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En los últimos años la Unión Europea, consciente de que padece un déficit empresarial en comparación con Estados Unidos, ha empezado a considerar el fomento del espíritu emprendedor como una pieza clave en la creación de empleo y en la mejora de la competitividad y el crecimiento económico. Por ello, desde el Consejo Europeo de Lisboa del año 2000, cuando se establecieron los objetivos educativos para los países miembros para el 2010, se instó a los Estados a fomentar las actitudes empresariales desde la escuela.