En las aulas de matemáticas, el material escolar suele percibirse como un elemento secundario, casi invisible: regla, escuadra, cartabón, compás o calculadora forman parte del aprendizaje cotidiano, sin que apenas se reflexione sobre su verdadero papel en el aprendizaje. Con frecuencia, estos instrumentos se consideran simples herramientas técnicas destinadas a “hacer bien” un dibujo o a “agilizar” un cálculo, cuando en realidad constituyen auténticos mediadores del pensamiento matemático.








