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Una reciente encuesta entre directores de Secundaria ha sacado a la luz la nueva moda que hace furor en las escuelas inglesas. Se trata de acusar a profesores y directores de hechos falsos, inventados por alumnos o padres para dañar la reputación del docente u obtener algún tipo de compensación económica. Un fenómeno que entronca con la crisis de autoridad del profesorado en el mundo occidental y que, al parecer, aún no ha traspasado nuestra fronteras.




