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Sin duda uno de los modelos de enseñanza con mejores resultados a nivel mundial, el sistema japonés muestra su cara menos amable con la proliferación del acoso escolar y la soledad obsesiva que, curso tras curso, abrazan miles de alumnos, muchos de los cuales dejan incluso de asistir a clase por miedo social. Tras décadas sosteniendo el extraordinario crecimiento económico del país a base de sacrificio y ultra-competitividad, la escuela nipona empezó a tomar consciencia de sus efectos adversos en la década de los 80, y desde entonces se halla inmersa en un proceso de revisión continuo.