Violencia "doméstica"contra las cifras

Autor: padresycolegios.com

Hace tiempo –era la época del «cada cinco minutos mueren equis mujeres a causa
de abortos clandestinos»– a cierto redactor de agencia se le ocurrió calcular
cuántas mujeres morían al año en esas circunstancias. Pero no llegó al año: la
población femenina mundial en edad fértil iba a desaparecer en pocos meses.
Tenía que publicarlo. Al poco, recibió la carta de una lectora que le echó en
cara haber hecho números con la muerte y el sufrimiento de la mujer. No le
importó: el anuncio llegó a tiempo y consiguió salvar a casi todas.
No era
yo. Pero a mí tampoco me salen las cuentas con la violencia doméstica. En la web
de Amnistía Internacional, link Campañas, link No Más
Violencia Contra las Mujeres, link Datos –ojo–, se dice que «la
violencia en la familia es la primera causa de muerte y de minusvalía para
muchas mujeres, por encima del cáncer y los accidentes de tráfico». Y, más
adelante, que «la violencia en el ámbito familiar es la principal causa de
muerte y discapacidad entre las mujeres de 16 a 44 años».
La web del
Instituto Nacional de Estadística, linkDemografía, link Movimiento
natural de población, link Defunciones dice que en 2002 –último año del
que hay datos– murieron en España 5.780 mujeres de 15 a 44 años. La mayoría por
tumores (1.717), accidentes de tráfico (539), enfermedades del sistema
circulatorio (483) y suicidio (271). El capítulo «Causas externas de mortalidad»
incluye 1.126 muertes. Ahí están los accidentes de tráfico, envenenamientos
accidentales, drogas, fuego, complicaciones médicas, homicidios, etc. A causa de
las agresiones –sin detallar si se trataba o no de violencia doméstica– murieron
en total 47 mujeres de 15 a 44 años.
Si el cáncer mató a 1.717 mujeres y los
accidentes de tráfico, a 571, la violencia doméstica no es la primera causa de
muerte de las mujeres de 15 a 44 años, como afirma Amnistía Internacional y
repiten otros. Según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género
del Consejo General del Poder Judicial, en 2004 murieron 72 mujeres (nacionales
y extranjeras) a manos de su pareja o ex pareja. Este año –hasta agosto ha
habido 36 muertes– tampoco será la primera causa de muerte. Lo cual es un
alivio.
Poner la violencia doméstica en vigesimoséptima causa de muerte no es
restarle importancia ni invitar a nadie a mirar para otro lado. En cambio, sí
tiene efecto inventarse datos falsos. Está en el ambiente: de los 24.236
procedimientos por violencia familiar que se han resuelto durante los 6 primeros
meses de 2005, el 57% no constituía delito o finalizó con sentencia absolutoria.
No obstante, el Observatorio del CGPJ dice que «la lacra de la violencia
doméstica no ha emergido todavía en nuestra sociedad y que hay cifras negras
sobre violencia doméstica que necesitamos conocer y erradicar». Entre otras, las
de Amnistía Internacional.

Escondite

Autor: padresycolegios.com

Escondite La madre de María siempre quería que sus hijos comieran sano. Verduras, frutas o legumbres estaban siempre en el menú sin opción alguna a que los niños comieran chucherías. Por eso, María siempre aprovechaba cuando venía visita a casa y sus padres estaban entretenidos para rebuscar en el frigorífico, en la despensa y en algún mueble, algo de comer que realmente le apeteciera como bollos, chocolate, etc. Pero un día, su madre fue a enseñarle la casa a los visitantes y al abrir la puerta de la despensa apareció María, que en «su defensa» sólo pudo alegar que estaba allí jugando al escondite y ¡horror!, la habían encontrado.

Si sale el sol

Autor: padresycolegios.com

A Angelines le tenía tan cansada su hija pidiéndole que la llevara al cine que, para que no se lo pidiera más y como estaba lloviendo le contestó que irían al cine «cuando volviera a salir el sol». La niña, que miró por la ventana y vio todo el cielo gris, un poco confusa, le preguntó a su madre. «Mamá, ¿y si el sol no vuelve a salir? ¿no vamos?»

Un armario sirve…

Autor: padresycolegios.com

Roberto se despertó en medio de la noche con ganas de hacer pipí. A sus cinco años y cuando sus padres se quisieron dar cuenta de que el niño se había levantado de la cama no pudieron evitar encontrarlo de cara al armario. Cuando se fijaron más, los padres de Roberto descubrieron la realidad. Había abierto el armario, confundiendo el fondo de uno de los cajones con la taza del WC.

Ni un pelo de largo

Autor: padresycolegios.com

La madre de Laura la dejó junto a su hermana Raquel en casa de la abuela materna mientras se iba a hacer la compra. La auela jugó un rato con las niñas y las peinó, haciéndoles sendas trenzas para que aunque jugaran no se despeinaran. Por si acaso se les ocurría quitarse la goma que sujetaba el pelo, la abuela les previno de que, si lo hacían, «las mataba». Las niñas al principo no hicieron caso de la advertencia pero al cabo de un rato y dándose cuenta de que estaban muy despeinadas, decidieron cortarse los pelos que se habían salido de la trenza y guardarlos debajo de la cama para luego hacer una almohada para las muñecas. Cuando la madre regresó y vio a las niñas no tuvo otro remedio que cortarles el pelo ¡casi al cero!

Baño de espuma

Autor: padresycolegios.com

El niño es capaz de ducharse sólo, o así lo pensaban los padres de Miguel, un pequeño de cinco años, cuando le dejaron para que se bañara en solitario por primera vez. Miguel, que en la etiqueta del gel de ducha vio una bañera llena de espuma quiso que su baño tuviera tanto jabon que virtió todo el bote –que estaba lleno –. Así, en menos de un minuto, sus padres vieron como el agua salía por debajo de la puerta entreabierta del baño. A Miguel no le había pasado nada, pero tardaron un buen rato en recoger todo el agua con espuma.

Luna, lunera

Autor: padresycolegios.com

Estaba Ana de vacaciones con sus padres y a punto de regresar al lugar de trabajo habitual. Una vez con las maletas en el coche y a punto de iniciar el viaje, Ana se fijó en la luna. ¡Qué luna más bonita!, dijo. Los padres asistieron sin darle más importancia hasta que al llegar a casa, Ana les dijo. ¡Mirar, la luna lunera se ha venido con nosotros!

Televisión, educación y familia

No se trata de censurar, de precisar
lo que se puede y lo que no se puede
ver por televisión, porque ya sabemos
cuan atractivo resulta lo
prohibido…

Autor: ENRIQUE ROJAS

V ivimos tiempos complejos,
repletos de contradicciones,
lo positivo y lo negativo andan
más mezclados que nunca.

Son muchos los factores que han contribuido
a ese estar perdido, desconcertado,
sin hacer pie y sin tener unos referentes
claros, coherentes, firmes, que empujen
con fuerza a toda la existencia hacia
delante, luchando por superar los obstáculos
que se van presentando. La televisión
es uno de ellos.

Los niños son, precisamente, quienes
más desprotegidos se encuentran ante
ese bombardeo constante de noticias, informaciones
y mensajes de todo tipo. Estudios
recientes ponen de manifiesto el
verdadero calado de este problema: largas
jornadas laborales mantienen a los
padres fuera de casa mientras los más pequeños
pasan horas y horas frente a la
«caja tonta». Dicen los especialistas que
la televisión, para ser buena, debe formar,
informar y entretener. Hoy por hoy, esto dista mucho de la realidad. La TV actual
no es formativa, ni muchísimo menos;
no hace al espectador más maduro, ni lo
mejora, ni lo enriquece.

Es menester saber hacer una criba de
todo lo que recibimos, sobre todo por higiene
mental. Es menester descifrar el criptograma
de datos que nos llegan como en
cascada, unos detrás de otros, y nuestros
hijos no lo pueden hacer solos. La solución
no está, como creen muchos, en establecer
un límite de horas. No es un tema
cuantitativo, sino cualitativo. Yo abogo por
una exposición controlada, en compañía
de los padres. No se trata de censurar, de
precisar lo que se puede y lo que no se puede
ver, porque ya sabemos cuan atractivo
resulta lo prohibido… Ver la televisión en
familia permite la reflexión, el debate; tenemos
que explicar a nuestros hijos lo que
están viendo, qué es lo que significa, por
qué sucede… en definitiva, enseñarles a
tener una visión más activa, más crítica.

El sociólogo francés Pierre Bourdie
habla de ello en el libro Sobre la televisión:
«el paisaje mediático constituye hoy
una amenaza para la sociedad. Hay que
buscar la justa medida. Mantenerse informado
sin perder el equilibrio psicológico».

Si ya es difícil para un adulto,
imagínese cuánto más ha de serlo para
un niño.

Nada más alejado de mi intención que
sembrar el pánico. Es una situación fácilmente
reversible, sólo debemos tomar
conciencia del peligro que supone para
nuestros hijos una exposición descontrolada.

La educación, en mayúsculas,
empieza por nosotros mismos. Los colegios
desempeñan una labor importante,
fundamental, pero en ningún caso pueden
sustituir a la familia.

En estos tiempos complejos se hace
más necesaria que nunca la figura de un
líder, de una persona que vaya por delante
enseñando con su tipo de vida un
estilo superior de existencia. Esa difícil tarea
nos corresponde como padres, no podemos
eludir tal responsabilidad. Nadie
velará mejor por la seguridad de nuestros
hijos, invitándoles a seguir en la dirección
adecuada, a la vez que ayudándoles a desarrollarse
como individuos.