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Malas notas
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Cómo hablo de sexo
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Perro rabioso
Autor: padresycolegios.com
Lara (ocho años) y su hermana decidieron lavar a un perro callejero que, obviamente, se encontraba bastante sucio. Se lo llevaron a una fábrica abandonada y se dedicaron con entusiasmo a enjabonar al pobre animal con jabón en polvo de lavadora. Asustado, el chucho decidió escapar de las niñas, su agua y sus cepillos, y corrió por el pueblo con el cuerpo y la boca cubiertos de espuma. La gente, asustada por la aparición de un peligroso perro rabioso, corrió a esconderse a sus casas.
Zapatos blancos
Autor: padresycolegios.com
Raquel, de dos años de edad, estaba muy ilusionada con tener unos zapatos blancos, pero al tener un problema de pies planos debía llevar un modelo especial de calzado. Ante su insistencia sus padres decidieron llevarla a comprar unos zapatos ortopédicos del color que ella quería. Tras recorrer con escaso éxito una docena de tiendas y zapaterías, Raquel, muy enfadada, empezó a gritar en medio de la calle: ¡Mis padres no me quieren! ¡Vecinos, mirad mis zapatos rotos! Al final, en otro establecimiento apareció lo que andaban buscando. ¡Por fin! –exclamó la niña, sintiéndose satisfecha– ¡Ya era hora!
Meones y Secones
Autor: padresycolegios.com
Israel padecía de incontinencia nocturna y seguía orinándose en la cama en una edad en la que esto ya no era normal. Su madre estaba muy preocupada por la posibilidad de que el niño cogiera algún tipo de complejo y no quería que los conocidos de su hijo se enteraran y se dedicaran a burlarse de el. Por eso le insistía al hermano mayor de Israel, Sergio, que no debía de contarle a nadie lo que pasaba. Los niños, sin embargo, acabaron diciéndoselo a sus amigos, algunos de los cuáles comentaron con toda naturalidad que tenían el mismo problema. ¡Cual no sería la sorpresa de la madre cuando descubrió que la pandilla de sus hijos había formado dos equipos para jugar un partido de fútbol, y que los equipos se llamaban Los Meones y Los Secones!
Yo quiero ser violador
Autor: padresycolegios.com
De pequeño, a Iván y a su hermana les encantaba la música. A la niña le gustaba tocar el arpa, mientras que el pequeño se decantaba por la viola. Un día unas vecinas vinieron de visita a la casa y al verle, una de ellas le preguntó: ¿Y tu, qué quieres ser de mayor? ¿Yo? –respondió muy serio– ¡Quiero ser violador!
Hiperactivos
Miguel (3 años) y su madre suelen empezar cada día de la misma forma. Vestirlo parece una especie de batalla campal para que el brazo entre por la manga del jersey o la pierna por la obertura del pantalón. Después viene lo de tomar el vaso de leche, con suerte sólo se mancha un poquito.
Autor: beatriz mena
Cuando las relaciones con nuestros hijos se complican y generan mucha ansiedad es conveniente consultarlo con un pediatra y plantearse la posibilidad de que exista alguna causa para estos comportamientos que no tenga que ver con la educación que le hemos dado o con la elección de una guardería poco adecuada. Una de las posibles causas puede ser el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza por el déficit de atención, impulsividad o hiperactividad excesiva o inapropiada para la edad del niño, dificultando su desarrollo. Aunque la causa es de carácter neurobiológico, los síntomas pueden agravarse en condiciones ambientales adversas.
¿CÓMO SE MANIFIESTA UN TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON O SIN HIPERACTIVIDAD?
Podemos encontrarnos con un niño como Miguel, que no para ni un momento, o con una niña como Nuria, que está en las nubes. En ambos casos el problema es el mismo, pero el trastorno se manifiesta de forma diferente. Los tipos de TDAH son:
Inatento: predomina la dificultad de atención.
Impulsivo-hiperactivo: predomina la dificultad en el auto-control.
Combinado: presenta síntomas de inatención, de impulsividad y de hiperactividad.
Características:
En principio, que nuestro hijo sea despistado o excesivamente movido o impulsivo no es malo (salvo para nuestra paciencia y la de los maestros). Los problemas comienzan cuando, a causa de estas dificultades, nuestro hijo con TDAH ve alterada su vida cotidiana en casa y en la escuela, y aparecen otros problemas como:
– Roces o peleas con los amiguitos que no entienden esa forma tan efusiva de saludar o esos empujones que da porque necesita ser el primero en llegar a donde sea. De aquí pueden salir algunos problemas de adaptación en la guardería o en el parvulario.
– Los padres y maestros agotan su paciencia y optan por los castigos que, encima del desgaste que implican, no solucionan la situación y empeoran las relaciones interpersonales.
-Dificultades para regular el sueño o los hábitos de comer.
– Mayor facilidad para sufrir accidentes. Cuando nuestro hijo se pasa mucho tiempo curioseando encima de una mesa es lógico que aumente la posibilidad de tener más accidentes.
– Más pataletas y rabietas que otros niños porque lo necesita todo «¡ya, ahora mismo!».
– Retrasos en el habla o en el desarrollo motor.
¿CÓMO SABER SI ES MOVIDO O DESPISTADO, O SI TIENE UN TDAH?
Durante la edad preescolar (3-6 años) es difícil hacer un diagnóstico definitivo de TDAH, ya que muchas de las conductas de nuestros hijos (saltar, correr, gritar…) forman parte del comportamiento normal de la mayoría de los niños pequeños. La clave para el diagnóstico del TDAH es que los síntomas se mantengan de forma crónica e inadecuada para la edad de nuestro hijo y que dichos síntomas no sean consecuencia de otras causas. Se necesita la evaluación de un profesional clínico que diagnostique el trastorno y determine las causas de ese comportamiento.
Para establecer el diagnóstico, el especialista necesita tanto la información de los padres, del parvulario y del pediatra como la observación directa del comportamiento del niño. Con estos datos, él puede juzgar la frecuencia y la intensidad de las conductas inadecuadas y establecer así un diagnóstico adecuado diferenciándolo de los comportamientos propios de esta edad. No es lo mismo un niño que a veces corre por el pasillo o que le gusta saltar, que otro que no sabe desplazarse sin correr y que se golpea con frecuencia por ir rápido y sin mirar.
¿Qué podemos hacer?
Actualmente se sabe que entre uno de cada tres niños y dos de cada tres de los menores que son diagnosticados de TDAH seguirán teniendo alguna dificultad cuando lleguen a adultos. Pero también se sabe que, aunque la causa de este trastorno es de carácter neurobiológico, los síntomas se pueden agravar si se vive en unas condiciones ambientales adversas. Por eso es importante cuidar el entorno en el que se mueve nuestro hijo y la forma en cómo lo tratamos.
Padres – escuela
El TDAH no es consecuencia de una educación incorrecta por parte de las familias ni por parte de los maestros. Este hecho es importante que lo asuman tanto los padres como el parvulario y que, a partir de ahí, comiencen a trabajar conjuntamente para mejorar las capacidades de los niños con dificultades, porque una buena relación entre las personas que más tiempo pasan con el niño es un factor muy importante y decisivo para su desarrollo.
Es responsabilidad de los padres facilitar información sobre el TDAH al maestro y por parte del maestro el formarse profesionalmente para dar la respuesta más adecuada a cada uno de sus alumnos.
SUGERENCIAS PARA LOS MAESTROS
1. Procurar un ambiente tranquilo, ordenado y sin demasiados cambios. La estabilidad les ayuda.
2. El maestro ha de ser flexible; a un niño muy activo no se le puede pedir que se esté quieto en su mesa mientras se prepara alguna actividad, pero tampoco se le puede dar rienda suelta para que haga lo que quiera ya que también necesita tener límites y saber hasta donde puede llegar. Es conveniente tenerlo cerca y hacerle repetir las instrucciones en voz alta, haciéndole preguntas y felicitándole si acierta la respuesta.
3. No es extraño que los niños excesivamente activos tengan algún que otro problema en las relaciones con sus compañeros. Ha de ser corregido pero siempre buscando una solución, nunca culpabilizando ni etiquetando al niño. El maestro debe valerse de sus recursos para ayudar al niño en la buena integración en el aula y la escuela.
4. El parvulario coincide con una etapa en la que hay que dar más importancia al aprendizaje del control de la conducta y de la relación con los compañeros que a las habilidades meramente académicas.
5. Todos los niños pueden destacar en algo. Si tenemos a un niño que tiene dificultades para destacar en el aprendizaje podemos ayudarle favoreciendo otras actividades que desarrollen la creatividad como las manualidades o las canciones.
SUGERENCIAS Y CONSEJOS PARA LOS PADRES
1. La información es el primer paso para la comprensión y la formación. Cuanto más sepas acerca de lo que le sucede a tu hijo mejor comprenderás su comportamiento y podras ofrecerle ayuda válida.
2. La educación debe iniciarse desde la infancia, ya que la eficacia educativa a los 3-4 años de edad tiene una repercusión directa en la adolescencia. Cuanto antes diagnostiques si tu hijo sufre un TDAH antes podrás empezar a reaccionar para actuar de la mejor manera.
3. Ten en cuenta que el problema no es tu hijo, sino su comportamiento. Cuando se porte mal, critica sus actos pero no su persona. Puedes utilizar frases del tipo «esto que has hecho no me gusta», pero evita frases del tipo «eres un desastre» o «qué niño más malo».
4. Es importante solicitar ayuda profesional cuando hay problemas para manejar el comportamiento del niño.
5. Ante este trastorno es necesario un trabajo en equipo entre padres, maestros y profesionales que busque soluciones conjuntas. Debemos hablar con los maestros de nuestro hijo e intercambiar opiniones.
6. Los padres debemos adaptar las actividades que realizamos con nuestros hijos a las edades que tengan los niños.
7. Saber cual es el comportamiento normal del niño en cada edad. Pretender que un niño de preescolar se comporte perfectamente en situaciones creadas para adultos (comer en un restaurante o ir de compras, por ejemplo), es algo irreal.
8. Aprender a controlar la conducta del niño. Lograr que los niños con TDAH hagan aquello que los padres suponen que deben hacer es un reto muy difícil de conseguir. Por ello es conveniente acudir a seminarios o cursos donde se aprenden a utilizar estrategias educativas eficaces, a adecuar las expectativas a las capacidades de los niños y, a la vez, conocer a otras familias que se encuentren en situaciones semejantes y que les comprenden.
9. Intentar conservar la calma por muy tensa que sea la situación. Antes de «perder los nervios» es conveniente respirar profundamente, contar hasta 10 y, si es necesario, retirarse un momento y regresar de nuevo para intentar solucionarlo.
10. Ir paso a paso. Es mucho más razonable y menos decepcionante proponernos pequeñas metas e, incluso, intentar conseguir y valorar pequeños avances dentro de un mismo objetivo. Por ejemplo, si queremos conseguir que Miguel se ponga él solo el pantalón, podemos empezar por que se siente en la silla, después tendrá que meter los pies por su sitio, aprender a subírselo, aprender a abrocharlo y, ¡por fin! ponerse el cinturón.
11. Buscar las conductas positivas. La mayoría de los padres tienden a prestar más atención a las conductas negativas de sus hijos, ya que estas son las que molestan y llaman la atención. Es muy importante descubrir a nuestro hijo haciendo algo bueno y felicitarle por ello.
12. Cuando hay más hermanos. Cuando tenemos a un hijo que reclama la atención constante de los padres, éstos suelen dedicar menos atención al hermano más tranquilo porque corre menos peligros. Los padres se sienten mal porque no pueden descuidar a uno de los hijos pero también encuentran a faltar la dedicación hacia su otro hijo. Es conveniente buscar un tiempo especial para dedicarse a los hermanos.
El misterio de la voluntad perdida
No tiene sentido el descrédito de la voluntad en todo lo relacionado con el aprendizaje humano, especialmente en la educación. Muy al contrario, la voluntad debe trabajarse todos los días, fomentando así la toma de decisiones y desarrollando la inteligencia. Trabajar en casa y en los centros educativos estos aspectos ayudará a nuestros hijos a crecer como personas y a no despistarse del verdadero camino hacia la verdad.
Autor: Adolfo Torrecilla
Con este título, El misterio de la voluntad perdida, publicaba el filósofo y profesor José Antonio Marina un libro en 1997 en el que, con la sugestiva dialéctica que le caracteriza, hablaba sobre el descrédito de la voluntad en todo lo relacionado con el aprendizaje humano, especialmente en la educación, donde se ha sustituido la palabra voluntad por otra mucho más posmoderna y placentera: motivación. La voluntad se ha rechazado como si se tratase de algo impuesto, el triste fruto de una educación centrada exclusivamente en los objetivos. Siguiendo a Marina podemos decir que la voluntad es la inteligencia en marcha, en pleno funcionamiento. Si hemos educado de manera correcta la voluntad, la inteligencia decidirá de la mejor manera posible, optando por el bien (que ese es su fin). Si la hemos educado de manera errónea, dejando que actúen sólo las motivaciones, se buscará el efecto más inmediato y fácil.
La falta de voluntad propicia un tipo muy extendido hoy día en los colegios y en la sociedad: la persona flácida que sólo funciona obedeciendo ciegamente sus impulsos. Pero los impulsos casi siempre suelen ser caprichosos y rechazan el esfuerzo añadido de la constancia. Los impulsivos son seres blanditos, amorfos y oblongos.
ANALFABETOS SENTIMENTALES
No es fácil educar en la voluntad, y mucho menos hoy día. En el ámbito familiar, vemos por todos los lados manadas de pobres padres claudicantes, que se ven arrastrados por los caprichos de sus pequeños tiranos, que consiguen sin muchos esfuerzos que sus deseos se hagan realidad, sobre todo en lo material, que es donde más suelen cargar la mano. Los padres empiezan tirando la toalla con una tontería y acaban cediendo, con el paso de los años, en asuntos mucho más importantes.
La sociedad, por su parte, no echa una mano a las familias. Como escribe el psiquiatra Enrique Rojas en su libro Los lenguajes del deseo, la sociedad actual fomenta la incultura sentimental, con todas las consecuencias que vemos a diario a nuestro alrededor, donde se aprecia un desprecio de la inteligencia en beneficio de valores más inmediatos. Un ejemplo muy concreto, y que influye más de lo que somos capaces de imaginar, son los valores que fomentan los personajes que pululan por programas y series de televisión y en la prensa del corazón. Ahí está, en parte, la raíz de la desesperada búsqueda del placer por el placer como único objetivo vital, una trampa que no conduce a la felicidad.
DECIDE LA VOLUNTAD
La voluntad, como escribe Rojas, se educa día a día fomentando la toma de decisiones, educando la fortaleza, practicando hábitos personales y solidarios que hagan a los más pequeños salir de la burbuja egotista de la que muchas veces son felices prisioneros. Los padres, como no puede ser de otra manera, tienen un papel capital en todo este proceso, pues la educación de la voluntad les afecta muy directamente a ellos. Los colegios tienen la obligación de completar esa educación enseñando la necesidad de la voluntad para la práctica diaria de la inteligencia e impidiendo que los alumnos y alumnas confundan el camino hacia la verdad con el cómodo sustituto del atrayente capricho.
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Educar en el gusto, insistir en la variedad
Educar el gusto en las edades tempranas es una cuestión tan simple como presentar a los niños en la boca un alimento como mínimo nueve veces. Además, hay que intentar que los pequeños vean al los adultos comer de todo.
Autor: Marta Sahelices
Los datos hechos públicos por la Organización Mundial de la Salud sobre la obesidad infantil en España son cada vez más preocupantes. Dos de cada diez niños son obesos, un problema de salud que hay que conseguir erradicar de la sociedad gracias a una buena educación nutricional en las edades más tempranas.
Los padres son conscientes de lo que los niños deben comer y lo que no, pero no se dan cuenta de que los más pequeños sólo entienden de lo que les gusta y lo que no les gusta. Y ahí está la dificultad: cómo conseguir que el niño coma un pimiento o pruebe el atún, dos sabores bastante fuertes para un paladar infantil recién formado.
Los expertos coinciden en varios aspectos que hacen que los pequeños se aventuren a probar productos o alimentos que les resultan extraños o poco conocidos.
La imitación
¿Quién no conoce a un niño al que no le guste la cebolla y que a cuya madre tampoco le guste esta misma hortaliza? Varias teorías educativas apuntan a que la imitación es uno de los procesos más habituales que utilizan los niños en sus primeros años de vida para adaptarse al medio. Así, si veo que mi papá o mi mamá no come algo, yo tampoco lo como.
Aún es mas grave y se potencia más esta cuestión cuando la persona encargada de hacer la comida familiar retira un alimento del menú común porque a ella personalmente le disgusta.
Eliminar este hábito de una persona formada y adulta es imposible, pero al menos hay que conseguir que el pequeño pruebe ese producto porque seguramente al final le acabe gustando. Además, previsiblemente en un futuro ese sabor le resulte extraño y poco apetecible.
La explicación a está cuestión la aporta la directora del Instituto Español de Nutrición, Isabel Lopera, quien explica el modo de asimilar sabores.
Papilas gustativas
Las papilas gustativas son sensores neuronales que se van desarrollando. Cuando somos niños sólo tenemos desarrollado el gusto por lo dulce y lo salado y ya en la edad adulta conseguimos distinguir por ejemplo los sabores agridulces y amargos. Por ello, para que el desarrollo neurológico de las papilas gustativas se lleve a cabo correctamente es necesario, como mínimo, probar cada alimento entre 9 y 13 veces. Así, cuando a un niño le presentamos un producto no hay que desistir a la primera respuesta negativa y hay que insistir. La directora aclara que a partir de ahí ya tendríamos que buscar otras cuestiones como, por ejemplo, alergias o intolerancias.
No obstante, aprender a sentase en la mesa, por ejemplo, es tan importante como insistir en la variedad de gustos que podemos experimentar con la comida.
Hábitos nutricionales
Los padres poseen conocimientos nutricionales que dan como verdaderos, mientras que los nutricionistas consideran que hay una serie de cuestiones en las que se equivocan y que habría que variar en la alimentación infantil.
Desayuno: hay un exceso de bollería reiterado. Deberían ser variados: fruta, bocadillo, cereales. Hay que conseguir que el niño se habitúe a desayunar a diario.
Primer plato: existe un exceso de consumo de arroz, pasta y pan. Hay que consumir más legumbres, verduras variadas y hortalizas.
Segundo plato: los nutricionistas encuentran un elevado consumo de carne roja y blanca, ricas en colesterol. Hay que añadir a la dieta infantil pescado y huevos.
Postre: hay un excesivo consumo de lácteos como yogures, quesos, frente a un bajo consumo de frutas frescas.
Merienda: los niños comen dulce habitualmente cuando deberían alternar diferentes alimentos. Así, un día pueden comer cereales con leche, otro día consumir productos salados o fruta.
En general la dieta infantil cuenta con una gran cantidad de añadidos chocolateados y grasas saturadas nada recomendables.