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Al ritmo que marca una impresionante expansión económica, China está adaptando su sistema educativo para asentar sólidos pilares que le permitan convertirse en la próxima superpotencia mundial. El gigante asiático prácticamente ha doblado su tasa de matriculados en la Secundaria superior y en la Universidad desde el año 2000, pero aún no ha conseguido universalizar la enseñanza obligatoria en sus vastas zonas rurales. Dos caras de un modelo en plena efervescencia.








