Tips para organizar el verano de tus hijos

 

No es necesario decir que invertir tiempo en los hijos no supone ningún esfuerzo para los padres y más si se trata de su educación, formación y descanso. Este año hemos considerado que la mejor opción para que los más pequeños disfruten de sus vacaciones de verano y saquen beneficio de las misma sea viviendo un campamento de verano.

Cuando se acerca el verano se nos pasan muchas cosas por la cabeza, pero, sobre todo, el interés de que nuestros hijos puedan disfrutar y descansar después de haber estado dándolo todo en el periodo escolar. A veces, es imposible compaginar su agenda con la nuestra y esto nos causa frustración porque queremos que pasen las mejores vacaciones posibles, pero por determinadas circunstancias no podemos asegurarlo.

Hemos dado con Juvigo, este portal web se encarga de ofrecer campamentos de verano en diferentes puntos de España y, además, en el extranjero. Con la familia Juvigo tú hijo va a poder relacionarse con personas de diferentes partes del país y del mundo, conociendo nuevas costumbres, culturas y tradiciones. Aprendiendo a socializar, convivir, compartir y empatizar con niños de su edad.

A la hora de elegir el lugar dónde van a pasar varios días e incluso pernoctar, es muy importante tener en cuenta diferentes cuestiones:

  • Ubicación del lugar: Juvigo te ofrece campamentos de verano en pleno contacto con la naturaleza, no importa si quieres estar en pleno bosque como pueden ser sus campamentos en Toledo o si prefieres playa como sus campamentos en Alicante. Pero es que tienen campamentos en Portugal, Alemania, Reino Unido, Holanda, Austria y España, así que sitios para elegir va a haber.
  • Temática: ¿qué le gusta al niño? ¿Qué habilidad tiene o quiere desarrollar? Es muy importante que, a la hora de elegir un destino, además de pensar en la ubicación, hay que saber si lo que implica el programa de ese campamento es de su agrado. Juvigo cuenta con multitud de campamentos deportivos que incluyen fútbol, tenis, voleibol, entre otros. Pero también puedes elegir campamentos de aventura donde los chicos van a disfrutar con tirolina, kayak y en el rocódromo.
    Juvigo cuenta con una gran oferta de campamentos de surf. Las mejores playas para practicar este deporte en nuestro país se encuentran en el norte y en el sur donde las playas de Cantabria y de Cádiz sobresalen entre otras. Cuentan con campamentos con monitores profesionales para enseñar a los chicos y chicas los mejores trucos para aguantar de pie encima de la ola. Y si prefieres, puedes visitar los de Portugal, país vecino que destaca por su oleaje que llama a muchos surfistas.
    Y no solo deportes, Juvigo tiene sigue una cultura artística por lo que apuesta por campamentos de baile, música, de cocina o de diseño, en definitiva hay mucha oferta para elegir.
  • Formación: si es cierto que en verano los chicos están de vacaciones y necesitan tiempo de desconectar, también es cierto que esa desconexión no debería ser plena y que deberían aprovechar el tiempo para desarrollar nuevos conocimientos. Juvigo tiene muy en cuenta que estas vacaciones se trata de un periodo de diversión, por eso ofrece en sus campamentos una metodología dinámica que hace que los alumnos aprendan cosas nuevas sin que les cueste un gran esfuerzo.

Uno de los puntos fuertes entre la oferta de Juvigo se trata de los campamentos de verano idiomáticos, consisten en una inmersión lingüística plena sin necesidad de salir del país, donde van a poder aprender inglés de manera intensiva, sin que sea de una manera aburrida y teórica. Todo práctico, incorporando el idioma en el día a día y haciendo así más sencilla la fluidez. Gracias a las pruebas a las que se presentan semanalmente, se va observado el avance de los alumnos y así que puedan corregir sus fallos y seguir avanzando.

Después de haber analizado estos puntos, llega el momento de plantearse los valores que queremos que nuestros pequeños tengan y sigan desarrollando. Juvigo describe un campamento de verano como la base del compañerismo y de la solidaridad, donde todos los alumnos forman una piña y comienzan una nueva etapa de trabajo en equipo y conjunto. No se aceptan las discriminaciones ni el rechazo, porque en Juvigo se pretende que los asistentes junto con los monitores e instructores se conviertan en amigos y familia.

Hay que tener en cuenta también las facilidades que ofrece Juvigo a sus clientes a la hora de traslados, como ya hemos mencionado, cuentan con campamentos en diferentes puntos, y puedes elegir el que quieras aunque esté lejos. Es por eso que Juvigo te ofrece traslados para que puedas organizarte en mejor medida y así, no tener que preocuparte en buscar tiempo para llegar tú mismo a llevar o recoger a tu hijo. Más aún cuando se trata de un campamento en el extranjero, los que ofrecen traslados privados y en grupo por un coste adicional muy económico.

Por último, Juvigo se compromete a ofrecer siempre el mejor servicio a padres y madres que buscan una opción para las vacaciones de sus hijos este verano. Es por ello que te ofrece gratuitamente una asistencia personalizada que puede desarrollarse vía E-mail/WhatsApp/Teléfono que podrás encontrar en la página web de Juvigo en donde te ayudarán a elegir la mejor opción para tus hijos dependiendo de todos los puntos tratados anteriormente, y haciéndote la vida más sencilla. Al igual que en su portal donde puedes filtrar la búsqueda que más te interese para así comparar precios y detalles de cada uno de sus campamentos. Siempre ofreciendo la manera más cómoda a la hora de tomar una decisión.

 

Cómo hablar de “eso” con nuestros hijos

 

Por Diana Oliver

 

Internet y las redes sociales han influido enormemente en la forma en la que nos relacionamos. También en cómo accedemos a según qué información: nunca antes había sido tan fácil y tan rápido tener a nuestro alcance contenidos de todo tipo; incluidos contenidos sexuales y pornográficos. Y es que, según diversos estudios, a los 9 años un elevado porcentaje de niños y niñas ya ha tropezado accidentalmente con contenido de tipo sexual mientras navegan por la red; lo que a futuro puede distorsionar lo que es el sexo y seguir alimentando estereotipos de género y prácticas sexuales no consentidas. No faltan motivos para transitar junto a nuestros hijos e hijas una educación sexual sana, para que seamos las familias y escuelas –y no Internet– las que les acompañemos en este camino. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto hablar de sexualidad con normalidad?

Responde Mamen Jiménez, psicóloga y autora de Yo te lo explico (OBERON), una guía con información y herramientas para acompañar a niños y niñas en su desarrollo afectivo-sexual con naturalidad, que la sexualidad siempre ha sido, en realidad, un tema tabú, tanto la infantil como la adulta. “De sexo se habla, el sexo es omnipresente en nuestra sociedad, pero la sexualidad hablamos poco o nada”. Parte de ese reparo a abordar el tema viene, según la psicóloga, por considerar la sexualidad desde una óptica adulta, lo que está totalmente fuera de la infancia. “La sexualidad infantil no es como la adulta, no hay significados, no hay erótica, es puro autoconocimiento, pura exploración: empiezan conociendo su cuerpo y a partir de ahí, y a través de él, conocen el mundo que les rodea y establecen lazos afectivos. De ahí que se hable, aunque sea redundante, de “lo afectivo-sexual”, porque en la infancia son aspectos indistinguibles”, señala.

 

Superar las barreras de la vergüenza

 

Para superar esa barrera de vergüenza y la incomodidad para poder hablarlo con normalidad, Mamen Jiménez considera que “podemos empezar por revisar nuestras propias ideas, creencias y tabúes sobre el tema, hacer limpieza para quedarnos con lo que nos interesa y enviar a reciclar eso que nos inculcaron con lo que ahora, de adultos, no nos sentimos en absoluto a gusto”. Es a partir de esa revisión desde donde, según Jiménez, podemos reflexionar acerca de qué mensajes queremos transmitirles a nuestros hijos e hijas, lo cual nos hará sentir más seguros porque vamos “preparados”.

 

¿Y si nos da mucha vergüenza y no hay forma de derribar todas esas ideas preconcebidas? La psicóloga recomienda hacer ensayos a solas: “Ensayar en solitario lo que les vamos a contar es la mejor manera de prepararse para afrontar algo que no hemos hecho antes; ya sea hablar de esto o tener una conversación complicada con nuestra jefa. Es aplicable a muchos ámbitos de la vida”.

 

Ideas y recomendaciones para hablar de “eso”

 

  • Mamen Jiménez recomienda que antes de contarle nada sobre sexualidad, averigüemos qué sabe o qué cree que es eso que ha preguntado. “Es importante siempre preguntar qué sabe antes de lanzarnos a dar explicaciones, de esta forma nos aseguramos de partir del nivel actual de conocimiento de nuestro hijo y eso nos permitirá, a su vez, articular la información que le vamos a dar, que bien puede ser corregir ideas que ya tiene o ampliar conocimientos”.

 

  • La autora de ‘Yo te lo explico’ insiste en que es importante que llamemos a los genitales por su nombre. “Es habitual que le pongamos “nombres cuquis o divertidos” a las partes del cuerpo de nuestros hijos e hija, y no pasa nada por hacerlo pero existen dos grandes motivos para llamar a los genitales por su nombre, al pene, pene, y a la vulva, vulva: por un lado, si solo nos referimos a esas zonas a través de eufemismos estamos transmitiendo el mensaje de que ahí pasa algo, que esas zonas son diferentes y que no debe hablarse directamente de ellas, con lo cual contribuimos a generar una actitud negativa del peque hacia su propio cuerpo. “Eso no se toca, eso no se mira, eso no se nombra”. Y esto nos lleva al segundo gran motivo: la protección frente a abusos y detección de los mismos. Conocer el nombre real de las partes del cuerpo y manejarlas con naturalidad empodera a nuestros peques, contribuye a que entiendan que su cuerpo, además de ser maravilloso y perfecto -nada “sucio”, nada negativo-, es eso, suyo.

 

  • También es fundamental para la psicóloga perder el miedo por creer que les vamos a dar más información de la necesaria, por aquello de “no darles ideas”. “Quiero mandar un mensaje de tranquilidad porque precisamente por ese miedo, lo más probable es que nunca contemos de má Además de empezar por preguntarles qué saben antes de contestar o contarles algo, partimos de la base de que conocemos a nuestros hijos, sabemos por dónde andan sus ideas y su desarrollo, tanto del lenguaje como cognitivo, por lo que podremos adaptar el discurso. No pasa nada por hablarles de óvulos y espermatozoides desde que son bien pequeños, y según van creciendo ir ampliando hasta que se les explique exactamente cómo llegan a estar en el mismo espacio esas dos células. Lo importante es, si ya hablamos de relaciones sexuales, explicar en todo momento que es algo que hacemos los adultos”.

 

  • Si nunca nos han hecho preguntas sobre este tema o han mostrado curiosidad conviene tener en cuenta la educación sexual del mismo modo que tenemos en cuenta otras parcelas de la vida. “De la misma forma que no esperamos a verles cruzar la calle con el semáforo en rojo para explicarles seguridad vial, no tiene sentido esperar a que pregunten para hablar de esto, porque además, efectivamente, hay peques que no preguntan. No podemos dejar todo un área del desarrollo de nuestras hijas e hijos sin atender, sin que de manera consciente la abordemos para ayudarles a que se desarrollen sanos, felices y seguros”, sostiene Mamen Jiménez.

 

  • Por último, debemos saber que siempre estamos a tiempo de hablar con nuestros hijos e hijas de sexualidad. La psicóloga apunta que se haga de manera consciente “utilizando a lo largo del día las muchísimas situaciones que se dan a través de las cuales transmitimos información sobre sexualidad: al abrazarles, al ducharnos o no ducharnos con ellos, con la relación que tenemos entre los adultos y que ellos ven, con lo que les decimos acerca del juego o de la ropa, con lo que comentamos al ver una peli o al hablar de Pepita/o, al decirles que si no quieren no tienen por qué darle un beso al abuelo…”.

 

 

¿Por qué aumenta la anorexia en pandemia?

 

El confinamiento y aislamiento social a causa de la Covid-19 han hecho que aumenten los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en los adolescentes. ¿Cómo prevenirlos?

 

Por Olga Fernández

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), una enfermedad que afecta a 400.000 personas en España, en su mayoría jóvenes, se ha visto incrementada por la situación de pandemia. Durante el pasado año, el Hospital Niño Jesús de Madrid registró un 20 por ciento más de ingresos por este tipo de trastornos, principalmente por anorexia nerviosa. Los especialistas de este centro apuntan a varios factores: la modificación de las actividades o rutinas de la vida diaria (alimentación, actividad física, horas de sueño, actividades extraescolares….); la restricción social, el incremento y mal uso de redes sociales y una mayor incertidumbre y miedo como efecto emocional negativo de la pandemia. Al mismo tiempo, factores considerados “protectores” como el apoyo social entre compañeros y familiares se han visto reducidos. Todo esto ha provocado en personas vulnerables una hipervigilancia de su estado físico y un posible comienzo de conductas alimentarias anómalas.

Sobreexposición a redes

Las restricciones de movilidad durante la pandemia por Covid-19 han recortado las relaciones sociales de muchos adolescentes y niños que, al no poder ver a sus amigos, lo han suplido con las relaciones virtuales y una sobreutilización de la redes sociales, muchas veces sin control parental. “Ellos están muy expuestos a las redes y todo el bombardeo que estamos recibiendo relacionado con el ejercicio físico en casa y la buena alimentación, que ha sido muy útil para parte de la población durante el confinamiento, ha obsesionado a muchos adolescentes”, afirma Montse Sánchez Povedano, psicóloga clínica experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y directora del centro Eática. La relación entre redes y alimentación parece tener un vínculo hasta ahora desconocido: una investigación llevada a cabo en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh ha observado que los participantes que pasan más tiempo en las redes sociales dicen tener problemas con su imagen corporal y sus hábitos alimenticios más a menudo que quienes utilizan menos las redes. Para los adolescentes con antecedentes de trastornos alimentarios, puede ser un desencadenante para volver a caer en la alimentación desordenada.

¿Qué síntomas en los adolescentes deben alertar a los padres? “Además de la reducción de peso, hay muchos factores que nos deben alertar: los cambios abruptos de carácter o humor, la voluntad de aislamiento, la tristeza, el veto a determinados alimentos, etc.”, apunta la psicóloga.

La Asociación para la Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa (Adaner) desarrolla un programa de prevención donde involucra a los padres, a los adolescentes y a los profesores. En el taller para alumnos, se trabaja el fomento de hábitos saludables y no se facilita información sobre la sintomatología de este tipo de trastornos. Según Adaner, incidir en la sintomatología promueve que las personas que estén en riesgo realicen comportamientos típicos de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en vez de conductas saludables.

Los talleres los imparte una psicóloga especialista en TCA y trabaja con los alumnos los contenidos de forma dinámica fomentando la participación, dejando abierta la posibilidad de contactos posteriores y apoyo psicológico. Los contenidos son: hábitos saludables de alimentación, ejercicio físico, modos de interacción (autoestima y asertividad), decodificación del mensaje social (medios de comunicación, publicidad, retoques en vídeos y fotos…); cómo actuar ante la sospecha de que un/a compañero/a pueda tener un TCA (derivación a orientación); cómo actuar ante un caso de amigo/a con TCA (actuar como amigos y no intentar ser “terapeutas”, seguir siendo la parte saludable y no realizar conductas sintomáticas…).

El taller de prevención para padres busca dotar a estos de la información con el fin de ayudarles a prevenir, detectar precozmente un TCA, y saber a dónde acudir si su hijo/a tiene este trastorno. Algunos de los puntos que incluyen son: qué es un TCA, factores de riesgo y protección, modelo de inicio; cómo actuar ante la sospecha de que un/a hijo/a pueda tener un TCA (a dónde acudir, recursos específicos en TCA y cómo hablar del problema); y cómo actuar con un hijo/a con TCA.

Por último, los talleres para profesores están impartidos por una psicóloga especialista en TCA e incluyen información básica sobre prevención primaria, secundaria y terciaria en TCA, además de alternativas y estrategias, recursos, cómo propiciar el debate y ofrecer la posibilidad de contactos posteriores.

 

 


 

 

Montse Sánchez Povedano, psicóloga clínica experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y directora del centro eática

 

“Los trastornos alimentarios siempre son la expresión de un sufrimiento personal”

 

Durante la pandemia han aumentado los trastornos de alimentación entre los adolescentes, ¿a qué es debido?

El aumento de estos trastornos se debe a varios factores. Los adolescentes, en una situación normal, pasan gran parte de su tiempo fuera del hogar y comparten muchas de las comidas con sus amigos. En pandemia, ha aumentado la presencia de la familia en casa y ha propiciado que los padres puedan estar más atentos al comportamiento de sus hijos en relación con la alimentación. La convivencia continuada también ha desencadenado, en algunos casos, mayor conflictividad y una sensación de control. Así, aquellos adolescentes que podían estar flirteando con la enfermedad han sentido que las conductas enfermas que les tranquilizan (restricción en la comida, ejercicio físico, atracones, preocupación sobre el cuerpo….) están mucho más expuestas a la observación y supervisión de la familia. Pensemos que muchos de estos trastornos o conductas pueden pasar fácilmente desapercibidas en el núcleo familiar.

La situación ha producido mayor aislamiento y, aunque han suplido las interacciones presenciales con más facilidad que los adultos por las virtuales, se pierden escenarios de confidencialidad, de apoyo… tan necesarios en su desarrollo afectivo y en la resolución de sus conflictos.

Por último, y muy importante en el aumento de estos casos, es la ruptura de rutinas y de proyectos (un curso en el extranjero, una beca en otro instituto, un intercambio…) que ha frustrado muchas expectativas en un grupo de edad más vulnerable, con menor capacidad para adaptarse y en un tiempo en que no estamos preparando a los jóvenes para la frustración.

¿Qué recomendaciones deben seguir los padres en el día a día con sus hijos en casa para evitar estos problemas?

Una recomendación básica es no transmitir una excesiva preocupación por la estética, no juzgar a nuestros hijos ni a nadie por el aspecto, comer todos juntos siempre que sea posible, etc. También es muy importante que la comunicación funcione, que se establezca suficiente confianza para que nos cuenten sus preocupaciones. Fomentar su autoestima desde pequeños, sin basarla en el físico. Y algo muy concreto: hacer una comida juntos, al menos una vez al día, y aprovechar ese espacio para comunicarse.

¿Detrás de los trastornos de alimentación de los hijos suelen estar los problemas que tienen sus padres?

Los trastornos alimentarios siempre son la expresión de un sufrimiento personal. A menudo simplificamos su origen como una obsesión por el cuerpo, pero está demostrado que es más complejo y están relacionados con conflictos emocionales, familiares, traumáticos, etc.

En la terapia con los adolescentes, ¿es necesaria la presencia de los padres?, ¿por qué?

En el proceso debemos implicar a los padres y ayudarlos. En nuestro centro hemos desarrollado herramientas digitales que permiten mantener el seguimiento de los pacientes y compartir el proceso, además de realizar sesiones psicoeducativas específicas para los padres y familiares de los afectados.

 

Recomendaciones para padres en pandemia

 

Desde la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario del Niño Jesús recomiendan lo siguiente:

  1. Compartir las nuevas dificultades en familia (adaptándose a la edad de los hijos) reforzará el sentimiento de valía personal de cada uno y la mejor solución de las dificultades de convivencia.
  2. Mantener una comunicación cariñosa, tranquila, e intentar usar el sentido del humor. Todos tenemos un límite, por eso es mejor relevarse con otro miembro de la familia para lidiar con algunas situaciones que se generen, antes que perder el control.
  3. La información más alarmista es mejor evitarla. Es preferible obtener información de fuentes fiables e intentar transmitirla a los menores de forma adecuada a su edad. Hay que limitar el acceso a las noticias de manera continua. Resultará muy reconfortante mantener la comunicación con otros familiares (abuelos, tíos, primos) mediante llamadas, videoconferencias, e-mails, dibujos o cartas dedicadas a ellos.
  4. Se hace necesario recrear espacios comunes para compartir, pero también los espacios individuales para la reflexión y la intimidad, tanto para el paciente como para los padres.

22 consejos para criar hermanos

Por Javier Peris

No hay una relación modélica entre hermanos, ni un baremo objetivo con el que podamos proyectar cómo serán sus relaciones en el futuro. Tampoco es una dinámica familiar muy en boga, quizá porque hoy son más frecuentes los hijos únicos. Y, sin embargo, es la relación familiar que, por razones biológicas, es casi siempre la más prolongada.

  1. Ejercicio de memoria. Empecemos por lo más efectivo… y trabajoso: aprender de la propia experiencia. ¿Cómo vivimos los padres la fraternidad cuando éramos niños? ¿Qué sentimientos predominaban hacia los hermanos? ¿Qué echamos entonces en falta y qué nos parece, ahora que tenemos perspectiva, lo más positivo y lo más negativo de aquellas relaciones?
  2. Nihil sub sole. La psicología evolutiva nos puede orientar en ese examen propio para centrar el tiro y separar lo importante de lo accesorio. Hasta los 6 años, durante la Primaria, lo más característico es la rivalidad; se lucha por el afecto y la atención de la familia. Hasta los 12 años se abre paso la colaboración para, en la adolescencia, desviarse la atención hacia amigos y entornos no domésticos. Todo, o casi todo, está previsto, no es noticia, y eso siempre consuela a los padres.
  3. Conflictos intolerables. No menospreciar los problemas entre hermanos; algunos se pueden enquistar en forma de rencor o de desconfianza… Lo que te pide el cuerpo es distanciarte de sus peleas (‘es lo normal’) pero estas dejan más huella de lo que parece. Y no, no es normal que se acostumbren a la discusión, a las bromas hirientes, a la permanente contradicción. Hay que ser firmes a la hora de corregir esas actitudes.
  4. Diferentes pero a una. Ya sabemos que cada hijo es como es, que las diferencias son normales y que en ellas se encuentra una ocasión más para la madurez psicológica y para las habilidades sociales. Pero estas diferencias deben decaer ante el bien y el interés de los demás. Si los padres deciden ir todos juntos al cine, el hijo al que no le gusta el cine debe aceptarlo sin renegar. Los padres ya pensarán otros planes que le gustarán más y serán los demás los que se aguanten.
  5. Autonomía. Podemos criar tipos y tipas estupendos… que no sean buenos hermanos, de la misma forma que los mejores adultos pueden ser unos esposos desastrosos. A veces ocurre: nos han salido unos hijos con personalidad, muy autónomos, equilibrados, con virtudes humanas… y que por eso no necesitan o no echan de menos el apoyo fraternal. Mal asunto. Como en tantas facetas de la vida, habrá que ser proactivo y fabricar cariño, empatía y compromiso donde no lo haya.
  6. Bendita compañía. Aunque lo normal es que todos los miembros de la familia, no solo los pequeños, necesiten compañía. No la echan de menos simplemente porque siempre están acompañados, pero se trata seguramente de la necesidad no material más básica de nuestra naturaleza. Saber que, ocurra lo que ocurra, están ahí los padres, están cerca los hermanos. Una realidad que en ocasiones hay que expresar verbalmente incluso en edades tempranas.
  7. Mirar más allá. Intentamos tratar a cada hijo como requiere ser tratado pero sin perder de vista la equidad. Es un objetivo ambicioso, quizá demasiado para nuestras fuerzas y talento. Hay hijos cuyo trato es fácil y placentero, mientras otros son una molesta y constante espinita en la vida doméstica y para la comodidad propia. Pero si hacemos un pequeño esfuerzo de imaginación, no será difícil concluir que, en el futuro, el carácter de cada uno nada tendrá que ver con su compromiso con el resto de la familia ni con el cariño que demuestre, más allá de la dulzura o la aspereza de cada cual.
  8. Coeducación. En todo caso, es precisamente la diferencia (de carácter, de edad, de talento…) la que hace posible la educación. Y esas diferencias se dan entre los hermanos por mera biología, aunque su virtud educativa no es, ni mucho menos, inevitable, y requiere de los padres una actitud activa. No hay que desperdiciar las enormes posibilidades que proporciona tener hijos que pueden ayudarse, instruirse, orientarse, aprender unos de otros.
  9. Igualdad de género. Aunque a muchos padres todavía nos pesa y nos influye el sexismo que vivimos en casa, afortunadamente las chicas ya no tienen que quitar la mesa y fregar los platos. O al menos no más veces que sus hermanos varones. Pero hay tentaciones más sutiles que proceden, por ejemplo, de la sobreprotección más o menos justificada con que tratamos a las chicas. Por otra parte, muchas veces hay que luchar contra el sexismo de los propios hijos e hijas.
  10. Diferencia de sexo. Cuando hay hermanos y hermanas, en el desvelamiento, paulatino, de la diferencia sexual se produce con frecuencia una cierta esquizofrenia. La percepción del otro sexo fuera de casa, en la escuela o en cualquier otro ambiente, no guarda ninguna relación con la forma de ver al hermano o a la hermana. Y eso no es bueno. El hogar debe ser la primera escuela de sexo, en la que se aprende a respetar, a conocer, a humanizar, a querer a los otros y a las otras.
  11. Las demostraciones de afecto entre hermanos varones se acaban muy pronto, pero es bueno mantener al menos el beso de saludo, ya que en estas latitudes todavía es un gesto aceptable, y que distingue el trato público entre hermanos del que tenemos con un amigo o conocido. Con más razón entre chicos y chicas; con frecuencia entendemos que la confianza hace superfluo este gesto, y es justo lo contrario.
  12. Más que justicia. El agravio comparativo, además de un fallo de la justicia, es un mecanismo psicológico que muchas veces va por libre. Y su impacto es tal que hasta mereció una parábola en la predicación de Jesús de Nazaret (para los curiosos, capítulo 20 de San Mateo). En la familia se dan agravios reales e imaginarios; hay que ser finos para distinguir unos de otros, y activos para mediar y, en su caso, rectificar. En último término, sin embargo, las relaciones familiares son mucho más que una cuestión de justicia, y eso hay que saberlo y transmitirlo.
  13. Equidad creativa. Los hijos van pasando del sencillo esquema escuela-familia a otros más complejos donde se mezclan los diferentes gustos y aptitudes para los estudios, exigencias en la frontera entre lo necesario y lo conveniente, viajes… Y los padres van atendiendo las nuevas situaciones según les viene y pensando, casi siempre con acierto, que en esta vida no se pueden hacer muchas previsiones. Así que, inevitablemente, se gasta más en unos hijos que en otros, se atienden exigencias que nos parecen razonables y se desechan otras… El conflicto es lógico y casi deseable. Porque habrá que explicarse; no hay otra.
  14. Es mío. ¡Ay, los derechos! ¿Cómo vamos a censurar a los pequeños que lloren por lo que creen que es suyo cuando los mayores somos capaces de dejar de hablarnos por los gastos de la casa del pueblo? ¿De verdad estamos legitimados para hablarles de generosidad, de desprendimiento, de esforzarse por meterse en los zapatos del otro? Cuando respondamos satisfactoriamente a estas preguntas estaremos en condiciones de ayudarles a hacer compatible ser buenos… con no ser tontos.
  15. No es lo que parece. Los juzgados de Civil están llenos de pleitos entre hermanos: ‘¿Qué hemos hecho para acabar así? Con lo felices que éramos de pequeños…’. Queremos pensar que la relación entre hermanos en la infancia debería trasladarse sin más al resto de la etapas de la vida. No ocurre así, y tampoco debe ocurrir: la madurez racional y emocional que deberían dar los años conforman una fraternidad diferente, más rica y profunda, y también más difícil. Los padres no deben dejarse llevar por las apariencias.
  16. Uno o varios adolescentes en casa constituye un auténtico hito en la historia de la familia. Las dinámicas cambian bruscamente, también para los pequeños. Y precisamente el hecho de que haya hermanos pequeños es una excelente excusa para fomentar en el adolescente una responsabilidad hacia ellos que hasta ahora era seguramente muy poco exigente. Ahora pueden llevarles y traerles, ayudarles en los estudios, recibir sus confidencias… ¿Nos fiamos de ellos? Hay que fiarse; no se equivocarán mucho más que nosotros.
  17. Tener hermanos proporciona, por lo general, una seguridad añadida a la principal dinámica familiar, la de padres e hijos. Pese a los desencuentros, peleas, celos y competitividad, niños y niñas sienten, casi siempre de manera inconsciente, que el grupo es más fuerte, está mejor protegido. Incluso en los momentos en que los lazos fraternales parecen más débiles no hay que desesperar, porque los pequeños -mientras son pequeños-necesitan esa seguridad y nunca cuestionarán la unión.
  18. Organización. Los hijos deben echar una mano en la casa desde muy pequeños, con encargos adaptados a su edad. Y según se hacen mayores estas responsabilidades se hacen más útiles, más necesarias para la buena marcha del hogar y más justas con los padres. Y en estas tareas no se debe librar ningún hermano ni hermana. Y no valen las excusas: exigencia académica, problemas de salud, preferencias y manías… Los hermanos, además, ejercen de vigilantes y estimulan el cumplimiento de las obligaciones.
  19. ¿Fracaso? Pensamos que hemos gestionado bien las relaciones entre los hijos y, al parecer, hemos fracasado. No parecen quererse, incluso hay quienes no se hablan y casi mejor que no lo hagan. Detectamos, además, envidias, complejos… ¿Qué hemos hecho mal? Seguro que algunas cosas, pero no más ni peores que otros padres felices de ver cómo se quieren sus hijos. No perdamos el tiempo en culpabilidades y centrémonos en lo que podemos hacer, porque siempre hay margen para la mejora.
  20. La disfunciones entre hermanos pueden ser graves, o llegar a serlo, si no actuamos. Y en esta labor es muy aconsejable la ayuda de los profesionales. Orientadores y terapeutas están hartos de tratar estos casos. Como hemos dicho antes, está todo inventado, y la mirada externa de un buen profesional nos ayudará enormemente, además de tranquilizarnos.
  21. Mediación. ¿De verdad tengo que perder tanto tiempo mediando entre mis hijos? En principio, sí, y no es una pérdida de tiempo. Este es un trabajo, el de la mediación, por el que algunos cobran buenas tarifas y que en la familia debemos hacer, desgraciadamente, gratis. Y, como los profesionales, debemos elegir el mejor momento y hasta el mejor lugar para, con la mayor tranquilidad posible, hacerles ver en qué están fallando en la relación con sus hermanos. Uno a uno y también en grupo.
  22. Lo importante. No educamos a hermanos ni a hijos, a estudiantes ni a trabajadores… sino a personas. En el fondo, la intervención de los padres en la relación de los hermanos pretende, por encima de cualquier otra cosa, la educación de cada uno de los hijos. No son motivos despreciables la armonía, la convivencia e incluso la mera ausencia de conflictos, pero no dejan de ser razones secundarias. La condición de hermana o de hermano solo es un factor más con el que cada hijo debe aprender a madurar bien.

 


Hermanos y hermanas en la pantalla

Mujercitas

Hay al menos media docena de versiones de la novela de Louisa May Alcott que vale la pena ver. Aunque todavía mejor es leerse el libro. Seriamente perjudicada por su título en castellano, la historia de estas hermanas resulta tan verosímil como las que, contando básicamente lo mismo, resaltan los rencores y desencuentros entre hermanas. Y el punto de vista resulta incluso más realista, además de mucho más ameno.

Sherlock

La excelente serie británica que trae a Sherlock Holmes al Londres del siglo XXI tiene entre sus muchos alicientes la relación entre los hermanos Holmes. Es la fraternidad masculina clásica; la de los afectos disimulados. Seguramente están cambiando mucho las cosas, pero aun así esta vinculación -vamos a decirlo así- inmadura, adquiere un encanto especial cuanto al final se trasluce el cariño entre ambos.

La habitación de Marvin (1996)  

Con un reparto de lujo, sorprendente para una película realizada -cachés aparte- con cuatro duros (Meryl StreepDiane KeatonLeonardo DiCaprio y Robert De Niro), entre otros temas de gran calado tratados con suavidad pero sin caramelos, destaca la relación de dos hermanas de carácter y biografías muy diferentes, que vuelven a intimar por la situación de su madre.

 

 

¿Tus hijos hacen vamping?

Existe un insomnio tecnológico cada vez más extendido entre los adolescentes provocado por la dependencia del uso de las tecnologías.

 

Por Eva Carrasco

El insomnio tecnológico provoca ansiedad y cambios de humor con mayor irascibilidad y frustración que lleva a una mayor hiperactividad e impulsividad. Es lo que se ha denominado vamping (vampire+texting) que reduce las horas de sueño por utilizar los aparatos electrónicos durante la noche. La neuróloga especialista en medicina del sueño de la Clínica Universidad de Navarra, Ángela Milán, advierte de las consecuencias para la salud de nuestros hijos como cansancio, falta de concentración o incluso obesidad.

Daniel Morales, director la Fundación de Orange, impulsora de “Por un uso love de la tecnología”, explica que “el vamping es el uso de dispositivos para relacionarse con otros adolescentes durante la noche, pero los adultos también lo hacemos y somos un mal ejemplo para nuestros hijos en el uso responsable de las tecnologías”.

 

¿Por qué lo hacen?

Muchos lo hacen porque es el momento de intimidad fuera de la vigilancia de padres y profesores para hablar con amigos. Con las actividades diurnas y las restricciones no hay tiempo libre para socializar, entretenerse y relajarse con los aparatos electrónicos. También juega un papel importante la necesidad de integrarse en un grupo y el rol social de trasnochar entre los adolescentes.

 

¿Por qué es tan importante dormir?

El ser humano necesita cumplir unos ciclos de actividad y de descanso tal y como defiende la especialista en trastornos del sueño, Ángela Milán. “Durante el sueño se consolida nuestra memoria y lo que hemos aprendido durante el día, se regulan las emociones y se consigue un estado de relajación. Se sintetizan proteínas y hormonas como la del crecimiento. Se eliminan desechos tóxicos relacionados con el alzheimer. También está relacionado con la regulación de la insulina y de las hormonas de la saciedad y el hambre. Un niño de 13 o 14 años necesita dormir unas 10 u 11 horas y todos sabemos que no llegan y tienen una gran privación de sueño.”

Tenemos ritmos circadianos controlados por nuestro reloj interno que se regulan con la luz. Cuando baja la luz se segrega melatonina inductora del sueño. A las 8 o 9 de la noche se empieza a segregar melatonina y llega al pico a las 12 de la noche.

En la adolescencia es una etapa difícil porque un 15% tiene una fase retrasada del sueño y secretan melatonina dos horas más tarde de lo que debieran, sobre las 3 o las 4 de la mañana. El uso de la tecnología hace que se retrase más.

 

 

La luz azul

La luz azul de onda corta de los dispositivos electrónicos es una luz muy potente que inhibe la producción de la melatonina lo que origina un retraso en el inicio del sueño y un mayor número de despertares nocturnos. El uso de los móviles durante la noche se ha disparado en los últimos 10 años y está directamente relacionado con la salud mental ya que aumenta el riesgo de depresión, la disminución de la autoestima y mecanismos de adaptación. También puede provocar problemas oculares, como fatiga visual o sequedad ocular. El uso del móvil para hacer scrolling provoca hiperalerta e hiperactividad.

La especialista pone de manifiesto que la melatonina no solo controla el sueño sino también el consumo de comida. “La falta de sueño aumenta la hormona del hambre y disminuye la hormona de la saciedad, también provoca fatiga y una vida más sedentaria. Además, sube la adrenalina y provoca mayor estrés y ansiedad “

 

 

Llegar a acuerdos

Para abordar el problema debemos ponernos en su piel y empatizar con ellos, aconseja la doctora Milán. “Conviene conversar para entender sus puntos de vista y por qué lo hacen. A partir de ahí, tenemos que ser flexibles y negociar las horas de uso y explicar las consecuencias a corto y largo plazo en estudios”.

Es conveniente negociar las horas de móvil e intentar buscar horarios anteriores. En los adolescentes hablarlo y si no ir a una consulta de sueño para que con un especialista externo entiendan el problema y pongan solución.

Si le gusta leer por la noche se puede usar el ebook activando el filtro de luz azul y poner en modo nocturno la pantalla. Otra posibilidad es utilizar los dispositivos electrónicos para escuchar audiolibros o podcast y meditaciones o app de relajación para inducir al sueño.

 


 

¿Cómo reconocer el problema?

  • Cansancio durante el día
  • Bostezos frecuentes (siesta)
  • Falta de concentración
  • Dificultad para levantarse por la mañana.

 


Alternativas al móvil antes de dormir

  • Predicar con el ejemplo
  • Juegos de mesa
  • Conversar
  • Lectura o música relajante
  • Baño de agua caliente
  • Masaje
  • Meditación, ejercicios respiración y relajación
  • Dar un paseo

 


Claves para evitar el vamping

  • Dejar los dispositivos electrónicos dos horas antes de dormir.
  • Establecer horarios que no cambien mucho los fines de semana.
  • Ambiente calmado en la habitación sin luz, sin ruidos y sin calor.
  • No hacer ejercicio vigoroso antes de dormir.
  • No tomar bebidas estimulantes.
  • Buena higiene del sueño.
  • Proponer actividades alternativas.
  • Utilizar un filtro de luz azul.

 

SOS Mi hijo es perfeccionista

silvia-alava

SILVIA ÁLAVA // PSICÓLOGA //

silviaalava.com

 


 

 

La capacidad de esfuerzo y de querer hacer las cosas bien es algo que todos deseamos inculcar en nuestros hijos y alumnos. Si embargo, el perfeccionismo como rasgo de personalidad, si no está bien reconducido, puede acarrear problema a nivel emocional, como pueden: ser altos niveles de frustración, ansiedad, sentimientos de inferioridad…

 

El perfeccionismo es un rasgo de la personalidad que se caracteriza por querer hacer las cosas de forma impecable, suele ir asociado con niveles de desempeño muy altos y con autoevaluaciones muy críticas de la persona y su realización. Querer hacer las cosas bien no es malo. El esfuerzo perfeccionista está asociado a conseguir resultados, una mayor motivación, capacidad de persistencia… El problema surge cuando los niños y las niñas no están satisfechos con su realización y nunca es suficiente, todo lo que esté por debajo de 10 lo consideran como un fracaso y no se permiten disfrutar de sus méritos ni de sus avances, por un exceso de autocrítica y por la preocupación de ser evaluados negativamente por su entorno, llegando incluso a pensar que para ser queridos y aceptados tienen que hacer todo perfecto.

 

Las causas del perfeccionismo en la infancia pueden ser muy variadas, y conviene hacer un análisis específico de cada caso. No obstante, sabemos que, según los estudios, la genética influye, y en un alto porcentaje de niños y niñas, uno de los dos progenitores también es muy perfeccionista.

 

Además, el estilo educativo puede favorecer la aparición del perfeccionismo en la infancia. Las demandas parentales excesivas lo predicen en muchos casos. Sin olvidarnos de la personalidad del menor, que en ocasiones, se caracteriza por presentar rasgos o ideas obsesivas, una mayor preocupación por hacer las cosas bien, por caer bien, gustar a los demás… En definitiva, los niños desarrollan rasgos perfeccionistas a través de la interacción entre sus características personales y las exigencias de su entorno social. Cuando los padres son “hiperexigentes” respecto a las realizaciones de sus hijos además, podría afectar a la relación paterno/materno-filial y aparecer más problemas en la dinámica familiar.

 

Esto puede tener consecuencias en el correcto desarrollo de los menores. Así a nivel emocional podrían estar más tristes, irascibles, irritables, es más probable que sientan ansiedad, angustia, vergüenza o culpa y puede verse afectada su autoestima, dado que es más probable que se sientan insatisfechos con ellos mismos.

 

Tienden a preocuparse de forma excesiva por su realización y sus resultados, sintiéndose incapaces e incluso inútiles si no consiguen la perfección, lo que les lleva a altos niveles de autoexigencia y a conductas de autocomprobación y de repetición, si algo no consideran que está perfecto…  Pueden, además, desarrollar un menor control emocional, porque los niños con altos niveles de perfeccionismo poseen una menor capacidad para controlar sus emociones durante los momentos en que se percibe el fracaso, se preocupan mucho y esto les impide utilizar otras estrategias más adaptativas como, por ejemplo, la reevaluación de la situación y darle menos importancia tanto al proceso, como al resultado.

 

Si observas en tu hijo o en tu alumno alguno de estos rasgos, debes de saber que, como figura principal de referencia, puedes hacer mucho por ayudarles. Así te aconsejamos:

 

  1. Párate, analiza y observa lo que está ocurriendo. Y no sólo fijándote en lo que hace o dice la niña, el niño o el adolescente, sino en lo que tú contestas y en tus actuaciones. Muchas veces la clave la vamos a tener en cómo nosotros, los adultos, reaccionamos. Cuidado con trasmitir la idea de que el mundo hoy es muy competitivo y que por eso es necesario ser el mejor, valorar más el resultado que el proceso, fomentar la competición, o las comparaciones continúas entre hermanos, familiares o amigos.

 

  1. Permite que identifique las emociones, que sea capaz de entender lo que siente y que le ponga nombre. Si le cuesta, podemos ayudarle. Por ejemplo, con frases del tipo: “Qué no te salga como te gustaría debe de molestar mucho…”, “entiendo que te enfades si no te sale ese ejercicio…”, “lo que sientes se llama frustración…”

 

  1. Valida su emoción, que sienta que es normal sentirse así y que no es malo. Muchas veces les decimos: “no es para tanto”, “no deberías enfadarte por esas cosas”, “no pasa nada… y sin querer estamos haciendo lo contrario. El mensaje implícito es: no deberías sentir lo que sientes, lo que el niño interpretará como, “de nuevo lo hago mal” y no contribuiremos a que desarrolle estrategias y recursos para superarlo.

 

  1. Cuida el modelo que le estamos ofreciendo. Ya sabemos que los niños son especialistas en copiar a sus figuras de referencia. Por eso es importante ser un buen ejemplo de tolerancia a la frustración cuando, para nosotros, algo no está perfecto.

 

  1. Establece objetivos factibles. Poner metas a corto plazo y más sencillas de lograr para él o ella, será fundamental. Por ejemplo, recalcar el esfuerzo que ha hecho por estudiar, y no tanto el resultado.

 

 

¿Cómo influyen los abuelos en la alimentación de sus nietos?

 

Por Diana Oliver

 

La conciliación no existe. Son los abuelos y las abuelas recogiendo a los niños del colegio. Dándoles la merienda. Salvando a los padres cuando el calendario laboral y el escolar siguen caminos muy distintos. Quizás por eso, por el tiempo que muchos niños y niñas pasan con sus abuelos, a muchas familias les preocupa la calidad de las comidas y/o alimentos que comparten. Y no van desencaminadas porque, según diversos estudios que analizan la influencia de los abuelos sobre el comportamiento alimentario de sus nietos, se han encontrado asociaciones en esa línea. Por ejemplo, que a mayor tiempo con los abuelos, mayor consumo de bebidas azucaradas o exposición a dulces, y el uso de determinados alimentos como premios o como una forma de consentir a los más pequeños.

 

Para la dietista-nutricionista Melisa Gómez los abuelos pueden tener diversos papeles en la crianza según el tipo de relación que exista, pero en muchos casos pueden tener “un rol bastante protagonista por el tiempo que pasan juntos y que incluirá el compartir muchas comidas, muchos mensajes en torno a las comidas, lo que dejará una huella en los niños pero también en su relación con los alimentos”. Melisa Gómez acaba de publicar junto Juan Llorca, chef de Valencia Montessori School, Leche con galletas (Vergara). En él ofrecen información y recomendaciones relacionadas con la alimentación saludable para que los abuelos puedan acompañar a sus nietos en el camino hacia una mejor alimentación. También recetas: 50 propuestas de comidas, cenas y meriendas para ponérselo fácil a la hora de pensar alternativas a platos o productos menos sanos.

 

Cambios para cuidar la alimentación en la infancia

 

La alimentación en los humanos es mucho más que un acto que nos permite sobrevivir. Tiene mucho de cultural y de emocional. Las costumbres marcan lo que comemos. Quizás por esto los abuelos y abuelas pasan más tiempo en la cocina y, aunque utilizan menos alimentos ultraprocesados, no suelen tener un conocimiento previo de lo que es una alimentación saludable: qué alimentos primar, cuáles evitar.

 

Explica Melisa Gómez que es importante cuidar la alimentación de niños y niñas desde la infancia porque “en estos años se irá educando nuestro paladar, se nos animará a escuchar o no nuestras señales de hambre y saciedad, entre otros aprendizajes de gran relevancia para nuestra alimentación y salud futura”. Según Juan Llorca para ayudar a los abuelos a cuidar más la alimentación de sus nietos y nietas se les puede ofrecer más información a nivel nutricional, ayudarles a cambiar ciertas creencias obsoletas y enseñarles nuevas recetas.

 

Ahora bien, ¿qué debemos evitar decirles para que no se sientan atacados o se resistan a los cambios que les pedimos? Responde el chef que en realidad más que evitar decirles algo, tendríamos que aprender a comunicarnos: “Es una buena idea poder sentarnos alrededor de una mesa, charlar, y hacerles ver lo importante que son para la educación en todos los sentidos de nuestros hijos e hijas. Motivos para cuidar la alimentación de los niños hay muchísimos, pero yo diría que es uno de los pilares fundamentales, junto con el ejército y la salud mental, para prevenir enfermedades futuras a corto, medio y largo plazo. Ese es el mensaje que hay que trasladar”, señala. Melisa cree que es importante adelantarles que en ningún caso queremos que se sientan juzgados, sino que queremos que nos acompañen en la crianza y sean parte de todas las etapas que vamos viviendo. “Tenemos que dejarles claro, con mucho tacto, que ahora tenemos un montón de información a nuestro alcance, por lo que nos ayudaría mucho poderla compartir con ellos. Así, tomando en cuenta su opinión, trazaremos un plan de acción en conjunto. Del mismo modo que ha ocurrido con el sueño o con la seguridad en el coche, todos los cambios de la crianza se fundamentan en datos que se van descubriendo. Tal vez tengamos que ceder nosotros también en algún punto, aunque esto dependerá de lo que decida cada familia”.

 

¿Cómo llevamos a la práctica esa mejora en la alimentación? La dietista-nutricionista responde que, además de cuidando la propia alimentación y dando el ejemplo, brindando recursos para que sientan que pueden consentir igualmente a los nietos  sin perjudicar su salud. “Hay un montón de ideas para consentir sin chuches a los nietos, tanto con tiempo y actividades como con recetas que puedan ser una alternativa mejor frente a ultraprocesados y azucarados. Hay que conversar mucho con los abuelos para que nos sigan ayudando y no crean que les están privando de nada sino todo contrario. Tenemos que ayudarles a que vean que se ganaría mucho al cultivar una buena relación con la comida y crecer practicando buenos hábitos de salud”, sostiene Melisa Gómez.

 

 ¿Pueden ser las recetas saludables y deliciosas?

 

En Leche con galletas sus autores proponen alternativas a los productos ultraprocesados pero también recetas para todos los gustos. ¿Es posible cocinar de forma más saludable sin renunciar a que esa comida sea deliciosa? Para Juan Llorca no hay duda: se puede comer rico y sano. “Una cosa no tiene que estar reñida con la otra. Se pueden comer platos tradicionales prescindiendo de ciertos alimentos que ya sabemos que no son interesantes para la salud, recetas dulces mucho mas atractivas incluso que las originales, y sobre todo descubrir nuevos sabores”.

 

Melisa Gómez cree que nos cuesta hacer cambios en nuestras cocinas porque el día a día a veces nos absorbe y necesitamos tiempo para parar, planificar la receta, la compra… También porque vamos a lo conocido para evitar pasar por la curva de aprendizaje que implica hacer algo nuevo o porque pensemos que no va a salir bien o no les va a gustar. “Los motivos pueden ser muy diversos pero nosotros invitamos a las familias, a los abuelos y abuelas, a que paren y prueben, a su ritmo, recetas saludables que además están ricas y que nos permitirán pasar un rato genial junto a los nuestros”, concluye.