Este contenido está restringido a suscriptores
Seis menores en la lista provisional de víctimas mortales; muchos padres que, tras depositar a sus hijos en el colegio, cogieron alguno de los trenes sin destino; profesores fallecidos o desaparecidos; universitarios que hicieron caso omiso a la huelga. La terrible masacre cometida el pasado 11 de marzo en la capital ha tocado de lleno el corazón de la Educación madrileña. En una catástrofe de tales dimensiones, esto no extraña a nadie. Sin embargo, como ya todos saben, los trenes en los que los terroristas colocaron sus mensajes de muerte y caos solían ir atiborrados de estudiantes. Una pequeña concesión del destino quiso que ese día no hubiese clases en la universidad, en cuyo caso probablemente estaríamos hablando de decenas de alumnos perecidos junto a sus apuntes, sus esperanzas y la incomprensión de todos.