Una buena conversación

A base de hablar con ellos, contarles, preguntarles o explicarles, van a comenzar a desarrollar las aptitudes necesarias para comunicarse y participar en una conversación. Al hablar y al escuchar, los niños adquieren nuevo vocabulario, aprenden a construir frases, a argumentar y a expresar lo que piensan o les ocurre.

Dedicar tiempo a conversar con la familia es cada vez más difícil. Vamos corriendo de un lado a otro y no nos damos cuenta que, en el hogar, debe existir comunicación entre todos sus miembros para que las relaciones familiares sean buenas. Enseñar a nuestros hijos a expresarse adecuadamente es necesario para que puedan comunicarse con nosotros y con los demás, y constituye una de las primeras habilidades que debemos desarrollar y fomentar en ellos.

Por qué tener una conversación

Quizá alguna vez nos hemos hecho esta pregunta y hemos considerado que nuestros hijos son muy pequeños para conversar con ellos, y no van a entender lo que les decimos o no van a ser capaces de expresarse adecuadamente. Efectivamente, quizá no sepan utilizar las palabras apropiadas para manifestar lo que quieren, lo que piensan, lo que les ha pasado o les gustaría que les pasara. Pero estas cuestiones no tienen relevancia ya que, a base de hablar con ellos, contarles, preguntarles o explicarles, van a comenzar a desarrollar las aptitudes necesarias para comunicarse y participar en una conversación. Al hablar y al escuchar, los niños adquieren nuevo vocabulario, aprenden a construir frases, a argumentar y a expresar lo que piensan o les ocurre.

Las palabras y el tono que se utilicen en elPara desarrollar esta capacidad es necesario que sientan que les escuchamos y que perciban que sus padres tienen interés por lo que les pasa. Por eso, siempre hay que dedicar un tiempo para conversar con ellos porque, a través de la comunicación, podremos educarles y transmitirles ideas y valores adecuados.

Puesto que la familia constituye la primera sociedad del niño cuando nace, la manera que tenga de comunicarse con los miembros de su familia será definitiva a la hora de relacionarse con las personas ajenas a este grupo, ya sean sus profesores, sus compañeros o sus amigos. Así pues, incrementando su capacidad comunicativa contribuiremos a su desarrollo social y le dotaremos de habilidades y herramientas que le servirán en el futuro para hablar en público.

¿Cómo podemos fomentarla?

Para empezar, es fundamental que cuando hablemos con nuestros hijos no estemos haciendo otras cosas. Se trata de un momento de gran importancia y necesita toda nuestra paciencia y dedicación, un entorno adecuado para transmitirles confianza y una actitud receptiva en la escucha.

Para que el niño empiece a hablar debemos mirarle a los ojos para que sienta que tiene la atención y el interés de sus padres. De esta manera se sentirá cómodo y será más fácil que quiera hablar y expresar lo que desea. Unas veces será conveniente comenzar sacando algún tema para darle pie participar en la conversación, y otras veces el niño no necesitará ningún estímulo para expresar sus pensamientos. Pero no podemos olvidar que para que aprenda a expresar sus sentimientos y sus emociones debemos compartir con ellos lo que nosotros sentimos.

Las ocasiones en las que toda la familia se reúne durante la comida o la cena son las mejores oportunidades para mantener buenas conversaciones. Son momentos tranquilos en los que se puede hablar de muchos temas y donde nos podrán contar lo que les ha pasado o lo que les ha llamado la atención. Son instantes en los que aprovecharemos para contarles alguna curiosidad familiar o para organizar algún plan con ellos. En definitiva, momentos interesantes para enseñarles a participar en una conversación y para conocer cómo interactúan unos con otros, cuál de nuestros hijos es más hablador y cual más introvertido.

Las normas de educación durante la conversación estarán siempre presentes. Así pues, les enseñaremos a no interrumpir y a esperar su turno para hablar, a escuchar a los demás, a mostrar interés por lo que cuentan los otros o a participar en la conversación. Igualmente, realizaremos las correcciones pertinentes para que hagan un uso adecuado del lenguaje. En este contexto, tomaremos siempre en consideración la edad y el desarrollo intelectual del menor a la hora de dar las instrucciones pertinentes.

Asimismo, durante la conversación aprovecharemos para transmitir pautas adecuadas en la forma de transmitir sus sentimientos. Desde el principio deben aprender que no se puede insultar ni hablar mal de nadie, y que la manera de manifestar lo que les haya hecho daño no puede ser ofendiendo o insultando al otro. Además, el tono debe ser correcto, aprendiendo a ser capaces de expresarse sin gritar. En conclusión, les transmitiremos la importancia del diálogo y la comunicación a la hora de resolver los problemas.

[quote]

Condiciones:

  • Mirar a los ojos
  • Actitud receptiva
  • Formular preguntas
  • Respetar el turno
  • Tono y expresiones adecuadas
  • Mostrar interés

Capacidades a adquirir:

  • Confianza
  • Seguridad
  • Interés por los demás
  • Respeto

Destrezas a desarrollar:

  • Socialización
  • Argumentación
  • Ampliación de vocabulario
  • Hablar en público
  • Autonomía
  • Confianza

[/quote]

Qué edad es la mejor para empezar

No importa la edad, los niños aprenden desde el principio y, dependiendo de su nivel madurativo, se expresarán de una manera u otra, aunque siempre tendrán algo que contar y siempre querrán hacerlo a sus padres. Por eso es conveniente reservar momentos para hablar a solas con los hijos y dedicar tiempo a tener conversaciones en familia.

Puesto que la conversación no se puede forzar, debemos crear el entorno más adecuado para que se produzca teniendo en cuenta que cada niño tiene un carácter y una determinada forma de ser, y que algunos son más callados que otros. Pero siempre les enseñaremos a hacernos partícipes de lo que les ocurra.

En las conversaciones más personales, en las que hablaremos a solas con el niño, aprovecharemos para que se convierta en el protagonista del diálogo y para que desarrolle la confianza necesaria para expresar sus preocupaciones, inquietudes o intereses. También respetaremos los momentos de silencio para dar tiempo al menor para que pueda contar lo que le cuesta.

En cualquier caso, en la familia encontrará siempre el espacio adecuado para solucionar sus problemas y el lugar donde más alegrías proporcionará por las cosas buenas que le sucedan.


Paloma Cavero Coll
maestra de Educación Infantil y Primaria

El libro de mi vida

Es un proyecto que iniciamos cada nuevo curso escolar en el aula de 3 años y se va ampliando en los cursos de 4 y 5 años. Lo hacemos desde hace más de una década. Es un cuaderno que acompaña al niño desde que comienza su escolaridad hasta que ésta termina. Recoge sus vivencias en los momentos más significativos de su vida a través de dibujos, fotos y notas.

El libro de mi vida se lleva a cabo en una clase compuesta por veintiún alumnos, de los cuales cuatro son sordos, uno con rasgos TEA y el resto oyentes. Se inicia con la presentación del alumno en el momento de su nacimiento, de su familia y de los momentos más especiales que ha tenido hasta que se ha escolarizado. Y poco a poco va creciendo, a la par del alumno, incorporando su color y su juguete preferidos, recuerdos de las diversas vacaciones que tiene a lo largo del curso…

Es un material que plastificamos, pues lo van a manipular continuamente los niños y hemos de garantizar su durabilidad.

Durante el curso, permanece en el rincón de la biblioteca de la clase, al que acuden los alumnos a ver su libro y el de los demás compañeros; y en las vacaciones, se lo llevan para ampliarlo y disfrutarlo todos en familia.

Aprovechamos diferentes momentos del día para llevarlo a cabo:

  • En la asamblea. Es el período de adaptación el más propicio para aprovechar este instrumento, con el objeto de irse conociendo entre ellos y facilitar la unión del grupo. Cada uno puede coger su libro, evocando el recuerdo de su familia o de situaciones anteriores con un carácter afectivo para él, transmitiéndolo a los demás, ayudándole a sentirse seguro y único a la vez. Cada uno realizará esta actividad en la lengua que se encuentre más cómodo, favoreciendo entre otros aspectos la expresión (oral y/o signada), la comunicación, el compartir, el ponerse en el lugar del otro y la expresión de sus propios sentimientos y emociones.
  • En el rincón de la biblioteca. Todos los libros estarán en el rincón de la biblioteca para que cada niño pueda disfrutar viéndolo y leyéndolo, contándoselo a los demás, preguntando, compartiendo…
  • En actividades especiales en el aula. Algunas veces organizamos actividades con padres y madres en los que elaboramos algunas páginas del libro de la vida, relacionadas con la vida escolar, como fotos de salidas, proyectos trabajados, cumpleaños, etc.

Reservamos otros momentos en los que invitamos a las familias a que nos presenten, junto con su hijo o hija, lo que han hecho durante las diferentes vacaciones que hay a lo largo del curso (Navidad, Semana Santa, verano, puentes…) o alguna actividad especial que hayan realizado y quieran añadirla al libro de la vida.

Objetivos

  • Desarrollar habilidades comunicativas en diferentes lenguajes y formas de expresión.
  • Observar y explorar su entorno familiar, natural y social.
  • Desarrollar sus capacidades afectivas.
  • Relacionarse con los demás y adquirir pautas elementales de convivencia y ejercitarse en la resolución de conflictos.
  • Favoreccer la comunicación entre los niños (oyentes y sordos), los niños y sus familias, y los niños y los profesores.
  • La integración de cada niño al grupo
  • La organización temporal y espacial, a través de sus propias vivencias
  • Distintas funciones comunicativas.
  • Cree en las familias un vínculo de unión, y un acercamiento a la diversidad de alumnos y de lenguas que en el aula están presentes.
  • Favorecer el desarrollo e identidad del niño sordo y del niño oyente.

Conclusiones y mejoras

Necesitamos que todos los profesionales que incidimos en infantil estemos muy coordinados. También, tener una relación muy cercana con las familias, dándoles la confianza y cariño necesarios para que vengan al aula a participar y a contar sus experiencias, pues el libro de mi vida es un documento que elaboramos conjuntamente.

Es un instrumento de socialización. Les gusta enseñarlo orgullosos y compartirlo; les ayuda a sentirse reconocidos y amados, protagonistas únicos, disfrutando con ello; comparten con los demás el orgullo de ser ellos mismos. Va creciendo con el niño y le va ayudando a evocar recuerdos, a sentirse cada vez más mayor, a regocijarse en la contemplación de sus fotos y anécdotas, a contar y comunicarse con sus compañeros a través de las fotos más significativas para ellos, a llevar a sus hogares los momentos escolares, el día que fue su cumpleaños, la excursión…

Por tanto, El libro de mi vida les ayuda a reconocerse a sí mismos y a reconocer sus entornos sociales más cercanos.