Con la publicación en el año 2006 de la Ley Orgánica de Educación (LOE), se produjo un cambio de enorme trascendencia en la conceptualización de las altas capacidades intelectuales. En esta ley, se sustituyó el término “superdotado”, tradicionalmente utilizado hasta entonces, por el de “altas capacidades”. A simple vista, podría parecer uno más de los tantos cambios terminológicos a los que nos tienen acostumbrados las sucesivas leyes educativas. Sin embargo, este giro conceptual es profundo, necesario y responde a razones bien fundamentadas.









