Padres formados, niños seguros y felices

En la era de las nuevas tecnologías, cuando queremos saber algo lo buscamos en Internet. Si queremos profundizar, buscamos algún libro o acudimos a un experto que nos oriente. Y si queremos estar bien capacitados para hacer una actividad concreta, procuramos formarnos.

Es evidente: una buena formación es esencial para prosperar. Desde el colegio a la universidad, pasando por másteres y cursos de posgrado, todos invertimos tiempo y dinero para adquirir conocimientos, haciendo de ello una eficaz herramienta que, además, nos diferencia de los demás y nos permite acceder a determinados puestos de trabajo.

Ejercer una profesión o desarrollar una actividad, aún siendo importantes, no lo son tanto como el proyecto de vida que empieza con la llegada de un hijo. Pero, ¿estamos preparados para afrontar este reto? ¿Conocemos sus necesidades? ¿Sabemos cómo actuar en caso de emergencia o cómo evitar las situaciones de riesgo? ¿Cuáles son los juegos que debemos practicar en función de su edad? ¿Qué tipo de alimentación es la más adecuada? ¿Cómo detectar una alergia alimentaria?

Éstos son sólo algunos de los muchos interrogantes que asaltan a la pareja ante la llegada de su primer hijo. Pero el bebé no viene con un manual de instrucciones y la respuesta no es fácil de encontrar con celeridad, ni podemos comprobar muchas veces que la fuente esté acreditada, sobre todo cuando encontramos información en Internet. Tampoco hay escuelas ni universidades donde los padres puedan adquirir esa formación vital para ellos.

Seguro que todos nos hemos planteado alguna vez que las cosas serían muy diferentes en nuestra sociedad si los papás y futuros papás hicieran un curso de paternidad. Nosotros, además de planteárnoslo, hemos decidido ponerlo en marcha creando Armonía, el primer Centro de Información y Capacitación para la paternidad. Partimos de una premisa llena de lógica: si los padres están formados y saben lo que hacen, sus hijos crecerán seguros y serán felices.

De todo lo que rodea a un bebé, lo que más nos preocupa en Armonía son los accidentes. La Organización Mundial de la Salud denuncia que son la principal causa de mortalidad infantil en España. Eso quiere decir que un elevado número de fallecimientos infantiles podría haberse evitado. Ante una afirmación así ¿por qué no formarnos a fondo en esta materia? En este caso concreto y por primera y única vez, los padres no buscarían obtener un título o lograr el reconocimiento social, sino tener la certeza de estar haciendo las cosas bien con nuestros hijos, con conocimiento y eficacia. Porque una formación completa puede marcar la diferencia entre llevarnos un susto y tener una desgracia. ¿Hay algo más importante que eso?

Más información en www.arearmonia.com

Construye jugando

Todos sabemos que dos más dos son cuatro. Y los niños saben que cuando alguien les hace un regalo deben de dar las gracias. Pero eso son normas que, de algún modo, están establecidas, y la a creatividad es la forma que tenemos de inventar nuestras propias reglas; y los niños deben saberlo. Por ello, debemos enseñarles la capacidad que tienen de crear por sí mismos.

La creatividad como tal surge de la fantasía y la imaginación, y sale de lo convencional para llenar los huecos que la mente racional no es capaz de recopilar; de pensamientos e ideas que van más allá de la realidad. Y esto no sólo se aplica a los adultos, ya que los niños son los que pueden desarrollar un gran potencial que de mayores les será de gran ayuda. Y como siempre, los padres deben ser los impulsores; deben aprender a darles alas; pero no decirles como volar.

“Los padres son los primeros que tienen que tener una predisposición hacia la creatividad, de manera que le permitan al niño jugar libremente, inventar y que no coarten su juego indicándole cómo tiene que hacerlo” afirma Sonia Pérez Romera, experta en contenidos pedagógicos de Imaginarium.

La creatividad, expresión de libertad

Todo lo que los niños necesitan para ser verdaderamente creativos es la libertad para comprometerse por completo al esfuerzo, y convertir la actividad en la cual están trabajando en algo propio y de lo que se sientan orgullosos.

“Es fundamental que el niño no esté ni coartado ni plenamente dirigido por el adulto. Hay que dejar que el niño juegue con el juguete como quiera o que invente nuevas normas sin decirle por ello frases como “así no se juega” o “esto lo has puesto mal”. Esto hará que no esconda su creatividad al pensar que no está jugando al juego correctamente”, asevera Sonia Pérez.

“A día de hoy, los niños, y por desgracia los adultos, tenemos demasiadas ocasiones en las que nuestra creatividad se ve cortada. Acostumbramos a los niños a usar los objetos de una determinada manera y con un fin concreto, perseguimos las formas únicas de entender las cosas, les enseñamos fórmulas únicas de responder preguntas, de aprender temas, de resolver ejercicios, incluso los itinerarios escolares son muy concretos”, dice Juanjo Almenara, pedagogo y director de la oficina de Kumon en Madrid.

Actividades acordes con la edad

Lo importante es recordar que en cualquier actividad creativa lo fundamental es el proceso de la expresión propia. Las experiencias creativas ayudan los niños a mostrar y enfrentar sus sentimientos. La creatividad también fomenta el crecimiento mental en niños porque provee oportunidades para ensayar nuevas ideas y probar nuevas formas de pensar y de solucionar problemas.

Las actividades creativas deben estar acordes a su edad, ya que no todos los juegos pueden ayudarles a fomentar su proceso creativo.
“A los más pequeñitos, les podemos dar vehículos y muñequitos que representen objetos y personajes de la vida real para que los vayan identificando y hagan su primer acercamiento al mundo social. También pinturas para los primeros garabatos.

Posteriormente, cuando entramos en la etapa del juego simbólico les podemos proporcionar juegos de construcción o maletines de oficios y cocinitas que les permitan imaginar situaciones y representarlas.

Cuando el niño ya tiene la coordinación bastante desarrollada puede empezar a jugar con los juegos de manualidades que requieren habilidad como crear joyas con abalorios, o recortables. Los libros también estimulan la creatividad, ya que todas sus historias hacen que los niños las imaginen, las representen en su cabeza y anticipen un final”, resalta Sonia Pérez.

Quitarles el miedo a fracasar

Debemos enseñar a los niños a que cuando no saben hacer algo o las cosas se complican, no siempre habrá un adulto al lado que le ayude y le solucione el problema.
“Debemos dejar que “lo intenten”, debemos evitar que los niños tengan miedo a equivocarse. Eso ocurre mucho en la sociedad y escuela actual. Hemos sido capaces de desarrollar en nuestros niños un miedo atroz a equivocarse, claro, porque el error está visto y entendido como algo negativo, no como lo que realmente es, una nueva oportunidad de aprendizaje”, dice el pedagogo Juanjo Almenara.

Todos los niños nacen creativos, enormemente creativos, y es responsabilidad de los mayores que lo sigan siendo.

Accidentes infantiles: tú puedes evitarlos

Los números asustan, pero la realidad es que cada año se producen 250.000 accidentes infantiles, según datos del Ministerio de Sanidad. Posiblemente estés pensando en percances de tráfico, pero la mayoría de estos sucesos se producen en el hogar familiar. ¿Sabes cómo puedes evitarlos? Te damos todos los detalles para que tu hijo esté seguro.

Muchos padres se han concienciado positivamente de la importancia de viajar con sistemas de retención infantil adecuados al niño. Gracias a ello, las tasas de mortalidad infantil provocada por accidentes de tráfico han descendido en los últimos años. Pero no ocurre así con los accidentes domésticos, donde las cifras siguen siendo alarmantes.

A una edad en que todo es descubrimiento, ganas de explorar, inquietud y falta de conciencia del riesgo, puede parecer casi imposible mantener alejado al pequeño de todos los peligros que conlleva el día a día doméstico. Pero no es imposible. Basta con adoptar unas sencillas medidas de prevención para, sin sobreproteger al bebé, dejarlo descubrir el mundo con todas las garantías.

Lo mejor, la prevención

A cada remedio, su solución, reza un viejo dicho. Pero ¿por qué no tratar de evitar al máximo que sucedan accidentes infantiles? “A pesar de que la infancia es objeto de protección, no siempre se alcanza el objetivo de seguridad. Nuestro mundo está confeccionado en función de las necesidades de los adultos y no de los niños”, explica José Mª Suelves, profesor asociado del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona. Para este experto, que ha estudiado ampliamente el tema de los accidentes infantiles, “la mortalidad no es la única consecuencia que puede derivar de una lesión.

A veces se necesitan tratamientos largos y costosos que, incluso, llevan al niño a la discapacidad en la edad adulta”, advierte. Así que, sin duda, lo más acertado es lograr una prevención eficaz para que el bebé viva en un entorno seguro sin perder, por ello, su innata atracción por explorar lo que le rodea.

Cómo evitarlos y de qué forma reaccionar

Es muy difícil mantener la calma cuando compruebas que tu pequeño se ha dañado, pero resulta mucho más complicado conseguirlo si, además, no sabes cuál es la mejor forma de actuar.

Golpes y caídas

Así los evitas. Casi sin darte cuenta, ese bebé que apenas se movía hace unos meses, se gira, de repente, en el cambiador… ¿Qué habrá sucedido? La clave es no dejar nunca solo al niño, aunque nos parezca que es completamente imposible que rectifique su posición. Conforme se vaya haciendo mayor y se siente en la trona, en una sillita o en cualquier otra superficie elevada, deberás vigilarlo. También es importante instalar vallas o barreras protectoras homologadas al principio y al final de cada tramo de escaleras. En el caso de que haya ventanas a menos de un metro del suelo, se aconseja colocar rejas en cuyos barrotes no pueda quedar atrapada la cabecita del bebé, o cierres de seguridad.

En cuanto a los muebles, cubre las esquinas con protectores especiales y no dejes los cajones abiertos (sobre todo si no tienen topes).

Así debes reaccionar. Dependerá fundamentalmente de la gravedad de la caída o del golpe. Cuando notes que el bebé pierde la consciencia, sangra por la nariz o el oído, tiene dificultades para respirar o vomita (no porque esté llorando), conviene llevarlo a Urgencias. En general, si el estado del niño es bueno en las horas siguientes y no muestra comportamientos anómalos, como estar más adormilado que de costumbre, puede entenderse que el golpe no ha tenido consecuencias, pero, ante la duda, siempre es mucho mejor consultar con un pediatra.

Igualmente, si en la caída se ha clavado algún objeto, no lo saques por tu cuenta y acude a un centro de salud.

Quemaduras

Así las evitas. En los primeros meses son muy habituales las quemaduras por la temperatura del agua del baño. Comprueba siempre, antes de meter a tu hijo, si los grados son los adecuados. Además, nunca llenes la bañera con el niño dentro y ten cuidado con los grifos, que pueden haber adquirido una temperatura muy alta. Además, es importante que no dejes líquidos calientes sobre una mesa a la que tenga acceso el pequeño (pueden llegar a él si tira de un mantel, por ejemplo).

Procura que se mantenga alejado de la zona de plancha y de la cocina y coloca hacia dentro los mangos de ollas y sartenes, además de instalar protectores para los fuegos y el horno y tapar todos los enchufes de la casa con los dispositivos adecuados.

Así debes reaccionar. Separa inmediatamente al niño de la fuente de calor y pon la zona afectada durante al menos 10 minutos bajo un chorro de agua fría (no uses hielo). Cubre la zona con una gasita (el algodón y los ungüentos caseros están totalmente desaconsejados) y acude al hospital. Si se quema con una llama y arde su ropa, nunca lo desvistas; mételo bajo la ducha, cúbrelo luego en una sábana limpia encima de su ropita y llévalo a Urgencias.

Intoxicaciones

Así las evitas. Ten en cuenta que la boca es uno de los órganos que más utilizará tu hijo para explorar el entorno; eso significa que tiene muchas probabilidades de “degustar” tanto cosas convenientes como peligrosas. Tu responsabilidad es la de retirar medicamentos, pinturas, productos de limpieza o desinfección, cosméticos… que puedan dañarlo. Mantenlos en un lugar alejado de su alcance y de su vista, y siempre en su envase original para no dar lugar a equívocos. Especialmente importante es que no le equipares las medicinas con las golosinas cuando deba tomarlas.

Así debes reaccionar. Lo primero y fundamental cuando somos conscientes de que el bebé ha ingerido algo peligroso es ponerse en contacto con el Instituto Nacional de Toxicología (teléfono 24 horas: 91 562 04 20) para pedir asesoramiento. Nunca hay que forzar al niño a vomitar, pues esto podría ocasionarle más daños aún. La regla básica es consultar y no administrarle al niño absolutamente nada de comer o de beber hasta que los expertos ofrezcan instrucciones precisas.

Asfixia

Así la evitas. El bebé puede atragantarse con multitud de cosas pequeñas que obstruyan sus vías respiratorias: una moneda, una canica, un trozo de salchicha, caramelos, frutos secos… Es importante que, hasta los 3 años no se le deje ingerir esos alimentos y que, siempre que esté comiendo, lo haga con tranquilidad y quieto, sin saltar, correr o llorar a la vez. Asimismo, hay que retirar las piezas pequeñas de los objetos que no resulten adecuadas a su edad y asegurarse de que no tiene bolsas de plástico ni globos a su alcance (sobre todo cuando están pinchados, resultan peligrosísimos). Por otro lado, hay que impedirle el acceso a las cintas de las persianas y de las cortinas y no ponerle collares ni cadenas al cuello, así como desechar la ropita adornada con lazos, cintas o cordones que pudieran manipular.

Así debes reaccionar. Si notas que el niño puede respirar, intenta que tosa para que el objeto se desplace por sí solo. En el caso de que no pueda respirar, tienes que actuar con toda la rapidez (y la calma) que te sea posible. Cuando son lactantes, se coloca al bebé, con la cabeza hacia abajo, sobre
el antebrazo del adulto y se le dan unas palmaditas hacia la mitad de su espalda. Si se trata de niños más mayores, la maniobra básica consiste en abrazarlo por detrás y, poniendo una mano sobre el puño de la otra, apretar con fuerza justo sobre su ombligo en dirección hacia arriba y hacia adentro.

¿Cuándo hay más peligro?

Según un reciente estudio auspiciado por la Fundación MAPFRE y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, ésta es la radiografía básica de los accidentes infantiles en España:
• A partir del año de edad, se producen más accidentes en niños que en niñas. Las niñas se muestran más prudentes desde esta temprana edad.
• En toda la infancia, el grupo de edad donde se registran más percances de este tipo es el de 1 a 4 años.
• Los lugares más comunes donde se accidentan los pequeños son, por este orden: la cocina, las escaleras interiores, el cuarto de baño y la piscina.
• El incidente más común son las caídas, seguidas de los golpes o choques con algo.
• En un 60% de los casos, es el descuido o la distracción del cuidador el que da origen al accidente infantil.
• Los meses en que más incidentes hay son (de más a menos frecuente): julio, agosto, diciembre y junio. Con respecto a los días de la semana, hay más problemas los sábados y los domingos, y en general, en la franja horaria de 5 a 9 de la noche.

Jugar con los juguetes

Jugar: ¡qué palabra tan importante y con tanto significado en el mundo de la infancia! La principal fuente de aprendizaje para el niño es la experiencia vital que es, fundamentalmente, “actividad y juego”. Mediante el juego, los niños pequeños recopilan la información básica sobre el mundo que les rodea y el lugar que ellos ocupan en él.

El juego es una actividad lúdica, divertida para el niño. Mediante el juego con diferentes juguetes, siempre adecuados a su edad, los niños pueden investigar y asimilar conceptos, desarrollar habilidades y poner en práctica sus ideas.

Lo más importante es que, ese juguete que está usando, inicialmente despierte su curiosidad y posteriormente le divierta para que el aprendizaje que proporciona se lleve a cabo de una forma lúdica. Si es así, se producirá una adecuada estructuración del pensamiento y contribuirá a potenciar su capacidad creativa y su imaginación.

En este artículo y en el siguiente, correspondiente al mes de febrero, tocaremos dos temas muy importantes a tener en cuenta con nuestros pequeños: “La organización de los juguetes en la habitación del niño” y “Juguetes recomendados para cada edad, desde los primeros meses hasta los tres años

En las fiestas navideñas regalar juguetes a los niños se ha convertido en un rito social y nuestras casas se llenan de ellos.

La mayoría de las veces son los padres los que acaban ordenando las habitaciones de sus hijos después de un día de juegos. Los niños desordenan, revuelven y experimentan con los juguetes y después son papá o mamá los que recogen.

Los padres debemos facilitar la tarea de recoger los juguetes para que los niños no se dispersen y, en el momento de ordenar, les sea fácil encontrar el lugar donde deben guardarlos.

Para organizar adecuadamente los juguetes, lo primero que debemos tener claro es el lugar donde van a guardarse.

Es aconsejable elegir el sitio con el niño y ubicar la mayoría, siempre que sea posible, en el suelo de su habitación. Este hecho de que los juguetes se coloquen al alcance de los pequeños es de extrema importancia porque ayuda al desarrollo de su independencia y de su sentido de la responsabilidad.

A partir de los 12 meses (cuando los niños se inician en la marcha) comenzaremos a organizar y colocar juguetes a su alcance y así inculcaremos este hábito desde la más temprana edad.

Con el fin de hacer visibles los juguetes que tenemos es recomendable colocarlos en contenedores transparentes; otra buena opción de almacenaje son los muebles bajos con cajones de plástico fácilmente extraíbles; al ser abiertos los niños pueden guardarlos sin dificultad. Los baúles grandes son recomendables sólo para juguetes de gran tamaño.

Es muy importante que cada contenedor albergue juguetes del mismo tipo. Dependiendo de la edad las cajas o baúles podrían ser “la caja de la magia” (donde pondríamos los puzzles, juegos de encajar piezas..), “la caja de la lectura” (para guardar los libros, cuentos), “la caja de las profesiones” (ahí colocaríamos los juegos de médicos, herramientas de carpinteros) “la caja de los artistas” (para poner las pinturas, los libros de colorear..) “la caja de la arquitectura” (donde guardaríamos las construcciones, encajables..) “la caja de las mamás y papás” (para colocar los muñecos, ropitas…) “la caja de las casitas” (para los caharritos, muebles…). Lo importante es separar los juguetes según la actividad que desarrollan.

Otra técnica recomendable para facilitar la organización es pegar en cada caja una foto sacada de cualquier revista o catálogo que represente los juguetes que allí hay guardados.

De esta forma a nuestros pequeños les resultará más fácil encontrar los juguetes cuando quieran jugar con ellos y les resultará más atractivo guardarlos al finalizar el juego.

El momento de recoger debe ser rápido para evitar que los niños se aburran. La responsabilidad de recoger y organizar los juguetes no se consigue en un día. Los padres deben enseñar a diario a sus hijos como se guarda cada juguete y cual es su lugar. Progresivamente deben ir, poco a poco y con mucha paciencia, eliminando la ayuda para que el niño se vaya acostumbrando a hacerlo sólo.

En Pecas utilizamos nuestra canción o pequeña retahíla que les motiva para recoger de una forma más animada y que muchos de nuestros papás ya conocen porque los alumnos más veteranos la cantan a menudo.

Os la transcribimos por si algún padre la quiere utilizar:
“A guardar, a guardar
cada cosa en su lugar.
Sin romper, sin romper
que mañana hay que volver
a jugar otra vez”.

Padres y madres: un paso al frente

Todos los estudios e informes que se publican sobre educación destacan la importancia de los padres en los procesos formativos de sus hijos. Su colaboración, su implicación, su relación con el colegio… son factores claves para conseguir que los alumnos mejoren no sólo su rendimiento académico.

Esta relación padres-alumnos-colegio tiene que ser todavía más intensa en aquellos centros que acogen a alumnos de familias en situación de riesgo de exclusión. Estos alumnos, si no se hacen las cosas bien, tienen, además, más posibilidades de aumentar las estadísticas de Abandono Escolar Temprano (AET), como acaba de demostrarse en los datos proporcionados por la oficina Eurostat de la Comisión Europea. En España, han vuelto a aumentar las cifras de abandono escolar, con unos porcentajes que nos colocan en los últimos lugares de los países miembros de la Unión Europea.

Por eso resulta gratificante conocer las conclusiones que se contiene en la edición de enero de la revista Archives of Pediatric & Adolescent Medicine, donde se destaca cómo la cooperación y relación entre padres e hijos mejora el rendimiento académico de muchas familias, especialmente entre aquellas que se encuentran en situación de riesgo de exclusión.

La conclusión a estos estudios e informes es evidente: como ya reclaman en España las principales asociaciones de padres y madres vinculadas al mundo educativo, debe fomentarse la formación de los padres, cuestión sobre la que sería bueno que los centros educativos también tomasen cartas en el asunto.

Es cierto que en los últimos años se han multiplicado las iniciativas en este sentido. Pero se ve que hay que seguir en esta dirección, como también ha afirmado recientemente el ex ministro laborista británico Graham Allen, quien ha advertido sobre la importancia que tiene que los gobiernos asuman estas responsabilidades educativas y las coloquen en el centro de sus políticas educativas.

Abandono escolar

La media de los países de la UE es de 14,4% y España tiene un 31,2%, cifra más que preocupante (los otros países con peores cifras son Malta, 38%, y Portugal, 31,2%). Los expertos advierten del peligro que pueden ocasionar estas cifras, pues el abandono escolar está ligado, con el paso del tiempo, a factores de exclusión social y es el origen también de graves problemas personales, sociales y económicos. Hay países que hasta han cuantificado económicamente lo que supone la atención a estas personas que cuentan con limitados recursos educativos, profesionales y personales. El problema, en la adolescencia, es especialmente preocupante entre los chicos, que abandonan la escuela más que las chicas.

Más posibilidades para la memoria

Denostada durante años como un cáncer para la educación, poco a poco la memoria vuelve a ocupar el prestigio y el lugar que se merece como una herramienta muy útil para afianzar conocimientos.

No se trata, como así ha sucedido en diferentes épocas, algunas muy recientes, de convertir la memoria en el fin de la educación, como si el único sentido de la enseñanza fuese que los alumnos se conviertan en papagayos más o menos espabilados o en frikis cursis dignos de aparecer en concursos televisivos por su capacidad para recitar, de seguido, los reyes godos o las poesías completas de Federico García Lorca.

Pero tampoco, como ha sucedido, hay que demonizar la memoria y considerar que todo lo que se aprenda basándose en ella no tiene ninguna utilidad. Volvemos, una vez más, a reclamar la senda del sentido común: ni una cosa ni la otra.

Pero resulta evidente que, para los profesores, resulta frustrante la poca memoria o retención que tienen algunos alumnos, que olvidan lo aprendido de un año para otro, o de un mes para otro, y tienen que volver a explicar las mismas cosas una y otra vez. Esto va con el sueldo, es cierto, pero a veces impide avanzar al ritmo necesario para que los alumnos, que es de lo que se trata, mejoren. La falta de memoria, cuando no se entrena, dificulta el aprendizaje a todos los niveles y paraliza la lógica evolución intelectual de los alumnos. No es, por tanto, un tema baladí.

Y más todavía. Con el paso de los años, hay que reforzar más la memoria a través de diferentes técnicas cognitivas con el fin de fijar ideas, conocimientos, razonamientos, hábitos, etc. que impiden el estancamiento neuronal. Y, lo que es peor, el avance del mar gris del olvido .

Por eso, aunque todavía es pronto para aventurar su trascendencia e implantación –las pruebas médicas sólo han obtenido éxito en las ratas-, hay que felicitarse por los resultados de una investigación puesta en marcha por un hospital norteamericano, la Escuela de Medicina del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, y el Centro de Investigación Médico Aplicado de la Universidad de Navarra (CIMA).

En resumen, se trata del descubrimiento de un tratamiento que refuerza y potencia la memoria y previene el olvido. El tratamiento consiste en inyectar un factor de crecimiento insolínico (IGF-II), una molécula que está presente en el cerebro y que es muy activa durante los años de desarrollo y que, con la edad, reduce su eficacia.

Habrá que esperar, pero intuyo que primero se aplicará este descubrimiento a los pacientes adultos y con patologías de la memoria y, más adelante (aunque no hay que aventurar posibilidades más propias de la ciencia-ficción), a alumnos con problemas de aprendizaje cuya principal causa pueda ser su escasa o nula capacidad memorística.

Mientras llega esto, el mensaje es claro: la memoria necesita, como el deporte, asiduo ejercicio. Si no se utiliza y desarrolla, se atrofia.