Vacaciones… ¿Y ahora qué?

Después de un final de curso convulso, en el que niños y profesores hemos terminado con la lengua fuera tras más de dos meses confinados y un esfuerzo extra, debemos hacernos la gran pregunta: ¿habrá deberes en verano?

Bajo mi punto de vista la respuesta es clara: no pondría deberes puramente académicos, si no opciones para que los alumnos puedan realizar actividades diversas en su día a día. Los niños no han tenido la sensación de cerrar el curso, ni siquiera se han despedido de sus compañeros, y corremos el riesgo de que lleguen a septiembre con la sensación de llevar doce meses ininterrumpidos de clase.

Los deberes que hagan nuestros alumnos este verano deben estar más pensados que nunca. Es cierto que hay muchos tipos de familias, algunas que no pueden hacerse cargo de sus hijos, o que, por cuestiones de organización, no pueden atenderles como es les gustaría… Por eso, hay que ofrecerles actividades para ocupar su tiempo. Pero no mandaría deberes como si fuera un temario más, eso sería una barbaridad. El trabajo que mandemos, en una situación excepcional, tiene que ser excepcional. El verano tiene que ser para que los alumnos salgan, vean a sus familiares y abuelos, para que se aburran…

Sin agobios

Los docentes sabemos lo que nos vamos a encontrar a la vuelta. Todos los docentes somos conscientes de que en el arranque del curso, en septiembre, debemos recapitular y repensar nuestras programaciones. Estudiaremos el punto en el que se encuentran los alumnos y, en base a ello, modificaremos nuestras programaciones para que no se quede nada atrás.

Rutina de verano

¿Quién dijo que la rutina de verano debe ser una continuación de la de invierno? No, en verano, se debe de apostar por una vida slow life, tanto en padres como en niños. Si en verano se hace lo mismo que en invierno, será imposible recargar pilas e incluso puede ser perjudicial a la hora de afrontar un nuevo curso.

La rutina de verano, por tanto, ha de ser diferente: campamentos (siempre que se pueda) o talleres que descubran otro tipo de actividades que les ayuden o les puedan servir para descubrir nuevas capacidades o desarrollar su creatividad.

No a las recompensas inmediatas

Cada vez es más frecuente la llamada recompensa inmediata. El pequeño tiene un berrinche y lo primero que hacemos los padres es premiarlo para que se le pase.

Los padres, movidos por la rutina laboral, nos agobiamos con el tiempo libre de nuestros hijos y tomamos decisiones en base a mantenerlos ocupados todo el día: campamento de verano, cuadernillo de deberes, clases particulares, incluso horas muertas de videoconsola, televisión o tableta. Hay que tratar de invertir tiempo en ellos, dejarles que se den cuenta cuando algo no está bien, que aprecien que un premio tienen que ganárselo o que, en sus días libres, el aburrimiento puede ser una excusa idónea para aprender a crear, a entender o desarrollar un tipo de inteligencia diferente. La imaginación es un recurso vital y hay que tratar de estimularla, si no le damos tiempo para pensar, su pensamiento será lineal, cuadriculado y poco sujeto a experimentar.

Motivación y tiempo en familia

El verano ha de ser tiempo para pasar en familia. Durante el curso, los quehaceres de cada miembro pueden dificultar disfrutar de ello, sobre todo entre semana. El verano es la época perfecta para invertir en salud familiar: pasar tiempo juntos, viajar o pasear. Cualquier motivo que signifique disfrutar de estar un tiempo juntos beneficiará el clima familiar, motivando a cada miembro de la familia, pero sobre todo a los más pequeños.

Somos los padres quienes debemos favorecer esta situación, el tiempo libre en vacaciones debe ser un tiempo de calidad, donde se potencie la motivación, la ilusión, la creatividad e incluso la inteligencia emocional.

La sociedad evoluciona constantemente, por lo que la Educación debe evolucionar de igual manera. Hay que mirar al presente y apostar por aquello que sea mejor para nuestros hijos, todo lo que sea posible invertir en su Educación nos beneficiará a largo plazo, puesto que ellos son nuestro futuro.

Aprender vs estudiar

Termino con una reflexión para que todos pensemos un poco en ello: la educación no se basa en pasar horas estudiando delante de un libro, existen infinidad de opciones para invertir en el desarrollo de los más pequeños y siempre se ha de apostar por aquellas que, aunque se salgan fuera de lo «normal», traigan como resultado la felicidad y el beneficio de los pequeños.

 

Alejandro Saurina
NClic School

Editorial: ¡Música, por favor!

Llega el verano sin haber pasado por la tradicional fiesta de fin de curso ni ninguna otra ceremonia que ayude a la comunidad educativa a despedirse, a cerrar un capítulo más; un final de curso diluido por la permanencia en casa desde marzo y sin poder planear grandes viajes.

En circunstancias normales, sería el momento de descansar de una rutina que a duras penas ha existido, de dejar a un lado las lecciones y aprender de la calle, la familia, los amigos, la naturaleza, el agua, el deporte… Sin embargo, no podemos hacer muchas de esas cosas y el capítulo que acaba de empezar, mascarilla en boca, lo que toca es rearmarse. No sabemos qué va a pasar a partir de septiembre, pero una mosca detrás de la oreja, una música de comienzo de aventura, un no sé qué recorriendo nuestra espalda nos avisa que algo nuevo, algo nunca antes vivido va a comenzar.

Dicho así, parece una historia de lo más emocionante, ¿verdad? Pues esa es la actitud. Lo nuevo cuesta (cuesta empezarlo, cuesta abordarlo y cuesta resolverlo), pero también es excitante, nos saca de lo de siempre y trae lecciones importantes y momentos para el resto de nuestra vida.

En este número, Elena Jiménez-Arellano, profesora y coach, ha tratado de inculcarnos el ánimo necesario para reflexionar sobre la situación que vivimos y sacar de ella nuestro yo controvertido, luchador y creativo, nuestra obra de arte nunca antes vista, ni siquiera imaginada por nosotros mismos hasta que la tuvimos delante.

Este verano toca descansar, sí, pero para reflesionar, para coger fuerzas, para reinventarnos. Es el momento. Es ahora o será tarde.

Descansar está muy bien, pero renacer está mejor y, si hay un momento para ello, la pandemia nos lo ha servido en bandeja. No sabemos si todo volverá a la normalidad, pero formarse, armarse de recursos alternativos a los que usamos habitualmente, investigar, probar y reciclarse no le va a venir mal a nadie, ¿n0? Al contrario, saldremos ganando todos: nosotros, los niños, la sociedad, el nivel del profesorado… Así que ¡ánimo! y que no falte pasión.

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