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La OCDE constata que la salud mental de niños, adolescentes y jóvenes ha empeorado durante la última década y que la pandemia aceleró un deterioro que ya venía de antes. El informe apunta a un problema multicausal, con peso de las pantallas, la ansiedad climática, la presión académica, la pobreza y el acoso, y reclama una respuesta educativa, sanitaria y social mucho más amplia.




