La construcción de la identidad en la literatura infantil y juvenil contemporánea atraviesa, a menudo, el desfiladero de la alteridad física. En 'El niño erizo', Diana I. Luque transmuta una figura del folclore narrativo en una sugerente metáfora sobre la resiliencia y la conquista del espacio propio frente al rechazo sistémico. En esta obra, la autora recupera el legado folclórico de los hermanos Grimm; en concreto, el cuento 'Juan, mi erizo'.







