de dejar de comer animales. En la gran mayoría de los casos lo hacen por motivos éticos. Y a mí, personalmente, me parecen posturas encomiables y siempre dignas de tener en cuenta.

 

¿Cómo planificar una dieta vegetariana de forma saludable?

 

La planificación de la dieta debería iniciarse en el momento en que tomamos papel y lápiz para diseñar los menús de la semana. En este aspecto no difiere en nada del diseño de una dieta omnívora. Y quiero resaltar este aspecto porque a menudo se nos olvida. Siempre apelamos a eso que dice la Academia Americana de Dietética de que “Una dieta vegetariana bien planificada es apta para cualquier etapa y circunstancia de la vida” y se repite la frase una y otra vez haciendo hincapié en lo de la buena planificación, como si en la alimentación omnívora esa planificación pudiera no ser tan determinante. Cualquier tipo de alimentación, y más en la infancia, debe estar meditada y, llegado el momento, asesorada. Y donde no llegue ese equipo de pediatría siempre se puede contar con la asesoría de un dietista-nutricionista.

 

La elaboración de la dieta vegetariana no tiene más complicación que sustituir la proteína de origen animal por la vegetal, teniendo en cuenta que se consuma la cantidad adecuada de aminoácidos esenciales (aquellos que nuestro organismo no puede sintetizar), algo que no es difícil de conseguir, y prestando atención a que se ingieran fuentes de todos los micronutrientes necesarios.

 

¿Es igual para niños que para adultos?

 

En esencia es exactamente igual para todos: conseguir que aquello que comemos nos aporte lo que necesitamos. Una vez superados los primeros seis meses de vida, en los que todo bebé debería tomar únicamente lactancia materna (o en su defecto lactancia artificial), empezamos con la alimentación complementaria que, obviamente, sigue siendo distinta al adulto. Sin embargo, a los 12 meses de vida, el tipo de comidas en esencia son cada vez más similares a las de los adultos, con la salvedad de algunos alimentos prohibidos por el riesgo que entrañan (frutos secos enteros), algunas texturas y el tamaño de las raciones. Pero fíjate que lo que estamos diciendo puede ser aplicable a un peque vegetariano, vegano u omnívoro.

 

¿Qué diría que necesita un niño, niña o adolescente a nivel alimentario?

 

En temas de nutrición, independientemente del tipo de dieta, necesitan tener a su alcance alimentos saludables y evitar los malsanos. Que las ingestas de esos alimentos estén racionalmente diseñadas. Hacer de los momentos de las comidas un espacio de tiempo que les resulte agradable, compartiendo con la familia o con los compañeros de la escuela. Tomar el ejemplo de sus progenitores o cuidadores alimentándose de forma correcta. Evitar que se emplee la comida bien como recompensa, bien como castigo. Permitir que sus hábitos y apetencias se vayan desarrollando con el tiempo y sin prisas. Y, por supuesto, no ser nunca forzados a comer.

 

La obesidad infantil es una gran epidemia de nuestro siglo en los países desarrollados. ¿Son las dietas vegetarianas más saludables?

 

Las dietas vegetarianas tienen dos aspectos que podrían hacerlas más saludables. En primer lugar, al suprimir los alimentos de origen animal, o que contienen ingredientes de esa procedencia, eliminas gran parte de los ultraprocesados, una de las principales causas de la obesidad por su gran densidad calórica, ser ricos en azúcares y en grasas saturadas. Sin esfuerzo alguno todo eso desaparece de la cesta de la compra e indudablemente tiene su importancia.

 

En segundo lugar, es posible que el diseño de una dieta vegetariana, al tener que excluir alimentos, te obligue a pensar más que cuando planeas una omnívora. Ese pensar más en el momento de decidir que es lo que se compra es posible que favorezca también el hecho de eliminar productos poco saludables.

 

Por los estudios hechos al respecto no queda claro si por si solas las dietas vegetarianas pueden ser más saludables, pero por lo apuntado pudiera haber una cierta tendencia a que, en el momento de diseñarlas, intervengan ciertos factores que propicien que, como mínimo, no se hagan tan mal cómo otras.

 

Los profesionales sanitarios, ¿están cada vez más formados en alimentación?

 

Empecemos por decir que la formación en alimentación y nutrición durante los estudios reglados de medicina y enfermería brillan por su presencia. Son escasos, por no decir inexistentes. La buena formación en alimentación y nutrición infantil depende de la voluntad de cada uno de los profesionales. Dicho esto, resaltar que es uno de los temas en los que tanto pediatras como enfermeras de pediatría tenemos más empeño en aprender y en actualizarnos a base de jornadas, cursos, congresos y similares y de leer las novedades que van apareciendo al respecto. Creo que la pediatría de atención primaria debería ser considerada una subespecialidad dentro del marco de la pediatría y eso comportaría, entre otras muchas cosas, una formación reglada, unificada y basada en la evidencia sobre alimentación en la infancia y en la adolescencia.

 

Apuntáis en el libro que la suplementación con B12 es necesaria en todas las dietas vegetarianas. ¿Es necesario también en el caso de bebés y niños que toman lactancia materna?

 

No, el bebé que toma lactancia materna cubre sus requerimientos de esa vitamina, y de todos los otros nutrientes que le son necesarios, de la leche de su madre. Es por ello importante que la madre, presumiblemente vegetariana, tome sus correspondientes suplementos siguiendo las indicaciones que el profesional le haya recomendado. Recordemos que, debido a los aportes de nutrientes que le hace al bebé, es especialmente importante recordar a las mujeres que durante la lactancia deben ser especialmente cuidadosas en la toma del suplemento de vitamina B12 y que, en esa época especialmente, se recomienda su ingesta a diario por encima de la semanal ya que se garantiza un aporte más continuo y una mayor absorción.

A partir del momento en que el pequeño empieza a tomar alimentación complementaria y hasta que la ingesta de leche materna no sea el alimento predominante en su alimentación se deben ir ajustando las dosis de vitamina B12 en función de la cantidad de leche materna que tome.

 

¿Son necesarios otros suplementos?

 

No, salvo los suplementos de vitamina B12, los niños y niñas vegetarianos o veganos (que deben tomarlo en ambos supuestos), no requieren ningún otro suplemento en su alimentación. Esa es una de las premisas de la buena planificación de la que hablábamos al principio, más allá de la recomendación universal de que toda la sal que tomen (que debería ser poca) este yodada.

 


Recomendaciones para familias que quieran reducir o eliminar su consumo de proteínas animales

 

Pepe Serrano enumera algunas claves que pueden servir para mejorar la alimentación y aumentar el consumo de vegetales en las familias que sigan una dieta omnívora:

 

  • ¿Por dónde empezamos? Por la afirmación de Julio Basulto que dice “No lo compres que te lo comes” (en el caso de los pequeños de la casa diremos que “se lo comen”). Me parece de especial interés reducir alimentos superfluos que se consumen incluso sin hambre y muchas veces hasta de manera imperceptible. Eliminar esos productos de la compra de manera sistemática es una primera herramienta.
  • Reducir el consumo de carnes rojas y alimentos cárnicos procesados (embutidos o salchichas) también es fundamental. Según la OMS su consumo está relacionado con la aparición de cáncer de colon.
  • Otra herramienta a tener en cuenta es recordar como eran los guisos tradicionales de nuestras abuelas, con abundantes verduras, hortalizas y legumbres y con poca carne, que servían poco más que para dar sabor.
  • No perdamos de vista el plato saludable de Harvard en el que se nos indica que tres cuartas partes de lo que contiene son alimentos de origen vegetal y el cuarto restante debe ser de proteína saludable, que, por supuesto incluye legumbres y frutos secos, buenas fuentes de proteína.
  • ¿Puede ser de utilidad unirse a iniciativas como “Los lunes sin carne”, una opción con muy buena acogida en diversos lugares del planeta. Es otra buena herramienta para, en familia, compartir el hábito de comer menos alimentos de origen animal.

 

 

Jordi Musons: “La escuela es un lugar donde todo el mundo debería sentirse bien”

Por Adrián Cordellat

Jordi Musons es uno de los grandes referentes españoles en innovación educativa. Director de la prestigiosa escuela Sadako de Barcelona, Musons reconoce que la institución educativa “no tiene una dinámica de cambio muy ágil”, pero pese a ello se muestra optimista porque considera que en los últimos años “están pasando cosas muy interesantes que han cambiado mucho la situación”. En Reinventar la escuela (Arpa), el experto ofrece una completa guía dirigida a docentes, familias y educadores para que la escuela se sumerja de lleno en el siglo XXI y, por el bien de los alumnos, se actualice y modernice en base a todo el conocimiento científico que existe.

Recientemente el Gobierno anunciaba que trabaja en una reforma del currículo que pase por las competencias más que por las asignaturas, como se ha venido estudiando tradicionalmente. ¿Puede ser un primer paso para “reinventar la escuela”?

De momento sólo es un titular, pero como titular es fenomenal. De todas formas, mi sensación es que siempre se busca mucho la polaridad entre lo antiguo y lo moderno, la memoria o las competencias. Sin embargo, creo que hay muchos más puntos de encuentro que de separación. Lo que estamos intentando trabajar es la idea de que podemos mejorar el conocimiento desde una estructura más global, que incluya a la memoria, pero también a las competencias, y sobre todo que incluya nuevas competencias que consideramos fundamentales en la sociedad actual. Con ello me refiero a las competencias sociales y emocionales, que también se aprenden trabajando en el aula.

Este tipo de enfoque ya se aplica de forma generalizada y con buenos resultados en muchos países de nuestro entorno. Sin embargo, en España cuesta. Supongo que mucho tendrá que ver en esa resistencia al cambio los mitos instaurados y que aborda en el libro. ¿Cuál o cuáles diría que son los que más dificultan el cambio?

Seguramente la resistencia más importante es acabar con la idea de que el conocimiento lo dispone el docente y lo debe transferir al alumno; y que una vez que lo ha transferido, el alumno lo incorpora y lo mantiene en el tiempo. Esta mecánica de escucha, memorización, y examen está muy incorporada, pero en realidad no es una memorización que perdure en el tiempo, sino una memorización muy inmediata. Al final, muchos de los aprendizajes a los que los profesores dedican muchas horas para transferir en el aula, acaban diluidos y no perduran en el tiempo. Romper con esta dinámica es un cambio de perspectiva y de mirada que está costando. Quizás porque es un tema muy vinculado a la evaluación, a rendir cuentas en un examen.

Entonces, ¿falta formación para los docentes?

La formación inicial de muchos docentes es buena, pero luego cuando llegan al aula y tienen que aplicar estas metodologías más complejas de gestionar, muchos se sienten incómodos, pierden el control del aula y recuperan los métodos que ellos vivieron como alumnos. Al final, desde el punto de vista del docente es mucho más fácil la gestión si mantienes a los alumnos sentados, separados y en silencio que cuando les das autonomía, les animas a trabajar en grupo… Por eso es mucho más fácil instaurar esta forma de trabajo en aquellos centros donde estas metodologías están mucho más arraigadas. Porque cambiar esta forma de aprendizaje no se hace desde un aula, sino que es parte de la cultura del centro. Si el alumnado no está acostumbrado a una determinada cultura educativa, es muy difícil que se incorpore.

Entre esos mitos de los que hablábamos me ha sorprendido el de la reducción de ratios. Pensaba que era una petición cuasi unánime, pero veo que usted disiente en parte.

Yo no estoy en contra de reducir ratios, todo lo contrario, pero mi sensación es que muchas veces esta idea parte de una mirada desde la perspectiva docente, no desde la perspectiva de los alumnos. Para el docente es mucho más cómodo tener diez alumnos, pero para el alumno, ¿es mejor tener 10 o 20 compañeros? Lo que yo digo es que reducir ratios en las aulas, si sólo implica que se quede un solo docente con menos alumnos, no siempre es algo positivo, porque empobrece la posibilidad de establecer relaciones sociales entre el alumnado. Cuantos más alumnos hay, más relaciones positivas se pueden establecer. Por el contrario, yo creo mucho en el trabajo en equipo entre profesores, en tener docentes que puedan trabajar juntos en el aula. En ese sentido, yo creo que sería mucho más eficiente incrementar las plantillas docentes que reducir las ratios en las aulas.

Hay un aspecto en el que insiste bastante en el libro: la personalización del aprendizaje. ¿Una educación por competencias facilitaría esa personalización o hacen falta otros muchos más cambios en el sistema para llegar a ella?

Desde luego. Hay una correlación muy fuerte entre competencias y personalización del aprendizaje. Pero volvemos a lo mismo: si estudiamos las competencias desde un punto de vista muy tradicional, en el que todos los alumnos y las alumnas tienen que tener las mismas competencias en el mismo momento, eso dificultará la personalización. Hay que partir de una base y es que no todos somos iguales. Por eso, un sistema rígido y cerrado como el actual, sólo es apto para un tipo de alumnado, lo que deja fuera a muchas personas brillantes que se pierden dentro del sistema. Y esto tiene, además, un vínculo muy fuerte con la autoestima. La escuela es un lugar donde todo el mundo se debería sentir bien, porque cuando uno se siente bien es capaz de hacer lo que se proponga.

Dedica un capítulo al impacto de la covid-19 en la educación. Pese a todo lo negativo que ha supuesto, ¿qué aprendizajes puede sacar la escuela de la pandemia para mejorar?

Ha ocurrido una cosa muy interesante y es que la pandemia ha demostrado que las escuelas tienen una capacidad de adaptación y de transformación enorme. Lo que necesitan es un motivo para hacerlo. Ahí es donde echo de menos un liderazgo más institucional y político que anime en esa dirección, porque creo que la capacidad de las escuelas para cambiar existe, pero que necesitan una idea clara y decidida, una motivación extra para el cambio, que evidentemente siempre cuesta más que continuar haciendo lo mismo.

Cómo ayudar a los niños (y a los adolescentes) a regular sus emociones

Todos tenemos emociones. Aunque recibimos muchos mensajes del ambiente que nos invitan a ocultarlas, no debemos minimizar las de los niños porque para ellos son importantes, es su realidad. Por naturaleza los niños son compasivos, solidarios y empáticos.

 

Por Eva Carrasco

 

Aprendemos de ellos todos los días tal y como se puso de manifiesto en el I Congreso Criar y Educar en Positivo organizado por BabyTribu en el que se puso el foco en la disciplina positiva, la educación activa y la psicología adleriana con la participación de psicólogos y expertos en la materia.

Una buena estrategia para ayudar a los niños a regular sus emociones es ponerse a su altura y mirarlo a los ojos con una mirada tierna y cálida. “Las amígdalas inmediatamente se bajan y se empieza a liberar oxitocita y hace que el niño poco a poco comience su regulación emocional. Necesita que validemos sus emociones nombrándolas por su nombre y sintonicemos con sus sentimientos. Tenemos la responsabilidad de encargarnos del mundo emocional de nuestros hijos” expuso Ana María Barrera Ortiz, psicóloga y Especialista en Neurodesarrollo. “No podemos regularlos a ellos si no estamos regulados nosotros y si no somos consistentes y constantes.”

 

Los colores del cerebro

Barrera profundizó en la importancia de entender cómo funciona el cerebro de nuestros niños según la Teoría del Psicólogo Rafael Guerrero que lo divide en cuatro zonas a las que se les asigna un color.

La zona roja es el cerebro reptil, donde está dosificado el pensamiento de alerta y se ponen en marcha conductas reflejas e impulsivas. Está localizado en el cerebelo. Las reacciones son la lucha, la huida o la parálisis.

La zona verde es la emocional y se implica el sistema límbico. Sigue siendo involuntario y reactivo, es como un volcán. Se va fortaleciendo a medida que los padres van estableciendo el vínculo y el apego.

La zona azul corresponde al cerebro racional, es decir, los pensamientos de los primates. Es el neocórtex, se mueve por necesidad y forma parte del placer, de la curiosidad y la creatividad.

La zona amarrilla es la ejecutiva y seria. Se sitúa en el frontal y es el voluntario consciente. Se va entrenando y se va desarrollando en los niños poco a poco hasta los 25 años. La función ejecutiva es la que permite planear e inhibir impulsos.

 

Las pataletas en la infancia

La pataleta activa el cerebro rojo y perdemos el tiempo cuando intentamos razonar en ese momento. A mayor conexión de los padres con el niño, mayor desarrollo de las conexiones neuronales. Además, las neuronas espejo nos hace ponernos en el lugar del otro y conectar con sus emociones. También nos contagiamos de las pataletas del niño, se contagia el nerviosismo.

¿Qué ocurre a nivel neurocerebrar cuando el niño tiene pataletas? La adrenalina le lleva a luchar y el cortisol le impide pensar. Esto ocurre en los primeros siete años del niño que es cuando se está formando la plasticidad cerebral. El cerebro es un músculo que si no se ejercita se atrofia como el resto de los músculos. La disciplina positiva nos descubre que los errores son oportunidades de aprender. El cerebro puede reaprender.

 

Conectar con el adolescente

La psicóloga certificada en Disciplina Positiva, Diana Jiménez se lamenta de lo denostada que está la adolescencia cuando es una de las etapas más bonitas de la vida. “Es un momento mágico y muy vulnerable y tenemos que conectar con ellos y sostenerles, no controlarles. Tenemos que influir, y para influir hay que disminuir el control”.

Jiménez sostiene que la adolescencia actualmente puede comenzar a los 8 años en las niñas y 9 en los niños. “Se empiezan a notar cambios y nos entra mucho miedo porque no estamos preparados para la adolescencia de hoy. Las nuevas tecnologías van muy rápido, y los padres somos una generación que todavía tenemos un pie en la época analógica. Ellos tienen una rapidez visual que les da mucha agilidad mental.”

Sin embargo, asegura que los problemas propios de la adolescencia son los mismos de siempre, aunque la manera en que se les está presentando el mundo es muy distinta.

Es necesario que los hijos se separen de los padres, no les pertenecen. Al llegar a la adolescencia la relación cambia porque están en un momento de transición, no es que les hayan dejado de querer. “Tenemos que poder conectar con un cerebro que está cambiando y aplicamos la disciplina positiva igual que en los pequeños.”

Están en un momento en que tienen que decidir y para eso hay que irlos entrenando en la niñez. Las oportunidades en las que los niños toman decisiones a lo largo de su vida son muy pocas. Todo va muy estructurado. Y de repente tienen que decidir su futuro.

A la hora de intentar dialogar con ellos aparecen los monosílabos y las respuestas cortas e inmediatas. Es muy típico que ni siquiera escuchen a los padres antes de contestar.  Es importante sembrar la confianza del diálogo en la infancia antes de llegar a la adolescencia, y no llegar a la sensación de chocar contra un muro, porque generalmente cuando esto pasa es que la relación no viene bien desde la niñez. “Están en su mundo y van a lo suyo, pero no es maldad, es su fase evolutiva”, aseguró la psicóloga.

 

La familia es un equipo

Es imprescindible que asuman una responsabilidad en casa para hacer una sensación de equipo en la familia. “Como padres tenemos que llegar a acuerdos y hablar con ellos para que se esfuercen en hacer cosas con la familia. No sirve decir ‘tengo un hijo independiente que se hace lo suyo’, tenemos que hacerlos independientes y colaboradores, no independientes y egoísta. Que haga también para los demás”. Para facilitar esta responsabilidad, Jiménez sorprendió afirmando que “los padres de adolescentes tenemos que tener un hobby. Porque si no, estamos encima y no respetamos su espacio ni su tiempo. Pero tampoco nos podemos ir de la vida de nuestro adolescente porque nos necesita más que nunca.”

 

Establecer límites

Educar es un proceso que comienza en la familia donde se aprende a convivir. “Los que actualmente somos padres hemos querido dejar atrás el modelo autoritario y no hemos sabido poner límites sin utilizar la fuerza y la autoridad como hicieron con nosotros” reflexionó Bibiana Infante, psicoterapeuta de niños y adolescentes.

“Los padres necesitamos entender y conocer a nuestros niños, para eso tenemos que observar y estar muy atentos. Saber poner en marcha una firmeza amable, poner límites sin usar la fuerza, ayudar a que los niños tomen decisiones saludables, utilizar herramientas pedagógicas, crear bien estar emocional y practicar el respeto mutuo. Todo esto nos lleva a la disciplina positiva”.

Pero al llegar la adolescencia tenemos que elegir nuestras batallas a la hora de establecer límites. Los expertos afirman que tenemos que reducir el “no” a uno al mes. Escucharles antes de decir que no y preguntarles con curiosidad. Si directamente decimos NO, cerramos todos los sistemas de comunicación y con los adolescentes tenemos que tener mucha paciencia.

Debemos interesarnos por lo que le atrae para compartir cosas con ellos. Están construyendo su personalidad y las cosas que les gustan ahora son sus señas de identidad que les dan seguridad y autoestima.

 

 


 

Fundamentos de la Disciplina Positiva

Principios que preparan a los niños para la vida definidos por el médico y psicoterapeuta Alfred Adler.

 

1 Necesitamos pertenencia (conexión), sentir que somos útiles y que somos necesarios, contribuir. Todo lo que hacemos busca ese objetivo de pertenencia y contribución, porque si no somos útiles en nuestro grupo no vamos a sobrevivir.

Los niños desde muy pequeños quieren ayudar. Sin embargo, no sabemos por qué, con 9 o 10 años pierden estas ganas de ayudar.

 

2 Entender el poder de la percepción e interpretación, lo que se llama la lógica privada. Los niños son grandes observadores y perciben todo. Pero, por su condición de niños son malos intérpretes, se equivocan en la interpretación de lo que ven. Su proceso será pensar, sentir y actuar. Por lo que siempre están tomando decisiones.

 

3 Generar relaciones horizontales: contextos en que cada persona tiene derecho al mismo respeto y dignidad para afianzar el sentimiento de comunidad.

 

4 Poner el foco en los objetivos a largo plazo, lo que potencia habilidades para la vida. Educar es que los niños hagan lo correcto independientemente de que se les esté mirando o no.

 

5 Enfocarse en alentar (motivación intrínseca describiendo, agradeciendo, empoderando). Se basa en animar y motivar.

 

6 Amabilidad y firmeza a la vez. Vamos a ser amables y a respetar al niño que está en crecimiento y a la vez que él respete las necesidades del grupo. Yo amablemente pongo en marcha el límite, pero esto nos falla porque no sabemos poner límites sin usar la fuerza.

 

7 Respeto mutuo (por uno mismo, por los demás y por las necesidades de la situación). Tenemos que cuidarnos para poder cuidar bien.

 

8 Asumir que los errores son oportunidades de aprendizaje. Deben entender que el error es una maravillosa herramienta de aprendizaje.

 

9 Enfocarse en soluciones, no solo en consecuencias. Se pone el foco en las soluciones y qué hacer para que no vuelva a pasar y no centrarnos en el castigo o los culpables.

La primera regla

La llegada de la primera regla puede causar ansiedad, confusión, e incluso, miedo a lo desconocido. Es importante en ese momento que las más jóvenes cuenten con el apoyo y confianza de sus madres y padres para hablar sobre este tema y sacar a la luz todas sus dudas e inquietudes.

 

Por Eva Carrasco

 

La sexóloga y experta en ciclo menstrual de Intima, Irene Aterido aconseja a las familias “hablar desde la propia experiencia, para hacer entender a la niña que es una función biológica completamente natural, que le hará comprender que la regla no es algo de lo que avergonzarse”. Por otro lado, es importante iniciar un diálogo desde el respeto y la confianza: “es normal que pueda sentirse incómoda o con miedo a hablar de la situación. Una buena opción es utilizar recursos sobre el tema: libros como el de INTIMINA Guía para Chicas Empoderadas, o películas, y responder positivamente a todas sus dudas de una forma segura”. Y, por último, mostrar todas las opciones de productos para la regla, de manera que esté bien informada. Mercedes, madre de una niña de 14 años, nos dice que su percepción es que las chicas están mucho más informadas y conocen mejor sus cuerpos de lo que lo hacían sus madres a su edad. “Incluso utiliza una app para monitorear ciclo menstrual y predecir su regla”.

 

Tomar la iniciativa

La sexóloga recomienda a los padres tomar la iniciativa y, en su opinión, establecer pequeñas conversaciones antes de la llegada de la primera menstruación es la mejor manera de tratar el tema. “Por ello, es importante hablar a edades tempranas a niñas y a niños (incluso antes de los 7 años) de los cambios físicos y psíquicos que están por venir y desembocan en la llegada del primer periodo. Estas conversaciones le darán una sensación de apertura, de que no es un tema tabú, de manera que entiendan la primera menstruación como natural y normal. Se recomienda hablar de ello máximo a los 9 años, de esta manera, la niña estará al tanto e informada cuando llegue el momento.”

 

Cuando llega en verano

La regla no debe ser un impedimento para disfrutar de la piscina y de la playa. Aterido nos habla de las ventajas de las copas menstruales ya que, además de ser higiénicas, son cómodas y se puede nadar con ellas. “A diferencia de lo que se cree, no se escapa nada de flujo en las 8 horas que se pueden llevar puestas. Además, la sangre, al no estar en contacto con el aire, no huele, algo que sí ocurre con los métodos de protección tradicionales.

Una excelente alternativa a los métodos tradicionales de higiene menstrual es utilizar la copa menstrual Lily Cup One de Intimina. Es perfecta para niñas y adolescentes principiantes, pequeña, ultra suave y flexible. La copa se adapta muy bien al cuerpo de las niñas y es fácil aprender a colocarla, ya que no reseca la entrada vaginal. No absorbe la humedad de la vagina, sólo el sangrado menstrual, por lo que te garantiza la salud vaginal de la joven. La copa para adolescentes aleja las infecciones, el síndrome del shock tóxico asociado a los tampones y los hongos o candidiasis.”

 

Práctica de deporte

Muchas niñas y chicas dejan de practicar su deporte favorito cuando tienen la menstruación bien porque se encuentran sin energías, por los dolores menstruales o porque no se sienten cómodas moviéndose con los productos tradicionales de higiene menstrual.

Pero es un error ya que la actividad física puede ayudar, de hecho, a elevar el estado anímico y la energía de las chicas, y a aliviar precisamente los cólicos. De hecho, mantener el hábito de hacer ejercicio diariamente permite que el cuerpo libere endorfinas, sustancias que aumentan el bienestar y reducen significativamente los dolores menstruales que pudieran padecer.