¿Qué os parece si mañana nos vamos al campo?

La necesidad de tener contacto con la naturaleza es propia de todos los seres humanos. Y más en la sociedad en la que vivimos, en la que pasamos más tiempo en el entorno urbano en el que residimos. Pero, sin darnos cuenta, esta forma de vida está privando a nuestros hijos de un adecuado desarrollo de sus capacidades físicas e intelectuales.

La relación con la naturaleza es una de las experiencias más importantes con la que los niños han de contar durante su infancia, ya que el vínculo directo con el medio natural produce importantes beneficios físicos que debemos aprovechar.

Así pues, los niños que crecen en un ambiente natural tienen mejor salud, más fuerza y más vitalidad, porque se encuentran en un entorno ausente de contaminación y donde pueden correr y jugar libremente. Esta circunstancia contribuye al desarrollo de una mayor resistencia física y al incremento de su energía para afrontar cualquier actividad, protegiéndoles de los problemas relacionados con la obesidad y la vida sedentaria.

Pero también les dota de más recursos para mejorar su distracción y entretenimiento a través de la posibilidad de realizar juegos y actividades que son más provechosos para el desarrollo corporal que los que llevan a cabo cuando juegan con la consola o el ordenador.

Asimismo, con el contacto con la naturaleza conseguimos que la estimulación sensorial se desarrolle en los niños con más intensidad. Precisamente, el sentido de la vista se potencia cuando contemplan el paisaje, cuando divisan el horizonte y cuando observan los diferentes tamaños, formas y colores de las flores, plantas y árboles; el olfato se agudiza con la captación de los distintos olores, fragancias y perfumes que genera la naturaleza; el oído se amplifica con la percepción de los distintos sonidos que generan el viento, los pájaros o los diferentes animales que existen en su entorno; el tacto se acentúa cuando distinguen las sensaciones que les produce tocar el agua, la tierra, las piedras o los troncos de los árboles; y el gusto se intensifica cuando prueban y diferencian los distintos sabores de las hortalizas, frutas y verduras que hayamos adquirido o cultivado.

De esta forma, la constante relación que tengan nuestros hijos pequeños con la naturaleza y los espacios abiertos al aire libre no solo les proporcionará una mejor salud, sino también un adecuado desarrollo sensorial y motriz y una mejora o curación de sus eventuales afecciones o dolencias, a través de las distintas posibilidades terapéuticas y reparadoras que proporciona la naturaleza.

Desarrollo intelectual

Además del desarrollo de sus capacidades y aptitudes físicas, frecuentar los distintos espacios naturales hace que los niños sean más curiosos y observadores, que tengan más creatividad e iniciativa, y que desarrollen el pensamiento crítico y científico con más solidez.

En este sentido, mediante la contemplación de los distintos elementos de la naturaleza aumentan su capacidad para el análisis. De la misma forma, a través de la realización de juegos de aventura, se incrementa la facultad de decidir y resolver problemas en localizaciones y emplazamientos reales.

También, mediante la realización de actividades relacionadas con la naturaleza, les permitimos aprender a indagar e investigar, a establecer relaciones causa-efecto entre los distintos fenómenos naturales y a entender el mundo en el que viven con una superior percepción del espacio y del tiempo.

Relación con el medio natural

El contacto con la naturaleza tiene que ser diario y tener un enfoque lúdico, placentero y divertido.

Por eso, cuando no tenemos la posibilidad de ir al campo con asiduidad, podemos realizar, con nuestros hijos, multitud de actividades que les permitirán estar en contacto con la naturaleza de forma continua. Así pues, podemos acudir a los distintos parques y jardines que se encuentren próximos a nuestro residencia, visitar algún huerto urbano, acudir a museos de ciencias naturales o visualizar diferentes documentales sobre la naturaleza. De igual forma, plantar semillas y cuidar las plantas que tengamos en nuestro hogar permitirá que nuestros hijos conozcan y aprecien los distintos procesos naturales para el desarrollo o crecimiento, y la conexión que tienen estos procesos con elementos de la naturaleza como el sol y el agua.

Evidentemente, las excursiones al campo serán la mejor y más directa forma de tener el contacto con la naturaleza que nuestros hijos han de experimentar, ya que les permitirá apreciar el clima, las estaciones y los distintos fenómenos naturales. Además, cuando organizamos una excursión familiar mejoramos las relaciones entre sus miembros, ya que la naturaleza transmite paz, tranquilidad y alegría. Asimismo, estas jornadas dan la oportunidad para que todos los miembros de la familia puedan hablar, contar cosas, jugar y hacer actividades en grupo.

En definitiva, la proximidad y el contacto con la naturaleza desarrollará en los niños una serie de emociones y sentimientos positivos que se manifestarán en la convivencia con los demás y en su relación con todo lo que les rodea. Y también les mantendrá alejados del hastío y la apatía, y contribuirá a la adquisición de valores de carácter ecológico relacionados con la protección medioambiental que derivarán del amor que hayamos inculcado a nuestros hijos por la naturaleza.

Beneficios:

Salud
Fuerza
Vitalidad
Resistencia
Entretenimiento

Capacidades que se desarrollan:

Análisis
Investigación
Resolución
Creatividad
Observación

Previene:

Enfermedades
Obesidad
Hastío
Apatía


Paloma Cavero Coll,
maestra de Educación Infantil y Primaria

Vacaciones… ¿Y ahora qué?

Después de un final de curso convulso, en el que niños y profesores hemos terminado con la lengua fuera tras más de dos meses confinados y un esfuerzo extra, debemos hacernos la gran pregunta: ¿habrá deberes en verano?

Bajo mi punto de vista la respuesta es clara: no pondría deberes puramente académicos, si no opciones para que los alumnos puedan realizar actividades diversas en su día a día. Los niños no han tenido la sensación de cerrar el curso, ni siquiera se han despedido de sus compañeros, y corremos el riesgo de que lleguen a septiembre con la sensación de llevar doce meses ininterrumpidos de clase.

Los deberes que hagan nuestros alumnos este verano deben estar más pensados que nunca. Es cierto que hay muchos tipos de familias, algunas que no pueden hacerse cargo de sus hijos, o que, por cuestiones de organización, no pueden atenderles como es les gustaría… Por eso, hay que ofrecerles actividades para ocupar su tiempo. Pero no mandaría deberes como si fuera un temario más, eso sería una barbaridad. El trabajo que mandemos, en una situación excepcional, tiene que ser excepcional. El verano tiene que ser para que los alumnos salgan, vean a sus familiares y abuelos, para que se aburran…

Sin agobios

Los docentes sabemos lo que nos vamos a encontrar a la vuelta. Todos los docentes somos conscientes de que en el arranque del curso, en septiembre, debemos recapitular y repensar nuestras programaciones. Estudiaremos el punto en el que se encuentran los alumnos y, en base a ello, modificaremos nuestras programaciones para que no se quede nada atrás.

Rutina de verano

¿Quién dijo que la rutina de verano debe ser una continuación de la de invierno? No, en verano, se debe de apostar por una vida slow life, tanto en padres como en niños. Si en verano se hace lo mismo que en invierno, será imposible recargar pilas e incluso puede ser perjudicial a la hora de afrontar un nuevo curso.

La rutina de verano, por tanto, ha de ser diferente: campamentos (siempre que se pueda) o talleres que descubran otro tipo de actividades que les ayuden o les puedan servir para descubrir nuevas capacidades o desarrollar su creatividad.

No a las recompensas inmediatas

Cada vez es más frecuente la llamada recompensa inmediata. El pequeño tiene un berrinche y lo primero que hacemos los padres es premiarlo para que se le pase.

Los padres, movidos por la rutina laboral, nos agobiamos con el tiempo libre de nuestros hijos y tomamos decisiones en base a mantenerlos ocupados todo el día: campamento de verano, cuadernillo de deberes, clases particulares, incluso horas muertas de videoconsola, televisión o tableta. Hay que tratar de invertir tiempo en ellos, dejarles que se den cuenta cuando algo no está bien, que aprecien que un premio tienen que ganárselo o que, en sus días libres, el aburrimiento puede ser una excusa idónea para aprender a crear, a entender o desarrollar un tipo de inteligencia diferente. La imaginación es un recurso vital y hay que tratar de estimularla, si no le damos tiempo para pensar, su pensamiento será lineal, cuadriculado y poco sujeto a experimentar.

Motivación y tiempo en familia

El verano ha de ser tiempo para pasar en familia. Durante el curso, los quehaceres de cada miembro pueden dificultar disfrutar de ello, sobre todo entre semana. El verano es la época perfecta para invertir en salud familiar: pasar tiempo juntos, viajar o pasear. Cualquier motivo que signifique disfrutar de estar un tiempo juntos beneficiará el clima familiar, motivando a cada miembro de la familia, pero sobre todo a los más pequeños.

Somos los padres quienes debemos favorecer esta situación, el tiempo libre en vacaciones debe ser un tiempo de calidad, donde se potencie la motivación, la ilusión, la creatividad e incluso la inteligencia emocional.

La sociedad evoluciona constantemente, por lo que la Educación debe evolucionar de igual manera. Hay que mirar al presente y apostar por aquello que sea mejor para nuestros hijos, todo lo que sea posible invertir en su Educación nos beneficiará a largo plazo, puesto que ellos son nuestro futuro.

Aprender vs estudiar

Termino con una reflexión para que todos pensemos un poco en ello: la educación no se basa en pasar horas estudiando delante de un libro, existen infinidad de opciones para invertir en el desarrollo de los más pequeños y siempre se ha de apostar por aquellas que, aunque se salgan fuera de lo «normal», traigan como resultado la felicidad y el beneficio de los pequeños.

 

Alejandro Saurina
NClic School

Editorial: ¡Música, por favor!

Llega el verano sin haber pasado por la tradicional fiesta de fin de curso ni ninguna otra ceremonia que ayude a la comunidad educativa a despedirse, a cerrar un capítulo más; un final de curso diluido por la permanencia en casa desde marzo y sin poder planear grandes viajes.

En circunstancias normales, sería el momento de descansar de una rutina que a duras penas ha existido, de dejar a un lado las lecciones y aprender de la calle, la familia, los amigos, la naturaleza, el agua, el deporte… Sin embargo, no podemos hacer muchas de esas cosas y el capítulo que acaba de empezar, mascarilla en boca, lo que toca es rearmarse. No sabemos qué va a pasar a partir de septiembre, pero una mosca detrás de la oreja, una música de comienzo de aventura, un no sé qué recorriendo nuestra espalda nos avisa que algo nuevo, algo nunca antes vivido va a comenzar.

Dicho así, parece una historia de lo más emocionante, ¿verdad? Pues esa es la actitud. Lo nuevo cuesta (cuesta empezarlo, cuesta abordarlo y cuesta resolverlo), pero también es excitante, nos saca de lo de siempre y trae lecciones importantes y momentos para el resto de nuestra vida.

En este número, Elena Jiménez-Arellano, profesora y coach, ha tratado de inculcarnos el ánimo necesario para reflexionar sobre la situación que vivimos y sacar de ella nuestro yo controvertido, luchador y creativo, nuestra obra de arte nunca antes vista, ni siquiera imaginada por nosotros mismos hasta que la tuvimos delante.

Este verano toca descansar, sí, pero para reflesionar, para coger fuerzas, para reinventarnos. Es el momento. Es ahora o será tarde.

Descansar está muy bien, pero renacer está mejor y, si hay un momento para ello, la pandemia nos lo ha servido en bandeja. No sabemos si todo volverá a la normalidad, pero formarse, armarse de recursos alternativos a los que usamos habitualmente, investigar, probar y reciclarse no le va a venir mal a nadie, ¿n0? Al contrario, saldremos ganando todos: nosotros, los niños, la sociedad, el nivel del profesorado… Así que ¡ánimo! y que no falte pasión.

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