En los últimos años, el ecosistema educativo ha enfrentado retos sin precedentes. No hablamos solo de la digitalización acelerada o de los cambios en los currículos, sino de una realidad mucho más profunda y silenciosa: la salud emocional de quienes sostienen el sistema, los docentes. El estrés crónico y el burnout no son solo problemas individuales; son obstáculos que afectan directamente la calidad del aprendizaje y el clima en el aula.







