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¿Máquinas ultrasofisticadas para enseñar según un modelo añejo que sólo precisa de oratoria docente y escucha silenciosa? ¿Infinitas sendas hacia el conocimiento en un sistema de aprendizaje uniforme? Para muchos, la revolución tecnológico-educativa no acaba de calar en las aulas por un problema de método. Si los ordenadores se siguen utilizando como mero atrezo de la clásica lección magistral, a nadie puede extrañar que con frecuencia acaben olvidados en un rincón de la clase como perfecto ejemplo de gasto inútil.


