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La ciudadanía queda horrorizada cada vez que un hombre decide matar a la mujer que un día, dice, llegó a querer. Es claro que el devenir de la vida, que las separaciones, que las controversias por el régimen de visitas, por la adjudicación de las viviendas, por la cantidad económica que se ha de pasar, encienden un odio cainita.



