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Hace casi 50 años, en un antiguo castillo ubicado en la costa del sur de Gales (Reino Unido), abrió sus puertas el primer colegio del mundo unido.
Era 1962 y el planeta –aún con la resaca del horror nazi y la II Guerra Mundial muy presente en la memoria colectiva– estaba dividido en bloques ideológicos, vivía bajo la amenaza de un estallido nuclear y asistía a una inédita proliferación de conflictos locales, la mayoría con raíces coloniales.



