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Explicar a los jóvenes –y a los no tan jóvenes– cuántos elefantes pesa una nube, de qué color es un espejo o "qué tienen que ver el LSD y la serendipia", puede servir para fomentar la curiosidad en ellos y demostrar que "todo lo que les rodea y lo que les apasiona tiene que ver con la ciencia".




