Imaginar y recordar

Durante toda esta semana, en las aulas, se hablará del DENIP o Día Escolar de No Violencia y la Paz, por lo que hemos decidido publicar un texto escrito por Meirav Kampeas-Riess, profesora de Infantil, en memoria de su familia, que murió en  Auschwitz, y de su abuela, que logro sobrevivir al horror, rehacer su vida y vivir feliz hasta hoy, con 97 años.

Imagínate un mundo sin ego, razas y guerras de religiones, imagínate el mundo sin la segunda guerra mundial, donde el Holocausto no hubiera sucedido, un mundo en el que no murieron más de seis millones de judíos en sus casas, en la calle, en los bosques y en las cámaras de gas.

¿Cómo sería el mundo hoy?

La imaginación no tiene limitaciones, incluso es capaz de devolvernos la esperanza, algo que nunca debemos de perder.

La imaginación es una manera de proyectar y pensar en soluciones, mejorar cosas que no funcionan bien y traer novedades a nuestra vida.

Pero la imaginación no puede retroceder en el tiempo, borrar la historia y la memoria de algo tan grande y bárbaro cómo el holocausto.

Ahora es el momento de dejar de imaginar y salir a la acción. Invertir en unas de las herramientas más potentes que creó el ser humano: la Educación.

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Utilizar la imaginación, dentro de la Educación, nos permite preguntar a los alumnos importantes cuestiones, como:

  • ¿Qué dirías si ves a un líder llamando a la población a maltratar a una minoría en su país?
  • ¿Qué pensarías si prohibieran a algunos de tus mejores amigos ir al colegio porque pertenecen a otra religión?

Tenemos que lanzar estas preguntas difíciles para que nuestros niños piensen en soluciones, les permitan generar compasión y empatía y que, en su crecimiento, ser personas incapaces de hacer daño a otro ser humano.

La Educación en valores puede ayudarnos a formar personas con valor, es decir, con fuerza interior, que no se refleja en su tamaño de musculación corporal, sino en el tamaño de sus corazones.

Sin duda, estamos viviendo unos de los momentos más complicados debido a la pandemia mundial y, con ella, sale a la luz lo bueno y lo malo de nuestra sociedad.

Somos pocos los que hoy nos paramos para recordar algo que paso hace 75 años en nuestro mundo. Tenemos el deber colectivo de educar a nuestras futuras generaciones, desde el conocimiento que todos los seres humanos padecemos los mismos miedos, soñamos con cosas similares y buscamos ser felices.

Todos juntos pertenecemos a un gran tejido humano que en el están reflejados nuestras acciones y sus consecuencias, así que no rechacemos a nadie por su color de piel, creencias religiosas, nacionalidad, género o condición social.

[quote]Este miércoles, 27 de enero, se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto 2021. Para no olvidar este hecho y educar para evitar que se repita, la profesora y nieta de superviviente, Meirav Kampeas-Riess ha este texto, en el que pone en relación los horrores pasados del Holocausto con el mundo presente que vivimos.

Meirav Kampeas-Riess es autora de El pequeño libro de los grandes valores (Planeta), donde relata la historia de su abuela desde un punto de vista didáctico. [/quote]

Meirav Kampeas-Riess 

Profesora de Infantil, escritora y ponente

Mi clase en cuarentena

Transcurrido el período estival, parecía que los niños podrían retomar sus clases con normalidad, o quizá queríamos creer esto. Sin embargo, está siendo muy diferente a lo que hubiésemos deseado, puesto que el virus o el “corona”, como dicen muchos de nuestros pequeños, sigue estando muy presente.

Lo que sí está claro es que los alumnos tenían que retomar su Educación en las escuelas infantiles y centros educativos. Necesitaban volver a socializar con sus iguales, parte fundamental para el desarrollo madurativo y la fijación de su personalidad. Asimismo, era fundamental que retomasen sus rutinas en horarios, obligaciones, manejo de su autonomía y consecución de logros. Sin embargo, se establecerían una serie de protocolos de actuación, entre los que se encontraba la cuarentena de toda una clase, si, entre los niños, había algún caso positivo, un escenario que ponía en peligro la organización de toda la familia, junto con las rutinas educativas de los niños.

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¿Qué pasó en septiembre?

El inicio del curso escolar, con multitud de incógnitas, preguntas sin resolver y un estado de incertidumbre para adultos y niños que no ha puesto fácil la adaptación, surgiendo el miedo a cómo va a ser el siguiente escenario educativo. Se nos plantearon diferentes escenarios de cómo actuarían los centros, según se desarrollara la crisis sanitaria, para tratar de retomar la rutina, tan anhelada, con los niños y adolescentes.

La mayoría de los niños sí que habían expresado su deseo de volver a las clases, de poder ver a sus amigos, a sus maestros y de que les explicasen los contenidos de manera más cercana y no a través de la pantalla de un ordenador o de vídeos explicativos. Muchos de ellos contaban los días que faltaban con gran deseo.

Sin embargo, en algunos de los casos, se han producido algunas decepciones. Los nuevos protocolos han establecido la reducción de los aforos por aulas y, algunos, han visto cómo eran separados de sus amigos más íntimos. Pues bien, esto ha provocado cierto rechazo a ir a la escuela, en algunos de ellos, y en otros un gran deseo de hacer más y nuevos amigos. Este punto es fundamental en la socialización de los niños; como fundamental también será la posición que adopten padres y educadores en esta nueva situación. Puede ser un momento único para favorecer conductas asertivas en los niños y aumentar su autonomía en la resolución de situaciones que vean más difíciles o complicadas de manejar.

Un positivo: todos en cuarentena

Podemos encontrar que un caso positivo ponga en cuarentena a la clase, por prevención. Si se diese esta situación, en la que una clase entera tiene que permanecer en cuarentena durante dos semanas y que los niños vuelvan a estar encerrados en casa, debemos tomarlo con la mayor calma posible y volver a adquirir, durante ese tiempo, hábitos que ya hemos aprendido en los meses pasados, siendo fundamental que no se pierdan las rutinas, que los niños sigan sus clases y que realicen actividades que, durante el confinamiento, les resultaron divertidas y útiles. Para ellos, será más fácil de lo que pensamos, ya que suelen adaptarse a las situaciones mucho mejor que los adultos, su mente es más plástica.

  • Horario para no perder los buenos hábitos. Elaboraremos con ellos un horario, donde tengan cabida sus obligaciones y momentos de ocio, distribuido todo de manera sensata. En este punto hemos de tener cuidado en que nuestros hijos no se tomen este período como si se tratase de unas vacaciones y se relajen. Es importante que no caigamos en esto padres e hijos, ya que lo que puede ocurrir es que vuelvan a perder el hábito de estudio o el quehacer de sus obligaciones, y la vuelta a la rutina sea más costosa y con un desfase en los contenidos.
  • Limitar el uso de las pantallas. También es peligroso que, ante el vacío de actividad y el miedo al aburrimiento, tomen como mayor distracción los videojuegos o que pasen excesivo tiempo delante de los aparatos electrónicos y nuevas tecnologías, que ya hemos visto que, durante el confinamiento, ha sido excesivo, con la consecuencia de que muchos niños han desarrollado dificultades para dejar de pasar tiempo delante de las pantallas.
  • Juegos beneficiosos para su desarrollo. Es un buen momento para favorecer el uso de juegos creativos, que puedan hacer acompañados o solos, y que reactiven el desarrollo de su inteligencia, la autoestima y el aumento de la autonomía. Asimismo, se pueden llevar a cabo juegos o actividades que impliquen movimiento y ejercicio físico, y les saquen de la monotonía y el sedentarismo.
  • Juegos de rol. Otra de las actividades que recomendamos los psicólogos es animar a los niños a llevar a cabo juegos de rol, por ejemplo, donde un niño puede ser cocinero, médico o maestro, ya que todo ello, además de entretenerles, puede ser un canal para la expresión de emociones, sentirse más importantes, liberar tensiones, alejarse de las preocupaciones y favorecer un estado de ánimo más positivo para el niño y, en consecuencia, para toda la familia.

 


Natalia Ortega de Pablo,
psicóloga infantil • Activa Psicología

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