Ya sabemos que leer la Biblia, y especialmente el Antiguo Testamento, no suele estar entre los intereses de nuestros alumnos. Por eso, nuestro papel como profesores debe ser el de encontrar las herramientas y motivarlos a que lo hagan. Una buena manera es buscar textos atractivos, de lenguaje sencillo y cercano, y que transmitan historias de interés.






