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Aunque el dinero siempre ayuda, la calidad de la Educación no sólo depende de unos puñados de euros más. Hablar de una buena Educación supone contar con una estructura educativa adecuada y con la conciencia social de que es necesario ofrecer una Educación con la máxima calidad posible. Por el contrario, la pérdida de competitividad en términos económicos e incluso la descomposición social son peligros que derivan de un sistema educativo que no funciona.