La escuela canaria ha comenzado a tomar contacto con la disciplina positiva, un modelo educativo que enseña a los niños a escuchar opiniones ajenas desde el respeto –pues no aporta más quien más ruido hace– y que no se basa en el castigo ni en el miedo, ya que se les anima a ser autónomos, a equivocarse y a aprender de los errores.









