Este contenido está restringido a suscriptores
No hay ciudad en el que algún joven no haya dejado en una pared su rastro con un bote de spray. En forma de firma, aunque más bien parezca un garabato, o a través de un mural elaborado que encierra horas de trabajo. Son los dos extremos del graffiti: el vandalismo del “tageo” y el arte urbano de los grandes graffitis.